Archive for Enero, 2008

HEATH LEDGER, PALABRAS DEL CORAZÓN

Jueves, Enero 31st, 2008

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   Hasta siempre, muchacho de Australia…

Heath, was a friend of mine…

No debería tener que explicar, simplemente escribir: se ha ido. Se ha ido y estaba solo, y estaba deprimido, y su hija estaba lejos. Se marchó tal vez sin saber que era la última vez que sus ojos se cerraban, sin saber que con su muerte dejaba tras de sí, una cadena interminable de dolor y desconsuelo.

Heath era un miembro más de mi familia, el hermano que nació en Australia, vive en Estados Unidos y es famoso. Ese que te llena de orgullo cuando aparece en pantalla y te sonríes por ese lazo secreto que los une.

Mientras yo llenaba bases de datos, Heath moría y se transformaba en leyenda; mientras yo miraba el timbre de FALLECIDO hasta desgastarlo, dos hombres lo subían a una ambulancia como si trasladaran mercadería.

Mientras lloraba sin consuelo, la montaña se volvió un río, se hizo de noche y el suelo se llenó de estrellas…
Heath Ledger, deja que te acompañe estas horas…déjame frotar tus manos frías, acariciar tu frente, Heath te juro…ya nunca más volverás a estar solo.

Publicado por ALAS…  

Girasoles para Heath

¿Qué te puedo decir, mi Heath, mi Ennis, mi Corazón de Caballero, mi rubio adorado, mi príncipe australiano?. 

No preguntaré por qué, ni cómo ni cuándo… solo te diré hasta siempre, porque siempre estarás aquí, guardado en mi corazón, como has estado tantos años desde que te conocí… 

Solo quisiera que mi cariño te hubiera servido de algo, que el de tanta gente que te quiso y que siempre te querrá hubiera podido ser refugio, consuelo en los momentos tristes, cobija que calienta el alma y un whisky para tu corazón…. 

Adiós Heath querido, como quisiera haber dejado este mundo sin pronunciar esta frase jamás, pero adiós, mi corazón, porque a un amigo no se le niega jamás ni una despedida, ni un saludo, ni un abrazo. 

Aunque el corazo me duela como nunca antes dolió jamás, toda la vida le daré gracias a Dios del placer de haberte conocido, tal vez no en todas esas facetas tuyas que debieron ser tan grandiosas, pero si como artista, como actor, como alguien que le prestó su cuerpo y su alma al verdadero amor en nombre de Ennis del Mar. 

Nos vemos en la Montaña, allí te buscaré siempre cuando baje el sol, sentado al lado de la fogata, rodeado de caballos, de hermosos pinos, pero nunca más triste y jamás falto de calor. 

Adiós Heath querido, mi joven y guapo por siempre, mi rubio favorito, es lindo quererte. 

posted by Dalia @ 1/23/2008 08:14:00 AM  

HOLA AL QUE LEA

Jueves, Enero 31st, 2008

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   Sonríe, maldita sea… recordemos los días buenos. 

   Tuve que buscar las palabras de otros para explicarme, las de estas mujeres, sólo ellas podían expresar en todo su alcance lo que siento, lo que padecí. Aún para mí es extraño este pesar, este dolor. La vida ha sido buena conmigo, gracias a Dios; nadie a quien haya amado ha partido. Mis padres están aquí, todos mis hermanos también, y ahora mis adorados sobrinos. Ni siquiera una ex pareja se ha ido (que bueno), por lo que el tamiz de mis congojas es poca. Me dolió cuando supe de la muerte del Papa polaco, también me sorprendió esa vez esa sensación de lástima, de dolor, de tristeza por el anciano batallador. La noche más horrible de mi vida, de toda mi vida, la pasé cuando esperábamos en un pasillo de hospital saber si mi padre sobreviviría hasta la mañana siguiente de un severo infarto que no permitía moverlo en la camilla o trasladarlo. Esos han sido mis penas. Pocas. Por la suerte de mi país siento rabia, ganas de patalear y pelear, no esto. 

   Cuando oí que había muerto el querido vaquero, fue de pasada, una noticia al vuelo que me encogió el corazón, que me angustió, pero no la había escuchado bien. Me decía que no, que no era posible. Que debía ser otro, alguien más (que fuera cualquiera, Dios, mío, y perdóname) pero no él. Fui cambiando de canales  y emisoras, hasta que entré en la red. Sí, estaba muerto. Heath Ledger no tenía veintinueve años y se había ido, ya no volvería a levantarse, a hablar, a reír, a querer, a caminar por una de estas calles, donde tal vez, la vida en sus giros, hiciera que pasara yo también. Estaba muerto, y me avergüenza un poco decirlo porque se supone que un carajo no siente estas vainas, pero lloré. Poco, pero fuerte, no podía con las lágrimas. Coño, ¿cómo era posible? Al dolor se sumaba la rabia, no sé porque siempre tengo rabia ahora, pero así fue. Una frase volvía una y otra vez a mi cabeza, a mi boca cuando dejaba salir una bocanada de aliento: maldita, maldita, maldita sea… 

   Con la familia no hablo de estas cosas, ¿cómo un carajo viejo explica estas aflicciones idiotas de farándula? Estaban mis panas, los amigos, Carmencita que lloraba, Fátima devastada, Nancy dolida. De pronto era como si el tiempo estuviera regresando y volviéramos a descender esa montaña, como lo fue esa primera semana cuando nos obsesionamos. En aquel momento nos dolió el cariño de dos que se amaban y no podían estar juntos. Ahora era la muerte la que se interponía, como al final de la película, y era un adiós definitivo a una persona hermosa en quien veíamos muchas cualidades, dones y virtudes, tal vez algunas de ellas endosadas por  nuestro cariño. Tuve que volver a los antiguos blogs, desesperado, necesitaba leerlos, a ellos, a los que tanto amaban a Jack Twist y a Ennis del Mar; algunas páginas habían caducado, otras no reportaban nada desde mediados del 2007, pero casi ante mis ojos aparecieron las palabras, las bellas, tristes y dolorosas palabras de todos ellos. Alas, Dalia,
la Taberna del Mar…
 

   Ellos son poetas, gente hermosa que escribe bellezas; yo no puedo expresar eso. Creo que a ellos los hechizó el amor de Brokeback Mountain, la belleza de Jack y la intensidad de Ennis. A mí, de la película, me asustó su dolor, su carga de crudeza, lo implacable que era. Quiero a Jack, estimo y me molesto todavía con Ennis, pero la emoción predominante es… insatisfacción, amargura… arrechera, pues. Siempre termino ahí. Con rabia. Voy a ser lo más personal que he sido hasta este momento, aunque ya he esbozado mucho de todo esto. Cuando comenzó el boon de Brokeback Mountain, yo tenía casi treinta y cinco años de edad, y los ‘cuarenta’ parecían a la vuelta de la esquina. Ya no era un muchacho, sino un hombre hecho y derecho, un adulto responsable, pero esa cifra me daba miedo, hablaba de muchos años para mí, para mis padres, para mis amigos; y de los que se habían ido ya, irrecuperables. Miraba con pesar las cosas que pensé hacer y tener cuando contaba dieciséis años. Me había jurado que un día correría frente a los toros en Pamplona, que visitaría Israel y me recostaría del Muro de los Lamentos, que iría a Egipto y cavaría en busca de algo en el Valle de los Reyes, que pasearía en góndola por Venecia, acompañado de una fogosa belleza italiana. Me soñaba un autor famoso. Deseaba una casa en la playa, vivir cerca del mar, rodeado de sol, gente bonita en bikinis, tomando cervecitas frías, sin preocupaciones. 

   Una relación que llevaba desde hacía dos años, con Alicia, con quien pensé casarme, sentar cabeza, tener un hogar, un lugar a donde llegar, hijos, se había deteriorado. Un día me dijo que no íbamos a ninguna parte y se fue. Y a mí me alivió, me sentí bien, casi feliz, pero eso duró poco. Al tiempo la extrañaba, pero ella ya no quería nada conmigo en el plano amoroso; me dijo, textual, que había perdido mucho tiempo conmigo y que ya no era una carajita, quería hijos y un marido y yo no quería comprometerme a ese punto. Fue dura, pero justa. Y ahí estaba yo, con los cuarenta rondándome, botado, sin haber viajado, sin mi libro, sin mi casa en Tacarigua de La Laguna, atrapado en un trabajo que he ido llegando a detestar, inútil y fútil. Fue cuando entré esa primera vez al cine y vi a Jack Twist bajar sonriente de una camioneta, joven, lleno de vida y de sueños. 

