Archive for the 'Salidas en Moto' Category

Ayer, sábado, había quedado con una cuadrilla de moteros de mi Club que venían de La Capital hacia mis tierras sureñas (respecto a La Capital).

A las 9:30 de la mañana ya me había hecho yo unos 40 km. y estaba esperándoles en la cafetería de una gasolinera.

Sobre las 10, ví que entraban en la zona un grupo de moteros:

- ¡Ya están aquí -pensé. Salí de la cafetería, nos saludamos, nos abrazamos…Pero allí faltaban motos…

- Vienen detrás, nosotros hemos venido algo más ligeros…

Enseguida nos reunimos todos. En esa misma localidad, dentro del pueblo y en un bar que ya conocíamos de otras veces, almorzamos todos juntos, juntando tres mesas.Más de una hora estuvimos allí comiendo, bebiendo algunos pequeños tragos de buen vino (sin pasarse por aquello de los controles policiales de alcoholemia), hablando de todo, contando anécdotas, chistes, haciendo fotos…¡¡Todo perfecto y dentro de una armonía maravillosa¡¡

Seguimos luego ruta por una carretera impresionante: curvas continuadas, grandes carrascales, impresionantes cortados de piedra, gargantas estrechas entre muros de piedra caliza, pueblos sin apenas gente, de esos en los que el simple ruido del motor de unas motos, cruzando sus calles, es motivo de asombro y de parar de sus labores para ver pasar las motos y sus gentes.

Llegamos a un pequeño pueblo en el que, según nos dijo la chica joven que nos atendió en el único bar que hay junto a la plaza de la pequeña Iglesia parroquial, viven 27 personas: Tranquilidad total, ausencia de ruidos y estrés, calma total…campo y naturaleza a 20 metros de cualquier casa.

Tomamos unos cafés y, allí mismo nos despedimos. Mis amigos se iban por una dirección, contraria a la mia, hacia La Capital, y yo, para no repetir ruta, me fuí por otra distinta a la que habíamos empleado momentos antes: Ese sí que era un paisaje de impacto. Allí sí que los cortados de la carretera impresionaban. Tuve que parar dos o tres veces para hacer fotos porque eso yo no me lo podía perder. ¡¡Hasta los buitres volaban bajos, a escasos metros de los cientos de curvas de la carretera¡¡. Allí, sobre la moto, los veías volar bajos, lentos, con sus alas desplegadas, buscando alguna pieza que devorar. Se oía, cuando paraba a hacer alguna foto, hasta el suave aleteo de sus alas pasando a escasos metros de mi cabeza.

Y allí, a la entrada de un pequeño pueblo con unas ruinas de un viejo castillo en un roquedal situado a un lado del mismo, me he hecho esta foto que presento. A la derecha de la foto, sobre ese pequeño montículo pardo que se aprecia, es donde estan las ruinas del viejo castillo, dominando el pequeño y tranquilo pueblo.:

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Y en esas condiciones llegué a la carretera general, y de allí, en media hora más de viaje, hasta casa.

Todavía tengo la grata sensación de la jornada de ayer: por los amigos, por el buen rato pasado y vivido, y por la naturaleza tan impresionante que vimos todos.

Hemos quedado en repetir esa misma ruta de cara a la primavera:¡¡Para entonces tiene que ser impresionante¡¡

Feliz domingo y feliz semana entrante.

Pues, sí, hoy, dos buenas noticias: la primera y mejor que los albañiles que me están haciendo la “cueva”, aun siendo sábado, han venido a trabajar para adelantar faena, supongo. Eso me ha gustado bastante y me ha dejado con una sonrisa de oreja a oreja. Unas horas de adelanto de faena sobre la ya tan mareante obra, nunca vienen mal.

Apenas me he levantado he visto, desde la ventana de la cocina de mi casa, a los albañiles trabajando en mi nueva casa. No sé si he dicho en alguna ocasión que me estoy haciendo la choza a 8 metros escasos de donde vivo ahora, en un terreno que tenía al lado.

Y la segunda buena noticia es que, como estaba contento y hacía una temperatura primaveral total, me he cogido la moto y me he marchado a hacer 87 km., 50 de los cuales han sido de curvas por entre altas sierras, siguiendo el cauce de un río a la orilla del cual y en un momento del recorrido, me he parado a escuchar el sonido relajante de sus aguas, bajando y saltando por entre unas enormes piedras clavadas en el centro del cauce.

