Archive for Diciembre, 2007

Ya hemos empezado a enviar postales de Navidad. Felicitaciones, buenos deseos, ilusiones, esperanzas, reuniones, cenas, comidas, regalos, familia, amigos, indigestiones, colesteroles varios, tensión por las nubes, arrepentimientos, promesas de no volver a pasarnos…

Tengo a mi izquierda, junto al teclado del ordenador, un buen montón de sobres con sus correspondientes postales navideñas dentro. Todas escritas y firmadas. Sólo falta pegar la solapa trasera de los sobres y depositarlos en correos.

Y todo eso sin contar las postales electrónicas que todos los que usamos internet solemos enviar a nuestros conocidos, familiares, amigos y no tan amigos. Y lo que todos hacemos al enviar este tipo de postales es buscar algún portal, desconocido para la mayoría, donde podamos encontrar esa postal divertida y rara, curiosa y poco vista, con el único fin de demostrar, al que la recibe, que somos mejores que él buscando postales en internet.

Estas fiestas es lo que tienen: mucho de bombo y platillo, mucho de aparentar y expresar y, creo yo, poco de VERDADERA (con mayúsculas) sinceridad.

Cada vez oigo a más gente decir que estas fiestas son las que menos les gustan del año. A mí, de todos modos, me encantan, y cuando escribo una postal a un conocido, amigo, familiar, etc, lo que le pongo en su interior lo siento realmente. Y si no lo sintiera, juro por lo más sagrado que me ahorraría la postal.

Está lloviendo. Llevamos dos días con nieblas nocturnas y lloviznas diurnas. La obra de mi casa, parada. La madera que me he puesto en el techo de la buhardilla, totalmente mojada. Mi señora, cada vez que ve desde la ventana de nuestra cocina la madera mojada de la obra, se pone enferma. Y yo me pongo enfermo de verla a ella enferma. De modo que llevamos dos días enfermos los dos. Creo que mañana saldrá el sol, al menos eso es lo que le digo a mi señora para tratar de curarle su mal. Y de paso, el mio.

Felices Fiestas.

Feliz Fin de Semana. 

Anoche vino mi cria de La Capital para pasar el fin de semana con sus queridísimos padres. La fuí a buscar a la parada de autobuses y la traje con el coche: hacía demasiado frio como para dejar que viniera, la pobre, andando y arrastrando la maleta con ruedas.

Después y a eso de las diez de la noche nos fuimos a cenar con un matrimonio amigo a un restaurante cercano: ¡¡hasta las dos de la madrugada de hoy estuvimos entre la cena y la sobremesa¡¡. Perfecto todo.

En los postres se nos acercó el dueño del restaurante con una botella de cava en una mano y una cubitera con hielo en la otra:

- Regalo de la casa. ¿La pongo dentro de la cubitera aquí mismo? -dijo señalando un extremo de la mesa.

Nos miramos los cuatro.

- ¡Ponla, ponla…y muchas gracias…¡

Entre la excelente comida, el cava, los cafés, un par de copas cada uno que tomamos después y los chistes y anécdotas…¡ las dos de la mañana ¡

Bueno, y hoy, a las nueve, ya estaba yo sobre la moto dirección a un restaurante donde había quedado con unos amigos. Unos sesenta kilómetros separan ese restaurante de mi casa. La temperatura ambiente según el termómetro de mi moto: ¡¡ -5 grados ¡¡. Como para ponerse en mangas de camisa a lucir músculo.

A unos treinta kilómetros de casa, tenía los dedos completamente helados. He tenido que parar en un bar de carretera para tomarme un café y coger la taza con las dos manos tratando de que reaccionaran y procurando que no me saltaran los dedos en mil pedazos. ¡¡Virgen del Amor Hermoso…¡¡

He llegado al punto de reunión justo en el momento en el que mis amigos bajaban de sus monturas y comenzaban a quitarse los guantes. Les he soltado, riendo:

- ¡Cuidado, no tiréis con fuerza no vayáis a sacar el guante lleno de dedos…¡

Todos decían lo mismo: los dedos helados. El cuerpo, como si nada, pero los dedos estaban, exagerando bastante, a punto de congelación con lo que la amputación de los mismos estaba al caer.