   Creo que ese día la odié, fue dura para mí. Con el paso de los días comprendí que me había enamorado del personaje de Jack, de la idea del amor bonito que intenta saltar sobre los obstáculos para realizarse sin importar el tiempo o la distancia, y hasta Jake Gyllenhaal me agradaba, el tipo de ojos grandes, mirada intensa y sonrisa bonita. Pero con quien me identificaba, quien me asustaba, a quien odiaba, era a Ennis del Mar, al Ennis solitario y viejo en su trailer, encerrado, alejado del mundo, de los afectos porque no supo cultivarlos; ese personaje había salido de la pantalla, era real para mí, como Jack, porque Heath Ledger estuvo inmenso, maravilloso y supo materializarlo para nosotros. Verlo tan sin nada, con esa mirada distante, sufrida, con esas lágrimas espesas, que debían ser saladas y muy calientes, me lastimó. Terminó así porque no se atrevió a vivir, porque dejó escapar la felicidad. Estaba solo porque no supo rodearse de nada, de nadie, ni siquiera de sus hijas (al menos tenía hijas, hasta eso me dije). Fue irracional pero también revelador. Brokeback Mountain se convirtió en el centro de un culto para mí, de una tarea, una obsesión, no terminar así, y alertar a otros. Y lo intento, quiero ser una mejor persona. Pero no es fácil… 

   Comencé estas páginas porque quería compartir esa magia que encontré allí, oculta, la parte del Secreto que me tocó a mí, como la ternura y el amor tocaron a otros; y a través de esto probarme que podía escribir de verdad. También quise divertirme, ser irreverente, escandalizar, se grosero y mediante eso ridiculizar a la gente que martiriza el gentilicio venezolano. Para ello necesitaba llegar a mucha gente. Pero ahora… todo parece carecer de sentido. Estoy como congelado, curiosamente estoy menos mal que cuando vi la película, en esos días estaba como doblado en mí, paralizado, ahora camino, hablo y aún reír, hasta que al estar a solas, o callado, o mirando fijamente a la nada, recuerdo que ese muchacho tonto se murió. Y nuevamente me duele, porque no puedo ser tan generoso como Dalia o Alas, yo si me pregunto vainas, ¿por qué tuvo que pasar? ¿Cómo alguien como él pudo pasar por esto? ¿No era feliz, algo le faltaba, a él, un tipo tan increíble? ¿Quién se encierra a solas a consumir pastillas, acaso no se droga la gente para estar con alguien y ser feliz aunque no sea más que una sucia y ridícula mentira?, ¿quién lo hace a solas si no es para encontrar olvido por lo que no se tiene, silencio a las voces que atormentan, calma de tantos pesares? ¿Acaso Heath era como Ennis, un chico solitario y triste al fin y al cabo? La gente habla de un accidente, pero… Pero no, debió ser eso, coño, tan sólo un maldito, desgraciado y terrible accidente. Lo otro es imposible. 

   Como sea, se ha ido. Estaba ahí, solitario, seguramente se durmió y no sintió nada; eso espero. Y es cuando la imaginación no te deja en paz. Doy vuelta y vueltas sobre la rabiosa idea de que fue muy egoísta, ¿no sabía acaso que la gente iba a extrañarlo demasiado porque lo amaba? ¿No sabía que era objeto de culto para tantas y tantas personas que habían encontrado en una tonta película un detalle, un chispazo, una revelación que dio sentido a algo? ¿No pensó en su niña, en su familia, en sus amigos? ¿No pensó en todo el dolor que sentiría Jake? ¿No sabía que lo tenía todo, que cualquiera le habría brindado un hombro, una sonrisa, el toque de una mano si necesitaba de alguien? Alas y Dalia hablan de que ha vuelto a la montaña, curiosamente yo también utilicé esa figura, no sé bien por qué, cuando quise sacarme esta vaina del pecho el día miércoles 23 de enero. Tal vez fue por la forma en que murió, porque uno cree intuir que… una congoja secreta anidaba en su alma (¿Soledad? ¿Vacío? Cuesta creerlo), y que ahora, muerto, volverá al bello paraje, a ese pedacito de Cielo, donde será feliz y se sentará, sonriendo levemente, levantando el rostro al sol, ese rostro que ya no envejecerá (pero que tal vez la gente comience a olvidar ¡maldita sea!), y esperará por todos los amigos de la hoguera que irán llegando por turnos. Seguro que no espera que sean tantos, pero lo serán. Me gusta imaginarlo así, aunque mis creencias personales al respecto no me dejan soñar mucho (y hasta de eso me gustaría renegar ahora, mis ideas sobre la muerte). Quiero ser ligero, simple, y decirle: ve con Dios, vaquero, acampa en Brokeback Mountain, reposa un tiempo y espéranos allí. 

   Señor, ¿cómo imaginar que una noche me acostaría a dormir y al día siguiente este dolor me atraparía? En fin, Heath, el chico rubio y bonito, como dice Alas, se ha ido, Ennis es más mío (suena raro, ¿verdad?, pero es así), y está aquí, al alcance de mis recuerdos, y no pienso dejar que se me olvide. Aunque ahora, y por mucho tiempo, lo sé, lo imaginaré aún más solitario, más triste, más infeliz que a su bajada de la montaña, o después de la discusión con Jack por sus viajes a México, o al oír de su muerte… Imagino que con el tiempo podré aligerarlo de toda esa carga. 

Julio César.

SÓLO UN SUEÑO, VOLVAMOS A EMPEZAR…

Jueves, Enero 31st, 2008

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   Temblaba entre sus brazos. 

   -Ennis, qué bueno que estás aquí. Tuve un sueño horrible… -gimoteó, temblando de miedo mientras el otro lo acunaba, sonriéndole como el padre que intenta calmar al niño temeroso de la oscura noche.

   -Cálmate, Jack, mi Jack… Sólo fue una pesadilla. Estoy aquí; ahora todo estará bien… -y el suave beso que se volvió exigente y apasionado, como ocurría siempre que se encontraban, fue la corroboración.

   Y así será. Ennis sigue ahí, al lado de Jack, juntos a la sombra de la montaña. 

Julio César.

DEDICATORIA: Aunque ya lo he empleado antes, no te ofendas, muchas gracias por tu comentario, KINGDRA. Este blog ya me tenía molesto, algo tan grave, desde mi punto de vista, pasa y sentí que a nadie le interesó. Imagino que son tonterías mías, pero así lo sentí. Incluso pensé en cerrar esta vaina, si no fuera porque lo uso para ‘saludar’ a mis ‘amigos’ del gobierno que padecemos actualmente en Venezuela. Tu intervención fue importante, no puedo explicarte qué tanto, pero mil gracias. Creo que los amigos de la hoguera sí somos muchos, aunque ninguno, excepto tú, entre en estas páginas.

ADIÓS, QUERIDO VAQUERO…

Jueves, Enero 24th, 2008

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   Dicen que se fue definitivamente a su montaña donde todo será paz; por mi parte sólo puedo decir… MALDITA, MALDITA, MALDITA SEA… 

   Adiós a todos. 

Julio César.

ÁLVARO URIBE VELEZ EN EL HURACÁN

Martes, Enero 22nd, 2008

   Esto lo escribí en mi otro blog el 28 de agosto de 2007, por un fuerte rumor que corrió en Venezuela sobre una maniobra de la guerrilla que incluía a la señora Ingrid Betancourt.

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   El presidente electo de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, es un hombre que en un primer momento parece odioso, pero conociéndosele más a fondo, resulta realmente antipático, medido por los cánones que generalmente usamos en América Latina. El hombre no grita como gorila bajando de un árbol, no llama esto o aquello (con menciones a las madres) a sus rivales políticos, y tiene ese repelente aire de eficiencia, inteligencia y suficiencia que gente menos dotada tiene que odiar. Este hombre, ligado a las capas más conservadoras de Colombia, fue electo porque prometió mano dura con los flagelos que no han permitido a ese país el convertirse en una Canadá hispana, las drogas con sus carteles, escuadrones de muerte y horror, y la guerrilla terrorista que lleva más de cuarenta años bañando de sangre inocente el suelo granadino. Esa fue su promesa, lo que dijo: mano dura, y mientras lo hacemos, ganaremos plata y figuración en la región. Eso convenció a su electorado, ¡dos veces!, en un país donde no hay maquinitas que puedan arrojar los resultados deseados del manejador, o un colegio electoral que reciba órdenes del presidente de la republica en ejercicio. Es decir, su triunfo sí no puede discutírsele, como el de tantos otros.  

