Archive for Noviembre 16th, 2007

A veces me he planteado esa pregunta: ¿se puede morir de Amor?. ¿Realmente pudieron morir de Amor Romeo y Julieta? ¿los Amantes de Teruel? ¿Calixto y Melibea?

Cuesta creer eso. A la vista de cómo funciona hoy en día la vida y a la vista de las estadísticas de divorcios, separaciones, vidas juntas pero no revueltas, etc, etc, cuesta creer que alguien pueda quitarse la vida por su otra mitad, o pueda dejarse morir de pena y abandono.

Yo, en mis mejores tiempos de enamorado, escribí alguna cosilla al respecto. No recuerdo ahora, exactamente, cual era entonces mi verdadero estado de ánimo, pero sí que puedo poneros los versos que entonces escribía para que os hagáis una idea de la posibilidad que existía entonces en mi alma de abandonar este mundo:

“Tan abatido me encuentro

que sólo espero el momento

de poder dormir.

Y ya que ni así descanso

deseo que llegue el caso

de poder morir.”

Posiblemente sean unos versos demasiado trágicos y quizás por aquel entonces no llegaría la sangre al río. El caso es que eso fue lo que escribí. Algo tendría en mi interior para poner sobre una hoja de libreta los versos anteriores.

En los tiempos de Romeo y Julieta posiblemente los amores fueran mucho más intensos y dramáticos que ahora. Posiblemente entonces, el hecho de pensar que iba a transcurrir nuestra vida sin la presencia de una determinada persona fuera motivo más que suficiente para dejarse morir de amor o desear la muerte, pero, ya he dicho más arriba que hoy en día esas circunstancias han cambiado. Ya nadie se clava puñales en el pecho por su amada o su amado. Nadie se deja caer de la torre de un castillo sabiendo que su amado ha fallecido o lo ha perdido para siempre. Nadie sufre un infarto sobre el lecho y ante el cuerpo yacente del amado….

“Me gusta amar…

Y sentir contra mis sienes

puñetazos de dolor.

Y por la boca sangrar…

Agitándome en mi lecho

escupiendo el mal sabor.

Y recordar…

que mientras yo te quise

me arrancaste el corazón.

Me gusta amar…”

Todo este comentario ha venido a cuento, como he detallado algo más arriba, a tenor de las últimas estadísticas de separaciones y divorcios existentes en la sociedad actual. Hoy en día, a la mínima que el uno hace a la otra o la otra hace al uno, la solución inmediata es la separación, el divorcio, la nulidad, el “yo a mi casa y tú a la de tus padres”. Ya no existen “noviazgos y matrimonios” como los de antes. Eso de “contigo pan y cebolla y para toda la vida”, creo que ha quedado demasiado anticuado. Eso ha quedado para los tiempos de Romeo y Julieta, Juan Diego de Marsilla e Isabel de Segura (los Amantes de Teruel), o Calixto y Melibea, a pesar de que yo prefiera los amores de antes, no tan trágicos como los protagonizados por las parejas de amantes mencionadas pero sí algo más serios, intensos, responsables, entregados y seguros de las palabras y frases que en determinados momentos se dicen el uno al otro.

Feliz Fin de Semana.

Esta mañana he salido a la terraza de mi casa, a las nueve en punto, y en el termómetro que tengo allí puesto marcaba, exactamente, cero grados: ni frio ni calor.

En estos momentos, dos horas más tarde, ya marca casi dos grados.

Los albañiles que me están haciendo la casa están trabajando levantando una pared de ladrillos, al sol. Me he asomado a la ventana de mi cocina, que da justo enfrente de mi nueva obra, y les he dicho:

- ¡ Qué bien, ¿eh?, al solecito…¡

- ¡¡Sí, de puta madre estamos aquí, por eso vienes tú…¡¡

Y además de todo eso, hace un vientecillo de esos heladores que joden el cutis y ponen de punta todo menos lo que yo me sé.

Y al hilo de estos frios y estos vientos heladores y viendo lo bien que se encuentra uno en casa, con la calefacción y oyendo música o leyendo un buen libro, pienso en lo mal que lo tendrían que pasar las gentes de tiempos pretéritos viviendo en casas donde no había ni calefacción, ni puertas y ventanas que ajustaran bien, ni paredes con cámara ni aisladas del exterior, entrando aire por todos sitios, frio por todos sitios y durmiendo sobre mantas o sábanas de tejido vasto y tan frias en las noches de invierno que parecerían ropas mojadas.

Sólo pensando en eso me entran unos escalofrios y una lástima y pena por aquellas personas que sólo el hecho de vivir ya les suponía una heroicidad sin límites.

Los imagino arrebujados en sus mantas, en camastros de mala muerte, sintiendo cómo silbaba el viento a través de las rendijas de sus puertas y ventanas, encogidos y en posición fetal, tapándose hasta las orejas y teniendo la misma temperatura, o casi, tanto en el interior como en el exterior….

No sabemos la suerte que hemos tenido de nacer donde hemos nacido y de vivir donde vivimos.

Para dar gracias a Dios sólo tenemos que echar la vista atrás, en todos los órdenes y aspectos de la vida.

Feliz fin de semana.