Después del almuerzo, de las fotos, de los chistes, de los comentarios jocosos, de las previsiones que tiene el club, del replanteo de nuevas y próximas salidas, etc, etc, nos hemos despedido con un fuerte abrazo y cada uno a su casa.

Ellos han seguido hasta La Capital y yo, en solitario, a Mi Localidad.

Día para contar. Anécdotas para recordar. Vivencias para tener en cuenta. Experiencia que nos enseña y cuyas enseñanzas no se olvidan. Renovación de amistades. Consolidación de viejas amistades. Confraternización y buen ambiente entre las personas que, en definitiva y a la postre, es de lo que se trata.

Ahora, en casa y calentito, recuerdo la experiencia del día y contemplo en la pantalla de mi ordenador las fotos hechas: Gracias, amigos, por vuestra compañía y vuestra amistad.

Mi hija ha salido a dar una vuelta con las amigas.

Mi señora está pintando en su estudio.

Yo me siento feliz, contento y satisfecho.

Feliz fin de semana.

En efecto, tal y como pensaba, anoche me llamaron mis hijas para felicitarme por mi cumpleaños o, mejor dicho, por la pérdida de uno de los años que me quedaban por vivir.

A eso de las nueve de la noche suena mi móvil y el número que se reflejaba en su pantalla me indicaba que era mi hija pequeña:

- Feliiiiizzzz, feliz en tu díaaaa…. -me canturreó de inmediato como primera respuesta a mi saludo inicial.

Después estuvo un rato partiéndose el culo por la risa pero, a mí me emocionó el ver cómo la hija se acuerda del cumpleaños del padre y cómo le tararea, al oido, una canción conmemorativa de tal evento.

Estuvimos hablando un poco y al final se despidió diciendo que se tenía que marchar porque llegaba tarde a sus clases de mantenimiento del gimnasio al que va todas las tardes.

Mi hija la mayor no estaba en casa, pero a las once de la noche volvió a sonar mi teléfono de nuevo y, en esta ocasión, era la otra hija la que me felicitó por la pérdida de uno de los años que me quedaban por vivir.

Reconfortan estas cosas. Yo lo sé por mis padres y lo sé ahora por mí, por padecerlo en carne propia.

Estas pequeñas alegrias que te proporcionan los hijos, en mi caso mis hijas, me compensan de todos los problemas que te hayan podido ocasionar a lo largo de toda su existencia. Con cualquier cosa, los padres nos sentimos pagados. Con cualquier detalle, por pequeño e insignificante que parezca, a los padres nos parece el mejor y mayor regalo que hacérsenos pueda. Esas simples llamadas, esas palabras dichas con todo el amor al oido, esa canción tarareada a través de un móvil, esas palabras de buenos deseos y de felicitación, para mí suponen el mayor de los regalos que pudieran hacerme mis hijas. Todo lo demás sobra. Me basta con su amor, con su sonrisa, con sus buenos deseos…

He perdido uno de los años que me quedaban por vivir, pero anoche engordé varios kilos, de satisfacción y orgullo, tras las dos llamadas que con más deseo estaba esperando recibir: las de mis dos hijas.

Esta noche nos vamos a cenar con un matrimonio amigo a un restaurante para celebrar esa pérdida del año.

Y esta tarde viene también, a pasar el fin de semana con nostros, mi hija pequeña.

Estoy contento y lleno de orgullo. En estos momentos, la vida me parece bella y estoy viendo la botella del alma medio llena de ilusiones, esperanzas, amor y ganas de vivir.

Feliz fin de semana.

Hoy he cumplido un año más.

