Archive for Noviembre 11th, 2007

La vida pasa a nuestro lado y por encima de nosotros a una velocidad realmente endiablada. Nada podemos hacer, por más que lo intentemos, para detener su inexorable avance. La vida pasa para mí, para mi vecino, para el Rey, para cualquier empresario por muy rico que sea, para el limpiacoches y para el conserje del inmueble, para la señorita y para la abuela, para el niño de teta y para las tetas de la madre, para mi padre y para mi hija, para el delincuente y para el abogado defensor, para el cura y para el obispo, para el monaguillo y para Su Santidad, para el borracho y para el abstemio, para el fumador y para el enfermo de cáncer, para los pájaros, para mi perro, para los árboles y para el césped del jardín…La vida, sencillamente, pasa.

No podemos detenerla como si de una película vista a través de un vídeo se tratase. No podemos parar la vida con la tecla del “stop” y volver a ponerla en marcha con el “play” cuando más nos interese: por mucho que pulsemos la tecla del “stop” intentando detenerla, ella va a seguir funcionando, va a seguir pasando cinta. El “play” está conectado fijo, hagas lo que hagas.

Y como he dicho arriba, lo hace a una velocidad endiablada: tan pronto estás en tu cama durmiendo con la ventana cerrada y la calefacción echada porque estamos en invierno, como estás en la cama con la ventana abierta porque hace una noche de bochorno y estamos en agosto. De un día para otro pasas del invierno al verano y cuentas uno más…

Sólo nos queda, frente a ese inexorable avance del tiempo, vivir sin pensar. Como pienses, ya la has cagado. No pienses y vive.

El pino joven tiene la corteza del tronco fina y lisa.

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El pino viejo tiene la corteza rugosa y llena de nudosidades, es el fiel reflejo del paso del tiempo. Para el pino también pasa.

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Feliz semana.

Ayer por la mañana, a eso de las nueve y media me han llamado al móvil, justo en el momento en el que sacaba la moto de mi garaje.

- Acabamos de llegar…Te esperamos en el bar del hotel…

- Vale, perfecto, estoy con vosotros en cinco minutos.

Me he dirijido al punto de encuentro donde me esperaban 6 amigos moteros que acababan de llegar de La Capital: Venían a verme, a almorzar todos juntos y a pasar un rato en buena armonía.

Nos hemos juntado y tras los saludos de rigor, los apretones de manos y los golpes cariñosos en la espalda nos hemos ido a un restaurante que ya tenía yo apalabrado desde ayer para almorzar nuestro típico almuerzo motero: huevos fritos con jamón, vino, gaseosa y unos cafés y cortados.

El almuerzo ha estado rodeado de un ambiente muy cordial. Comentarios de todo tipo, mayormente en torno al mundo de la moto, lógicamente.

Más de una hora hemos estado sentados a la mesa y el precio de todo lo devorado, más que económico. Todo perfecto.

Tras el almuerzo han dicho de marcharse a La Capital. Una hora y cuarto de viaje no se lo quitaba nadie y tenían que llegar a la hora de comer.

Hemos quedado en ir todos juntos, yo inclusive, hasta casi mitad de camino. Les he acompañado unos cincuenta kilómetros. Siete motos a buen ritmo, una detrás de otra, y por unas carreteras perfectas de asfalto, de ámplias curvas que invitaban a unas ligeras tumbadas y con unas temperaturas muy agradables para la época del año en la que estamos.

Tras llegar a mitad de camino, hemos parado en una salida de un pueblo, a la orilla de la carretera, nos hemos despedido y ellos han seguido a La Capital, y yo, a mi casa, otros cincuenta kilómetros de vuelta.

Todo perfecto. Todo muy agradable y la compañía, inmejorable.

Estos momentos de relax y de buena armonía con los amigos es lo que te llena la vida, lo que hace que digas que lo importante en esta vida no es el dinero, es el amor de las personas, la amistad, la  buena relación y, por supuesto, la salud.

Estos momentos son los que te hacen desear que llegue el próximo fin de semana, el próximo encuentro con los amigos, la próxima concentración…Y unos amigos que son capaces de hacer 210 kilómetros para venir a verte y para almorzar todos juntos, sólamente para eso, son unos amigos de verdad. Esos que, al despedirnos, te dan un fuerte apretón de manos, un apretón de hombros y te dicen muy sinceramente aquello de: “¡Cuídate y ten cuidado a la vuelta…Nos vemos¡”

Bendita amistad, Señor.

Ahora, en casa, solo, pues mi señora se ha ido con una amiga a ver una exposición de cuadros de pintura, reflexiono un poco sobre todo lo ocurrido en el día de ayer, recuerdo, disfruto con todo ello, y doy gracias al mundo y a la vida por permitirme disfrutar de algo que, hoy en día no es demasiado habitual, no es moneda de uso excesivamente corriente: ¡¡LA AMISTAD¡¡

Feliz domingo.