   ¿Por qué resulta tan insoportable este sujeto para tantos? Primero, porque parece no necesitar limosnas, ni crear un cartel de tiranillos que avalen sus actuaciones autoritarias para mantenerse en el poder. Sabe que cuando deje de ser útil, o de tener el favor del electorado, tendrá que irse sin derecho a pataleo, como tuvieron que retirarse muchos otros antes que él, sin escándalos, sin yeyos, sin desmayos, idea que martiriza a tantos, el verse separados de un poder con el que no hacen nada útil como no sea satisfacer caprichos personales. Pero no puede ser todo, debe haber más. Puede ser su alianza con una potencia como Estados Unidos, una nación próspera donde la prensa vuelve picadillo al presidente Bush por sus errores, y sin embargo el ingreso bruto de un estado como California es mayor al de cualquier nación latinoamericana. ¿Cómo se le ocurre a Uribe Vélez una alianza tan antinatural?, ¿por qué asociarse con gente eficiente, por qué no con Fidel Castro quien se ha mantenido cuarenta años sobre la miseria de su pueblo, disminuyéndolos a la condición de cosas, de no seres humanos, de carne para el burdel mientras él y la banda de delincuentes llamados militares, cancilleres, deportistas y artistas se dan la gran vida? Obviamente Uribe Vélez está loco y confundido al no seguir y adorar cada pelo de la barba de semejante santón. Y sin embargo esto no alcanza para explicar el disgusto por este señor. En el fondo creo que todo el resentimiento contra este sujeto se debe a que es un conservador duro que no teme decirlo, que anda por el mundo sin complejos, sin traumas siendo lo que es, aunque no sea popular. 

   En el fondo no le perdonamos que sea eso, un conservador, un hombre que lucha por el status quo, por mantener ciertos valores y defender un estilo de vida que para él, es muy claro, simple y evidentemente beneficioso. Para muchas almas atormentadas, y no todas en América Latina, los conservadores son una pesadilla, seres detestables y crueles. Representan al padre de familia odioso que le reclama al hijos por el aro en la nariz y no entiende cuando este le chilla que él es moderno, sino que ve a una pobre muchacho torturado que se martiriza para intentar verse distinto, deseando ser ‘especial’. Es quien le grita a la hija que llora que ella no va para esa fiesta con ese tipo que es un malandro que seda, viola y preña muchachas de las que luego nada quiere saber y éstas terminan cuidando solas al muchacho; y lo dice duramente, cerrando la puerta de la calle con su cuerpo mientras la hija grita que ella ama a ese carajo (Dios). Es quien le grita a esa hija: te vas a tu cuarto, y la arrastra y la lleva, y hasta la encierra, porque le parece que es mejor que crezca, estudie, se prepare y luego, con armas en la mano, haga la vida que le de la gana, le vaya bien o mal, pero que no fracase antes de salir. Prefiere ser temido, poco querido, a permitir un desastre antes de tiempo (amén). 

   Actitud tan distinta a la que se presenta generalmente del liberal, el padre que entiende que la muchacha ama, y que ese amor es lo único que importa, que no hay nada más importante, que es su vida y aunque no tenga preparación, un trabajo, una entrada de dinero para un pote de leche o pañales, ni casa, tiene derechos; que salga con el malandrito y que Dios la cuide (pobre Dios), y luego se sorprende cuando ella llora y le dice que está preñada y el tipo le saca el cuerpo. Y él, molesto, torturado por dentro, le dice que está bien, que fue un error, cosa de jóvenes, que la ayudarán. Y la muchacha, que ve que no hay consecuencias para sus actos, mientras hipa y sonríe diciéndole que lo ama, le pregunta si puede irse con unas amigas a la playa porque hay otras fiestas y quiere distraerse. ¡Qué sabroso, ¿verdad?! Son las dos concepciones entre las que se mueven las sociedades, también están los socialistas que sonríen bobos, dicen que todo será de todos, que no habrá amos ni sirvientes, que habrá felicidad comunal, mientras controlan el dinero, las armas del ejercito y planean como culpar a otro del desastre creado. Este es sólo un grupo marginal, como una enfermedad que sale en algunos extremos, ni siquiera son una tendencia, sólo un accidente. 

   La derecha (Álvaro Uribe Vélez), debe ser dura porque intenta sobrevivir en un mundo en caos, manteniendo estabilidad, reglas claras, un modo de vida medio vivible. Los liberales se pierden en la idea de todas las libertades y ninguna de las obligaciones, o que estas no son tan importantes al final. Del otro lado, está la izquierda, irresponsable e idiota que repite una y otra vez el mismo discurso (y sin embargo les funciona), prometiendo villas y castillas, pero terminando en un sembradío de miseria, caos y con las leyes crueles que rigen en la jungla. Cuando esto ocurre y los países terminan devastados en déficit inflación, carestía e inseguridad, es común ver a la derecha tomar el control, imponiendo trabajo, reglas duras, hasta que el caos es superado, por voluntades enérgicas, claras e instruidas (como lo fueron en Venezuela Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Rafael Caldera, hombres de decencia, para quienes lo correcto, lo legal, lo decente, siempre fue un punto claro, sin matices o áreas grises). Lo extraño es que cuando las naciones comienzan a prosperar, alejándose de los tiempos oscuros, nuevas recuas de histéricos hablan otra vez de soluciones mágicas, de vamos a repartir todo, de abajo los viejos, las reglas y la autoridad. Es como el vaivén de un péndulo gigante, vamos de extremo a extremo, y generalmente no hay paz en el ínterin. Ahora comienzo a temer que si fuera norteamericano, sería republicano (¡qué deprimente!) 

   Para muchos venezolanos, las carantoñas hechas por presidentes como los de España, Chile, Argentina y Brasil (por Dios, ¡Brasil!), ante la grotesca figura de un atorrante como el títere del macabro proyecto fidelista, la distancia y clase impuestas por Uribe Vélez son de admirar. Y sin embargo, su accionar flojo, poco firme con Venezuela desde el inicio, esa política de dejar hacer, dejar pasar que algo bueno puede quedarnos, fue un error. Uno que los venezolanos, que esperábamos una actitud más firme contra la pérdida de libertades y democracia en una nación cercana, no perdonamos al hombre fuerte del vecino país, quien en teorías era nuestro ‘hermano’; sin embargo no les importó a ninguno de ellos, como a los antes nombrados, lo que aquí ocurría con cientos y cientos de perseguidos. Eso produce en muchos de nosotros una ambivalente sensación ante lo que ahora ocurre. Contra el estado colombiano, y contra Colombia toda como nación, se ha desatado, desde hace tiempo una campaña brutal para destruir ese sistema de vida que es más o menos funcional, donde ley, orden e institucionalidad aún significan algo, garantías para cualquier pata’e en suelo de que puede enfrentar poderes mayores que él, y el Estado lo respaldará si tiene la razón. Y esa campaña, para países sumergidos en el desastre, causa alivio. Cualquier venezolano con sangre en las venas piensa: que bueno, que también ellos se jodan. 

   Desde hace mucho tiempo voces autorizadas de militares, hacendados de la zona y valiente reporteras venezolanas, mujeres como la Poleo, Salazar, Pacheco y la Colomina (cuatro periodistas a quienes el régimen tiene sobrados motivos para odiar y perseguir) denunciaron la conchupancia entre sectores del ejercito venezolano y las narcoguerrillas ¡con videos y todo! Todos alertaban de la peligrosa convivencia del gobierno venezolano con células irregulares de la narcoguerrilla. Que nuestro territorio era usado de aliviadero, que armas venezolanas estaban en manos de los irregulares, o de que estos escapaban a Venezuela donde las fuerzas colombianas eran contenidas, o que ya controlaban bastos sectores de la frontera. Todo esto se ha repetido hasta la saciedad, pero nadie ha querido darse por enterado. Se gritaba que era peligroso permitir el unir el dinero de las drogas con los del petróleo y el brazo armado de la guerrilla criminal, bajo la figura de un líder delirante, peligro e ignorante pero carismático. Toda Latinoamérica se hizo la loca, no fuera a ser que el presidente orate les gritara o insultara (les daba tanto meyo, poechitos), o por perder los reales que andaba regalando, o por dáselas de chévere con un líder que es aceptado por muchos en sus propios países. Jugaron a usar sus reales, a vivirlo y dejarlo hacer. Colombia, no en una medida tan grande o de tanta responsabilidad como Brasil, también permitió todo eso. Ahora estamos en esta encrucijada cuando se comienza a hablar de ‘conflictos’ y hasta de ‘alertas fronterizas’; les pasó como en el viejo cuento del mono, quien mete la mano en un hueco para sacar algo, y lo atrapan porque aunque ve venir a sus captores, no suelta su presa por codicia. Aunque esta conducta es propia de politiquillos baratos, los estadistas rara vez caen en estas ingenuidades peligrosas. 