Igual me da…

Quiero decir que, realmente, cada segundo que pasa en la vida de una persona se está cumpliendo un año más, por tanto, el hecho de decirlo en un día en concreto dentro de 365 días no me dice nada ni me pone realmente cachondo.

En este preciso segundo de mi vida estoy cumpliendo un año en relación al mismo segundo de hace un año…Y ahora estoy cumpliendo otro año…y ayer cumplí nuevos años…cada segundo que pasa estoy cumpliendo un año más de vida en relación al mismo momento de mi vida de hace un año, por tanto, estoy en un constante celebrar años.

Entonces, cuando algo se hace tan súmamente repetitivo, ¿dónde está la ilusión del acto, la alegria, el motivo por el que celebrar algo?

Encima y con todo, como tengo esos problemas de vesícula que cualquier día de estos se me llevan al hotel de los callaos, pues no puedo comer según qué cosas, y para celebrar, mi señora y yo, mi cumpleaños, lo único que hemos hecho ha sido darnos cuatro besos y para postre, en la comida, unos pastelitos especiales que me ha traido.

Y ya por la tarde y para seguir con el tema de la celebración cumpleañera me he ido, yo solito, con mi moto a hacerme unos 135 km., con unas temperaturas de 3 grados, ausencia total de viento y un cielo azul, limpio, sin nubes…”Feliz cumpleaños”, me ha dicho mi moto cuando me ha visto entrar en mi cochera. Le he dado un cariñoso golpecito en el puño del acelerador, sonriéndole, y la he arrancado para que se fuera calentando mientras me ponía mi ropa motera.

Me han llamado algunos familiares por teléfono para felicitarme. Algún amigo, mis padres…espero que esta noche, a última hora, me llamen mis hijas…y mañana por la noche, por aquello de no poder hacerlo hoy por temas de trabajo, familiares, etc, nos iremos con una pareja de amigos a cenar por ahí, a celebrar mi cumpleaños y a tomar un par de tragos pero, eso sí, cuidando qué como y qué bebo porque luego viene San Pedro con la rebaja y me da el típico toque doloroso que hace que me acuerde hasta de los abuelos del susodicho San Pedro.

Pues eso, que un año más. ¿O debería decir un año menos?.

Si nos fijamos en que cada uno tiene su Destino marcado en esta vida y en este mundo, y si nos fijamos en que eso quiere decir que, aunque no lo sepamos, cada uno tenemos marcados nuestros años justos de vida en el Planeta Azul, realmente hoy no tengo “tantos años”, hoy YA NO TENGO “tantos años” porque esos años YA los he gastado. Los que realmente TENGO son los que me quedan por vivir. Esos son los años que tengo y los que me quedan por gastar. Y eso quiere decir que cada año que cumplimos no tenemos un año más: ¡¡TENEMOS UN AÑO MENOS¡¡

¿La botella medio llena o medio vacía? Normalmente yo soy de los que la ven siempre medio llena, pero hoy, no sé por qué razón o motivo, parece que la estoy viendo medio vacía. ¿Será la edad?

Me están terminando de poner las vigas de madera en la buhardilla de mi nueva casa. Va a quedar una casa preciosa. Y la terraza porticada que me voy a hacer en la misma buhardilla, con un alero precioso bordeando toda la terraza, haciendo esquina y dando a dos calles, y con todas las vigas viéndose desde abajo, va a dar que hablar. Puede que más de uno le haga alguna que otra foto, estoy convencido.

Mientras escribo, sigo escuchando música.

Y ahora, tras acabar este escrito, me voy a leer un rato hasta la hora de cenar, tranquilamente sentado en mi sillón favorito, junto a una lámpara de pie y con mis pies, descalzos, apoyados en un pequeño taburete coronado con un pequeño cojín.

Feliz cumpleaños, me autodigo.

Feliz fin de semana.

…evita el peligro.

