Archive for Diciembre, 2007

JAKE GYLLENHAAL, ¿EL MÁS GUAPO…?

Viernes, Diciembre 28th, 2007

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   Podría ser talento, claro, pero yo creo que es él… 

   Discutiendo con conocidos y amigos, por algo que leyeron que escribí sobre el sex apel, el carisma (que palabrita tan fea y peligrosa), comenzamos a discutir sobre la veracidad de ciertas afirmaciones. La idea de la belleza, o el atractivo, lo grato, varia tanto como aquello de la inteligencia. Madonna, más que una belleza, tiene una gran figura, pero su talento la hace brillar como una estrella en medio de un mar de menos talentosos. Su personalidad, su música, su canto y baile, hace de ella esa personita menuda pero fascinante. 

   Igual ocurre con los hombres. Hay deportistas que son considerados iconos de belleza, más por su habilidad, vitalidad e incluso su aire de salud y energía, que por rasgos físicos armoniosos, aunque los halla, como el detestable señor David Beckahm. En casos como el señor Brad Pitt, se le reconoce que es apuesto, y mucho, hay que admitirlo, aunque no sea el preferido de nadie. Lo suyo viene dado más por una genética privilegiada. En la cinta ¿CONOCES A JOE BLACK?, se le montó un reflector encima para que marchara sobre él durante toda la película, ese tipo se veía realmente ‘bonito’ en es filme; que fue, supongo, lo que deseaban lograr. Y no actuó ni mal. 

   Hay artistas que transmiten más de lo que es posible ver por encima, y al ser algo subjetivo, algo que cada quien decide, es difícil que otros lo noten a simple vista. Matthew Brodericx me parece un actor genial, alguien amable, buena gente y agradable, porque en sus cintas transmite eso, ternura, vulnerabilidad. Harrinson Ford es la fuerza, el aguante, el que luchará hasta el fin, como el Presidente de una nación amenazada o el padre de familia que toma sobre sí la responsabilidad de defenderla con sus manos. Bruce Willis tiene encanto, ángel, es el tipo duro y peligroso que debe enfrentar al mundo y lo vence, bañado en sangre y sucio, pero irónico e indomable todavía. Y son tipos bien parecidos además (para colmo, agregaría yo). 

   En esa categoría entró, hace tiempo, Jake Gyllenhaal aunque no me quieran creer ahora los conocidos, creyéndome víctima de la fiebre de su última cinta. Desde que lo vi en CIELO DE OCTUBRE (October Sky)  y como en EL CHICO DE LA BURBUJA (Bubble Boy), me pareció un tipo increíble, alguien capaz de transmitir ternura, cariño, pesar; era el chico aparentemente débil que enfrenta con mirada limpia y brillante, y sin embargo retador, un mundo más fuerte, mundo que tiene que doblegarse y ceder ante él. En JARHEAD uno decía, guao, de dónde sacó ese cuerpo, pero el personaje, aunque más fuerte físicamente, mantenía ese rasgo de la personalidad que lo hace atractivo: sufre, enfrenta fuerzas superiores, es un rebelde al que no se le quiere vencer en verdad; uno lo imagina secuestrado ganándose a sus captores quienes llegan a amarlo. 

   Pero fue en BROKEBACK MOUNTAIN donde uno terminó de quererlo, por ese personaje tan cálido y tierno que creó. Era el sujeto que intentaba saltar por encima de sus fuerzas para alcanzar su lugar en el mundo, fracasando, viviendo a medias, atormentado por una vida no realizada. Expresando tantas cosas con silencios y miradas, no tan intenso como Heath Ledger, a ese nivel, pero igual de sobrado. Para mí se convirtió en el mejor, el consentido. Me volví su fan, y como tal me parece que es inteligente, amable, buena gente, buen amigo, desinteresado y maravilloso. Me molestaría descubrir un día que golpea mujeres, o a niños, o sale por ahí en una campaña idiota protegiendo a dictadores de islas caribeñas contra su Gobierno en lugar de ponerse de lado de los prisioneros del dictador que sueñan con su libertad (dicen que es inteligente en verdad, y como aparentemente no gusta de las drogas seguramente no caerá en esos exabruptos). Gente como él tiene demasiada responsabilidad a ciertos niveles. 

