Archive for Noviembre 21st, 2007

Como ya he comentado por aquí en numerosas ocasiones, tengo dos hijas, juntas en un piso que tengo en La Capital, la una trabajando y la otra, algo más joven, acabando sus estudios. Está en el último año de carrera.

Allí, las dos solitas, se hacen sus comidas, se limpian la casa, tienen sus amistades, hacen su vida y yo, lo único que hago es, una vez al mes, enviarles algo de dinero por aquello de que no vayan apretadas y, más que nada, porque la pequeña no tiene un euro, la pobre, y con algo se tiene que comprar las viandas para su subsistencia. Aprovecho y les envío a las dos.

Algún que otro fin de semana, pocos, eso, sí, vienen por aquí a pasar un par de días con los padres. Pero no con la asiduidad que a mí me gustaría. Se hacen mayores y tienen su vida montada, por eso, la llamada que me hicieron ayer me llenó de alegria.

Estaba mi señora pintando en su estudio, como cada tarde, mientras yo estaba en el salón de casa leyendo un libro que estoy devorando sobre la vida en el Antiguo Egipto cuando, de pronto, el teléfono.

Ví, en el número que me aparecía en el teléfono, que la llamada era del piso de mis hijas:

- Dime, hija…

- Hola, papá…¿qué tal estáis?

- Bien, hija, ¿y vosotras, cómo va todo?

- Bien…oye, que este fin de semana ya sabes que estuve fuera y que se me olvidó el cargador en casa y me quedé sin móvil, por eso no os pude llamar ni podía recibir llamadas…

- Ya, ya…te llamamos y nos salía una señora muy educada diciendo que estabas fuera de cobertura o fuera de servicio…

- ¿Váis a venir este fin de semana? 

- ¿Este fin de semana?. Pues, la verdad, no habíamos pensado ni tu madre ni yo salir de casa, pero si queréis, vamos. 

- ¿Por qué no venís el sábado y pasamos los cuatro el fin de semana juntos?.

Joer, esa petición, en una hija de 21 años no es demasiado normal. Me  ha dejado la carne de gallina y el alma llena de orgullo paterno y de satisfacción personal. En un segundo he pensado cual sería la solución perfecta a la petición de mi hija:

- ¡¡El sábado por la mañana estamos ahí, hija…¡¡

- Vale…podemos ir por la tarde a dar una vuelta por ahí y a cenar después, ¿qué te parece?

- Pues que me parece perfecto. Se lo voy a decir a tu madre, que está arriba pintando.

Bueno, pues en eso hemos quedado. Que una hija de 21 años, en confabulación con su hermana mayor, decidan pasar un fin de semana con los padres dejando un poco de lado a sus amistades ciudadanas, a sus posibles juergas, a sus posibles diversiones con gente de su edad, para pasar dos días con los padres, paseando juntos, cenando juntos en algún restaurante de La Capital, charrando y hablando de nuestas cosas, eso, como suele decir algún presidente de comunidad: “¡¡Me pone…¡¡”, me llena de orgullo y de placer, de satisfacción y de amor paterno por unas hijas a las que considero cada día más unidas a sus padres y que, además y por descontado, son unas hijas fuera de lo normal.

Y no es amor ciego de padre, aunque también. Es llamar a cada cosa por su nombre.

En fin, que ya estoy deseando que llegue el sábado para coger el coche con mi señora y marchar a La Capital a ver a mis dos hijas.

Feliz resto de semana.