Y digo esto a raíz de la noticia aparecida en la prensa de un doble tiroteo en dos centros religiosos de EEUU con un saldo de dos personas muertas, asesinadas.

El país de la Estatua de la Libertad dicen que es el más liberal o libre del mundo, el más demócrata, el que ofrece mayor cantidad y posibilidades de que cada uno haga y diga lo que quiera. Yo lo pongo bastante en duda. Pero para gustos, los colores.

No obstante, algunas de sus “libertades” son las que originan y causan crímenes, asesinatos y problemas a la sociedad como el que comentamos aquí de los tiroteos en centros religiosos o, como en otras ocasiones, escuelas, universidades, grandes centros comerciales, etc, etc.

La libertad hay que saber administrarla muy bien porque corremos el riesgo de transformala en libertinaje.

Y si damos la libertad de que cada uno se compre un fusíl ametrallador, un lanzagranadas, una pistola 9 m.m., un rifle con mira telescópica y mil tipos de armas más, corremos el riesgo, como estamos viendo, de que esas armas las compre un desequilibrado, un loco, un visionario, un demente, un iluminado, un terrorista, un asesino en serie o múltiple y acabemos todos como estamos viendo que se acaba, es decir, con varias personas asesinadas y con sus cuerpos ensangrentados y tirados por el suelo de cualquier sitio. Y la vida de una sola persona vale mucho más que nuestro derecho a comprar un rifle con mira telescópica.

Si evitamos la ocasión evitaremos el peligro. Prohibamos la venta libre de armas y evitaremos, por lo menos en un porcentaje muy alto, situaciones de este tipo.

Siempre habrá un iluminado que, aun con la prohibición de la venta de armas, conseguirá por cualquier método un rifle con mira telescópica y acabará haciendo lo que acaban haciendo estos últimos asesinos demenciales y desequilibrados, pero por lo menos, no les pondremos tan a la mano, tan a punto y tan súmamente fácil la posibilidad de adquirir un arma que, en sus manos, acaba haciendo lo que acaba haciendo, es decir, asesinar a personas inocentes destrozando, de ese modo, vidas y familias enteras. 

La libertad está muy bien, pero un exceso de libertad puede llevar a situaciones de este tipo. La libertad de mi vecino acaba donde empieza la mia, y la mia acaba donde empieza la del vecino. Ni que me guste ni que no, hay terrenos en los que yo no puedo entrar, y ese mismo pensamiento se lo tiene que aplicar mi vecino.

Pero esas ideas las puede entender una persona de las llamadas normales, pero no creo que las entienda ni que las acepte una persona desequilibrada, loca, demente, visionaria, iluminada…esa persona actuará según sus visiones, según sus propios intereses o apetencias, sin preguntar, sin pensar y sin saber si hace bien o mal. Símplemente siguiendo su instinto animal, y esos instintos animales llevan a situaciones totalmente imprevisibles como estamos viendo últimamente con demasiada frecuencia con estos asesinos de gente en centros universitarios, escuelas, centros comerciales o, como ayer, centros religiosos.

Y yo, hoy por la mañana, sigo escuchando música clásica, en este momento y concretamente, la “Rhapsody in Blue”, de George Gershwin.

Feliz semana.

Hoy hace frio.

Hace un viento un poco desapacible y las nubes, como pequeñas islas blancas, pasan por el cielo a gran velocidad.

Desde la ventana de mi casa veo en la calle alguna bolsa de plástico blanco revolotear sin orden ni concierto, subiendo, bajando, desplazándose hacia adelante, hacia atrás, como un agujero blanco recortado contra el asfalto gris de la calle.

Y he leído…

He leído, junto al sillón que tengo pegado a una lámpara de pie, durante más de dos horas, con los pies estirados y apoyados, descalzos, sobre una banqueta coronada por un pequeño cojín color carne.