   Pero dejemos la intensidad. No sé si realmente alguien lee estas páginas, pero me interesa saber qué piensan: 

   ¿Será cierto que el atractivo o la belleza de otras personas radican en la mirada de quienes miran y admiran? 

   ¿No es Jake más atractivo que la mayoría?  

   ¿Es realmente un tipo guapo, o sólo un buen sujeto sostenido por su talento? 

   Espero que estemos en contacto. 

Julio César.

UN JEFE MUY EXIGENTE

Viernes, Diciembre 28th, 2007

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Julio César.

SALUD, AMIGOS…

Lunes, Diciembre 24th, 2007

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   Con todo lo que significa para cada quien, desde tiempo de reencuentro con su gente, con las amistades y las personas amadas, hasta los que celebran con sinceridad en sus corazones un nuevo cumpleaños del nacimiento de el Salvador, el día de Navidad es como la noche de Año Nuevo, esperanzas, alegrías, risas, nostalgias y penas se mezclan. Cada quien hace el balance de su vida… 

   Espero de corazón que el de cada uno de ustedes, sí están ahí, sea maravilloso, aún aquellos aquejados por penas, enfermedades, pérdidas o problemas. Por una noche olvidemos y celebremos como si fuera el fin del mundo; vamos a entregarnos a la dicha… ya mañana nos ocuparemos de la realidad. Aunque no el día de mañana precisamente, 25 de diciembre, el día del Señor. Mejor lo dejamos para pasado mañana. La vida sigue, amigos, pase lo que pase, continua siempre, aún si partiéramos de pronto… 

   Que cada uno encuentre paz, consuelo y cariño allá a donde vaya, siguiendo la voz de su corazón. Que sea un lugar hermoso, de sueños, de tranquilidad, uno que les pese un poquito después, dejar… Un lugarcito que nos haga pensar, aunque sea por esta noche, que ya no hay nada mejor, que estamos con las personas que hacían falta, que ya todo está bien… 

   F E L I Z       N A V I D A D      2000

Julio César.

CRISTINA DE KIRCHNER TROPEZÓ CON LA VALIJA

Lunes, Diciembre 24th, 2007

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   -No sabía, créanme, soy tan inocente como Richard Nixon… 

   Nada bien comienza la señora K, como le dicen los argentinos a su nueva presidente para hacerse los interesantes. De aquel sonado caso del 8 de agosto de este año, sobre una maleta con ochocientos mil dólares que intentaron meter ilegalmente a la Argentina, y que todo el mundo, menos ella y su marido, suponían era para su campaña política, acaba de estallarle en Miami. El señor Antonini Wilson, colaboró con el FBI, reuniéndose con los ‘socios’ llevando micrófonos de pies a cabeza. Comentan que entró diciendo: probando, probando. Uno podría pensar: maldito sapo delator, José Canseco y tú se jodieron; pero a parecer los socios no habían ido para interesarse en su salud o su vida, sino para amenazarlo con que callara de dónde salieron esos reales y para quién eran, o lo pagaría y su familia también. Siendo así se entiende que el tipo, pasado el soponcio, llamara al FBI. En su lugar yo no sólo canto, sino que bailo y hasta hago trucos de magia. 

   Nada más dar su primer informe las autoridades de Miami, la señora K salió a coclear como gallina que quiere poner un huevo pero no puede. Palabra más, palabras menos, pareciendo por un momento poseída por el espíritu del presidente venezolano, Hugo Chávez (quien lo aprendió de Fidel Castro), gritó que eran calumnias y una trampa de la CIA. Creo que no dijo CIA, pero lo dejó flotar como una ventosidad. Según, aunque tampoco lo dijo directamente (ah, qué buena político resultó), no fue un avión argentino donde viajaron los implicados en el valijagate, ni era el enlace argentino con PDVSA (quien renunció para luego ser llamado nuevamente por ella a formar gobierno) quien traía a los alegres viajeros (es increíble el desprecio que sienten estos sujetos por sus gobernados), ni era el señor Kirchner el presidente que no supo explicar qué pasó con el viajero, con la maleta (dicen era de cuero, pero se dicen tantas cosas), los dólares o la huida del sujeto. Nada. Ellos son unos recién nacidos libres de culpa y paja. Todo, el avión, los ahora ministro y el ex presidente, no eran ellos, eso no pasó; todo fue producto de una tortilla de huevos y jamón muy cargada que consumió la gente de la prensa. Todo fue un montaje, todos eran agente de
la CIA que aprovechaban que ella y su marido dormían para echarles esa lavativa.
 

