RELATOS CONEXOS… (12)

Septiembre 30th, 2008 by juliocesarq

 …continúa  OLFATEANDO PROBLEMAS

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   En la era de los semidioses… ¿quién no querría uno así? 

   De tarde en tarde, del llamado ámbito académico, surgía un ser que fastidiaba a todo el mundo: un místico. Generalmente el sujeto en cuestión ignoraba que lo era, a pesar de sus creencias absurdas y maniáticas que lo llevaban a pelearse con media Galaxia, y en casos extremos terminaban refunfuñando en voz alta por los rincones, como perros viejos y malhumorados. En su pequeña mente, la del místico, él o ella, siempre tenía la razón y el resto del Universo entero estaba dolorosa y estúpidamente equivocado. De tanto en tanto, uno de ellos se dirigía a la directiva de La Flota y gritaba que había descubierto una conspiración contra Los Mundos Humanos. Siempre eran súper conjuras. No cosas sencillas; no, eran planes siniestros de gente que quería controlar el Cosmos todo, plan del que sólo ellos se habían percatado. Cualquier almirante o general de La Flota podía contar cómo llegaban a sus puertas, hoscos y huraños, denunciando la conspiración y molestándose cuando alguien hacía preguntas desagradables como: ¿quién conspira y para qué? Eso siempre los alteraba, perdían la ecuanimidad y terminaban girando los ojos en sus órbitas y chillando algo en el estilo de: el cielo se está cayendo y nos va a dar en la cabeza. Algunos hasta traían una roca, sonriendo como… locos, como prueba. 

   Lo curioso era que esos místicos generalmente gritaban, bañando de saliva al que estuviera cerca, que iban a investigar los hechos hasta las últimas consecuencias; pero después de un tiempo, tales individuos solían desaparecer, con todo y sus investigaciones (como también podía atestiguar cualquier almirante o general). Y no era porque cayeran en un agujero negro o una estrella de cualquier otra índole. Simplemente…. desaparecían de escena. Fue por ello que cuando Flatt Hublak, de Naejmis, hizo su aparición en Báluwa (mundo administrativo de La Flota), denunciando una antigua conspiración urdida en el viejo y detestado planeta Tierra, todos pusieron cara de circunstancia y giraron los ojos en sus órbitas con un ¡hummm!; excepto los más viejos que suspiraron elocuentemente con disgusto. ¡Otro místico! Lo que diferenciaba a Hublak del resto, era su procedencia. En Naejmis no creían en misticismo ni magia, su gente no era dada a eso. Y el hombre era un académico acreditado en su mundo y en todo el sector Panzhar, por lo que no se pudo, simplemente, hablarle condescendientemente, recomendarle un té de tila y mucho reposo. La gente de ese sector siempre era un problema, y los de ese planeta lo eran más. 

   El hombre, un tipo enorme de más de dos metro veinte, de piel blanca como el papel, de cabellos iguales de blanco, ojos grises deslucidos que se asemejaban al frío acero de las antiguas construcciones, no era alguien a quien se pudiera ignorar fácilmente. Era saludable, atlético, inteligente y decididamente atractivo; aunque este efecto quedaba destruido a medias por el hecho de ser un naejmisno, un ser que creía que el resto de las razas humanas eran mierda, y de la que apestaba, sobretodo las del viejo sector de Áurea Boreal. El hombre era un bonito acabado de su mundo y de su cultura, que no temía al diseño genético. Igualmente era esclavo de su cultura: era un ser egoísta, racista, narcisista y perfeccionista. Su mundo era aislado, y sus habitantes odiaban la cercanía de otros seres, sobretodo los de otras razas, a las que consideraban inferiores, genética y mentalmente hablando. Eran, en resumen, unas joyitas. 

   Al iniciarse en los estudios de Psicología de Masas, cosa muy necesaria en el sector Panzhar (aunque jamás se admitiría), el hombre, no tan joven como su liso y limpio rostro mostraba (ya había utilizado el bracante, deteniendo el envejecimiento), había tropezado con líneas de conducta en sistemas completos que le hicieron intuir que la Historia del Hombre, no era el simple fluir de la cuarta dimensión, de tiempo y espacio, sobre los grupos humanos. Estudiando largos periodos históricos, desde la llegada de los guklianos a La Tierra, y de aún antes, de cuando hubo la guerra entre
La Tierra y Los Mundos Independientes, todo parecía señalar una manipulación de hechos, que terminaron en la creación de Las Repúblicas. Y eso ofendía y molestaba a Flatt Hublak, un hombre de Naejmis, un semidiós de perfección e inteligencia. No era posible que ellos, su mundo, el sector, y la humanidad toda, fueran simple piezas movidas por alguien, en la historia del tiempo.
 

   El académico estaba consciente en su fuero interno que llevaba años de retraso en su trabajo, cosa que lo amargaba, porque sabía que esa investigación era importante; había que denunciar la conspiración (el cielo se cae, se cae). Hacía mucho tiempo que debió llegar a Alexentra, el mundo universitario, por los datos que ahora recababa con paciencia, lucidez e inteligencia. Pero pensar en abandonar su mundo hermoso y perfecto, de orden y privacidad, tomando una nave crucero atetada de otros seres, y, peor, viajar hasta Alexentra, casi en los límites mismos del Sistema Solar, fue algo que le costó demasiado vencer. Odiaba ese mundo y su gente; y al ir reuniendo los datos, comenzó a temerles también. Alexentra era una creación casi totalmente terrestre, como lo era El Arca; ¡y sabía el Cosmos qué tramaban cuando lo hicieron! 

   Alexentra no estaba tan mal. Era un mundo de cristal y cromo, pulcro y ordenado, dedicado todo él a las ciencias, artes e investigación. Lo humanista, lo científico y lo militar estaba por doquier, y al alcance de todos. El hombre comía en su pequeña habitación, algo tan chico que al principio le costó respirar, y de ahí iba al edificio Hipatia, donde estudiaba todo lo necesario, en el sótano dos, dentro del frío y solitario salón. Le alegraba y aliviaba no tener que toparse con nadie. Llegaba a la hora que quería y tomaba un letrel, una especie de lapicero de punta roma y cristalina, que al ser colocada sobre cualquier sección de la pared, podía acercar o alejar las terminales de cualquier información procesada y archivada dentro de La Flota, La Federación o de cualquier mundo humano. Luego sólo debía llegar a su pequeño escritorio, tomar asiento y con el letrel vaciar los millones y millones de datos que pudiera necesitar. Le gustaba un rincón apartado en lo más profundo del sótano, cercano a una pared curva. Obviamente, era un antisocial, en el término clínico de la palabra. 

   Allí se enfrascaba horas y horas relacionando datos, fechas y nombres. Concentrado como está en una relación causa efecto, poco visible, pero muy evidente a una mente como la suya, el hombre percibe algo, a nivel subconsciente: ¡no estaba solo! Su rostro cuadrado, fuerte, de pómulos altos y mejillas delgadas, atractivo sin dudas, se eleva un momento y repara en un silencioso tipo que revisa algo en una pared no tan lejana, no tanto como a él le hubiera gustado. Los labios del académico se cierran con disgusto, en una fina y blanca línea de malestar. ¡Que tipo!, y estremeciéndose, piensa que seres así deberían ser ahogarlos al nacer. O mejor, no dejarlos llegar al alumbramiento. Y pensar en ese tipo naciendo de una mujer, bañado en sangre y placenta, casi lo enferma de asco. 