Y ahora, mientras escribo estas mis últimas vivencias, escucho música de Beethoven, concretamente la “Sonata para piano nº 14 - Claro de Luna”, una música que me transporta y me eleva, que me hace olvidarme de todo y de todos, que me hace imaginar el piano delante de mis ojos mientras sus teclas, las blancas y las negras, se hunden ellas solas, sin dedos que las toquen, produciendo los arpegios sonoros que sólo el insigne sordo fue capaz de crear.

Y cae la noche.

Y sigo sintiendo el viento contra los cristales de mi ventana. Y sigo viendo en mi imaginación esa bolsa blanca de plástico revoloteando sin orden ni concierto sobre el asfalto gris de mi calle.

Y sigue sonando Ludwing Van Beethoven.

Y yo sigo soñando y viviendo con su Sonata para piano nº 14, con su Claro de Luna…en esta tarde desapacible y otoñal del mes de diciembre.

Feliz Semana.

Esta mañana me he ido con la moto a dar una vuelta por ahí.

Algunos de los componentes de mi club, con sede en La Capital, habian quedado en venir cerca de Mi Localidad. Hacia ese punto de destino me he encaminado, pero allí no había nadie. He ido a un monasterio cercano por ver si lo estaban visitando, y tampoco. Había muchos coches de gente visitando el monumento pero motos ni una.

Ya de vuelta me he metido en un pueblo que me quedaba a la derecha de la carretera, en lo alto de un pequeño montículo.

Al llegar a la parte alta del pueblo donde se suponía que estaba la Iglesia parroquial, con su torre y unos nidos de cigüeñas que se veían junto al campanario, me he encontrado con el hecho de que el pueblo estaba en fiestas: toda la gente ataviada con trajes regionales, la plaza de la iglesia llena de gente, bueno, es un decir, porque el pueblo no tiene más de 70 habitantes y creo que estaban todos en la plaza y dentro de la iglesia.

La Guardia Civil también estaba en la plaza. Niños y niñas revoloteando por entre las pocas personas que “llenaban” la plaza.

Me he metido en la iglesia, de cuyo interior entraban y salian personas constantemente y me he encontrado con una iglesia realmente pequeña y, claro está, llena de gente. Pero llena con algunas treinta o cuarenta personas a todo tirar, algunos de los cuales iban, como he dicho antes, ataviados con sus trajes regionales y haciéndose fotos junto a una figura puesta sobre una peana y que imagino sería el santo patrón de la localidad.

Con tan pocas personas en todo el pueblo las fiestas no pueden ser muy multitudinarias. Son cien por cien participativas, eso sí, porque si en el pueblo viven 70 personas creo que estaban las 70 personas en la plaza, unos en la misma plaza hablando entre ellos formando varios corros de gentes y el resto en el interior de la Iglesia.

En esos sitios, en esos pueblos tan súmamente pequeños y tranquilos, creo que la paz, la serenidad, la apacible tranquilidad y la relajación del espíritu tienen que estar a la orden del día. Ni nervios, ni prisas, ni malos rollos, ni estrés, ni corre corre que te pillo, ni grandes distancias, ni tiempo perdido entre el ir y el venir, ni largas esperas…Todo reducido, pequeño, coqueto, íntimo, familiar, conocido…En cierto modo son sitios para envidiar. Tienen sus carencias, lógicamente, carencias del tipo médico, de servicios, de variedad, de esparcimiento y divertimento, pero uno se acostumbra a todo y a veces vale más la calidad de vida en cuanto a tranquilidad, paz, sosiego y felicidad se entiende que el hecho de tener cerca o lejos de casa miles de lugares de ocio y esparcimiento a los que acudir, pero siempre deprisa, siempre corriendo, siempre esperando, siempre invirtiendo horas y horas.

Y por las noches, el silencio total. Eso hace ya mucho que yo no lo saboreo.

Que cada cual escoja y elija el tipo de vida que más le interese. Yo creo que un lugar, no tan tranquilo como ese que he visto pero sí uno que tenga los mínimos servicios sanitarios y de esparcimiento y que a la vez reuna parte o gran parte de la tranquilidad del lugar que he visitado, sería lo ideal.