   Las suyas casi parecen una copia de las infelices declaraciones de William Lara, ministro de desinformación venezolano, quien se arrecha con lo que pasa en Miami, pero en todos estos meses no había hecho nada por saber, y que el venezolano común supiera, de dónde salieron todos esos reales (cuando el Gobierno persigue gente que gasta más de trescientos dólares), por qué estaban en ese avión y a quienes iban dirigidos. Nada investigó el inocente William, nada hizo y como siempre, por ineptos, ahora están atrapados por las declaraciones de los imperfectos e investigaciones en Estados Unidos, acompañado ahora por la señora K en eso. Siempre les pasa, no hacen su trabajo y luego gritan presas de la histeria, soltando gallos y plumas, que es una trampa, una tramoya, un invento de gente maluca. Y doña K parece haber tomado buenas notas de la manera de responder ante cada caso de corrupción que se presente ahora y muy seguramente en el futuro. Lo dicho, parece una mujer muy hábil en el ñemeo. 

   Esa desvergüenza, falta de escrúpulos y hasta de amoralidad de la que hizo gala la señora K, no debería sorprender en gente que admira los regímenes de cortes militaristas y autoritarios donde los gobernantes hacen lo que les da la gana y se pasan las leyes por el… cuello sudado; pero cónchale, hay que tener un límite. Aunque sólo sea para salvar la cara. Esta señora no puede pretender pararse delante de un micrófonos, decir cuatro imbecilidades no muy bien urdidas, que nada explican, ¡porque NADA explican!, y sólo acusar de que quieren perjudicarla porque ella es bella y maravillosa y eso no lo soportan, siguiendo la vieja cartilla de la dictadura cubana a quienes se meten con ella. Ella no puede decir sólo vaguedades y pretender que todo se resuelve, mientras piensa: ya, con esto tendrán estos argentinos cretinos… 

   Señora k, tampoco así, al menos intente inventar algo mejor… 

Julio César.

MUJERES, VIGILEN BIEN…

Lunes, Diciembre 24th, 2007

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   ¿Recién casado que sale en traje de baño a una piscina? ¡Cuidado…! 

   Antonio y Rebeca, recién casados, aún no habían hecho nada de nada porque la joven tomó mucho el día anterior y se la pasó vomitando, ahora estaba enratonada. El hombre la dejó descansar, saliendo en traje de baño a dar unas vueltas, cuando se topó con otro carajo, a quien también vio llegar de recién casado la noche pasada, ¡masturbándose en una silla plegable!  

   -Epa, ¿qué haces? –se intrigó, ante tan enorme, y rojizo, misterio.  

   -Lo siento, pana. A estas horas generalmente no pasa nadie y… -sonríe sólo un poco azorado, agitando sus vergüenzas, sin ninguna vergüenza, ganándose una mirada cautiva de Antonio sobre la cuestión, de la que sabía, por práctica propia, que ese líquido no era sudor.- …mi mujer y yo acabamos de casarnos, y ella quiere hijos ya. Yo no todavía. Se niega a los métodos anticonceptivos y yo voy a intentar llegar seco a la vaina para no regar ninguna semilla. ¿Sabes lo cara y escasa que está la leche en estos momentos?  

   -Es por eso que no debería botarse así. –se le escapó riente como una broma. El otro se echó a reír.  

   -Tiene razón. ¿No quieres acércate y explícame cómo la aprovecharías tú…? Hummm… ya veo, consumirla es mejor. –gruñó cuando el otro bajó.- Vaya, qué ganas, ¿tu mujer anda indispuesta? –ríe, palmoteándole una nalga, intimidad entre machos.- Veo que no hablas con la boca llena, bien por ti. Y ¿esto cómo está, caliente y mojado…? -baja un poco de tela, toca, hala y explora.- Este loco como que también quiere. El ratoncito no ha comido, ¿verdad? Aunque no sé… -duda por un momento. Instante que el otro aprovecha para aclarar.  

