Hasta hoy no he podido entrar a mi blog a escribir mis vivencias, sentimientos, dolores de cabeza, quebraderos de la misma, hinchazón descomunal de partes nobles y blandas y otras cosas por el estilo.

Tengo semejante cacao en la cabeza con el tema de mi nueva casa que ya no sé si voy o vengo, si subo o bajo, si estoy o no estoy, si me llaman o llamo…

Y para colmo, ayer me vino un amigo al que le hice hace tiempos una página web para su Asociación y venía con la agradabilísima sorpresa de que le MODIFICARA la página, de arriba abajo, de derecha a izquierda…Me dijo, sentado a mi lado y delante de mi ordenador:

- Entra en esta página…- voy yo y entro.

- ¿Ves? ¡Así la quiero, más o menos¡

Joer, con el “así la quiero más o menos”.

- Es que nos corre mucha prisa…- me dijo.

Hasta hace un momento no he levantado cabeza de mi ordenador. Y menos mal que muchos apartados los he solucionado con el típico tema de “copiar y pegar” pero, aun así, me queda trabajo para tres días enteros sin levantar el culo de la silla…Y por otro lado el albañil llamándome para comentar esto o lo otro; el banquero llamándome para gestionar este pago y este otro; el albañil vuelta a llamar para decirme que a ver si le ingreso no sé cuanto; y por otro lado me llaman los del colegio de aparejadores diciendo que les debo tropecientas mil…¡Perdón…¿puedo morirme ahora?¡

En fin, que voy a seguir con el tema.

¿Mi salud, con el tema aquél de mi vesícula? ¡La salud cojonuda…a punto de reventarme pero cojonuda…¡

Salud que tengamos (cosa que no tengo), que hambre no nos ha de faltar.

Feliz fin de semana.

Imagino que todos conocemos esos programas de “¿concursos?” que hacen de madrugada en casi todas las cadenas de televisión, esos concursos en los que sale un joven o una joven o ambos dos, delante de un panel con letras o números y haciendo preguntas del tipo de:”¡¡Venga, llama rápido y dime qué nombre de animal se puede formar con las letras “G”, “A”, “L”, “L”, “O” y “T”…es muy fácil, llama…es una animal de granja y que hace “kikiriki”…, que tiene plumas…¡¡” y cosas por el estilo. ¿Nunca han visto ustedes ese tipo de concursos?. Bueno, pues esos tales “concursos” no son otra cosa que un ROBO A MANO ARMADA disfrazado de ENGAÑO.

El otro día, el hijo de un vecino amigo mio y que se había quedado solo en casa por la noche mientras sus padres asistían a una cena de compromiso, un jovenzano de unos 14 años, al estar solo en casa y ver ese “concurso” y con una pregunta que hasta un ciego ve, en su ignorancia e inocencia, producto de la corta edad, marcó el número de teléfono que aparecía en la pantalla de la televisión. La cadena, concretamente, era “TELE-5″. Pero esos programas están también en “ANTENA-3″, en “LA SEXTA”…en cualquiera.

Al mes siguiente, es decir, hace tres días, les llegó a los padres la carta de telefónica con el importe de esas llamadas: ¡¡MÁS DE 70 EUROS en un sin fin de llamadas de unos 12 ó 15 segundos cada una y por un importe, cada una de ellas, de 0,95 euros, es decir, 158 de las antiguas pesetas cada una de las llamadas, llamadas que no tarifan por segundo, sino por llamada en sí, puesto que todas eran de unos 12-15 segundos y el importe, el mismo para todas.

Interrogado el hijo por sus padres, éste les dijo que cada vez que le “descolgaban” el teléfono salía una voz diciendo: “Has estado cerca, inténtalo de nuevo…”, y el joven volvía a llamar. Salía de nuevo la voz robotizada diciendo algo distinto como: “Ahora sí que has estado a punto de conseguirlo…Estás mucho más cerca. Inténtalo de nuevo. Llama otra vez. No tardes”. Y el chaval volvía a llamar…Y así hasta ni se sabe cuantas veces.

Y cada vez que el crio llamaba, le ROBABAN 0,95 euros, es decir, 158 pesetas.

A eso, en mi pueblo, se le llama ROBAR.

De acuerdo en que nadie obliga a la gente a que llamen, pero lo que no se puede hacer es descolgarte el teléfono y darte mensajes del tipo que le daban al crio. Tras el mensaje, el teléfono se autocolgaba con el típico “tu, tu, tu, tu….” y tenías que volver a llamar si querías conseguir algo.