Mi Localidad es algo parecido a ésto último que he esbozado: aquí tenemos de todo pero a la vez estamos muy tranquilos realmente. Las distancias son todas cortas, de hecho, de punta a punta de Mi localidad, andando, no creo que haya que invertir más de veinticinco o treinta minutos.

Y tenemos de todo: hospitales, bares, servicios de todo tipo, polígonos industriales, polideportivos, pistas de atletismo…y por la calle se puede andar sin prisas, sin empujones, sin aglomeraciones…y por la noche, no un silencio sepulcral como el que creo que deben de tener en el pequeño pueblo visitado, pero sí bastante callado: apenas el ruido de algún coche pasando por debajo de mi ventana pero, muy de tiempo en tiempo. Y eso es calidad de vida. Y esa calidad de vida, me encanta. Y esa calidad de vida me gusta. Y esa calidad de vida es la que te hace hinchar el pecho al respirar mirando al cielo azul o mirando hacia el exterior donde se adivinan y se ven los campos, el mundo abierto, la tierra de labor, los árboles de todo tipo, los campos cultivados, las aves sobrevolando de un árbol a otro…

Por eso sigo aquí. Porque me gusta y porque aquí soy feliz.

Feliz fin de semana.

Bueno, pues me volvió a dar…

Anteayer por la noche me volvió a dar…

A eso de las cuatro de la madrugada me desperté con unos fuertes dolores de estómago. Durante tres horas aguanté y aguanté pensando que se irían pero cada vez eran más fuertes. No me quedó más remedio que llamar a urgencias.

Al cuarto de hora, una chica con chaquetón de estos amarillos y con un pantalón verde y chaquetilla del mismo color hacía su entrada en mi habitación.

Ya sabían de mi problema pues llevo varias visitas con el mismo tema pero no me encuentran nada, y es lo que yo digo:

- No tengo nada pero cada dos por tres tengo un ataque de este tipo que me deja más allá que aquí…¡Algo tendré¡

Bueno, el caso es que como estaba doblado por el dolor, la chica ha mandado una ambulancia para que me llevara al hospital, a urgencias.

Hemos ido mi señora y yo y nada más llegar me han metido con la propia camilla de la ambulancia hasta la camilla donde me han dejado fijo y cual ratón colorado dispuesto a recibir todas las pruebas y experimentos que sean necesarios.

Me los han hecho. Y con todos los anteriores que ya me habían realizado en días anteriores han llegado, ¡¡por fin¡¡ a la verdadera causa de mi problema: ¡¡ Grasa o cristales de grasa alrededor de mi encantadora vesícula biliar ¡¡

Tras estar toda la santa mañana con unas y otras pruebas, con visitas esporádicas del médico de guardia, un chico jóven de unos treinta y tantos años, y con explicaciones cada vez más concretas de todo lo que me habían hecho, de todo lo que me estaban haciendo en el día actual y con todos los resultados contrastados y comentados entre unos médicos y otros, se llegó, como digo, a la verdadera y definitiva causa del problema, causa que ya intuían pero de la que no estabn seguros…¡¡ahora sí¡¡: cristales de grasa o grasa en sí, para entendernos, alrededor de mi encantadora y nunca bien ponderada vesícula.

Una sóla palabra le solté al médico jóven:

- ¿Solución?

- Dos: Si con tratamiento de protectores de estómago y antiinflamatorios de la vesícula y con una dieta nula en grasas conseguimos adormecer esos ataques que te dan, esos cólicos, aguantaremos entonces hasta que te visite el cirujano que es quien en última instancia va a decidir qué hacer contigo. Esa visita al cirujano vamos a intentar que sea con caracter de urgencia, antes de Navidad. Y la segunda solución es que si antes de esa visita te vuelve a repetir un sólo ataque, entonces te cogeremos y te meteremos directamente a quirófano para extirparte esa dichosa vesícula…antes de Navidad, por supuesto.