   -Los hombres no nos preñamos.  

   -¡Coño, es verdad! Ponte en posición. –ordenó. 

Julio César.

HILARY CLINTON!!! IMPOSIBLE…

Lunes, Diciembre 24th, 2007

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    -Es por culpa de ese maldito hombre… 

   Como muchas cosas en esta vida, la expresión “y de repente le cayeron todos los años encima”, tiene algo de razón, pero es sencillamente imposible que esta sea la cara actual de Hilary Clinton, esa mujer de sonrisa fácil pero no amable, de mirada directa, pero no femenina sino calculadora, inteligente, de porte altivo, llena de clase y elegancia. Esta fotografía anda rodando por la Web y uno imagina, sin creer estar calumniando a nadie, que fue puesta ahí por un enemigo político. Dentro de un texto encontrado en la pagina de NOTICIAS24, leí a un asesor de imagen estadounidense decir que esta fotografía podía costarle la presidencia a la preparada mujer, ya que el pueblo norteamericano aceptaba la vejez del hombre como algo natural y elegante, pero en la mujer le causaba alarma, que nadie querría ver a Hilary envejeciendo día a día a ojo vista. 

   Me alegra decir, que por segunda vez en mi vida, coincidí con el parecer general de los que escribieron su opinión. Primero, que esto debe ser un montaje, porque esta mujer cuida su imagen más que a su matrimonio; que debe tratarse de un truco de computadoras, ya que aunque es verdad que se acerca a los sesenta, solamente son unos añitos más que la señora Cristina de Kirchner, y esta se ve lisita (aunque hay quienes sostienen que la mala fe conserva). Lo segundo es que si los norteamericanos la rechazaban por eso, por envejecer, habrá resultado la gente más necia de todo el universo y una suerte bien negra, ya que esta mujer hábil y capacitada es la que se supone dirigió tras bambalinas el avance del gobierno Clinton, el cual es recordado como una buena época. Tercero, que si esto ocurría, que la rechazaran, Hugo Chávez tendría que calarse otro periodo más a un compinche de Bush en la casa blanca. 

   De verdad no creo que sea real. Debe ser una tremendura de alguien (imaginarán de quiénes), pero si lo fuera, eso no mermaría su inteligencia o facultades mentales; lo que sí es que hablaría muy mal del marido, ese Bill debe ser realmente vil. Qué mala mano, mijito. Aunque hay quienes sostienen, de cuando la pareja visitó Venezuela durante el segundo mandato del viejo Rafael Caldera, que el tipo resulta más atractivo y agradable de trato que ella, lo que salta a la vista (parece algo arrogante); pero con la joyita del marido enredado en mil escándalos, con la presión de una campaña presidencial, con tantos problemas que tendrá que afrontar si llega, a cualquiera se le cae el almanaque encima. Querida, un consejo de alguien que no te conoce pero que tampoco te desea mal: sí eres tú en verdad, y sí así andas en tu traje de Eva por las calles, mándalo a planchar primero… 

Julio César.

MI AMIGO ROMÁN

Domingo, Diciembre 23rd, 2007

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   Hasta la última gota… ¡el muy muerto de hambre! 