   Convencidos de que por las armas jamás alcanzaran el, poder, la guerrilla ha tenido que prestar oídos al anciano degenerado que aún gobierna Cuba, y a través de él, al presidente venezolano. Estos grupos jamás alcanzarán el poder porque el colombiano común, con tres dedos de frente, los sabe peligrosos homicidas que matan por poder personal y por dinero, y entiende que de ese grupo de criminales no saldrá nada bueno, que no pueden construir esa sociedad más justa. ¿Justicia?, ¿decencia? ¿De ellos? Agotado el modelo de la violencia, sostenido únicamente para matar y secuestrar aquí y allá, sabiendo que no sirve para nada, pero como causar dolor nada les cuesta, las maniobras se dirigieron, como bien pudo decírselos el presidente Chávez, a destruir el sistema desde adentro, contando con grupos venales e irresponsables dentro del propio status quo. Uribe Vélez llega al poder porque es duro y promete mano dura contra narcos y guerrilleros, entonces hay que contraatacar, y allí entran en juego las cifras millonarias y fabulosas de las drogas, unidas ahora a los petrodólares. Estos grupos gastan millones y millones de dólares en costosos lobbys en Estados Unidos y Europa, en campañas contra Uribe Vélez, mostrándolo como un delincuente extremista, como un monstruo incapaz de condolerse del dolor ajeno. Esos lobbys mueven medios de comunicaciones y grupos de jóvenes que jamás han pensado por sí mismos, y los lanzan a servir a estos delincuentes que sienten deben limitar y destruir a quien juró enfrentarlos. 

   La campaña es de una elementalidad, de una simpleza tal, que realmente no deja mucho a la imaginación, pero es llevada acabo con la osadía de quienes nada tienen que perder y desarrollada por vividores y parásitos que no ven nada malo en la explotación, abuso, secuestro, tortura y muerte de otros, mientras sus cheques sigan llegando, claro está. La narcoguerrilla utiliza sus propios secuestros, a sus victimas, para atacar a Uribe Vélez, moviendo en campaña a los intelectuales venales que ya antes tapareaban los delitos del Bloque Soviéticos mientras millones eran ejecutados, y los nuevos acólitos, los que a fuerza de intentar mostrarse distintos o singulares, caen en la defensa de barbaridades. Ahora Uribe Vélez es un déspota, un monstruo que tiene la osadía de proteger a grupos enemigos de esos pobres angelitos de Dios, que sólo rezan y piden la ayuda divina para mantenerse vivos mientras huelen flores y toman rocío mañanero, así lo publican en la prensa francesa e italiana, y se grita en tantos simposios en universidades norteamericanas. Ahora Uribe Vélez es el responsable de que los secuestrados no sean liberados por una pobre y sufrida narcoguerrilla que los mantiene cautivos en contra de su voluntad, ya que ellos sólo desean soltarlos y que todos sean felices y se amen como hermanos; pero no pueden liberarlos (poechitos esos angelitos, Dios, mío), porque Uribe Vélez, el monstruo, no quiere. 

   Con los colosales ingresos de Venezuela, puestos a las órdenes de Fidel Castro y su círculo de vividores y malandrines, Cuba está a punto de lograr en Colombia lo que no pudo a la muerte de Gaitán. En desvergonzada procesión (hay demasiados reales de por medio), senadores, medios de comunicaciones y los llamados grupos humanitarios, mantenidos siempre por el dinero del narcotráfico y el terrorismo (desde los tiempos de Libia),  como las tristemente celebres Madres de la Plaza de Mayo, grupo vociferante que adora la plata y los regimenes de tinte militaristas autoritarios, se lanzan como perros con rabia contra Uribe Vélez, lo que no es muy difícil con lo repelente que es. Le gritan monstruo maldito, maligno ser lleno de crueldad, lo acusan de no querer ayudar a los rehenes de la narcoguerrilla, chillan: pobres rehenes, pobre guerrilla que no los puede soltar. Al unísono todos gritan: Álvaro Uribe Vélez debe salir, porque Uribe Vélez es malo. Su gente debe ser investigada, sus crímenes sí no deben ser pasados por alto como en ocasiones anteriores de narcoayudas para campañas electorales. 

   Uribe Vélez no puede pisar Norteamérica, o Europa, porque lo siguen, le gritan y lo pitan; la ofensiva propagandística ha sido realmente efectiva. Y mientras tiene que mantener a flote la imagen, debe estar mirando con precaución (cosa que no hace Lula da Silva, por ejemplo, en Brasil) como sectores de la vida colombiana, desde senadores a dueños de medio de comunicación, se unen a los grupos irregulares, aceptando la plata y la ingerencia externa, ofreciendo rematar Colombia, sujetando a su gente a caprichos de ancianos vetustos, deteniendo el progreso y su más o menos prolongada situación de estabilidad, con tal de alcanzar, al fin, el poder, uno que no han obtenido en más de cuarenta años de matar campesinos y policiítas de pueblo, robar niños para embrutecerlos, montarle collares bombas a doñitas secas y serias que han trabajado toda su vida como Dios manda, y proteger a los narcos. 

   Impías senadoras se mueven con habilidad y total desparpajo, para mostrarse como los grandes liberadores, los que llaman a Chávez como último recurso para que los ayude, para que liberen a esas pobres personas cautivas. A esta gente no le importa lo que venga después en su Colombia natal, quieren su pedazo ya, así sea de un cadáver. Gritan que Chávez mediará, ayudará porque es tan bueno, tan noble, un estadista maravilloso e iluminado que lleva paz, amor y progreso por donde pasa… tan distinto a Uribe Vélez, matriz que comenzará muy pronto a dejarse caer por toda la región y mucho más allá. Claro, a nadie se le ocurre preguntarle al presidente Chávez por qué no media y ayuda a los rehenes venezolanos en manos de estas lacras; tal interrogante no cabe en sus cabecitas… o la respuesta podría ser embarazosa. 

   El plan para liberar, mediante la intervención de Chávez, a la señora Ingrid Betancourt, rogatorio echo por la señora Cecilia Zarkozy, esposa del premier francés, Nicolás Zarkozy, estaba en marcha, y ojalá se diera y esa pobre mujer pudiera recuperar su libertad, ¡libertad!, algo tan valioso y maravilloso, aunque para tantos no signifique nada. Ojalá la liberen, como a todos los otros, y sus captores, esos perros rabiosos del hampa, sean encarcelados. Se dijo que todo había sido palabreado ya, que el presidente Chávez iría a Colombia, hablando de ayudar, cosa que le será agradecido por mucha gente, y la guerrilla la liberaría, de ser posible en territorio venezolano, donde la mujer sería embarcada, o entregada a la señora Zarkozy, en presencia de cierta senadora colombiana, impía ella, dejando a Uribe Vélez fuera del juego. La jugada mostraría a Chávez como el gran líder, el gran hombre. Uribe Vélez sería el hombre malo que no quiere el bien para esta gente. Él, y su grupo político serían los villanos. La impía senadora y su grupo quedarían como héroes junto al presidente venezolano, a quien le urge lavar la fachada ante el mundo después de bestialidades como el cierre, por odio personal y saltándose toda legalidad, del canal de televisión RCTV, o el descuido al dejar que se atrapara a un colaborador con una maleta llena de dólares para los sobornos y coimas que apuntalan a los Kirchner en Argentina, o su pretensión de gobernar mientras el cuerpo aguante o mientras el mal exista. Por su parte, la guerrilla quedaría como un grupo de idealistas que quieren paz y un entendimiento, pero que no se puede con alguien como Uribe Vélez en el poder (ni de otros que vengan y sean como él). 

   No era una mala idea, sería un buen libreto para un cuento, pero algo se atravesó. Hace algunos días, la periodista Patricia Poleo los echó al pajón con el plan, como decimos en Venezuela. Esta valiente mujer, que tuvo que huir de Venezuela cuando fue alertada de su captura a manos de los cubanos en Venezuela, involucrándosele en un feo crimen donde su único acusador era un tipo considerado un mitómano en Colombia, que dijo estar con ella el día que se planeó el asesinato, y luego se le supo en esa fecha preso en Colombia, ahora parece saber más de lo que pasa aquí que antes. Qué arrepentidos deben estar de haber montado aquella mamarrachada contra ella, ya que teniéndola en el país sería más fácil controlarla. A la mujer, por gente que sabía del guiso (por ello el Gobierno no pega una, todos se les filtra), le llegó la historia y la soltó de sopetón. Con tan mala suerte para el régimen que a quien le tocó desmentirla fue el mismo hombre al que se enfrentó en el recordado caso de Vladimiro Montesinos, cuando ella aseguraba que el hombre sí estaba oculto en Venezuela y ese señor, Pedro Carreño, decía que no. Y la razón la tuvo ella y él quedó como un mentiroso. El alerta paró todo, y el Presidente, desaforado, en uno de sus viajes soltó la perla de que el gran mal de toda la era eran los medios de comunicación. 