Mañana, si amanece como hoy, cosa que hasta mañana no sabré, lógicamente, me volveré a marchar por el mismo sitio: El paisaje es precioso; las arboledas están por todas partes, la carretera con un asfalto impecable y las curvas las había de todos los gustos: cerradas, sin apenas visibilidad y entrando por entre los cortantes que bordean el río y, en otros casos, ámplias y abiertas siguiendo algunas partes más anchas del cauce.

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Donde me he hecho la foto había, a mi derecha, una pequeña cascada de no más de un par de metros de alta, una cascada que, junto al resto de ruidos provocados por la corriente, invitaban a pasear tranquilo y relajado por la orilla de la carretera y junto al cauce de la corriente.

Como digo, una mañana tranquila y sosegada. Una mañana más para recordar agradablemente.

Feliz fin de semana.

¡Joer, joer, joer, joer…¡ Estoy de los “problemas” de la nueva casa hasta kilómetro y medio más arriba de la cabeza, y mido 1,85, que tampoco es moco de pavo.

Cuando no es una cosa, y cuando digo cosa quiero decir PROBLEMA, es otra. Y cuando no es otra, es algo parecido. Y cuando ni es otra ni es algo parecido, es la Madre del Cordero. Y cuando ni es lo mismo, ni distinto ni parecido, ni similar ni igual que la otra vez, es algo nuevo que te acaba de reventar los planteamientos y que te altera la tranquilidad de espíritu dejándote una mala leche en el cuerpo que matarías al que tuvieras en ese momento más cerca, llámese albañil, aparejador, arquitecto, los tres juntos o por separado o llámese como quien esto lee crea que debe llamarse.

Ahora resulta que el rafe del tejado, lo que en principio parecía que iba a ser una obra de arte, y que de hecho lo es, pues no lo es tanto. Si lo miras bien y con detenimiento, ves la “cagada”.

La gente que pasa por la obra y lo ve, te dicen:

- ¡Vaya rafe precioso que te están haciendo…¡

Y yo digo:

- Sí, precioso… -pero ahora, por debajo, digo:

- ¡Y una mierda¡

He hecho un montaje con un programa de retoque fotográfico dejando la foto de la fachada como REALMENTE debería quedar.

Pongo las dos fotos juntas, la que tiene el rafe mal y la del “montaje”, y hay una diferencia como de lo blanco a lo negro. Y esa diferencia es la que el lunes va a ser expuesta sobre la mesa de negociaciones y va a ser la que, al final, quede puesta y expuesta en la fachada de mi casa…¡¡o yo mato a alguien¡¡

Con todo el cabreo que llevaba encima, no me ha quedado más remedio que coger la moto y marcharme a toda velocidad para enfriar los ánimos, para calmar mi ansiedad y para relajar esos nervios que estaban empezando a amenazarme con el suicidio a cabezazos contra la fachada de la casa.

He parado en una orilla de la carretera y me he metido por unos campos, andando y respirando un poco, sintiendo el tibio sol del atardecer en mi rostro y agradeciendo su calorcillo.

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Ahora, y tras la vuelta, ya veo las cosas mucho mejor. La “solución” al tema está realmente fácil: hay que poner dos simples hiladas más de ladrillos. Punto final. Y, lo que es mejor: ¡¡AHORA SÍ QUE QUEDARÁ REALMENTE PRECIOSO ESE RAFE¡¡

Al volver de dar mi vuelta de relajación me ha llamado al móvil mi hija la pequeña, viene a pasar hoy y mañana a casa. La he ido a buscar con el coche a la Estación de Autobuses. La verdad es que está preciosa. Me siento orgulloso de mi hija pequeña (¡que no es “pequeña”, es altísima).

Le he preguntado por la “Tata”, (es así como llamamos a la hija mayor cuando hablamos con la pequeña). “Se ha quedado en casa. Esta noche tiene cena con un grupo de amigos”, me ha dicho.

Bueno, pelillos a la mar, me refiero al tema del rafe. Ahora y viendo como veo la solución, fácil, por otra parte, y tras mi relajación motera, me encuentro mucho más tranquilo. El lunes lo solucionamos, o, como he dicho más arriba, “…o mato a alguien…”

Feliz fin de semana.

Ya tenía ganas, Señor, ya tenía ganas de salir con la cuadrilla, con los amigos, de hacer unos cuantos kilómetros y de volver a saludar a los viejos amigos de siempre, de otras concentraciones, de otros encuentros…Esos momentos no los cambio por nada del mundo.