   El intruso era un joven, porque él sí lo era cronológicamente, algo realmente notable. No llegaba al metro setenta, un enano, prácticamente, y desesperantemente delgado. Su tórax era estrecho, y su panza se veía plana con tendencia a hundirse bajo la suave tela azul del blusón que lleva. Una prenda que le quedaba mal, cortado a nivel de los hombros, y muy abierto de mangas, de donde colgaban unos brazos flacos, de manos grandes y dedos largos y nerviosos, algo coloreados de pecas marrones claras. Su pantalón gris, sin costuras, delataba unas piernas rectas, y Hublak se preguntó sí serían palillos. Lo más notable (u horrible, según Hublak, era su cabeza), era su cabello ensortijado, y largo, de un rojizo anaranjado bien feo. Casi parecía alzado en un afro, pero no simétrico, era como si hubiera dormido de lado y allí esa parte se hubiera achatado y la otra no. Y parecía como si se rascara con los dedos, alzando lomas. Se veía desaseado. El rostro era delgado, afilado, de ojos marrones, llenos de malicia y mala fe; era algo que se notaba a leguas. Y el rostro estaba coloreado con muchas pecas. Hublak nunca había visto a un ser tan horrible en toda la Galaxia. 

   Con un verdadero esfuerzo de voluntad, molesto consigo mismo al perder tiempo con tan sólo pensar en lo desagradable que era ese carajo, el académico intenta volver a su trabajo. Los datos estaban dispersos, pero él podía verlos. La Tierra era la clave. Todo había comenzado ahí. No sólo el origen de la raza, que era cierto, sino lo que vino luego. Hubo una manipulación grosera y feroz de los eventos que terminaron creando el llamado Nuevo Orden, impuesto por los militares y los republicanos. Cifras y noticias que habían sobrevivido milagrosamente los siglos desde que el hombre miró el cielo y salió del planeta madre (como en el pasado se habían conservado documentos religiosos desde los primeros siglos históricos, en vasijas y piedras preservando así el conocimiento), delataban la manipulación. Allí estaba, líderes delirantes y dementes habían querido coronarse emperadores en países poco desarrollados económica y socialmente, y esos dementes habían sido protegidos por intereses económicos y países superiores, mientras explotaban sus recursos. Los protegían para robarlos, creyendo que los usaban. Pero los déspotas iban armándose. Hidrocarburos y narcóticos ofrecían dinero y poder, para armas y mercenarios. Eso desembocó en nuevos caos, guerras y genocidio. Los grandes intereses, políticos y mediáticos, que apoyaban la subida de los dementes, luego lloraban para que los ‘tiranos’ fueran detenidos, y enviaban a la muerte a jóvenes menos privilegiados de sus propios países (no ellos, no sus hijos), que eran capturado, torturados y asesinados, o declarados desaparecidos; y eso, cuando los veteranos que regresaban, amargados y enfermos, no se convertían ellos mismos en delincuentes, gente tan llena de odios que se le hacia imposible poder reinsertarse en la sociedad. 

   Ese resentimiento, el saberse traicionados por políticos, hombres de negocios y lobbys mediáticos, terminó por desencadenar Las Guerras de los Veteranos, en momentos en que el mundo todo era sacudido por secuestros, asesinatos en masas y terrorismo. Los países estaban aterrados, el caos, las neurosis y la angustia de gente que vivía ocultándose tras rejas, armándose para luchar por sus vidas, se convirtieron en la pólvora que haría estallar todo. Ese mundo vio con alivio y gratitud, aunque con algo de inquietud, la llega del Nuevo Orden y las llamadas Máximas, con las que se conduciría la nueva sociedad. Pero a los ojos de Hublak, acostumbrado a ver los hilos sociales que llevaban a guerras y sistemas, había notas falsas en todo ese concierto. 

   Déspotas, políticos, medios de comunicación, conglomerados corporativos y gente en general, habían sido empujados hacia una línea de acción que no les dejó otra alternativa, que esa secuencia de hechos en particular: la subida de locos delirantes al poder, el ataque del terror, el caos general y la llegada del Nuevo Orden. Una y otra vez, acciones que pudieron minimizar, anular o torcer ese camino de violencia, fueron abortadas. Los sensatos fueron acallados, hombre lucidos e inteligentes que alertaban sobre lo que pasaba, fueron injuriados, odiados, juzgados y encarcelados, para acallarlos; y las masas populares de naciones de un mundo que se llamaba libre, lloraban por el ataque a los tiranos y aplaudían a los regímenes criminales que fusilaban y encarcelaban ciudadanos indefensos ante su poder. Campañas de miles y miles de ciudadanos, que intentaban detener una acción determinada, acababan en nada, burlados, sin éxito; y eso contra toda posibilidad matemática o lógica. Pequeños países sitiados por delincuentes y aventureros, gritaban al mundo, no se metan, déjenos en paz, queremos tiranía y caos, queremos a nuestros asesinos y no podrá hacer nada por impedirlo. La misma demencia de los tiranos, excediéndose y regodeándose en sus vicios y crímenes con sus camarillas, parecían ser exacerbados por otros, hasta que terminaban con la paciencia de todo el mundo, los que finalmente llegaban a sus puertas y arrasaron con todos ellos, sus allegados y familiares (los cuales también se beneficiaban del pillaje, tortura y crímenes). La misma cadena de absurdos llevó a la guerra de La Tierra, y el Sistema Solar, contra Los Mundos Independientes (antes de la llegada de los guklianos a la vida de los hombres). Guerra que terminó, asombrosamente y contra todo pronóstico, con un triunfo, a la larga, del viejo planeta madre; quien impuso sobre la centena de otros planetas, la forma de gobierno terrestre, el de La República. 

   Nada de eso podía ser casual. Había un patrón demasiado claro. Y ahora, él iría con el Comodoro del Espacio y tendría que oírlo. El mundo académico de Naejmis, también enviaba delegados para reforzar su presentación antes los líderes de La Flota. No podrían echarlo a un lado como a un simple charlatán. Tal vez no creerían nada (con sus mentes obtusas de militares, era muy posible), pero él, y el resto de los académicos, los forzarían a investigar. El peligro terrestre era demasiado obvio, al menos ante sus ojos. De alguna manera, La Tierra estaba forzando los acontecimientos de toda
la Galaxia. Su rostro se tensa, notándose aún más fuerte, viril y decidido; todo un macho, pensaba el ser de cabellos naranja que se le acercaba, con un oscuro sentimiento de envidia ante el bello semidiós. Maldito sujeto, piensa el chico de pelo naranja (y eso que no puede ni imaginar el asco y repulsa que Hublak le tiene), mientras se le acerca, con paso algo torpe, como quien camina por el pasillo de un autobús en marcha lenta (Alexentra tiene una gravedad algo baja). Y aunque le disgusta, el chico de cabellos naranja, lo mira con interés. Su cercanía es presentida, con espanto, por el otro, quien eleva la vista con un gesto de sorpresa escandalizada, como si hubiera atrapado al flaco tipo llevando el pájaro fuera del pantalón, balanceándolo al caminar. Al académico, realmente lo tomó por sorpresa, tal vez porque nadie se le había acercado mucho desde que desembarcó en el pequeño planeta.
 

   -Lo siento, amiguito (así le dijo y Hublak lo odió más), necesito unos apuntes y creo que están allí, sobre tu cabeza. -dice el sujeto, con voz chillona, fea, como si fuera un joven que estaba cambiando la voz y soltara cacareos de vez en cuando. Horrible voz, como tenía que ser para armonizar como todo lo demás, piensa molesto Hublak. 