   Por alguna razón nunca he hecho buenas migas con los maridos de mis amigas, no sé si es porque las celos sin darme cuenta y me parece que todos ellos son unos idiotas; o porque ellas me tratan con demasiado cariño y me cuentan vainas que tal vez sus maridos no quieren que se sepan. No es el caso de Román. Siempre me extrañó que toleraran a este pana, alto y fornido, bien parecido, guapo pues, con esa ruda virilidad que hace que la gente se vuelva a verlo, mujeres y hombres, ¡dígame los pobres chicos liceístas! Me preguntaba por qué los maridos si lo buscan a él, a quien yo no le presentaría una novia nueva. La explicación la tuve una noche en una fiesta de bautizo, el muy muérgano había sido el padrino del hijo de Mariana. En un cuartito, vi a René, el compadre… cuando le daba la absolución que este tragaba con gusto. ¡Que vaina!, pensé, acordándome de ustedes, amigos, tomando esta fotita no muy buena en calidad. Debieron oír como gruñía y tragaba ese carajote, lengüeteado y chupando; no quería perder ni una gota. Degustaba, ponía los ojos en blanco y esa manzana de Adán subía y bajaba con rapidez. Y René con la boca abierta se veía que gozaba una bola y parte de la otra, meneando la melcocha un poco más todavía, meciendo las caderas. Luego supe que Román le hacía ese trabajito a casi todos los conocidos. En un momento dado se paraba dizque para ir al baño y durante quince minutos no se sabía nada de él y de algún otro, u otros, porque me dicen que la cosa es enea… ¡Pero no a mí! Gracias a la foto logré que también me atendiera. Y creo que le gustó mi sabor, ahora me visita muy asiduamente cuando sabe que estoy solo; pero mirar su lengua cubierta, verlo relamerse y buscando más, es suficiente para querer atenderlo. Pobrecito, le gusta tanto… 

Julio César.

RELATOS CONEXOS… (5)

Viernes, Diciembre 21st, 2007

…CONTINÚA  JUVENTUD, DULCE Y CRUEL…chico-justiciero-2.JPG

   El chico lo intrigaba por alguna razón… 

   Creyendo que era un error (cosa que no lo detuvo), el uniformado se desprendió de su escolta, y fue hacia el interior del liceo, hacia los baños, al encuentro con Lucas, para disculparse. Aunque ni él mismo sabía cómo iba a hacer eso. Disculparse no estaba en su naturaleza, aunque sí el ser dócil y solicito con los superiores (hala bolas, como decía la maldita vieja que tenía por suegra). Intentaría ser amable, aunque no blandito, e invitarlo a tomar ese café que le rechazó en la mañana. Y mientras va con porte altivo, elegante en su uniforme blanco, y el quepis sobre la frente, siente la urgencia de verlo, de hablarle, de borrar la mala impresión que dio y ver que el chico sonreía nuevamente, perdonándolo. Eso le provocó un nudo en la garganta, sintiéndose ridículo, necio. Y maricón. Pero no, no haría nada que lo pusiera en evidencia. Sólo hablarían, tomarían algo, tal vez una cerveza (el calor era horrible, sentía la espalda y la nuca húmedas); sólo serían dos carajos que se agradaban. O eso quería creer el hombre, que a pesar de su edad y experiencia en la vida, se engañaba. La carne, y el corazón, tenían razones que la razón no entendía, y eso iba a comprobarlo Justino Rosas, dentro de poco.  

   El corazón le late con esfuerzo cuando entra en los urinarios de los muchachos, y repara en las rayas y letreros, en la pintura destartalada y en un cierto deje a amoniaco, a pesar de que en apariencia, estaban limpios. Encuentra a Lucas, de pie, con las piernas algo abiertas, frente a uno de los urinarios de pared, manipulando algo, y el hombre entiende que ya meó y ahora se guardaba el coroto. ¡Coño’e la madre, un minuto antes y habría podido…! Pero lo deja así. No quiere seguir esa línea de pensamiento que le provoca miedo, calor en la panza y resequedad en la garganta. El joven se vuelve a mirarlo, no serio o malencarado, pero no jovial, como es siempre.  

   -Liscano, ¿cómo está? -pregunta ronco, sintiéndose cortado e idiota.  

   -Bien, señor. -lo mira intrigado. El hombre va a su lado y se abre la bragueta.  

   -Con este calor uno toma mucho agua, y después todo se va sudando o meando. -gruñe, mirando al frente, algo enrojecido, sacándose el tolete bastante de la bragueta, como para que (sí Lucas quería) lo viera bien.  

   -Yo me la paso meando y sudando. -acota algo ronco, el joven.  