Y eso lo hacen con uno, dos, tres, cuatro…mil personas…a 0,95 euros por llamada…vayan ustedes haciendo cuentas del montante de dinero ROBADO a los IGNORANTES, INCRÉDULOS E INOCENTES que tienen la DESGRACIA de creer en los cantos de sirena ofrecidos por estos concursetes de estas cadenas de televisión sin escrúpulos.

Ahí es donde tenía que meter también mano el Gobierno de la nación, y dejarse de tantas tonterías.

Espero que sirva este ejemplo sufrido por el hijo de mi vecino como ayuda a otros, y que, cuando veáis este tipo de concursos cambiéis de canal rápidamente u os marchéis a dormir oa leer un buen libro. Todo menos llamar por teléfono a esta cuadrilla de LADRONES DE GUANTE BLANCO. Si quieren tener dinero, que se lo ganen HONRADAMENTE Y TRABAJANDO como hacemos los demás.

Feliz fin de semana.

¡Joer, joer, joer, joer…¡ Estoy de los “problemas” de la nueva casa hasta kilómetro y medio más arriba de la cabeza, y mido 1,85, que tampoco es moco de pavo.

Cuando no es una cosa, y cuando digo cosa quiero decir PROBLEMA, es otra. Y cuando no es otra, es algo parecido. Y cuando ni es otra ni es algo parecido, es la Madre del Cordero. Y cuando ni es lo mismo, ni distinto ni parecido, ni similar ni igual que la otra vez, es algo nuevo que te acaba de reventar los planteamientos y que te altera la tranquilidad de espíritu dejándote una mala leche en el cuerpo que matarías al que tuvieras en ese momento más cerca, llámese albañil, aparejador, arquitecto, los tres juntos o por separado o llámese como quien esto lee crea que debe llamarse.

Ahora resulta que el rafe del tejado, lo que en principio parecía que iba a ser una obra de arte, y que de hecho lo es, pues no lo es tanto. Si lo miras bien y con detenimiento, ves la “cagada”.

La gente que pasa por la obra y lo ve, te dicen:

- ¡Vaya rafe precioso que te están haciendo…¡

Y yo digo:

- Sí, precioso… -pero ahora, por debajo, digo:

- ¡Y una mierda¡

He hecho un montaje con un programa de retoque fotográfico dejando la foto de la fachada como REALMENTE debería quedar.

Pongo las dos fotos juntas, la que tiene el rafe mal y la del “montaje”, y hay una diferencia como de lo blanco a lo negro. Y esa diferencia es la que el lunes va a ser expuesta sobre la mesa de negociaciones y va a ser la que, al final, quede puesta y expuesta en la fachada de mi casa…¡¡o yo mato a alguien¡¡

Con todo el cabreo que llevaba encima, no me ha quedado más remedio que coger la moto y marcharme a toda velocidad para enfriar los ánimos, para calmar mi ansiedad y para relajar esos nervios que estaban empezando a amenazarme con el suicidio a cabezazos contra la fachada de la casa.

He parado en una orilla de la carretera y me he metido por unos campos, andando y respirando un poco, sintiendo el tibio sol del atardecer en mi rostro y agradeciendo su calorcillo.

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Ahora, y tras la vuelta, ya veo las cosas mucho mejor. La “solución” al tema está realmente fácil: hay que poner dos simples hiladas más de ladrillos. Punto final. Y, lo que es mejor: ¡¡AHORA SÍ QUE QUEDARÁ REALMENTE PRECIOSO ESE RAFE¡¡

Al volver de dar mi vuelta de relajación me ha llamado al móvil mi hija la pequeña, viene a pasar hoy y mañana a casa. La he ido a buscar con el coche a la Estación de Autobuses. La verdad es que está preciosa. Me siento orgulloso de mi hija pequeña (¡que no es “pequeña”, es altísima).

Le he preguntado por la “Tata”, (es así como llamamos a la hija mayor cuando hablamos con la pequeña). “Se ha quedado en casa. Esta noche tiene cena con un grupo de amigos”, me ha dicho.

Bueno, pelillos a la mar, me refiero al tema del rafe. Ahora y viendo como veo la solución, fácil, por otra parte, y tras mi relajación motera, me encuentro mucho más tranquilo. El lunes lo solucionamos, o, como he dicho más arriba, “…o mato a alguien…”

Feliz fin de semana.