   -Puedes obtener cualquier información, desde cualquier pared, a menos que sean… -comienza a gritarle, mirándolo con un asomo de histeria real al tener ese carajo casi sobre él, y con una profunda mirada de asco. 

   El joven de cabellos anaranjados capta la molestia y desprecio del otro, y eso despierta un gusanillo perverso en él, que alza el brazo casi sobre el rostro del bello hombre de las estrellas (maldito idiota, pensaba el cabeza de zanahoria). Hublak, mira aterrado como esa axila se abre frente a él, con una repugnancia tan grande que siente que va a caer enfermo; oleadas de asco lo recorren de pies a cabeza. Esa axila es estrecha, como flaco es todo en ese sujeto, floreado de pelos anaranjados oscuros, largos y rizados (podía tejerse un moño con ellos), que parecían pegados unos a otros, apelmazados como por un desodorante. Pero era horrible: olía fuerte a sudor (a uno que aflora y se seca, y vuelve a mojarse), al desaseo más profundo, y (para colmo y lo peor) a un vago aroma dulzón como a flores (el desodorante). La peste que mana de ese sobaco, capaz de competir con cualquier gas pimienta, es acre, amargo y horriblemente picante. La cara de Hublak, quien imprudentemente tenía la boca algo abierta (con sus labios delgados y viriles, y su nariz recta y lisa, reconoce, con envidia el chico de cabello naranja), sintió que la garganta se le cerró, produciéndosele un nudo de nauseas en el gaznate, y sus ojos, fríos y crueles, pero hermosos, se nublaron y le lagrimearon, obligándolo a desviar un poco la cara. 

   Para Hublak, cuya cabeza daba vueltas (sus sentidos del olfato y gusto más desarrollados, lo estaban sometiendo a un infierno), todo eso le parece una pesadilla; y para colmo, el tipo se le encima más, y esos pelos horribles, apelmazados y apestosos, rozaron la punta de su nariz. La peste es terrible, cubriéndolo y mareándolo realmente, enfermándolo. Aquel era un violín en toda la regla, pero exacerbado por el tiempo sin aseo. El naejmisno intentó controlar su cuerpo, parándose de una vez, empujándolo y luego golpeándolo, para después vomitar y tomar una larga ducha (con lluvia infrarroja y todo). Pero ese mareo lo tenía débil, incapaz de reaccionar. ¡Por el Cosmos, ¿cómo alguien podía apestar así sin ser un animal… o estar muerto?! Intenta contener la respiración, pero no puede. No quiere percibir eso, pero olfatea como para convencerse de que esa vaina seguía ahí y no se había ido. Todo su cuerpo se estremece, padeciendo unos temblores poderosos y calientes que van embriagándolo. Ahora, no sabe por qué, su nariz aspira; es una inspiración larga, profunda y ruidosa, que le llena las fosas nasales, boca, garganta y pulmones con ese hedor insoportable. 

   -¿Te gusta oler, verdad, niño bonito? Eres muy bonito, ¿lo sabías? Y tienes una linda nariz: ¿es para olerme mejor? -le gruñe imitando una voz peligrosa, el lobo, aunque el académico no sabe de eso.- Sí, eres un niño hermoso y malito. -se burlaba, con su voz ronca y aguda; tal vez, excitado también, el joven de cabellos naranja. 

   El joven se burla cruelmente, y pega su axila totalmente de ese rostro, cubriéndolo, arropándolo. Con angustia, y ardor, Hublak siente como esos pelos rozan su nariz, y como algunos entran en los orificios. Estaba totalmente perdido, sin saber qué hacía, ni dónde estaba. Los ojos le lloran un poco, y esa masa blanda y velluda pega de sus labios firmes. Con el cuerpo rígido, sintiéndose frío y caliente al mismo tiempo, Hublak aspira y aspira esos aromas nada gratos, a tipo sucio y descuidado. Y ese acre y feo olor le parecía embriagante. 

   -Tengo el sobaco algo sucio, ¿verdad? ¿Por qué no lo lavas, con esa boquita tan bella? -le ordena el joven con su voz temblorosa y desafinada. 

   Nuevamente el enorme hombre se agita de arriba abajo, sintiendo no sólo asco y repugnancia, sino miedo. ¡Era una locura!, ¡que no cometería! Pero sus labios se abren, tibios y secos, y esos pelos cosquillean ahí, y entran unos pocos, rozando su lengua. Esa cosa terrible tenía un sabor picante y feo, que le llena la boca con una saliva agria, de asco. Y sin embargo, su lengua titila fuera de los labios, aleteando sobre la sudorosa y dulzona piel. Atrapando los pelos apelmazados, finalmente lame, cosquilleándole en la piel al joven con su tibia y húmeda lengua. Pasa la lengua lentamente, lamiendo y saboreando, sintiendo unas arcadas horribles en el estómago. Esa lengua lame y ensaliva, aflojando ese olor, ese sabor viejo y feo, cubriéndosela de una vaina pegajosa que le sabe como a solvente, envenenándosela. Su boca se llena de saliva, que mana por los labios hacia su barbilla. El chico de cabello naranja lo mira fijamente, sintiendo esa dulce y ansiosa caricia que le arrancada deseos profundos y oscuros. Hummm, no sabía que fuera tan rico que le mamaran el sobaco, pensó. 

   -Trágatelo, bonito. Trágate toda mi esencia. 

CONTINUARÁ… 

Julio César.

LA VOZ DE LOS AMIGOS DE LA HOGUERA

Septiembre 23rd, 2008 by juliocesarq

   No sé en otros lugares, es confuso, pero hoy, aquí en Venezuela, es el día 23. Recuerdo ese día hace algunos meses atrás, ocho para ser exactos, cuando desperté con aquella noticia. Decían que lo habían encontrado muerto; se había ido estando a solas. Creo que fue ese hecho lo que tanto me afectó y molestó. Como dije por esos días, lo que sentí, lo que casi siempre siento ahora, fue rabia. Todavía la siento, pero ahora es más pesar que otra cosa. Quiero presentarles este pequeño corto que leí hace poco en un diario del estado Miranda, un pequeño periódico regional que nació con grandes aspiraciones y que poco a poco fue creciendo y ganándose su espacio en las preferencias del país.

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Día a Día
10/09/2008
2005

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Brokeback Mountain, filme del cineasta taiwanés Ang Lee, consigue el León de Oro del Festival de Venecia. Está basada en un relato breve de Annie Proulx, ganadora del premio Pulitzer. El guión fue escrito por Diana Ossana y Larry McMurtry (también ganador del premio Pulitzer). Éstos ganaron un Oscar por su trabajo, uno de los tres que obtuvo la película, de un total de 8 nominaciones. La película relata la historia de Ennis Del Mar (Heath Ledger) y Jack Twist (Jake Gyllenhaal), dos jóvenes que se conocen y se enamoran durante el verano de 1963 mientras trabajan en el pastoreo de ovejas.

……

   Me llamó mucho la atención por razones que imagino entenderán fácilmente. De pronto recordé que fue precisamente en este diario, LA VOZ, donde leí por primera vez, por allá en el 2005, que se realizaría esta película que narraría las relaciones que sostuvieron dos hombres, ocultando su amor, a lo largo de veinte años. Por aquellos días nada me dijo, simplemente quise verla por el interés mórbido de saber cómo manejarían el tema. ¿Cómo podía imaginar lo que encontraría, lo que significaría para mí, aunque a otros no les dijera nada? Creo que así como hay advertencias de censura tal y cual, deberían venir estas cintas con notas: si anda mal y es medio bolsa, no la vea. Pero no fui el único, nada más este domingo llegó a visitarme, corriendo, una amiga muy querida y especial, Alicia, gimiendo que en MGM repetirían la película. Ella debe haberla visto como yo, decenas de veces, pero ahí nos enchufamos. Y fue extraño, no pude evitar un suspiro de preparación cuando la guitarra se dejó oír sobre esa campiña abierta, azulada verdosa, mientras la camioneta traía a Ennis del Mar a nuestras vidas nuevamente.