   En fin, el futuro de Colombia no es tan estable y seguro como parecía apenas unos años atrás, a pesar de la mano firme del señor Álvaro Uribe Vélez. Todo dependerá finalmente de la sangre fría y cabeza clara que mantengan sus habitantes en el futuro, sin dejarse engatusar por los cantos de sirenas. Como todo país latinoamericano, el granadino también cuenta con su buena carga de problemas, como lo son la inseguridad, la pobreza y los desequilibrios económicos y sociales; aunque estos sólo son problemitas comparados con el horror de los carteles de las drogas y la violencia sistemática de la guerrilla terrorista. Su oligarquía, sensata y responsable, tenida así por muchos, debe entender que la prosperidad debe pernear también hacia abajo, fuera de lo macro y lo mega bueno. Al país granadino lo acechan muchos problemas internos y externos. El cerco montado desde Cuba, maniatando con sutileza, como se observa en Brasil dado el torpe manejo de la gente de Lula da Silva, contra toda la región se cobrará en sufrimiento y lamentablemente en sangre hasta que halla un nuevo despertar y esta pesadilla seudo izquierdista quede atrás definitivamente, o al menos hasta que la región prospere, sólida y segura, y aparezcan nuevamente los que griten porque quieren desorden. No, no es muy prometedor el futuro inmediato para América Latina, no hay muchos políticos serios y estables en ejercicio, parecen abundar los inestables y maniacos, por lo que es de suponer que Estados Unidos y la misma Europa, ya deben estar preparándose para recibir a los que escapan del caos, la violencia y la esclavitud. Por lo menos cargarán con parte de sus culpas en todo esto. 

Julio César.

CRITICANDO AL CHEFF

Martes, Enero 22nd, 2008

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Julio César. 

NOTA: Todas las fotografías han sido tomadas de portales gratuitos. Que nadie se moleste, por favor…

ADIÓS, AMOR, ADIÓS…

Domingo, Enero 20th, 2008

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   Él te quiere, Jack… es verdad. No estés triste… 

   Jack no había dicho nada desde su regreso, más allá de un ausente y cortés como estás, y preguntar por su hijo. Lureen estaba acostumbrada a ese aire reservado del hombre al regreso de sus excursiones de pesca. Partía feliz, excitado de contento, luego regresaba calmado, pero distante. Pero esta vez era distinto. Por lo general, al volver parecía caminar sobre nubes, encontrándose dolorosamente feliz de su paseo de fin de semana, con los ojos llenos de añoranzas, como si le doliera no estar ya allí sino en su hogar. A la mujer le parecía que Jack había sido tan feliz en esos momentos que le costaba regresar a la realidad (a casa, a ella; pero no le gustaba pensar en eso). A Lureen le parecía algo… lógico, ya que sabía que Jack no era feliz en el negocio de su padre. Trabajaba, y lo hacía bien, pero no le gustaba. Su padre y él no congeniaban. Había algo en Jack, una chispa de rebeldía en sus ojos y en sus silencios melancólicos que hablaban de desear hacer algo más (o estar en otro lugar, pero tampoco le agrada pensar en eso), que a su padre le irritaba. Sin embargo, esta vez Jack parecía triste. No dulcemente nostálgico como notaba ella en su aire distraído mientras miraba por la ventana, con sus hermosos ojos (a ella le parecían increíbles) perdidos en la distancia, con una sonrisa de medio rostro, evocativa. 

   La mujer no se equivocaba, Jack estaba triste. Había recorrido dos estados, muchos kilómetros y horas para encontrarse con el gran amor de su vida, alguien que sólo podía atenderlo por pequeños intervalos de tiempo, casi como un regalo, y al llegar, acalorado pero feliz de volverlo a ver, había sido rechazado. A Ennis del Mar, el hombre al que había ido a ver, le había salido un trabajo de última hora y no podía desatenderlo. 

   -¡Pero era nuestro fin de semana! ¡El último por este año! Recorrí dos estados para verte. –le había gritado, desesperado ante la negativa del otro, al que sabía que no convencería cuando se reunieron, como siempre, a las afueras del condado, alejados de todos, escondiéndose siempre, como gente que hacía mal. 

   -Lo siento, Jack, pero no puedo dejar pasar esta oportunidad. Necesito el dinero, para Alma, para las niñas. La pensión no alcanza para… 

   -Sé que tienes que atenderlas porque son importante para ti, pero ¿y yo? 

   -No pasa nada. Ya nos veremos después. –parecía ir molestándose, arrugando un poco la frente y endureciendo la mirada al tiempo que cerraba en una delgada línea, de obstinación, los labios. Y Jack comprendió que el otro no cedería porque para él, eso sí era importante, el trabajo y el dinero extra. No su presencia. 

   -Siempre va a ser así, ¿verdad? Yo necesito verte, espero como un condenado estos malditos días para estar contigo… Pero para ti no significan nada, nunca te han importado en verdad. –reclama resentido con una sombra de pesar en sus ojos, algo que era doloroso de observar para quienes lo querían. 

   -Oh, vamos, Jack. Sabes que no puedo permitirme el ser tan indolente con el dinero como tú, no tengo una mujer rica. No puedo dejar que los caprichos me controlen. –acusa, y Jack lo resiente. 

   -¿Caprichos? ¿Crees que recorro toda esa carretera por un capricho…? 

   -No quise… -y Ennis se incomoda y molesta, como siempre que entran en ese terreno, porque sabe que Jack habla de cosas más profundas, de sentimientos a los que él no puede ni ponerle nombres.- Será sólo un trabajo temporal, tal vez podamos vernos dentro de un mes. –ofrece, sin comprometerse, recostándose de la vieja camioneta, intentando no mirar a Jack; no quiere ver esos ojos grandes y hermosos donde brillaban con igual intensidad el dolor, la rabia y la frustración.- Yo te aviso. 

   -Y supones que vendré, ¿cierto? Que lo dejaré todo, mi trabajo, a Lureen y a mi hijo porque ellos si no importan, y que subiré a la camioneta y recorreré todo el camino hasta aquí agradecido porque quieres verme, rezándole al cielo porque tú me llamas, porque puedes darme algo de tiempo. –casi sonríe mientras lo dice, con rabia, antes de darle un leve manotazo en el pecho, algo que sorprende a Ennis dejándolo paralizado.- Pero puede ser que esa próxima vez yo no pueda o no quiera venir. –dice entre dientes, amenazante. Y el otro lo mira, alarmado fugazmente, pero cubriéndose pronto, como cubría siempre sus sentimientos, elevando un poco los hombros en un gesto indolente, gesto que lastima más al otro.- Puede que ya no regrese… o no quiera regresar, Ennis. 

   -Bien, será como quieras. –casi escupe, desafiante. Y Jack alza la barbilla viéndose magnifico, sintiéndose lastimado, dolido, porque le parece que sólo él ama y sufre en esa relación. 

   -Bien. No quiero quitarte más de tu tiempo, Ennis; hasta la vista… –termina ronco, pasando saliva, sintiéndose increíblemente lastimado, pero decidido a salir con cierta dignidad, mirándolo todavía un momento y dándole la espalda. 

   -Jack… -jadea el otro, malencarado, y calla, sin moverse. 