   La mirada de Lucas cae, sin poder evitarlo, sobre ese güevo rojizo oscuro. Justino la siente, era como si lo estuviera tocando. Nota esa mirada sobre su tranca como una cálida brisa que lo va acariciando directamente. La garganta estaba secándosele. Terminó de orinar, y mareado y asustado (a pesar de su tamañote y edad), no lo guarda, no lo cubre, no se lo escupe ni le habla. Sólo lo deja allí, colgando, hasta que se medio vuelve hacia Lucas, cuya mirada clara y franca cae sobre el tolete, antes de mirar al hombre. Sus miradas parecen atadas, y el moreno tolete comienza a crecer, acabando con los pliegues y ganando consistencia, descubriéndose la cabeza lisa, bajo la mirada del chico.  

   -Parece que tiene un güevo grande, señor.  

   De haber estado tomando agua, o en algo más peligroso (como comer maní), Justino se habría atragantado. Nunca imagino que el muchacho hiciera tal comentario. Pero era eso, un muchacho, y a esa edad eran desinhibidos y osados. Sin embargo, él, con su edad, se sentía increíblemente inconveniente, con el tolete colgándole.  

   -También es muy cumplidor este muchacho.  

   -No lo dudo.  

   -Tú también debes tener una buena tranca ahí, ¿no? -le pregunta ronco; coño, que difíciles eran esas entradas entre carajos. Aunque con mujeres no eran más fáciles tampoco. Mira insistentemente al joven, sabiendo que lo que hacía era una locura; estaba en un baño público de un colegio, donde cualquiera podría entrar, con la bebedera de agua que tenía todo el mundo, la gente se la pasaba sudando o meando, él mismo lo acababa de decir. ¿Y sí entrara uno de sus escoltas? ¡Tendría que matarlo!, sería necesario.- ¿Por qué no me lo enseñas, muchacho? -pide, algo ahogado, sintiendo como el güevo le hormiguea, enrojeciendo y creciendo como una lanza, grueso, nervudo y largo.  

   La mirada del chico estaba centrada sobre ese tolete tieso, que se bamboleaba horizontalizado entre la bragueta abierta del blanco uniforme. Esa vainota parecía palpitar. Las manos del joven caen sobre su pantalón, abriendo los botones. Contra la ajustada y desteñida tela, se aplasta la figura alargada de una salchicha, vital y joven. Y a Justino, ese muchacho en su jeans, con su bojote contra la tela, le parecía hermoso. Mira las manos manipulando una tela blanca dentro de la bragueta, y  finalmente sale una tranca blanca, sólo semidura.  

   -¿Qué le parece, señor?  

   -Se ve como un juguete serio.  

   -¿Le gustaría verlo tieso?  

   -Claro. -jadea con una pesada expiración. Su mente era un torbellino imposible de detener o aclarar.- Ya se ve que será grandote.  

   -Tendrá que ayudarme, señor. Necesito que me de una mano. -le sonríe Lucas, con ojos brillantes de lujuria; era un joven de sangre caliente, y le gustaba el sexo. Se acerca un poco más al otro, alarmándolo más.  

   Justino estaba mudo, sudando, mirando al muchacho, y el tolete. Con la decisión que se supone deben tener los uniformados, extiende la manota y cubre el güevo, agarrándolo a lo ancho, pero casi cubriéndolo todo. ¡Estaba agarrándole el güevo a otro hombre!, se dijo con un semiyeyo. Lo notaba temblar y palpitar contra su mano, lo sentía agitarse y crecer rápidamente, endureciéndose de una forma que sorprendía a Justino. Se estaba poniendo tieso, caliente, pero sedoso al tacto; era una pieza poderosa y maravillosa, como pensaba de su propio güevo. Le parecía vital y ya sobresalía de su puño, largo y grueso. Nunca le había agarrado el güevo a otro hombre, ni cuando muchacho cuando se suponía que, a veces, se experimentaban ciertas vainas. Lo aprieta duramente, y comienza a sobarlo, frotándolo de adelante atrás, masturbándolo, y ve al chico elevar un poco el rostro, y lo oye gemir contenido. Era sabroso hacerse la paja, piensa Justino; pero el que te la haga otra persona, era aún mejor.  

   -Póngalo duro, señor. Póngalo listo para usar. -graznó el joven, y Justino continuó sobándolo.  

   -Es grande. -gruñe, ronco, intentando sonar más rudo y viril.  

   -Y es todo suyo, señor. -invita el joven con una sonrisa.  