- Joer, pues me dejas mucho más tranquilo…Resumiendo: que antes de Navidad o sigo bien pero ya con el veredicto del cirujano que casi con total seguridad será quitar la vesícula pero en vista de que voy aguantando lo hará, casi seguro, después de estas fiestas, o me agarráis de las pelotas y me metís en la sala de operaciones…antes de Navidad.

- Exacto. Ese es el tema -el médico, sonriendo y afirmando con la cabeza mientras seguía sentado en el borde la cama en la que en ese momento me encontraba totalmente relajado tras las distintas pruebas y análisis de todo tipo que me habían hecho a lo largo de toda la mañana. El dolor me lo habían quitado, nada más llegar, poniéndome un gotero cuya aguja me habían clavado y sujetado al dorso de la mano.

Después me dijo que me iban a dar de comer para ver cómo toleraba la comida y que si, tras un rato, yo seguía bien, me daría el alta, cosa que ocurrió a eso de las dos de la tarde puesto que la comida, como le dije, la iba a tolerar perfectamente bien.

Me dió unas recetas, unos consejos y mi señora y yo, sin coche, tuvimos que tomar un autobús hasta casa..

Esta noche pasada, cuando me acosté, lo hice con un miedo terrible de que se volvieran a repetir los ataques y tuviera que volver de urgencias al hospital, cosa que me había dicho el médico que, si ocurría, no me lo pensase y fuese directa y rápidamente al hospital.

Pues he dormido como un niño pequeño con los puños apretados. De un tirón, descansando realmente puesto que la noche anterior no pegué ojo y padecí bastante. Me he levantado totalmente repuesto y con algo de esperanzas en el ambiente. A ver si esto dura y puedo llegar con bien hasta el día de la visita del cirujano.

Anoche me llamó mi cria, la pequeña:

- ¿Dónde habéis estado todo el día que no he parado de llamar a casa y no contestáis…?

Le comentamos el caso. Yo la ví preocupada. Preguntaba constantemente que qué problema podría haber, que qué era eso de la vesícula, que qué pasa si te la quitan, que si eso es grave, que qué tipo de mal es ese…

- Tranquila, hija, que no pasa nada, que no es nada…

Yo sé que mi cria, con lo sentida que es y con lo que le afectan estas cosas, no está del todo tranquila. Hasta que no me vea hablar, contar chistes y relatar mis aventuras moteras no se quedará tranquila.

Y hablando de motos: Esta mañana me he ido a dar una vuelta con mi moto. He querido relajarme un poco, abandonar esa tensión de las enfermedades, de los problemas, de las horas y horas dándole vueltas a la cabeza, del qué tendré y del qué será, del me dolerá esta noche o no me dolerá…Volviendo, en un cruce justo en la misma entrada de Mi Localidad, había una buena fila de coches y varios motoristas de la Guardia Civil de Tráfico parando a unos, dejando pasar a otros, algunos de ellos escribiendo…a mí me han dejado pasar sin decirme nada. Justo al coche que llevaba detrás mio he visto cómo le indicaban que se echara a un lado de la carretera…

Feliz Puente de La Constitución.

Ayer fue un buen día, muy bueno diría yo.

Por la mañana y a eso de las nueve y media de la mañana ya estaba yo sobre mi moto dirección a una localidad cercana a la mía donde había una concentración de motos, almuerzo de huevos fritos con jamón, vino, gaseosa y café incluido, viejos reencuentros, contemplación de algunas máquinas de infarto, charrada con los viejos amigos y encuentro con algunos de los miembros de mi club que también acudieron desde La Capital.