Era Noche de Difuntos. Día de Todos los Santos. Esa noche en la que algunos se disfrazan de cadáveres, de monstruos, de fantasmas, de muertos vivientes, vampiros…o de princesitas, abejorros, guerreros medievales, Alicia en el País de las Maravillas, Blancanieves…

Esa noche en la que, algunos, toman la diversión como una apuesta a ver quien bebe más, quien aguanta más, quien hace la mayor estupidez. Y este es el caso que nos ocupa.

Un grupo de jóvenes de ambos sexos y de unas edades comprendidas entre los 16 y los 20 años decidieron, con el valor que da el alcohol y la valentía que genera un grupo de personas, ir a las doce de la noche al cementerio de la localidad, distante unos quinientos metros de las últimas casas de la población.

Con sus disfraces, sus risas, sus tragos de las botellas, ahora yo, ahora tú, fueron acercándose, a la hora elegida, hasta las puertas del cementerio, totalmente a oscuras, sólamente acompañados por el reflejo lejano de las últimas luces de las calles más cercanas al campo santo.

Para acceder a la puerta del cementerio hay que atravesar una verja de cosa de un metro de altura y que bordea y proteje cinco escalones semicirculares de granito. Una vez atravesada la mencionada verja y ascendidos los cinco escalones semicirculares, ya estamos en la misma puerta del campo santo, compuesta por una enorme puerta de rejas de doble hoja a través de la cual se podían apreciar, en la semioscuridad, los perfiles de las cruces y figuras que adornaban las sepulturas más cercanas a la puerta.

Alguien del grupo mandó callar con el dedo índice en sus labios: la puerta del cementerio estaba entreabierta, cosa totalmente anormal.

Se acercaron todos los del grupo, seis en total, hasta la misma puerta, agarrándose a las barras de la misma y tratando de ver y oír algo en su interior. No se oía nada.

Algunos comenzaron a bajar las escaleras. El miedo, el temor, o el poco sentido común que aún pudieran tener, parecía hacer acto de presencia en sus mentes alcoholizadas.

- Pues yo entro…-dijo una joven abriendo la puerta despacio.

- ¡Vámonos, venga…vámonos…-dijo uno de ellos mientras todos comenzaban a descender los cinco escalones que llevaban hasta la verja de salida.

La joven, abriendo la puerta totalmente, entró, adentrándose por el pasillo central del cementerio, bordeado de altos cipreses y tumbas con cruces de piedra, ángeles alados, y fotos de fallecidos en los frontales de los panteones.

El resto, desde el pie de los escalones, la llamaban con la voz ahogada en el cuello, como quien trata de hablar de tal modo que no se despierte el niño recién dormido.

Pero alguien se había adelantado a los jóvenes. Alguien que al ver entrar a la joven se agazapó detrás de un enorme panteón. Alguien que en el preciso momento en el que la joven llegaba a su altura salió de entre las sombras, brúscamente, dando un terrible alarido.

La joven, y tras gritar espeluznantemente y con los ojos abiertos como platos tratando de ver lo que no veía, salió corriendo hacia la puerta del cementerio.

Sus amigos, al oír ambos gritos, salieron a toda velocidad hacia las casas del pueblo, tratando de abandonar lo que, a su entender y en ese momento, creían que era la misma Muerte que salía a su encuentro.

La joven llegó a la puerta del cementerio, corriendo, gritando y ciega de terror. Atravesó la puerta del cementerio y siguió corriendo…pero sus pies no pisaron ninguno de los cinco escalones de la entrada. Su cuerpo volaba. No había nada debajo, nada donde apoyarse. Y su cuerpo cayó…sobre la verja que bordea los cinco escalones de la entrada, quedando ensartada y atravesada por uno de los barrotes que, de tramo en tramo, van conformando la verja.

Sintió un dolor agudo, una falta de aire, los ojos abiertos…sólo tuvo tiempo de ver, a un palmo de sus ojos y mientras quedaba doblada sobre la verja, la gravilla extendida sobre el suelo. Y dejó de sentir dolor.

Era la Noche de Difuntos.

Hace años, paseando a mi hija pequeña, la que ahora es psicóloga y que es la mayor de las dos que tengo, le hice en un parque la foto que presento.

Siempre me ha cautivado esta foto. Conseguí congelar la imagen justo en el momento en el que la sombra de mi hija, subida en el columpio, coincidía con la sombra del columpio vecino, dando esa imagen de paralelismo y quietud, como si junto al columpio que está a su lado quieto mientras ella subía y bajaba alegremente, lo único que hubiera es la sombra de “un fantasma”.

