Archive for Noviembre 26th, 2007

Dicen que los hombres no deben llorar nunca, que no es de hombres el llorar, que eso es de mujeres, de niñas, de personas débiles, de poco hombres y de “escojonaos”. No estoy de acuerdo con esos pensamientos ni de coña. Me parece un pensamiento de un machismo retrógrado y superficial, es más, siempre he admirado al “valiente” de una película en alguna escena lacrimosa en la que, anteponiendo toda su hombría a todo lo que le rodea y a todas las circunstancias anexas, suelta unas lágrimas en un momento determinado del film. Me ha parecido ese señor, en esas escenas, de una hombría y de una personalidad fuera de toda duda. Jamás habría dudado de ese señor por el simple hecho de verle llorar.

Todo esto viene a cuento porque he estado recordando, con mi señora, algunos momentos en los que, viendo alguna de esas películas que he comentado, yo he tratado de ocultar las lágrimas que pujnaban por salir de mis ojos y, sobre todo, tratando de evitar que me viera mi señora, cosa que casi nunca he llegado a conseguir.

En ciertas escenas de ciertas películas ya me tienes a mí con los ojos húmedos y con las lágrimas a punto de rebosar y de brincar mejillas abajo, corriendo hasta el borde de la barbilla, detenerse allí brévemente y caer sobre mi camisa, salvo que yo, con mucho disimulo, antes de empezar a bajar, haya dispersado esas lágrimas por mi cara con la palma de la mano, disimulando cualquier gesto inocente…Lo que pasa es que, como ya he dejado caer, casi nunca consigo engañar a mi señora y siempre me pilla, me sonríe, me dice algo, yo también me río y acabo diciendo cualquier estupidez como “…joer, qué gilipollas estoy hecho…si es que no lo puedo remediar…qué tontería…” y todo eso dicho entre risas entrecortadas y pasadas de la palma de la mano por los ojos para, ahora ya y sin disimulo, acabar de limpiar los ojos, repletos de lágrimas.

¿Somos o soy por eso menos hombre que esos que con pelo en pecho y barba sin afeitar de una semana se ríen de mí al verme en esa situación diciendo que a ellos esas tonterías no les conmueven ni les afectan?. Posiblemente, aunque lo dudo bastante.

¿O es que los que así nos comportamos tenemos otro tipo de sensibilidad ante determinadas situaciones de la vida?

Yo creo que es ésto último. Tan hombre puede ser uno u otro. Tan de pelo en pecho puede ser uno u otro. Tan echado p’alante puede ser el uno como el otro.

La sensibilidad ante determinadas situaciones de la vida es lo que hace que el corazón de uno tiemble y se encoja o permanezca impasible y frio como el hielo.

Yo prefiero la situación primera. Es más humano. Menos animal, aunque lo seamos. ¿O alguien ha visto llorar, ante determinadas situaciones de la vida, a un perro, a un gato, o a un caballo?

Feliz semana.