Archive for Diciembre 30th, 2007

  Yo creo que, echando la vista atrás y dándonos cuenta del tiempo transcurrido desde nuestro nacimiento hasta el momento actual, y más si tenemos ya una cierta edad, nos damos cuenta de que no hay tanta diferencia, de que el tiempo ha pasado en unos segundos, de que lo que ayer fue nuestra niñez o nuestra infancia y hoy es nuestra edad madura, están prácticamente juntos. Ayer éramos niños y hoy somos adultos o viejos. Y no han pasado ni 24 horas.

viejos_en_columpio.jpg 

 

 

 

 

 

 

 Cuando uno es jóven ve la vida como algo interminable, larga, duradera, enorme, con millones y millones de segundos para hacer lo que queramos, pensando que nos va a sobrar tiempo para hacer todo lo que queramos. Y no es así. Cuando uno llega a la edad adulta se da cuenta de las cosas que le quedan por hacer, por ver, por imaginar, por disfrutar…pero sabe que la naturaleza es sabia y que, teniendo uno la edad que tiene, por ley natural no le queda demasiado tiempo para realizar ni una millonésima parte de las cosas que imagina poder hacer. Se da cuenta de que no hay tiempo. Se da cuenta de que lo que pensaba de jóven no es lo que piensa ahora. No tiene nada que ver una cosa con la otra. Antes era pura ilusión y hoy es triste realidad. El concepto “tiempo” es totalmente distinto en una persona joven y en una persona adulta.

Aunque hagamos las mismas cosas, como los dos ancianos de los columpios de la fotografía que acompaña este comentario: De niños te columpiabas o te empujaban desde atrás, tu padre, tu madre, o tu hermano mayor y el tiempo no pasaba o pasaba despacio. Ahora, de adulto, tan sólo te sientas en el columpio y procuras que nadie te mueva no te vayas a romper la crisma, y el tiempo pasa a gran velocidad, pero tanto de pequeño, como ahora, de adulto, en ambas situaciones ponemos el culo en el columpio.

Pero ni es el mismo culo, ni es el mismo columpio…

Y tan sólo han pasado 24 horas.

Feliz semana.