   Pero volviendo al periódico, por ellos me enteré de la cinta. Cuando las nominaciones al Oscar de ese año, LA VOZ, su sección de farándula, la daba de forma furibunda como ganadora. Recuerdo la critica amarga que se hizo del evento al día siguiente. En un viaje reciente a la playa, rumbo a Tacarigua de la Laguna, compre ese miércoles un ejemplar, y en las esfemeridies encontré esta breve nota. Entre fechas ilustres sobre historia, medicina, ciencias y deportes, de nacimientos y muertes de gente que hizo nuestro siglo. Allí estaba la reseña del día en que BROKEBACK MOUNTAIN ganó aquel premio, el León de Oro del Festival de Venecia.

   Me sorprendió porque la nota, aunque corta, contenía detalles, nombres y sinopsis, pero por encima de todo eso… me pareció que quien lo escribió amó esa película. No sé, pero me parece notar en su tono, en su cuidado, en la inclusión misma de esta fecha, un afecto por la Montaña. O quiero creerlo. Sea como sea, fue un detalle que me alegró un poco, me pareció un tributo al que ya no está.

Julio César.

SEXO DEL DURO Y SUCIO

Septiembre 23rd, 2008 by juliocesarq

   Agotado por la tortura, un hombre joven está a merced y a punto de ser utilizado por su depravado suegro. Continúa así la historia de sadismo, violencia sexual, masoquismo y sometimiento que vengo reproduciendo. En este pedazo continúa la tortura sicológica más que física. Como ya dije antes, es una trama dura pero buena. Si no te atraen estos temas no sigas leyendo. Aún así, felicito al autor, me encantó: CAPRICORNIO 1965. Disfrútenla, a pesar de ser algo lenta:

      EL SUEGRO… (5)

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   -Por favor, ayúdame con este pesar…

    -¡Ja ja ja…! No te resistas, cabrón. -le dice mientras aumenta la fuerza en sus manos para lograr separar esos dos globos musculares tibios y firmes que tiene por nalgas ese rebelde militar.

  Al sentir el peligro inminente de perder su virginidad, los músculos de sus fuertes brazos tratan de liberarse nuevamente de la corbata de seda, esta cada vez menos resistente, ya ha estado en tensión durante mucho tiempo, quizá si Pablo usara mas fuerza podría romperlas. Félix nota como los bíceps de Pablo se agrandan tratando de romper la ligadura, la rebeldía del macho se hace evidente una vez más, no puede dejarlo que se recupere, así que por unos minutos deja la batalla por separarle las nalgas y vuelve a hundirle la cara en la tina.

   -Mggghh. –llega nuevamente la tortura de la asfixia para el joven militar.

   -Con que aún quieres mas, cabrón. -le dice mientras toma del cinto de su pantalón un delgada tira de piel. La toma y usando su mano que está libre pasa la cinta por entre los fuertes brazos de Pablo. Hábil y rápidamente, Félix refuerza la atadura de seda, pasando la cinta por los bíceps de Pablo, así lo mantendrá físicamente imposibilitado de usar las manos y de que pueda romper la atadura en las manos. Atado y sometido a sus deseos… a su deseo de probar ese culito rico y apretado.- Esto te mantendrá bien quieto, cabrón. -ata fuertemente el cinto inmovilizándole los brazos atrás de la espalda, para que no pueda forzar la atadura de sus manos; la poca resistencia que Pablo puede ofrecer en sus precarias condiciones son cada vez menores, siendo sometido en su propia casa, en su propio cuarto de baño, por el padre de su novia. Doblegado físicamente a punto de serlo sexualmente también.

   Después de asegurarle los fuertes brazos, Félix regresa a su labor de separar esos duros glúteos que lo obsesionan, mete firmemente los dedos entre esos duros globos de carne que tiene por nalgas el sometido piloto.

   La falta de oxígeno relaja todos los músculos del rebelde militar, incluso su duro trasero que cede ante la fuerte presión de los largos y gruesos dedos de Félix que se esfuerzan por separarlos. Félix, con un jadeo contenido, siente como la punta de uno de sus dedos llega por fin al ansiado esfínter del arrogante militar, siente como seda la suavidad del tejido anal que contrasta con la fuerza que Pablo trata de imponer para defender su virginidad, a pesar de estar siendo torturado por la asfixia.

   Félix permite a Pablo respirar. Sólo unos segundo, sin darle el tiempo suficiente para que recupere la fuerza de su esfínter anal, la punta de su dedo índice esta empujado fuertemente para tratar de ingresar por vez primera al terreno virgen para cualquier hombre heterosexual, para someter el rebelde culo del arrogante macho y tenerlo como su propiedad. Como su perra. Y la cara de Pablo regresa al agua, mientras el dedo de Félix atraviesa el apretado esfínter anal al fin.

   -Así… Hummm… Siéntelo, puto, siénteme dentro de ti. ¿Te gusta que te meta este dedo? Ahhh… siéntelo, cabrón, siénteme, jejeejejejeje.

   -Nghhh. -los gemidos de dolor, vergüenza y humillación de Pablo no se hacen esperar, el hecho de sentir como su culo es traspasado por ese grueso apéndice que entra doblegando su resistencia, casi lo enloquece.

   De haber estado en condiciones normales jamás hubiera sucedido, pero así, la vergüenza de experimentar el movimiento del dedo de Félix dentro de sus entrañas, metiéndose, lento, caliente como el infierno, mientras él trata de estrangularlo con su esfínter anal, solamente dándole a Félix la satisfacción de saber que el musculoso macho está siendo avergonzado en su virilidad. La gruesa verga de Pablo está flotando flácida en el agua de la tina, mientras su musculoso cuerpo usa las reservas ganadas de oxígeno en un nuevo e inútil forcejeo como nula protesta por la invasión anal y el ataque a la hombría del macho militar.

   -Jejeeje. Siéntelo, cabrón tienes que aguantarte te guste o no, pero te va a gustar ser mi hembra, vas a rogarme por más.

   El musculoso cuerpo de Pablo forcejea vigorosamente de nuevo mientras Félix mueve bruscamente su dedo en las entrañas del culo de su futuro yerno, demostrándole como hace añicos la arrogancia y altanería masculina, derrotándolo ahora en todos los aspectos, teniéndolo a su merced física y sexualmente. Ese dedo entra y entra, se mueve, lo revuelve todo por dentro, aunque el rojizo esfínter parece a punto de cercenárselo de lo chico que es.

   -Sólo te estoy preparando para que puedas disfrutar de mi verga dentro de ti, cabrón, jejejeejej. Lo estoy haciendo por tu bien.

   -Mggghh. Mhmh. -los brazos se hinchan una y otra vez. Más al saber que después del dedo será el güevo de Félix, esa gruesa verga que le mostró. el sólo imaginar ese enorme trozo de carne revolviéndole las entrañas lo hace redoblar los esfuerzos por evitar que Félix logre su cometido, pero el agotamiento físico va derrotándolo a pesar de que la resistencia y la fuerza física de Pablo es asombrosa.