A mi entender, el disparo de la foto fué milimétrico y en el segundo exacto para que coincidieran las sombras de los dos columpios en el suelo, con la sombra de la imagen de mi hija subida en el otro columpio. Medio segundo después, y no habrían coincidido.

Ese segundo exacto y preciso en el que un día de primavera y paseando con mi hija hice la foto que presento, es el que que me ha hecho mirar muchas veces ese pedazo de cartón mientras recuerdo a mi hija paseando conmigo, y mientras me doy cuenta de lo efímera que es la vida, y de que en un segundo puede pasar de todo…hasta hacerte recordar toda una vida entera.

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Y hoy, una vez más, remirando viejas fotos en blanco y negro y remirando y volviendo a remirar la imagen que presento, se me ha ocurrido ofrecer esta instantánea a todos ustedes.

Feliz Semana.

Ayer por la mañana nos fuimos mi señora y yo a La Capital, a comer con nuestras dos hijas y a enseñarles unos catálogos de baldosas baldosines, cerámicas ceramicones…que ya estoy hasta a saber la altura del tema este.

Bueno pues, por la mañana, y antes de salir de casa hacia La Capital, llamé a un restaurante típico de la misma y que está muy cerca de casa, andando, diez minutos. Nos reservaron mesa para la una y media.

Llegamos a La Capital a las doce y media y mis dos hijas, muertas totales en la cama. Después de pegar por el piso un par de voces y de poner la televisión un poco alta, a regañadientes se levantaron las dos y, eso sí, a la hora reservada estábamos los cuatro sentados alrededor de la mesa dispuestos a dar buena cuenta de cualquier cosa que nos ofrecieran. Yo tenía un hambre de lobo serrano.

La comida, entrañable; la conversación, animada y distendida, y tras pagar y sentarnos en casa en el sofá y con la tele apagada para que no molestara (que es lo único que suele hacer realmente), comenzaron mis hijas y mi señora a deliberar delante de los catálogos:

- Pues esta baldosa con esta fenefa…

- Pues anda, que esta otra para arriba y con esta otra para la parte de abajo…

- Pues no te digo yo nada si combinamos esta negra con esta blanca…

- ¿Y esta otra estilo rústico…?

Y yo, mientras tanto, largo en el sofá oyendo a unas y a otras y sin decir ni media. Sólo dije una cosa:

- Todo esto es cosa vuestra, queridas mias…Yo, como si me queréis poner el suelo rojo fuego, las paredes amarillo platanito y el techo verde oliva con manchas blancas y listones negros…

Y en eso quedamos. Ellas solitas se lo guisaron y ellas solitas, se lo comieron.

Bueno, tras despedirnos de nuestras hijas volvimos a casa. Llegamos con el tiempo justo para llegar yo a una reunión de la junta directiva de la Asociación de la que soy Secretario. Lo primero que me soltó un miembro de la junta:

- Ayer se mató contra un camión aquí cerca uno de los tuyos…

- ¿…? -me quedé mirándo a mi amigo sin entender.

- Si, hombre, un motero, que se estrelló contra un camión en una curva…aquí cerca…ayer por la tarde…muerto en el acto…

- ¡¡Joer, tio¡¡

Me dijeron, incluso, quien era: un chico joven, de unos veintipocos años. Y me dijeron de qué localidad…Con la de veces que yo he pasado por esa carretera tanto por la mañana, como por la tarde, como con frio, como con calor…Dios mio…Hoy estamos aquí y mañana estamos criando malvas o alimentando unas llamas de butano que nos han puesto debajo del culo.

De ahí el título de mi comentario: “Buen día, a medias”. Buen día por todo lo vivido con mi señora y mis hijas y mal día por la triste noticia de la muerte de un motero, uno más, en esas carreteras de Dios. Descanse en paz.

Feliz Semana.

Esta mañana volvía yo a casa andando después de hacer unas pequeñas gestiones bancarias para el tema de mi casa y, en el escaparate de una tienda de regalos, he visto, expuesto en una orilla, un pequeño detalle que me ha gustado: Era una flor, construida en material de cerámica puesta dentro de un pequeño cuadro, como si se tratase de una flor pintada en un cuadro pero en vez de ser pintada era en relieve. Me ha gustado y he entrado a comprarla. Quería regalársela a mi señora.

Dentro había una señora mirando cosas con su hijo pequeño, un niño de unos 6 u 8 años, no tendría más.