Tras los abrazos y saludos con los conocidos, el almuerzo, las fotos, las charradas y las despedidas, los miembros de mi club y yo nos fuimos, a buena velocidad, a una localidad distante unos 80 km. del punto del almuerzo, a ver una hospedería de montaña, aislada de todo y de todos, pero perfectamente acondicionada y aclimatada para pasar allí un buen fin de semana con los amigos: grandes salones todos de madera, varios fogones rodeados de sofás dispersados por el centro del ámplio salón, rincones de lectura y televisión, grandes balconadas…precioso. Y todo ello rodeado de altas sierras de piedra caliza y de una carretera totalmente llena de curvas y bordeada de rocas y árboles: ¡Un paisaje para perderse¡

La idea era hacer allí una de las varias concentraciones que nuestro club hace a lo largo del año. Lo vimos todo. Nos lo enseñaron todo. En fin, que ya veremos.

Tras tomarnos allí unas cervezas volvimos a subirnos todos a las motos (nueve motos en total) y nos fuimos a otra localidad, distante de la hospedería unos 10 km, a comer.

Aparcamos en la plaza del pueblo, una localidad de unos 1000 habitantes y donde apenas se veía a nadie por las calles: unas calles totalmente empedradas, con grandes y antiguas casonas, con unos enormes portalones, escudos heráldicos, antiguas indicaciones de caserones, negocios, callejones….Y allí, en una casa totalmente de piedra, antigua, y amorosamente restaurada por dentro y con un cuidado y un gusto exquisito, entramos a comer: La comida, abundante, variada, perfectamente presentada y deliciosamente cocinada, y el precio, tras los postres, cafés, etc, tirado por el suelo. Nos quedamos todos asombrados de lo económico del banquete. Uno de la cuadrilla, en tono de broma, le dijo a la chica que nos servía y que nos trajo la cuenta:

- Bueno, esto es lo que pago yo por lo mio pero, ¿y estos…?

Y la chica, sonriendo, sólo dijo:

- Eso es lo de todos, caballero…

Salimos y nos dimos una vuelta por la localidad, hablando con algún paisano que encontramos en la calle, haciendo fotos a algunos edificios y, siendo ya hora de volver a montar en nuestras motos, volvimos a subirnos en ellas y, a una velocidad algo alta para mi gusto, dado que las carreteras estaban muy húmedas y podría haber posibilidad de patinazo en alguna de las muchísimas curvas por las que atravesamos, nos dirigimos a casa.

Yo llegaba a mi casa pasadas las siete de la tarde, noche cerrada, realmente cansado, y con una temperatura que había comenzado a bajar y cuya caricia se dejaba notar ya en las puntas de los dedos, aun llevando buenos guantes.

Cansado como estaba, a las nueve de la noche cené un poco, no demasiado, y tras hacer algunos trabajos que tenía pendientes en mi ordenador, cosa de una hora, me fuí a la cama a descansar, cayendo cual pesado fardo y sin levantar ya la oreja de la almohada hasta esta mañana a las nueve y media.

¿Lo bueno y positivo de todo lo de ayer?: La relación con los amigos, el ambiente, la camaraderia, la buena relación con todos, la mano en el hombro del amigo, la sonrisa, los chistes y el magnífico ambiente, la alegria de vivir de todos, el recuerdo de algunos compañeros, la sana relación, la ausencia de malos pensamientos, de envidias, de odios, de malas leches…el amor entre todos, en definitva, y las enormes ganas de vivir de todos y todas.

¿Hay algo más bonito que una buena comida de once amigos y amigas alrededor de una gran mesa en un comedor chiquito y con un buen fogón, una comida sin ningún tipo de prisas, rodeada de una comida excelente y un ambiente mejor todavía, totalmente relajado y distendido y donde lo único malo es la separación, al final de la jornada? Y si todo eso lo adornas con la guinda del paseo en moto por unos paisajes con cien mil curvas y bordeados de altos riscos de piedra y miles de árboles por todos lados, entonces ya….te puedes morir.

Me voy a lavar la moto.

Feliz semana.