   -No te resistas. -le dice Félix mientras mantiene la cabeza de Pablo hundida en el agua. su dedo explora profundamente el virginal recto del rebelde militar, humillándolo con cada movimiento, cada ocasión que toca las paredes de su recto le recuerda que lo esta sometiendo sexualmente. La resistencia del esfínter anal de Pablo es cada vez menor por la falta de oxígeno lo que permite que el dedo de Félix entre y salga libremente mientras sus manos separan esas duras y grandes nalgas.

   Son segundos que parecen eternos para Pablo, el estar sin aire, mientras es dedeado ferozmente a fondo. Félix le permite respirar, pero amordazado como está la cantidad de oxígeno es mínima. La fuerza física y la resistencia de Pablo son asombrosas, pero todo tiene un límite y su musculoso cuerpo termina por ceder, la fatiga es extrema, el vigoroso forcejeo lo agotó.

   -Jejejeje, así esta mejor, cabrón. -lo humilla Félix una vez mas, mientras le permite respirar, la resistencia física de Pablo esta minada, sus fuerzas están mermadas y por más aguante que él desee oponer, la victoria es para el Mayor Félix Santos.- Espero que te haya gustado tu “despedida de soltero”, “cariño”, jejejejejee, pero creo que es mejor pasar a “nuestra recamara” para tener nuestra noche de bodas, jejeejejeje.

   -Aggg, mhnn. -los gemidos de Pablo son cada vez más débiles, quiere seguir luchando pero su agotado cuerpo no le responde, está casi sin sentido.

   Félix, después de comprobar lo efectivo de la tortura de la asfixia en el cuerpo de pablo, de verle casi de tono verdosa la piel por la falta de oxígeno, le quita la mordaza de la boca, sin desatarle las manos y lo levanta. El agua resbala por cada curvatura de ese Apolo militar. El brillo del reflejo de la luz en cada unos de sus músculos, hace que Félix sienta más excitación por el altanero militar, cree que se morirá de tantas ganas que le tiene.

   -Ven conmigo, “mi amor”. Jejeje.

   Levanta fácilmente el desmadejado cuerpo musculoso de Pablo, cargándolo como si fuera una novia entrando en la recamara, pasándole uno de sus brazos por detrás de sus rodillas y el otro a la altura de la mitad de la espalda. Por un momento el reflejo de la pareja en el espejo, el joven hermoso semi desmayado, y el fornido sátiro a punto de gozarse en su cuerpo, crean una imagen lujuriosa.

   -Humhm. -Pablo no tiene fuerzas para luchar, parece como una muñeca de trapo sin consistencia para oponerse y es cargado en vilo por su fornido y depravado suegro.

   -Al fin solos, mi amor. -le dice Félix a Pablo, mientras cruza con el musculoso militar en brazos, llevándolo a la recamara, directo hacia la cama, sin desatarle las manos.- ¿Listo para la parte final de tu despedida? Lo vamos a disfrutar mucho, jajaajaja…

   -No. -Pablo apenas entreabre los ojos para protestar, cuando la grotesca boca de labios gruesos de Félix se apoderan de sus labios en un profundo beso, lo cubre todo, con lujuria, frotándose, mojándolo.- Ngghm. -las protestas de Pablo son ahogadas por la voraz lengua de Félix que se mete de súbito en la indefensa boca del musculoso militar, sabiendo que es solo el preámbulo de su violación.

   Mareado de debilidad y repulsa, Pablo nota como Félix se estremece, gruñendo bajito, totalmente cachondo mientras su lengua lo lame, lo recorre, lo chupa con su boca viciosa.

   Félix avanza con su deseada carga sexual. Pablo, por su parte apenas conciente, siente todos los músculos de su atlético cuerpo, agotados al máximo, ni aunque estuviera con las manos libres, podría mover los brazos, la tortura de la falta de oxígeno ha dejado un excesivo agotamiento en el Hércules militar, que es llevado en vilo por su futuro suegro, quien lo carga como si fuese una delicada novia para depositarlo en el tálamo nupcial, en el cual se consumará el amor y perderá la virginidad. Pablo sabe perfectamente lo que le espera.

   La perversa lengua de Félix continúa explorando detenidamente la virginal boca de Pablo, la cual está abierta al máximo mientras la ruda lengua de Félix cumple su cometido saboreando ese fresco aliento varonil del macho reducido a la indefensión física. El trayecto de la tina a la cama es corto, así que Félix, sin dejar de besar obscenamente a Pablo, lo deposita sobre la cama, primero lo sienta al borde de la cama, para poder desatarle las manos, sabe que las fuerzas de Pablo estarán ausentes por algún tiempo. Los fuertes brazos de Pablo can pesadamente al estar libres, sin vigor, su deseo de defenderse es fuerte no así la potencia en sus músculos que siguen agotados, como si hubiesen estado sometidos a un fuerte entrenamiento físico que los quemó y lo dejo sin poder ser inutilizados por algún tiempo, mientras reponen energías.

   Con los brazos libres, Pablo es recostado en la cama, boca arriba, su pecho se expande para tratar de respirar la mayor cantidad de oxígeno. Sobre su pecho, Félix se acuesta, tomando entre sus manos las muñecas de Pablo, sujetándole las manos y evitando que los brazos del codiciado muchacho ejerzan cualquier fuerza para evitar lo inevitable. La boca de feliz se apodera nuevamente de la boca de Pablo para darle el segundo beso de labios masculinos que Pablo ha experimentado durante toda su vida.

   -Ngghmh. -los gemidos de Pablo no se hacen esperar. El peso del cuerpo de Félix sobre el suyo le evita poder moverse y las manos de Félix sujetan sus brazos como firmes tenazas que lo mantienen inmóvil mientras la salvaje y pervertida lengua de Félix le explora la boca y hasta parte de la garganta una y otra vez. Esa lengua y dientes atrapan la suya, la halan, la chupan, la cubren y se gozan en ella, haciendo gemir de asco. Cómo desearía Pablo en ese momento tener la fuerza suficiente para defender su virilidad y su hombría, pero está sometido físicamente.

   Sin estar bajo la tortura de la asfixia el cerebro de Pablo empieza a recobrar la entereza no así su cuerpo que tardará tiempo en reponerse de la fatiga que experimenta, pero el darse cuanta de su situación lo hace tratar de responder, de defenderse, de dejar en claro que no permitirá que Félix lo haga suyo sin darle una buena batalla para evitarlo. Cómo desearía Pablo que su cuerpo, sus músculos se recuperaran al igual que su mente, para darle al sátiro su merecido, pero eso no sucederá.

   Félix después de haber explorado por segunda vez la boca de su futuro yerno, relamiéndose del fresco sabor de esa lengua joven, sabe que no debe darle tiempo a Pablo de reponerse, así que como ya había tenido tiempo de planear el ataque a su musculoso hijo político, nada lo toma por sorpresa. No desea que Pablo esté inconsciente cuando lo posea, pero tampoco pretende que le de batalla, físicamente eso no sucederá.

   -Jejejejejeje, te tengo una sorpresa más, Pablito, jejeee.

   -Aggghhh… -Pablo trata por todos los medios de llenarse de aire. Apenas puede ver la imagen borrosa de Félix.

   -¿Sabes qué es esto “hijo”? Jejeejejejeje… -le muestra una hipodérmica- Es un potente relajante muscular, Pablito, no podrás moverte pero sentirás absolutamente todo. No me gustaría que estuvieras inconsciente cuando te desvirgue.