El niño ha empezado a decirle a su madre que quería algo de un apartado en el que había juguetes. La madre ha comenzado a decirle, con mucho mimo y suavidad que no, que no era posible.

El niño ha comenzado a gritar a su madre y, chillando, le exigía el juguete en cuestión.

La madre volvía a decirle, con suave voz y con mucha calma que no podía, que ahora no llevaba dinero, que otro día…

El niño cada vez gritaba más, se movía nervioso, gritaba, gesticulaba, la dependienta sonreía nerviosa…resumiendo: la madre ha acabado comprándole al niño el juguete y, por lo que yo estaba oyendo, no era nada barato.

Ni se lo ha envuelto la dependienta. El niño lo ha cogído y se ha ido con él a la calle mientras la madre pagaba y trataba de “disculpar” y “justificar” al niño, colorada como un tomate.

Se ha marchado y yo he comprado el regalo de la flor para mi señora.

Mientras lo envolvía la dependienta le he dicho:

- A ese niño, si la primera vez que se puso de esa guisa le hubieran pegado dos buenos guantazos, esta escena no habría tenído lugar…

- La verdad es que sí. Yo estaba nerviosa perdida y sin saber qué hacer. Ha sido una situación muy violenta. -me ha respondido la dependienta.

Dios mio, qué malo es tener todo y de todo y qué malo es el no saber valorar las cosas, ni el precio de las cosas ni el precio del dinero.

El peor favor que se le puede hacer a un hijo es darle todo cada vez que abre la boca. El hijo tiene que aprender a valorar todo, a saber ganarse lo que quiere. A saber que todo tiene un precio y que el que algo quiere, algo le cuesta. Y que si él pide cosas constantemente tiene que saber que, en contraposición, algo tiene que dar a cambio. No podemos resumir la cosa en un “yo pido, tú me das, y punto final”.

En el caso que nos ocupa, yo habría aplicado el siguiente refran: “Ante el vicio de pedir, la virtud de no dar”. En el fondo, ese niño me da mucha pena. ¡¡No sabe lo que le espera en esta vida¡¡. Pero más pena creo que me dan sus padres.

He llegado a casa y, entrando como el que no quiere la cosa, he dejado sobre la cama del dormitorio el regalo de la flor para mi señora, confiando en que, más tarde o más temprano, lo encontraría, como así ha sido.

Mis dos hijas, en La Capital, las dos bien, gracias.

Feliz semana 

Pues esta tarde, más de lo mismo: baldosas baldosines, ladrillos ladrillones y yo, hasta los…

Casi dos horas nos ha estado atendiendo una chica, rumana, enseñandonos todo tipo de cerámicas, de suelos, paredes, greses, fenefas, baldosas imitación mármol, mármol imitación baldosas; baldosas cuadradas, baldosas rectangulares; baldosas envejecidas, brillantes, mate…fenefas con aguas, con flores, imitación adornos romanos, imitación medieval, con frutas y verduras, con cristales, con tiras de aluminio; baldosas a precio de oro y oro a precio de baldosas: blancas, grises, amarillentas, rojizas, medio negras, negras del todo, negras con manchas blancas, blancas con manchas negras…¡¡¡¡PUUUUUMMMMMM¡¡¡¡ (perdón, ha sido mi cabeza que ha explotado).

Nos han hecho un presupuesto de los materiales que más o menos ha elegido mi señora, nos han dado un montón de catálogos de distintas casas comerciales y, ¡hala, a casa a estudiar, a ver, a analizar, a sopesar y a contrapesar…En definitiva, a volvernos más locos de lo que ya estamos¡

Menos mal que yo ya le he comentado a mi señora que NO QUIERO SABER NADA DE NADA, que lo que ella elija, bien elegido está, que todo lo que decida, se aceptará democráticamente por mayoría simple de mi señora, que es quien manda en casa. Que yo, de antemano y antes de decir nada, acepto y acato y sin derecho a ningún tipo de réplica, todo lo que mi señora, unilateralmente y democráticamente decida y elija.

Yo creo que en todos matrimonios bien avenidos existen los mismos artículos de relación familiar y de orden y concordia:

- Artículo 1º.: Aquí se hace lo que ordene LA SEÑORA.

- Artículo 2º.: Caso de no estar de acuerdo con las decisiones o acuerdos tomados en el seno de la familia, se aplicará, indiscutiblemente, el artículo primero.

Bueno, voy a ver qué hace mi señora que aún la tengo en el sofá, rodeada de folletos y catálogos de las distintas casas a las que hemos ido a ver materiales (tres con la de hoy), y voy a ver “lo bien que se lo está pasando”.