Tras la reunión, los almuerzos, las buenas charradas, los buenos recuerdos, los cafés, etc. y tras despedirnos de los viejos amigos emplazándonos para la siguiente concentración, el grupo en el que yo iba nos hemos vuelto a casa por otro sitio, para hacer algunos kilómetros de más.

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La verdad es que del grupo de seis que íbamos, tres se han ido a toda velocidad, habiendo quedado, préviamente, en un bar de Nuestra Localidad para tomar un aperitivo antes de irnos cada uno a su casa.

Yo los he seguido y acompañado a ese endiablado ritmo durante unos kilómetros, pero me he parado y me he quedado a esperar a los otros dos porque uno de ellos se acaba de sacar el carnet de moto hace cuatro días, y hace que tiene moto, tres, y, en esas condiciones y habiéndole invitado yo a la concentración, lo que no podía hacer era dejarlo solo y marcharme con los otros a toda velocidad.

Le he ido acompañando hasta el sitio de reunión en el que habíamos quedado, siempre delante de él y controlando su velocidad (80 - 90 km/h.). Lo único que yo hacía era, de vez en cuando, pegar un ligero acelerón y adelantarme un par de kilómetros a buen ritmo para volver a bajar y volver a esperarlo.

De esa guisa hemos llegado los tres al punto de encuentro donde ya nos esperaban, hacía rato, los otros tres compañeros.

Le ha gustado a mi amigo la concentración, el ambiente, el amasijo de motos de mil y una formas, de mil y un colores…el ambiente y la camaraderia que se veía, el buen rollo, los saludos, los abrazos, las risas…La siguiente la tenemos dentro de dos semanas y ha dicho que viene, que sí, que le avise o que le llame, que viene…¡¡Bien, eso está bien¡¡.

Lo único que voy a tener que ir, otra vez, a paso lento…bueno, ya irá cogiendo soltura y seguridad. Imagino que poco a poco irá acelerando un poquito más. No hay que pasarse de velocidad pero tampoco hay que ir con el freno echado y el ancla arrastrándola por el asfalto…Todo en su justa medida. En el centro de la balanza está el justo equilibrio.

Feliz Semana.

Esta mañana y tras levantarme he visto que el día no podía ser mejor: Un sol radiante y una temperatura de diez grados según el termómetro de mi terraza, orientado al norte.

Sin pensarlo dos veces y sin consultarlo con ningún representante del Gobierno ni de la Dirección General de Tráfico (más me habría valido), me he cambiado de ropa, me he puesto la de motero y….

Al salir de la cochera de casa, un amigo mio que se iba a tomar un aperitivo, a eso de las once de la mañana:

- ¿Te vienes conmigo? -le he dicho

- A mí, eso de las dos ruedassssssss…como que no…

- Vale, tú te lo pierdes, yo me voy a quemar rueda.

A unos 20 km. de Mi Localidad ya he visto a no muy larga distancia que me iba a meter dentro de una niebla espesísima. Tentado he estado de dar la vuelta, pero me he dicho: “¿Quien dijo miedo? (y se acababa de cagar)”. ¡¡Y he seguido, como un solo hombre, como un valiente…¿como un insensato?¡¡. La verdad es que, dentro de la niebla, me he cruzado con otros moteros que iban en dirección contraria y que, al cruzarnos, nos lanzábamos el saludo motero, esa “V” que con tanto cariño enviamos al compañero motero que se cruza con nosotros.

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He parado en un par de ocasiones para hacer alguna foto conmemorativa. Se me han congelado las puntas de los dedos, bueno, la cosa no ha llegado al punto de la cangrena y de la amputación pero, sí, frío en la punta de los dedos he pasado un poco. El resto del cuerpo, nada, como si tal cosa, pero la punta de los dedossssssss….

La pantalla del casco se me llenaba de agua cada doscientos metros y tenía que estar quitándola pasándole por encima el dedo índice, enguantado, de la mano izquierda. De la propia pantalla de la moto también me saltaban fuertes gotas de agua: la pantalla se iba llenando de gotas sueltas que, con el viento, se iban desplazando hacia arriba aumentando de tamaño al arrastrar a otras gotas y, al llegar al borde superior, saltaban golpeándome en la visera del casco aumentando la frecuencia de limpieza del agua acumulada en la misma.

 Total: un viaje perfecto y muy bonito. Frio en los dedos pero, como siempre, todo bien. He disfrutado de lo lindo, como siempre que subo en mi moto y me voy por ahí, libre, volando a un palmo del suelo, tumbando y levantando, sintiendo el ruído del viento en el casco, controlando esos 300 kg. de metal que llevo debajo de mis posaderas.