   Pero Jack no se vuelve, no responde, sube a la camioneta y mantiene los ojos obstinadamente sobre el volante, no quiere verlo. No puede. Pero espera, por Dios que espera que pase algo que le impida irse así, espera que Ennis diga algo y lo detenga, que no lo deje marcharse con la velada amenaza de no volver a encontrarse, y aunque transcurren segundos, a él le parecen horas, horas dolorosas y terribles porque el otro nada hace o dice. Ennis sólo oprime los labios, molesto con la emotividad de Jack. Vuelve a pronunciar secamente su nombre; pero no es eso lo que el otro quiere oír mientras enciende el motor, que ronca con potencia a tiempo que se deja oír la radio, mira sobre su hombro hacia atrás y se aleja. A Jack Twist le zumban los oídos y siente que el corazón le duele mientras se distancia sin ver al hombre que aún está de pie, con su gesto huraño, mirándolo irse. Jack se aleja sintiéndose increíblemente mal, con ganas de volverse, de disculparse, de rogar por algo de amor, pero sabe que no puede. Jamás haría eso, y la rabia que siente en esos momentos contra Ennis le da fuerzas para largarse. La radio deja oír notas que le hacen un nudo en el estómago y humedecen sus ojos, y tiene que apagarla, no sin antes dejar de oír un: 

“Una mañana fría desperté entre tus brazos llorando,

porque estuve soñando que te alejabas y ya no volvías…” 

   En su casa, esa noche, Jack no puede dormir, comer o pensar. Habló como un autómata con Lureen, pero su mente volvía una y otra vez a las frías palabras de Ennis, el hombre al que amaba con todas las fuerzas de su ser. Y así había sido desde la noche que se entregó entre sus brazos, sintiendo sus torpes caricias, su cuerpo caliente como dominado por unas fiebres extrañas, y lo había penetrado alzándolo hacia un mundo nuevo, a uno de urgencias y satisfacciones desconocidas. Él amaba a Ennis, lo sabía porque sólo deseaba verlo, tocarlo, oírlo, sentirlo entre sus brazos. Lo sabía porque únicamente estaba contento, feliz, completo y vivo cuando estaba a su lado, y podía reír fácilmente, y se le ocurrían cosas graciosas, y los silencios eran cómodos, sabrosos, así como su cercanía. Sí, él amaba a Ennis del Mar, pero Ennis no a él, y ese siempre fue, era y sería el problema. El joven percibe que la amargura y la rabia lo embargan, así como la mirada se le nubla, sintiéndose muy triste por él, muy dolido al saberse poco amado, poco merecedor de ser querido (¿por qué Ennis no lo amaba?). 

   Ennis no lo quería lo suficiente, y eso siempre sería así. Lo mejor era dejar todo de ese tamaño e intentar olvidar la necesidad que tenía de su piel, de su aroma, de sus besos, de sus manos que lo exploraban todo con urgencia, antes de hacerlo suyo, único momento en que creía notar que el otro también sentía algo poderoso por él (o le parecía porque quería creerlo). Pero eso no le bastaba, ni a Ennis ni a él; no podía continuar existiendo por ratos, por fines de semanas, como una sombra hasta que era llamado para ser querido. Si, lo mejor era olvidar, se dice mientras entra en la cama matrimonial, al lado de Lureen, quien antes de acostarse le había lanzado una extraña mirada. Tenía que cambiar, en su vida debía haber cambios, y lo primero sería dejar de sentir ese dolor, el sofoco, esas idiotas y poco viriles ganas de llorar al saber que debía olvidar a Ennis. Mañana sería otro día y lo olvidaría, se promete. Mañana… No, esa misma noche comenzaría a olvidarlo, para dejar de recordarlo, de extrañarlo, de añorarlo. El sueño sería su aliado, lo haría olvidar por un rato y mañana sería más fácil. Pero no puede dormir, es conciente de la respiración de Lureen, del lento tic tac del reloj, del calor que hace en esos momentos. 

   Jack Twist no puede dormir, sólo mirar el techo en las penumbras, o la oscuridad al cerrar sus ojos. Pero no quiere cerrarlos, porque en cuanto lo hace mira a Ennis del Mar arrojándosele encima como un demente, quitándose a tirones las ropas y cayendo sobre él, desnudos ambos en una cama de motel, cuando sus cuerpos se necesitaban, cuando debían sentir el uno al otro para no morir de necesidad. Y las manos grandes y callosas de Ennis recorrieron toda su piel, y Jack adivinaba el deseo que el otro tenía de tocarlo, de acariciarlo, de besarlo… como hizo la segunda vez que se amaron en esa cama que crujió y chilló mientras Jack era cabalgado como un joven potro. Ese recuerdo del cuerpo firme y joven, excitado, de Ennis contra el suyo, de la boca contra la suya, explorándolo con hambre, con pasión, sin inhibiciones ya, no lo dejan dormir. Está excitado, ahí en medio de la noche, extrañando a Ennis. 

   Se revuelve en la cama, y en medio de la oscuridad se mira en el espejo de la peinadora de Lureen, y se ve a sí mismo como huérfano, falto de cariño. Cierra los ojos y vuelve a verlo dormido a su lado en esa cama de motel, cuando los cuerpos cansados y ahítos de tanto amarse, cuando las caricias lo dijeron todo, cayeron rendidos, y siente ganas de gritar. Puede verlo otra vez, atractivo y varonil, y él mirándolo con amor, sin disimulos, sin tapujos, sin sentir la necesidad de mentirse así mismo como hacía Ennis. Él lo amaba, lo amaba desde antes de bajar de Brokeback Mountain, donde sintió que moriría en esa estación cuando se fue, dejándolo atrás. Dejarlo le había dolido tanto que tuvo que detenerse unos kilómetros más adelante y llorar, con amargura, con dolor, sin consuelo, como un niño perdido en la noche que deseaba a su madre cerca para que lo cobijara y le dijera que todo iba a salir bien de alguna manera. 

   Lloró porque no podía hacer nada más, por él que se quedaba solo y triste, y por Ennis. Lloró para encontrar consuelo, mientras lo llamaba a gritos, entre lágrimas, deseando morirse. ¿Por qué tuvo que sucederle eso? ¿Por qué tuvo que enamorarse de él, de otro hombre, de uno que no se permitía sentir lo que él sentía? ¿Por qué tuvo que pasarle a él, Dios mío? Incapaz de resistirse, en ese cuarto de motel, tuvo que acariciar su torso, tanto que lo despertó. Y en ese momento iba a decírselo, mientras le acariciaba el torso con una mano y con la otra jugaba con sus cabellos suaves, mirándolo a los ojos, iba a hablar. Iba a decirle que lo amaba, que era su vida, que sólo él tenía sentido en su existencia, una que había vivido sin entender cómo hasta ese momento. Que sólo a su lado era feliz. Iba a decírselo todo, que seguir sin él a su lado no era posible, que no lo quería así, que no lo aceptaba; pero Ennis se medio elevó y atrapándole el rostro lo había besado, cubriéndole totalmente la boca con la suya, atándole la lengua y lamiéndola de una forma lenta, deliberada. Esa lengua lo acarició y esa boca tomó su aliento y su saliva, y a Jack todo le dio vueltas y con un gemido fue suyo nuevamente. 

   Ahora le parecía que todo había sido calculado, que Ennis le había impedido hablar porque no querida oír lo que iba a decirle. Y eso lastima a Jack en esa cama al lado de Lureen. Siempre había sido así. Y sin embargo, en ese motel, sin palabras, desnudos, con Ennis sobre él, fumando y hablando, Jack entendió que el otro también necesitaba eso, que él también lo había extrañado, que no era un escape ocioso de último momento. Cuando lo recibió a los pies de la escalera que llevaban a su casa, y lo besó incapaz de contenerse más, Jack entendió que para Ennis del Mar aquello tampoco era fácil. Me quiere… se dice en medio de la noche, en su cama, y siente ganas de lanzar un jadeo. Si, Ennis lo quería, no podía engañarse, pero no lo suficiente. El cariño de Ennis no alcanzaba para moverlo a decir o hacer nada; la cantidad de su afecto no le costaba nada. Y eso era algo que Jack debía aceptar aunque doliera. 

   Su mirada va a la esfera del reloj, las dos de la madrugada. ¿Qué estaría haciendo Ennis del Mar en esos momentos? Dormir, claro está, se dice con mortificación, sintiéndose tonto (¿dónde iba a estar a esas horas?) y molesto. Seguro que dormía en paz, como un bendito, porque su poco amor no alcanzaba para lastimarlo, para mortificarlo o desvelarlo. Ennis no sentía miedo de perderlo, porque si no volvía él seguiría su vida como si nada. Y nuevamente cierra los ojos, cerrando los puños para controlarse, con unas terribles ganas de llorar. Porque no quiere que sea así. Quiere que Ennis lo extrañe, quiere que Ennis lo necesite. Desea saber que Ennis sueña con él en esos momentos a que están juntos en Brokeback Mountain, corriendo desnudos hacia el lago, y que se sumergen, se tocan y ríen, mirándose a los ojos brillantes, uno junto al otro, excitados, abrazándose y besándose antes de hacer nuevamente el amor, momento en el cual Ennis lo miraría, con sus oscuros ojos y le diría que lo amaba, que jamás imaginó amar a nadie como lo amaba a él. Jack quiere saber que Ennis lo necesita tanto como él a Ennis, y eso le duele tanto que jadea ahogadamente, ganándose un gruñido de Lureen. 