   La mano del chico se extiende y la atrapa el tolete al hombre, sorprendiéndolo y maravillándolo. Aprieta y soba, con ritmo; y a Justino le cruza por la mente la idea de que el muchacho sí había sobado güevos antes, tal vez con amiguitos de liceo o universidad que irían a su casa dizque a estudiar, y terminaban jurungándose entre ellos, ante de terminar con besitos, sobadas, o mamadas y… Ese pensamiento le produce fiebre, excitándolo al imaginarlo jodiendo; pero también le molesta, y no sabe por qué. El caso es que sus güevos están duros como barras de acero, y calientes, y babean insistentemente.  

   Por la mente de Justino, excitado como está, cruza una pregunta: ¿el teniente Gutiérrez se tomaría esa baba saliendo del güevo de Pérez? Y se estremece todo ante tal evocación. Otra imagen la sustituye, gente entrando, encontrándolos así, y los gritos que se oirían hasta Maracay, donde la mafia uniformada entregaba el país a la bota insolente antillana. Pero no puede mantener esa línea de pensamiento mucho tiempo más. Esa mano lo masturbaba, y él a ese muchacho. Mira como el joven enrojece más, abriendo la boca, con una leve capa de sudor en su labio superior, con los ojos nublados. Sus cuerpos manaban cantidades horribles de calor que parecían estar llenando el cuarto de vapor. A Justino le parece que ese chico se ve hermoso, y con paso inseguro, sin saber muy bien qué va a hacer, se le acerca.  

   A Justino el corazón le late con tanta fuerza que teme sufrir un infarto e imagina la escena: él, muerto, con el güevo afuera del pantalón, con el chico gritando y corriendo por ayuda, tal vez tan nervioso que no se metería el tolete dentro del pantalón y todo el mundo sumaria dos más dos (y es una escena tan horrible, que a pesar del momento, se estremece de miedo); pero evitando pensar y concentrándose en sentir, se aboca a la urgencia que siente ahora. Sigue sobando ese tolete tieso, y con su otra mano atrapa la barbilla de Lucas; su pulgar soba esos labios. Son suaves, y la piel del mentón es algo rasposa, por la fina barba rasurada, piel de macho. Se miran, y el joven cierra los ojos, abriendo un poco más los labios, dándole permiso. Eso incrementa aún más los latidos del corazón del uniformado, que no puede oír nada más (¿y sí alguien estuviera acercándose, llamándolo a grito pelado?). Sus labios gruesos, con el fiero bigote, frotan los del joven, encontrándolos cálidos y suaves. El chico se echa un poco hacia adelante, sorprendiéndolo, y con su boca atrapa el labio inferior del Justino, halándolo y mordiéndolo un poco, pasando su lengua sobre él.   

   El uniformado se siente enfermo, pero abre más la boca y la lengua del chico entra, ágil, móvil y exigente, lamiendo sobre sus labios, titilando sobre la lengua del hombre; quien chilla dentro de la boca del joven, mientras le da un feroz apretón al güevo. A Lucas le duele, pero aguanta, mientras su lengua cae sobre la de Justino, llenándole la boca de saliva. Justino tiene los ojos muy abiertos, estremeciéndose feamente. Esa lengua cálida, lame y lo soba, excitándolo terriblemente, y su propia lengua responde, saliendo y atándose contra la del otro. La boca de Justino invade ahora la de Lucas, atrapándole la lengua, halándosela y mordiéndola, tomándose su aliento y saliva, que le sabe dulce y fresca, bebiéndosela toda.  

   Lucas le suelta el tolete, y sus brazos musculosos le rodean los hombros al otro, provocándole casi un soponcio; pero estaba tan caliente que ya nada importaba, y sus manotas grandes caen sobre la cintura del chico, con los dedos abiertos hacia la espalda, casi abrazando los cuadrantes, y lo atrae con fuerza. En cuanto los cuerpos chocan (cada uno hala), a Justino el cuarto le da vueltas. Lo encuentra fornido, viril y caliente. Sus tórax y caderas se frotan, y se las ingenian para que los toletes se peguen, frotándose también con el movimiento. Cuando la boca del uniformado atrapa la dulce boquita del muchacho, siente un escalofrío terrible: recordaba a Gutiérrez y a Pérez, como los vio esa noche, y como lo soñó tantas veces, sin poder dormir de deseos, teniendo que caer en la masturbación, sintiéndose siempre sucio y enfermo al terminar. Sus bocas exploraban, sus cuerpos se apretaban y contorsionaban uno contra el otro, sus güevos babeaban y palpitan entre sus panzas. Iban güevo contra güevo.  