Cerca ya de casa, de nuevo el sol, el cielo azul y una temperatura muy agradable. La verdad es que la diferencia al ir en moto entre correr a través de la niebla o a través de un aire limpio y un cielo azul, es como lo blanco y lo negro. El estado de ánimo es distinto, se corre más suelto, más alegre, más animado, más esperanzado, con más ganas…Donde hay sol, hay alegria.

Feliz Semana.

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Esta mañana, como casi todos los sábados y domingos, me he cogido la moto, la cámara de fotos y me he ido a dar una vuelta por ahí.

Hoy he escogido un circuito que ya lo había hecho otras veces pero ampliándolo por un tramo de carretera que, hasta hace cosa de dos años, era un verdadero camino de cabras en lugar de carretera, aunque fuera carretera local, lo que pasa es que yo sabía que la estaban haciendo nueva y quería esperar a que la terminaran para poder meterme por allí.

Al llegar al cruce que me llevaba hacia el camino de cabras, he visto que estaba con un suelo impoluto y unas rayas blancas en el suelo totalmente inmaculadas:

- ¡¡Ya está terminada, me voy por aquí…¡¡ -me he dicho.

He tomado ese desvío y, en efecto, la carretera totalmente nueva, un asfalto impecable, muchas de las viejas curvas habían desaparecido haciendo los trayectos más largos y rectos, las curvas muy ámplias lo que ofrece más seguridad, el asfalto pintado de un blanco inmaculado pero…y siempre tenemos que tener un “pero”, faltaban las señales verticales de las orillas de la carretera…claro, al ensanchar la carretera vieja se cargaron todas las señales que había y ahora hay que volver a ponerlas.

Pero, en cambio, estaban poniendo otra cosa: ¡¡LOS FAMOSOS GUARDARRAILES ASESINOS O DEGÜELLAMOTEROS ¡¡  

 Para muestra, un botón, es decir, la foto que acompaña mi comentario: puede verse el asfalto impecable, recto, pintadas las lineas del centro (faltan, como puede apreciarse, las lineas que delimitan el arcén), y las barras de hierro clavadas en tierra firme, esas barras que sujetan la barandilla que está en el suelo y que son, en su conjunto, los encargados de seccionar pies, manos, cuerpos enteros; los encargados, en definitiva, no de evitar muertes de motoristas sino los encargados de REMATARLOS cuando caen al suelo y tienen la desgracia de golpearse contra ellos.

¿No dijo hace relativamente poco el Gobierno de nuestra nación que en toda aquella carretera que se hiciera nueva se irían ya implantando los nuevos guardarrailes, mucho más seguros para coches y, sobre todo, para motoristas?. ¿No dijeron también que en todas las carreteras se irían sustituyendo los viejos guardarrailes por los nuevos, mucho más seguros?.

Pues, dos de dos: o mintieron entonces o mintieron entonces. Porque la prueba es totalmente concluyente: Esta carretera lleva terminada cosa de dos meses. Como puede verse, todavía falta de pintar algo. Y como puede apreciarse claramente, los guardarrailes que se están poniendo son los VIEJOS Y CONOCIDOS ASESINOS DE LOS MOTORISTAS.

Siempre se ha dicho que se pilla antes a un MENTIROSO que a un COJO.

Feliz Fin de Semana.

dsc02521_2.jpgEsta mañana y después de hacer unos trabajos de mantenimiento de unas páginas web que llevo por ahí y viendo lo bueno del día, no me lo he pensado:

- ¡Coge la moto y date una buena vuelta, aprovecha…¡

Y pensado y hecho: Me he hecho caso a mí mismo y obedeciéndome ciégamente me he ido por ahí: 90 km. de nada. Lo justo para estirar un poco las ruedas, digoooooo… las patas.

Me he parado en un desvio de la carretera y desde allí, viendo un valle que, viendo la foto, queda a mi izquierda, allí he estado un buen rato, sentado sobre el mirador de madera, viendo el pueblecito que se veía allá abajo, a lo lejos, en la hondonada.

La temperatura no podía ser más agradable y el paseo ha sido de lo más relajante y gratificante.

Al llegar a casa ya me estaban esperando, mi señora y mis dos hijas, para comer. Les he narrado la “aventura” mientras comíamos y ahora, dentro de un rato, nos vamos los cuatro a La Capital, a llevar a mis hijas allí: la una para que siga con sus estudios y la otra porque mañana trabaja.

Feliz Semana y Felices Reyes.