   “Ennis, Ennis, ¿por qué no estás a mi lado? ¿Por qué no estoy junto a ti en estos momentos, descansando contra tu espalda caliente, deseada, sabiendo que mañana me besarás y amarás otra vez? ¿Por qué no puedo tenerte si tanto te quiero? ¿Por qué no estamos juntos si es todo lo que le pido a la vida, sí es lo único que necesito y deseo? ¿Sabes acaso que algunas noches le pido a Dios que nos permita estar juntos, arriesgándome a que me castigue por pecador? Pero no me importa, sólo espero que un día Esté de buenas y tal vez nos ayude; aunque transcurren los días y nada pasa. ¿Por qué mis rezos no pueden ser oídos, por qué mi llanto debe ser recibido con burlas y risas, por qué mi dolor no le importa a nadie? Te grité que tal vez no vuelva, pero en este momento sólo puedo rogarle a la vida tener la oportunidad otra vez de sentir tus manos recorriéndome con urgencia, acariciando y apretando mis hombros, que se encorvan un poco ya por la vida servil que llevó al lado de mi suegro, un carajo que me odia. Quiero que me abraces, que me acunes como sólo tú sabes hacerlo, sin decir nada, pero firme, caliente, amoroso, antes de besarme con hambre y con ternura, como si necesitaras beber de mí antes de encender todo el fuego de la creación hasta que me llenas de ti.” 

   Jack está muy quieto, con los ojos muy cerrados, sintiéndose vulnerable, triste. En esos momentos sólo le pide al dios de los sueños que sea bueno y lo lleve con su Ennis del Mar, para verlo nuevamente, como lo vio frente a la oficina de Aguirre, callado y serio, esquivo y huraño, pero también emotivo, necesitado y lleno de ternura ruda. Quiere que ese dios de ilusiones lo lleve al lado de Ennis y que vuelvan a estar juntos en sus sueños. Quiere soñar que están unidos y que se aman, que pueden mirarse con ternura, que Ennis le acaricia en forma ruda una mejilla porque le nace hacerlo, porque quiere, sin cuidarse de que nadie los vea. Desea el mundo de las fantasías donde no sienten miedos ni culpas, donde pueden ser Jack y Ennis, dos hombres a quienes la vida juntó en una montaña y descubrieron que se amaban con tal fuerza que ni el tiempo, la separación o la entrada de otros en sus vidas había podido acabar con eso. Un mundo quimérico donde pueden salir juntos y tomar una cerveza, mirándose con amor sin que la humanidad los ataque. Jack desea que Morfeo lo lleve a la tierra donde no dañan a nadie si los dos caminan juntos, riendo, bromeando, chocando sus hombros rudamente, pero también con ternura, una que se nota de lejos. 

   Jack tiene que tragar sus lágrimas ardientes porque se sabe perdido. No puede abandonar a Ennis, no puede dejarlo, jamás podrá olvidarlo porque cada sonrisa del otro, cada palabra, amable o dura, estaban grabadas en su corazón, y una y otra vez eran reproducidas en su cabeza, y lo ama más, y también lo llenan de frustración. Está perdido porque su cuerpo todo le pertenece al otro, quien sabe qué tiene que hacer para hacerlo gemir, estremecerse y arquearse contra él. En su cuerpo lleva la marca, a fuego, del hierro de Ennis del Mar, una marca que le grita al mundo que él, Jack Twist, le pertenece. Extraña hasta la angustia sus caricias, y el dolor terrible en que lo sumía su ausencia sabía que jamás menguaría. Pasó cuatro años después de bajar de esa montaña extrañándolo en cada acto de su vida sin estar consiente de ello, llamándolo en su mente una y otra vez, y con su cuerpo sin saberlo, buscándolo en cada paraje, en cada tipo delgado y fibroso que iba de espaldas por una calle, anhelando en medio de sus sueños su cuerpo, su presencia. Habían sido cuatro años en los que vivió entre juegos y tonterías; jugó a ser el marido de Lureen, a ser padre, a llevar un negocio, pero su vida se había detenido cruel y dolorosamente hasta el momento en que Ennis lo besó, con una tosca y urgente pasión, al reencontrarse con él. 

   Lo que queda de la noche, el hombre durmió entre sobresaltos, entre suspiros dolidos, y hacia el amanecer, Lureen creyó notarle las huellas de unas lágrimas secas ya en sus pestañas. Pero no preguntó. Y el nuevo día fue duro para Jack Twist. Desayunó, jugó con su hijo, al que miraba con un amor que enternecía a Lureen. Fue al negocio, a enfrentar a los clientes, a Lureen sacando cuentas, exigente, y al suegro. Encerrado en su oficina, sintiéndose asfixiado, atrapado, sólo podía pensar en huir. El teléfono sonaba y sabía que era la suegra para invitarlo a almorzar, como hacía cada tres días a la misma hora. Y eso le molestaba, lo hacía desear gritar, pero terminaba aceptando para ser aguijoneado mil veces por el suegro, quien lo hacía sentirse inconveniente y poco valioso. 

   -¿Si? –no puedo evitar el tono de amarga molestia. 

   -¿Jack? –y el corazón le dio un violento vuelco en el pecho, tanto que se sintió débil, casi mareado.- ¿Jack…? –se repitió la llamada, con voz trémula, como si aquello fuera una osadía terrible; y Jack detectó una nota de alarma y temor en esa voz. De debilidad, como nunca antes. 

   -Ennis… 

   -Vas a venir, ¿verdad, Jack? ¡Tienes que venir conmigo! Todo estará bien de ahora en adelante. Nada se interpondrá esta vez. Te espero. Será un maravilloso fin de semana. Te lo juro, Jack… 

Julio César.

SIEMPRE PASA

Domingo, Enero 20th, 2008

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   Cuando hay bate a la vista no hay cerebro… 

   -Eso es catire, así, sube y baja. Aprieta. Hummm… que rico lo haces. –gruñe la gruesa voz echada de espaldas sobre el sofá.- Me lo estás quemando…

   -¡Dios, es tan grande…! -gime el catire, ladeado, sonriendo ante lo que goza.

   -Pero te mueves bien. Calza completito. Ohhh… cuando bajas se siente tan…

   -Renato, ¿qué haces? –grita la alarmada voz de Amanda, viendo a su marido montando el potro, quien enrojece y abre mucho sus ojos con candor.

   -Querida, no es lo que crees…

   -Claro que no, ¿verdad? –es dura.-  Sebastián… saque esa yuca que tiene tan enterrada. –ordena.

   -Está bien, hermanita. Pero te digo una vaina, al cuñado le hacen falta más atenciones… 

Julio César.

TRUCOS DEPORTIVOS

Domingo, Enero 20th, 2008

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   Con esa carita… 

   Tony es la nueva joven promesa de la gimnasia norteamericana, apuesto, bien formado, elástico y dedicado. Siempre llegaba tranquilo y sin nervios a una competencia. Pocos podían saber que la noche antes, luego de las prácticas, esperaba ser el ultimo en salir, y una vez en los vestuarios, usando únicamente su suspensorio sudado, se metía de cabeza en la gran cubeta donde todos echaban sus ropas interiores. El joven jadeaba entre las prenditas olorosas, gimiendo, llenándose los pulmones. Casi nadaba. Su cara se enterraba en montañas y montañas de suspensorio usados, sudados, medio orinados, medio olorosos a semen. Mordía. Lamía, chupaba tela. Se hundía todo, casi cubierto, sintiendo las telas sobre su cuerpo, asfixiado ante el rico olor a machos, mordiendo una, dos o tres, mientras que con una mano se daba en un pezón, con la otra, teniendo uno de esos trapitos, jugaba al soldadito que quería entrar en su casita, muy abierto de piernas. Eso bastaba para… correr de sí toda tensión y llegaba ligerito. Funcionaba, ¿qué más se podía pedir? 

Julio César.

LA LOCURA DE LA ERA… (4)

Domingo, Enero 20th, 2008

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   Con una crisis de valores, rodeados de mil problemas causados por las desigualdades sociales, políticas y económicas, caímos en el año dos mil, el nuevo siglo, algo que parecía lejano y misterioso, como si nunca fuéramos a llegar. Al paso del noventa y nueve al cero cero, el mundo debió enfrentar nuevamente los miedos atávicos de todas las profecías habidas y por haber sobre el fin del mundo, desde el Apocalipsis, al Hercobolus y aún al virus de las computadoras que nos regresarían al mil novecientos causando un colapso tecnológico. Ninguna se cumplió, cosa que no desanimó a los místicos a pesar de verse de tanto en tanto en el apuro de tener que explicar por qué el mundo seguía aquí. Ah, pero son gente descarada, casi admirable, en seguida estaban escribiendo nuevos libros y ganando más plata profetizando el final para otro momento; por ahí ya se habla de un planeta rojo (dicen que no es Marte) que se acerca a la Tierra, con quién sabe qué intensiones.