   -Nggghhh… -las leves protestas de Pablo y el tratar de reincorporarse no son lo suficientemente efectivo ya que el cuerpo de Félix sirve para inmovilizar al debilitado macho, mientras la hipodérmica encuentra la vena en su brazo derecho.

   Pablo siente como el líquido se mezcla con su sangre, lentamente sus músculos van perdiendo fuerza, el leve forcejeo cesa inmediatamente. El efecto del relajante es inmediato, sus musculoso brazos caen pasadamente en la cama, apenas puede gemir, no puede articular palabra alguna.

   -Así está mejor, “hijito”, jejejeje… -le dice burlón mientras ve en la mirada del musculoso militar la desesperación de la impotencia física a la que lo sometió su futuro suegro.

   La aterrada mirada de Pablo sigue los pasos de Félix, ahora sabe que está pedido, su mente está muy conciente pero sus músculos no, desnudo sobre la cama en espera de que Félix haga con el lo que desee, el sólo hecho de pensar en lo que le espera hace que su cuerpo empiece a sudar por la tensión, el nerviosismo. Dios, ¿cómo evitarlo? ¿Debería resignarse? ¡Jamás! ¿Cómo un hombre puede aceptar tranquilamente que otro lo acaricie, bese o peor aun que lo penetre en contra de su voluntad o naturaleza?

   Como si Félix supiera lo que Pablo pensaba en esos momentos, tranquilamente sin ninguna prisa, sonríe burlón mientras camina lentamente de un lado a otro viendo a su musculoso yerno, tendido sobre la cama con una mirada de pánico que en ocasiones se mezcla con odio. Eso lo excita mas, el saber que dentro de unos minutos cabalgara a Pablo con rudeza, con violencia, en contra de sus deseos, que estará moviendo su verga en las virginales entrañas del militar y humillarlo hasta que se arrepienta de haber querido formar parte de la familia, el atreverse a querer desflorar a su pequeña, Karina.

   -“Ojo por ojo”, Pablo. Mañana tú estarás casado con mi hija, vas a cogértela, lo más justo es que yo te coja a ti, para estar a mano, ¿no lo crees? -tomando la cabeza de Pablo entre sus manos lo obliga a hacer un movimiento afirmativo.- Si, ¿lo ves? Hasta tú lo aceptas, “hijo”.

   Félix levanta el cuerpo de Pablo para acomodarlo al centro de la cama, la piel de Pablo aun esta húmeda por el sudor que transpira. Su mirada sigue sin perder ningún movimiento de Félix.

   Sabiendo de la tensión y el temor en Pablo, Félix alarga más el inicio. Cuando ya hubo acomodado a Pablo en el centro de la cama, lo mira de pie, recreándose en el hermoso y viril cuerpo masculino que pronto será suyo. Lentamente se recuesta para quedar sobre Pablo. Félix, ya desnudo, exhibe un cuerpo maduro, marcado, firme, fuerte por la actividad del ejército. Su pecho queda justo sobre el pecho de Pablo. El joven debajo del maduro, el macho audaz sobre el derrotado. La cara de Félix justo sobre el varonil rostro de Pablo, viéndolo fijamente, mientras sus manos recorren el perfecto cuerpo de Pablo, de arriba abajo, lentamente

   -Qué cuerpo tan rico, “hijito”, me pregunto a cuántos no has enloquecido con él, aún a esos amigos con los que compartiste tu despedida de soltero, ¿ninguno intentó tocarte, sobarte, besarte? Me cuesta creer que no. –lo mira intensamente, sardónico.- ¿Listo, mi amor?, jejejeje. - sin dejar de mirarlo, sonríe cínicamente al tratar que el pánico en Pablo sea mayor, sabe perfectamente lo que significa para un macho como Pablo el estar indefenso, siendo acariciado por otro hombre y apunto de perder lo más importante en la virilidad masculina de cualquier heterosexual, el culo.

   E iba a perderlo, Félix únicamente podía pensar en el momento cuando la cabeza de su miembro se frotara, forzara y abriera el delicioso camino del éxito dentro del sonrosado, cerrado y virginal culo de aquel muchacho que al otro día se convertiría en el marido de su hija. mañana sería de Karina, pero esta noche sería su putita caliente…

CONTINUARÁ… (no es mío) 

Julio César.

IZARRA, CHAVEZ, RUSIA Y LOS DOS AVIONES… OTRO “MAL ENTENDIDO”

Septiembre 19th, 2008 by juliocesarq

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   …no, seguro conspiro yo. 

   De verdad no entiendo cómo a William Izarra no le ha dado ya un infarto de tantas calenturas que le hacen pasar. Ni entiendo tanta maldad para hacerlo sufrir, ¿acaso no es suficiente tener que dar la cara por tantos fenómenos, errores, trácalas y corruptelas como para que también lo fastidien desde el propio Gobierno? La gira del presidente Hugo Chávez a Rusia, buscando amor repartiendo… plata, anunciada como el mejor trato hecho desde que los indios cambiaron oro y perlas por espejitos, o fuera de nuestras fronteras, desde el niño aquel que cambió la vaca por frijoles, no entusiasmó al pueblo. La verdad es que la gente en la cola de los hospitales, o la cola para comprar un kilo de esto o aquello, malagradecido como ellos solos, no supieron apreciarlo en toda su extensión. ¿Acaso no entienden que el viaje fue largo y al presidente podía habérsele dormido una nalga o darle un calambre en una pierna? Ah, no, la gente no ve eso, sólo piensan: ya va a gastar un realero que nosotros necesitamos para comprar comida y dejar de pasar hambre. Qué elementalidad, ¿cómo se hace la revolución de izquierda con gente así? 

   Dos comentarios llegaron a Venezuela con la velocidad que se desparrama un mal viento en una fiesta: gastarán 30 mil millones de dólares en armas (¿qué irán a comprar? ¿El Santo Grial?; no se crean, ahorita lo embaucan y se lo trae… con un certificado escrito) y que el hombre ofrecía (no se lo pidieron, ni siquiera eso, salió a darlo solito) el territorio nacional para que se instalara una base rusa. Izarra chilló pelando los ojos, temblándole la calva, apretando la boquita como un fondillito malo, que nada de eso era cierto, que todo no era más que parte de una intriga internacional (los iluminati o los judíos, no lo dijo pero seguro lo piensa), repetido aquí por los vende patria de siempre. Claro, que saliera publicado en la prensa rusa no le dijo nada, no iba a regañar a los rusos antes de que le dieran permiso, aquí no se mueve una hoja sin que el amo lo ordene. Era más simple tomarla con los medios nacionales. Ahora sabemos que Chávez alegó que la prensa rusa lo malinterpretó, tergiversando sus declaraciones. Claro, ante preguntas como “pero ¿cuánto es que va a gastar en armas?”, no respondió directamente sino que alegó: “¿cuántas veces en un siglo mueve sus alas el colibrí?”, ¿no iban a malinterpretarlo? Y qué broma que siempre lo entienden mal, que habilidad para no ser comprendido, ya uno comienza a sospechar que es que no sabe lo que dice. 