Feliz baldosas, digooooo…semana.

Ya tenía ganas, Señor, ya tenía ganas de salir con la cuadrilla, con los amigos, de hacer unos cuantos kilómetros y de volver a saludar a los viejos amigos de siempre, de otras concentraciones, de otros encuentros…Esos momentos no los cambio por nada del mundo.

Tras la reunión, los almuerzos, las buenas charradas, los buenos recuerdos, los cafés, etc. y tras despedirnos de los viejos amigos emplazándonos para la siguiente concentración, el grupo en el que yo iba nos hemos vuelto a casa por otro sitio, para hacer algunos kilómetros de más.

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La verdad es que del grupo de seis que íbamos, tres se han ido a toda velocidad, habiendo quedado, préviamente, en un bar de Nuestra Localidad para tomar un aperitivo antes de irnos cada uno a su casa.

Yo los he seguido y acompañado a ese endiablado ritmo durante unos kilómetros, pero me he parado y me he quedado a esperar a los otros dos porque uno de ellos se acaba de sacar el carnet de moto hace cuatro días, y hace que tiene moto, tres, y, en esas condiciones y habiéndole invitado yo a la concentración, lo que no podía hacer era dejarlo solo y marcharme con los otros a toda velocidad.

Le he ido acompañando hasta el sitio de reunión en el que habíamos quedado, siempre delante de él y controlando su velocidad (80 - 90 km/h.). Lo único que yo hacía era, de vez en cuando, pegar un ligero acelerón y adelantarme un par de kilómetros a buen ritmo para volver a bajar y volver a esperarlo.

De esa guisa hemos llegado los tres al punto de encuentro donde ya nos esperaban, hacía rato, los otros tres compañeros.

Le ha gustado a mi amigo la concentración, el ambiente, el amasijo de motos de mil y una formas, de mil y un colores…el ambiente y la camaraderia que se veía, el buen rollo, los saludos, los abrazos, las risas…La siguiente la tenemos dentro de dos semanas y ha dicho que viene, que sí, que le avise o que le llame, que viene…¡¡Bien, eso está bien¡¡.

Lo único que voy a tener que ir, otra vez, a paso lento…bueno, ya irá cogiendo soltura y seguridad. Imagino que poco a poco irá acelerando un poquito más. No hay que pasarse de velocidad pero tampoco hay que ir con el freno echado y el ancla arrastrándola por el asfalto…Todo en su justa medida. En el centro de la balanza está el justo equilibrio.

Feliz Semana.

Ayer terminé de los nervios con el tema de las baldosas, baldosones…

Esta mañana, TAMBIÉN, pero en otra tienda o exposición de venta de materiales para suelos, suelas, cocinas, cocinos, salones, salonas, escaleras, escaleros, tejas, tejones (¡ah, pero, eso del tejón no es un bicho raro?…si es que ya no me riega el cerebro, a ver si al final voy a poner en el suelo de mi salón 400 tejones (el bicho) clavados con chinchetas…¡ )

Bueno, pues después de llegar a casa y viendo el telediario, ha salido un reportero, en Antena 3 y hablando desde los EE.UU de toda la vida y sobre el tema de las hipotecas y cosas por el estilo, y ha acabado diciendo, y eso es lo que me ha acabado de destrozar las pocas neuronas cerebrales que aún me quedan medio vivas, algo así:

- …se han CUADRUPLICADO POR CUATRO…

¡¡Nos ha jodido Mayo con las flores…¡¡ Es que si las hipotecas se llegan a CUADRUPLICAR por DOS sería cuestión de empezar a investigar el tema ese del teorema de Pitágoras, la regla de tres (simple o compuesta) y la tabla de multiplicar del 1.

Yo creo que debería de haber dicho algo así:

“- …se han CUADRUPLICADO.” Y punto redondo o:

“- …se han MULTIPLICADO por cuatro.” Y punto redondo también.

Y de esa manera no me estaría dando vueltas la cabeza tratando de encontrar un sentido lógico a la redundancia redundable expuesta por un redundante periodista.

Señor, Señor, entre todos me van a volver loco.

Y mañana, y si Dios quiere, saldré saliendo con la moto y me iré o marcharé yendo con la moto motera motorizada a la concentración concentrada de moteros con moto para hablar hablando con los amigos amistosos, esos a los que hace tiempo, o más, que no veo con los ojos de ver.

Feliz fin de semana semanal.