   ¿Qué traería el futuro como regalo a la humanidad? ¿Las bases en
la Luna y el Imperio Galáctico? ¿Las ciudades submarinas? ¿El fin del cáncer, la diabetes y el sida? ¿Un método para adelgazar mientras se mira televisión sin hacer nada más? ¿Una forma práctica de viajar astralmente? No, no nos dio tiempo para soñar con todas esas maravillas que se suponía ya tendríamos en esta época. ¿Qué ocurrió en verdad? El 11 de septiembre de 2001 tres aviones comerciales llenos de civiles inocentes fueron secuestrados y desviados, hasta que se estrellaron, dos en Nueva York derribando las Torres Gemelas, y uno en Washington sobre el Pentágono, y se inició una nueva era de temor, regresábamos a la pesadilla de la muerte súbita que podía llegar a manos de dementes violentos. El miedo al terrorismo talibán en este caso.
 

   Siquitrillados los comunistas, ahora era el turno al bate de los enemigos del Islam y de Occidente, los fundamentalistas. Bastó tan sólo una mañana para que revivieran todos los temores a la guerra, a la muerte, a la violencia. Con la caída de las Torres Gemelas cayó la sensación de seguridad y poder de Estados Unidos y de Occidente todo; la violencia y la muerte podía llegar en gran escala a cualquier lugar. El espejismo de un mundo a salvo se había roto. Ahora la muerte podía estar moviéndose en cualquier terreno, en un avión que despegara de aquí o allá, de una bolsa abandonada cerca de los rieles de un tranvía. Recuerdo que ese día trabajaba y mi jefe venía con ojos espantados, más sorprendido que angustiado, a decir que un avión se había estrellado contra el edificio. No le creí y fui hacia el televisor, y aunque estaba allí, viéndolo, me resistía a aceptarlo. 

   Me pasó como cuando el secuestro en el Urológico San Román, aquí en Venezuela, cuando la policía terminó con el incidente matando a todo el mundo dentro del vehiculo donde escapaban secuestradores y raptados, atendiendo a la máxima de que muerto el perro se acabó la rabia. Yo no podía creerlo (ni lo del Urológico ni lo de las Torres). Después de eso vino la guerra, ¿qué otra respuesta cabía? Hasta los afganos, donde decían estaban los organizadores del atentado, lo esperaban. Siempre recuerdo la cara de un tipo barbudo y joven, que armaba una carreta a toda velocidad para llevarse a su familia y lo poco que tenía, diciendo con miedo y angustia que se iban porque sabía que los norteamericanos llegarían y quería huir antes de que cerraran las fronteras; era el drama del tipo común, que sólo quiere comer, hablar, reír, ver crecer a sus muchachos y acostarse con su mujer, en contrapartida de los ‘poderosos’. Vino una guerra, y luego otra, y la gente se fastidió. No era extraño, era la misma gente que vivió en medio de la fatuidad de los noventas y educó a sus hijos en esos valores, el mundo había olvidado lo que era el esfuerzo o la constancia. Eran las familias a quienes los hijos decían que querían ser militares y al parecer jamás se les ocurrió que podía haber una guerra, o que el enemigo se molestara y atacara también.  

   Es el mundo de los artistas que lloraban por los niños afganos e iraquíes pero que les tiene sin cuidado los niños que caen al mar y se los comen los tiburones mientras intentan escapar  de la isla prisión, Cuba; o de los que se quedaban allí utilizados en el turismo sexual, esperando a los alegres viajeros tan preocupados por la revolución digna del pueblo cubano, defendiendo al viejo barbudo que regenta el burdel (al menos se lo agradecen con declaraciones anti imperialistas o contra el bloqueo). Y en este punto, el de tanto bobo en Hollywood que defiende sistemas aberrantes, debo hacer la salvedad de que no creo que lo hagan por complicidad con los que manejan el burdel caribeño o los pone bombas, o porque atacando la guerra y a su país hacen más propaganda para ganar centimetraje en la prensa. Creo que lo hacen porque son personas de mentalidad algo simples, no tontos, no me malentiendan. Pero al final de cuentas no se puede pedir más de los artistas, fuera de que se vean bien. No tienen porque ser realmente inteligentes o racionales 

   El dosmil llegó envuelto en fuego y humo, con rumores de guerra otra vez. Creo que, fuera de que el señor George W. Bush y su tren ejecutivo han demostrado hasta la saciedad que son gente incapaz hasta de tocarse la nariz frente a un espejo y usando las dos manos (y lo siento por la señorita Condolezza Rice, quien tiene una pinta de fábula), a Estados Unidos no les quedaba otro camino sino la batalla. Fueron atacados en su territorio, y gobierno que permita eso y no haga nada, está jodido. Además quien lanza un avión lleno de personas contra un edificio, ¿qué le impide hacer estallar un artefacto nuclear en la plaza de San Pedro, o en Madrid, o en California? ¿Su buen corazón? ¿La cordura? ¿La decencia? Quien quiera engañarse que meta la cabeza en la arena como hace Europa (con el peligro de que dejan el culo afuera), quienes ven como grupos fanáticos del poder para sí, gritan y amenazan con matar a todo el que no les deje hacer su real gana, y que ven como se arman, pero no hacen nada porque creyendo que dejándolos hacer, desviarán su odio irracional y su violencia y que así se protegerán. Es como la familia que ve que a su vecindario se muda gente agresiva y grosera, que gritan y golpean a los que están cerca y toman lo que les da la gana porque nadie puede reclamarles o serán victimas de su rabia, y piensa que con el recurso de no verlos, ignorándolos, ya el problema desaparece, que están a salvo. 

   Y la situación europea es dramática, rodeada de infortunios; primero, los viejos mercenarios que cobraban de la extinta Unión Soviética, la recua que se hacía llamar intelectuales que controlan medios de comunicación, continúan recibiendo dinero para atacar a todo el que enfrente o diga algo contra el terrorismo, los dueños del capital de las drogas y armas, o los nuevos déspotas en países del Tercer Mundo que pagan sus buenos dólares a costosos lobbys. Segundo, del lado de las voces sensatas y valientes se fueron Oriana Falacci y el papa Juan pablo II. Tercero, aparentemente la era de Tony Blair está por terminar y tal vez el Reino Unido caiga en las aberraciones que sacuden a la pobre Francia de Mitterrand, que no da pie con bola, o más cercano, a la del alcalde de Londres. Lo que viene puede ser la era tipo Rodríguez Zapatero. ¡Pobre Europa! Por suerte la canciller alemana, Ángela Merckel, parece tener tabaco en la vejiga. No todo podía ser tan malo como las corrientes de caudillismos del siglo dieciocho y diecinueve que amenazan barrer con toda Latinoamérica, mientras muchos aplauden. 

   Hay quienes dicen que el mundo afronta un enfrentamiento entre Oriente y Occidente, y puede ser verdad, esos choques siempre han existido. Pero en este caso en particular, no lo parece. Uno cree detectar sólo ambiciones demenciales de pequeños grupos que quieren una obediencia perruna, una sumisión total a sus caprichos, vicios o demencias, del resto de la población. En todas partes se sostiene que el señor Bin Laden, es uno de los hombres más rico del medio oriente, y tal vez del mundo, y que se ocultaba en Afganistán, un país increíblemente pobre. Nunca se oyó que utilizara esa fortuna para construir hospitales para combatir enfermedades, o plantas desalinizadoras para obtener agua dulce del mar, o proyectos para convertir el desierto en tierras fértiles. ¿Cuantas universidades creó que generaran un ejército de maestros contra la ignorancia, médicos, o arquitectos, o ingenieros? Que yo sepa, ninguna. Claro, hay más gloria, dignidad y belleza en comprar bombas y pegárselas a un pobre diablo al cuerpo y enviarlo a morir por su causa, para su gloria personal. De verdad todo eso suena justo y necesario. Y se supone que debemos admirar eso, verlo como un ejemplo de lucha y dignidad de un pueblo pobre contra la Gran Satán.    No construiremos una sola fábrica que de empleos, ni una carretera para transportar alimentos, muchos menos conseguir animales de cría para entregárselos a la población, compraremos ametralladoras y explosivos, para la gloria del Profeta; gritan, y se supone que hay que creerles, y respetarlos. Hay quienes sostienen que es algo cultural y que hay que dejarlos hacer, porque así son, que salgan y maten que ya se cansarán en algún momento. Entonces uno tiene que preguntarse porqué un hombre que viene de un hogar violento no tiene el derecho cultural de matar a palos a la mujer o a los hijos. Debe ser porque aún estamos en los años que van del dos mil al dos mil diez, pero aún no veo la cinta que describa este tiempo de gente que mata monjas a golpes para demostrar que ellos no son los grupos violentos que sostienen los malhablados; y que si los llaman violentos los ofenden  

   ¿Será que el demente soy yo, o esta es simplemente otra manifestación más de la locura de la era? 

Julio César.