   En verdad no creí que haya dicho todo lo que dicen que dijo. No creo que piense gastar más de 20 mil millones de dólares en armas, vienen elecciones importantes en Venezuela y serán necesarias para encarar a los venezolanos. Tampoco creí lo de la base rusa, porque sabe que dicha mudanza tendría que pagarla él, que seguramente le gustaría hacerlo, pero el flujo de caja anda mal, y así Colombia tendría la excusa para ceder terreno a una base norteamericana, ¡y Chávez le tiene tanto miedo a eso! Imaginarse que vienen a llevárselo metiéndolo en un saco como un gato cualquiera, como se llevaron a Noriega, mientras todo el mundo silba y mira para otro lado pensando “ya vamos a salir de este”, le quita el sueño. Creí que era eso, mala interpretación. Seguramente viéndose rodeado por la prensa rusa, Chávez se animó y pensó: “voy a afocarlos hablando en ruso”; seguramente barbotó algo, pero sabrá Dios qué fue lo que dijo, y la prensa rusa anotó lo que entendió. Seguramente dijo algo gracioso como: ¿dónde está el hijo de Putin? O invitó a una misión militar para una caimanera de béisbol en una cancha deportiva dentro de Fuerte Tiuna, pero como su ruso no es tan fluido, lo mal interpretaron. Cosa simple que pasa siempre, siempre lo mal interpretan, como cuando dijo que Venezuela no era enemiga de la guerrilla colombiana y quería para está el estatus de grupo beligerante… pero luego gritó que el no apoyaba a la guerrilla, que eran inventos de la prensa controlada por el Imperio, que él no dijo lo que dijo. Es que no lo entienden, pobrecito… 

   El caso es que los aviones están aquí, y sí se habló de dicha entrega del territorio nacional aunque es un delito penado. Es decir, y cuesta creerlo en un hombre tan serio y decente, que nos mintió. Dios, y el mundo sigue girando… 

Julio César.

OFERTA IRRECHAZABLE

Septiembre 19th, 2008 by juliocesarq

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   -Necesito tu ayuda para levantar unos sacos, después me pides lo que tú quieras. 

Julio César.

USA, OBAMA Y LA CAMPAÑA

Septiembre 15th, 2008 by juliocesarq

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   “Chao, chica”. 

   Hace casi un año ya, cuando comenzó a perfilarse la batalla entre Barack Obama y Hilary Clinton por la nominación demócrata, expresando como cualquier mortal mi parecer y preferencia, dije que le iba a ella, no sólo había demostrado ser una mujer fría, capaz e inteligente, sino porque daba un aire de fuerza que me gusta en las féminas; con eso en mente hice algunos señalamientos sobre el señor Barack Obama que me ganaron varios comentarios. Se creerá que fue algo bueno, pero no lo fue tanto. Se me dijo de todo, incluso dejaron flotar la idea de que yo era racista y lo atacaba porque era negro; por Dios, siendo venezolano la sola idea es idiota, pero eso se dejó entrever. Como saben, en Norteamérica, atrapada como está en sus temores, medias tintas y lo que es políticamente correcto, decirle negro a un negro es de mal gusto, que te asegura el mote de desgraciado. Nada más lejos de mi parecer. 

    Me habría gustado, en otras circunstancias esa candidatura. Los demócratas presentaban un estuche interesante, o una mujer sería presidente, como pudo lograrlo Hilary Clinton con toda seguridad, o pudo llegar un negro, como ahora temo que sólo quedará el deseo (Dios no permita que ganen los republicanos). Pero deseos no preñan, decimos aquí. Que yo deseara esto o aquello, aunque lo quisiera mucho, se lo pidiera al Cielo o ensayara pensamientos positivos, no lo haría realidad. Expuse, esa vez, que muchos factores se alinearían frente a Obama para frenarlo. Uno, que era negro, y se diga lo que se diga, un grupo importante de blancos reaccionarios no lo querría de ninguna forma, como no fuera muerto en una caja. Luego estaba la gente más liberal, que sin embargo teme su inexperiencia, en política sólo ha sido senador dos años, ni eso terminó. Y los latinos, un grupo grande e importante ya dentro de la población del Norte (la primera minoría al desplazar a los negros)… estaban con Hilary pero no con él. Obama no cuenta con ellos de forma abierta. Y aquí privan los intereses de la raza una vez más. 

   Los negros llevan más de trescientos años en Norteamérica, pero en líneas generales no lograron o no quisieron integrarse en una población única, manteniéndose apartados, no sé si es como los presentan en las películas, pero parecen casi medio retrasados culturalmente; los latinos no creyeron en esas tonterías, fueron, pocos y pobres, acometieron las faenas que otros no quisieron, crecieron en número de forma alarmante, consiguieron cupos en las escuelas, montaron negocios, representan un grupo nutrido que enfrentar a la sociedad, y de cierta manera, los intereses de mexicanos, puertorriqueños, cubanos y otros, no difieren tanto. Si hace falta se unen para cuestiones puntuales (mi casa es tu casa). Y las relaciones negros-latinos no han sido fáciles; mientras iban ascendiendo, muchos latinos resintieron las objeciones que los afro descendientes iban presentando en el camino. Además, si debe llegar el momento de elegir a un presidente representante de minorías: ¿por qué no ir tras un latino? 

   Todo eso lo dije, pero la gente sonreía como si dijera yo tonterías (que tal vez lo son), ya que les gustaba la idea del candidato oscuro; así que no era yo popular, es más, era un mono retrograda. Y lo increíble, lo imposible, lo impensable está ocurriendo ahora: los republicanos, que no tenían forma ni manera de ganar estas elecciones hace tan sólo año y medio, no sólo han empatado a los demócratas, sino que amenazan con irse arriba (Señor, mete tu mano y no los dejes). Y no es por magia, por modas o caprichos, son por esas cuestiones visible unas, tacitas y latentes otras que para quien quiera verlo se le hace fácil. Por alguna razón los demócratas no quisieron verlo, y se jodieron. Pero es que algo muy malo  pasa dentro de ese partido, un bandido como el Jimmy Carter, es oído cuando pontifica sobre esto o aquello. Al menos ya dejó la presidencia del centro aquel con que iba reuniendo plata en forma de donaciones de regimenes autoritarios, para darles el ‘visto bueno’.  

   El partido demócrata sabe que Latinoamérica se debate ante un autoritarismo anti norteamericano peligroso, y al único aliado que tienen en la región, Colombia, le niegan la entrada al Tratado de Libre Comercio, alegando que no defienden suficientemente los derechos humanos. Pero el tratado comercial con China no se les ocurrió vetarlo ni por un segundo. Y la gente los percibe como politiquillos torpes en sus manejos, aunque más parece cosa de ignorancia temeraria. Obama tampoco lo ha hecho fácil, sus coqueteos iniciales con Cuba y Chávez, cayó muy mal entre los latinos; se alejó, pero en mi caso particular le agarré arrechera, aunque aún y así, lo prefiero a los republicanos. 

   ¿Cómo pudo subir la candidatura de John McCain? (por cierto, de eso hay un chiste de cuando presentaron Duro de Matar cuatro: “Ese va a ganar, ¿no ves que John McClane siempre gana al final?”). La batalla entre Hilary y Barack fue demasiado agria y larga, los bandos se separaron de forma violenta; dentro del grupo que perdió deben existir oscuros deseos de que gane el otro y no este. Luego llegó la noticia de que Obama le había ofrecido la vicepresidencia a un senador del Sur y este le dijo, no con esas palabras pero casi, que él con negros no iba ni a la esquina. Pero lo que terminó de perjudicarlo fue ese temor idiota que le tuvo a Hilary, ¡ella debió ser su vicepresidenta! Pero, aparentemente, el joven senador es de los que teme a las mujeres si son no sólo capaces e inteligente, sino ambiciosas. Por miedo, y también por algo de chauvinismo, la dejó por fuera. Dejó sin utilizar la única carta que habría asegurado un decidido repunte de gente que pensaría “bueno, no está muy preparado pero allí está ella, como estuvo tras el marido, y ese fue un buen gobierno”. Cosa que tampoco se dijeron los delegados demócratas idiotas, por ejemplo. Está bien, la sacó, tiene Vice, alzan las manos y sonríen… y el viejo McCain les echa la vaina. 

   Es… realmente increíble que no previeran semejante jugada, es más, que no la intentaran ellos. El republicano había venido reacomodándose, subiendo, y únicamente debía derribar dos barreras: la inquietud por su edad, y la chapita de conservador duro representante del viejo sistema. ¿Y qué hace este anciano cuyas neuronas no deben estar tan ágiles como las de Obama? Nombra a una mujer para vicepresidenta. A una mujer de buen ver. A una mujer joven y fresca en el campo político. Y de un solo golpe inclina la balanza. Ahora a los demócratas no les queda más remedio que atacarla y destruirla, pero la mujer, mostrando esos desagradables rasgos conservadores que deben agradar a su gente (apoya abiertamente el derecho constitucional a portar armas de fuego, se declara en contra del aborto y no le asusta la pena de muerte… cosa esta última que también apoyo yo), no parece fácil. En una de cambio lo primero que hace es usar las palabras de Hilary contra Obama. Y aquí las posibilidades pueden ser interesantes, si McCain gana y algo le ocurriera (no es un muchachito aunque parezca más despierto que Obama), ella sería presidente… como debió serlo Hilary Clinton. Me pregunto, si en verdad, ya es tarde para los demócratas. 

   Es de suponer que no, aún queda mucha campaña, pero la manera torpe y algo mezquina de comportarse de los demócratas, y de Obama, no dejan mucho campo a la esperanza. Pero en verdad, aunque ahora me agrada menos, espero que no gane McCain. El mundo no merece otro periodo republicano con esas políticas energéticas idiotas, las ambientales que son criminales e irresponsables, y guerreras que nadan han resuelto. Amanecerá y veremos. Y si alguien va a replicarme, que no sean con acusaciones de racista o simplista, que de argumentos, ¿okay? 

Julio César.

AYUDANDO AL PANITA

Septiembre 15th, 2008 by juliocesarq

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   Al mirarlo sus mejillas enrojecían… 

   No entiendo a mi amigo Joaquín, sabe que no debe exponerse tanto al sol, la piel le salió debilucha, pero sin embargo va y toma largas horas de él. Luego gime con dolor, con su carita suplicante, diciéndome “mira como estoy”. Y claro que lo miro, es un buen muchacho, hay algo en él que me encanta. Y es cuando debo aplicarle su cremita, y de verdad siente alivio, jadea, suspira, cierra los ojos, su cuerpo se agita un poco mientras mis manotas lo recorren todo… todo. Usa un largo bañador que protege abajo, pero por alguna razón nunca sé donde termina la quemada, se pone todo rojito en cuanto lo toco. Ayer me sorprendí haciéndole una bromita, tomándole los cachetito los separé para soplarle el ojito para vérselo titilar de sorpresa. Y lo hizo, pero (al menos eso le dije a él) me resbalé un poco y mi boca cayó sobre él. Ahora está aquí, esperando por su crema, por mis manos sobre su cuerpo, y hoy tengo unas ganas grandes, duras y calientes de… dárselo todo, a fondo. No sé qué me pasa con este bebé, debe ser esa carita dulce que me muestra… 

Julio César.

¿QUÉ QUIERE EL NIÑO?

Septiembre 15th, 2008 by juliocesarq

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   ¿Qué esperaba de mí? 

   Cada vez que subo a visitar a mi amiga Nelly, vecina también, encuentro al marido en la sala, siempre ligerito de ropas. Y el carajo es vistoso. Jamás parecía incomodarse al ser pillado así por quien fuera. Por motivos particulares, mientras esperaba a Nelly, me sentaba frente a él, intentando sostenerle la mirada, pero la mía, traidora, le hacía un paneo completo tipo escaneo. Coño, esas tetillas parecían pedir… No sabía qué pensar, las señales eran confusas, aunque las que daba yo eran muy visibles, claras… y duras. Ayer me senté a su lado, y mientras hablábamos, él mecía sus piernas, abiertas, hasta que su rodilla pegó de mi pierna, sin apartarla, y yo sin moverme. Estoy temblando, pero si Nelly se mete a tomar su ducha de media tarde al volver del trabajo, meto mano y de ser posible… me encargo del aseo de este también… Tengo la boca llena de saliva, ¿tendré sed? Tal vez un buen trago me calme la garganta… 

Julio César.

CADA DÍA MÁS LIMITADOS

Septiembre 15th, 2008 by juliocesarq

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   -Desespero porque quiero… 

   Hace poco, muy poco es verdad, leí en una revista que a la actriz Teri Hatcher, la Susan Mayer, de la serie MUJERES DESESPERADAS, la tenían vetada o en una lista de gente no querida en Filipinas. Me pregunté, vaya, ¿qué hizo? Leí para no cometer ese error. Al parecer en un capítulo de la dichosa serie que me parece angustiante, en un consultorio médico, sufriendo de calorones y vainas, un doctor la examinaba y le insinuó que podía ser la menopausia. Molesta ante esa evidencia de vejez y decadencia, como pareció entenderlo ella (tengo amigas que están locas por terminar de menstruar), le preguntó qué clase de médico era, que deseaba ver sus títulos, preguntándole dónde se graduó, ¿en Filipinas? 

   Eso bastó para que cayera en la mala. Es de suponer que los filipinos, dentro y fuera de Estados Unidos, deberían molestarse con los guionistas, pero eso no es tan chévere. Es mejor odiarla a ella que es una figura pública conocida y medio famosa, a detestar a Pito Pérez, el escritor, a quien sólo conoce su mamá y eso porque no lo olvida ya que aún vive con ella (¿ven que fácil es lanzar una generalidad ofensiva?). ¿Pueden imaginar a un filipino en la calle diciéndote: Estoy molesto con Pito Pérez? Uno debe, obligatoriamente para saber de qué habla (a menos que uno pretenda saber ya porque no te interesa para nada): ¿Y quién carajos es Pito Pérez? 

   Claro que esta es una individualidad, Teri Hatcher contra Filipinas, o los filipinos contra ella; pero la cosa se generaliza. Leí que algunas cadenas debían cambiar sus programas porque la aparición de un personaje actuando como un retrasado, era ofensivo para este o aquel grupo; que palabras como gordo, negro, judío, ha intentado penalizarse socialmente. Llamar gordinflón a alguien es un acto casi vergonzoso que delata bajeza. Poco a poco la gente va limitándose en su forma de hablar, o debe buscar largos eufemismos para decir la misma cosa. ¿De verdad una persona puede sentirse ofendida porque en un programa informativo usen la frase “la población negra protesta contra…”, en lugar de “la población afro descendiente”? Suena tan idiota. Pero así son las cosas. Y como las costumbres permean, no sería raro que en zona como estas nos alcance tal moda tarde o temprano. Aparentemente a los norteamericanos les gustan esas sutilezas de odio, de resentimientos; lógicamente hablar entre ellos se dificulta, y se dificultará más en el futuro. Por estos lados no es un delito todavía decir negro, gordo, portugués, retrasado o evangélico; pero es que, para resumir pensando en los norteamericanos, como decimos por aquí y que no se ofendan ellos que son tan propensos a eso: no hay nada más bruto que un buey americano. 

Julio César.

CONFESIONES DE UNA TARDE FAMILIAR

Septiembre 15th, 2008 by juliocesarq

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Julio César.