   -Lo tienes grande, pequeño. -grazna el uniformado sobre la boca del muchacho.  

   -Las cosas grandes caben en empaques pequeños, señor. -le susurra.  

   -Es verdad. -admite casi con un desmayo, el hombre.  

   Eso lo marea y enloquece profundamente, por los que sus manos grandes suben por la espalda del chico, acariciándolo y sobándosela sobre la franela. Le atrapa los omoplatos, grandes, forrados de músculos. Las manos bajan gozando cada centímetro de esa piel, gozando el calor y la dureza, hasta que llega a las nalgas, y clava sus dedos abiertos allí. Eran duras y firmes. Se besan, se refriegan fieramente, las manos de Justino siguen sobando y manoseándole las nalgas, sobre en jeans, hundiendo algo de la tela en la raja interglútea, con avidez. Sus güevos se frotan de arriba abajo uno contra el otro, hasta que Lucas comenzó a gemir dentro de la boca del otro. Se separan justo a tiempo, el güevo horizontalizado de Lucas temblaba y se estremecía un segundo antes de que eyaculara lentamente, manando su espeso semen, que no saltó sino que goteó del ojete, mojando la cabezota, bajando algo por el tronco antes de caer. El chico tenía la cara roja y la mirada extraviada mientras alcanzaba el cielo del clímax.  

   La mirada de Justino estaba fascinadamente fija en esa tranca eyaculante, y sintió que su propio tolete temblaba, estremeciéndose también. Su manota rodeó el tronco, como buscando de parar eso, pero no puede, siente que se muere. Su cuello se hincha y tiene que volverse hacia el inodoro, un disparo sale y choca de la cerámica no tan blanca. Tiene que morderse los labios para no gritar; pero es tanta la ola placentera que lo recorre, que siente que quiere sentarse. Era algo tan extraño… Y fue cuando al fin, comenzó a percibir el mundo exterior, y reparó en los pasos que se acercaban. Aterrado miró al chico, quien también lo escuchaba. Intentaron lavarse rápidamente, y Lucas pisó las manchas de semen en el suelo; pero era poco lo que podían hacer para disimular lo que allí había pasado (coño, ¿por qué no fumaba?, pensó el joven), el cuarto olía excesivamente a sudor y a esperma de machos en celo.   

   -Señor, lo necesitan en la Comandancia. -chilla un soldado, entrando sin ceremonias, deteniéndose un momento. Ya los dos hombres están cubiertos, y a salvo, pero le parece detectar algo. Tiene veinte años, y algo en el aire le hablaba de ‘eso’.  

   -Bien. -grazna Justino, sintiéndose mareado, asqueado y preocupado ¡ahora!- Hasta luego, Liscano.  

   -Señor…   

   El hombre salió de allí con paso resuelto, algo apresurado. No le gustó la mirada de comprensión que el soldadito ese, le había lanzado a él y a Lucas; pero ese era un problema que se resolvía fácil, insinuándosele que podían mandarlo al quinto coño en Cararabo si no era discreto en sus suposiciones. Ese puesto fronterizo era temible y temido y nadie quería cubrirlo; el güevón ese olvidaría todo, hasta su nombre, con tal de no ira para allá. No, lo que preocupaba a Justino era lo que había sentido un momento antes; unas ganas locas por Lucas, por tenerlo así, en sus brazos, catando su dulce boca; luego vino la rabia y el asco. Pero era un carajo con cierta edad, sabía que era normal sentir ese asco y malestar, ya que había hecho algo que nunca imaginó hacer, y ahora vivía el ratón moral; pero también sabía que eso pasaría y la cosa no le parecería tan horrible (aunque tal vez su mujer no creyera lo mismo, sí lo supiera pero, ¿para qué pensar en eso?), y pudiera que hasta le gustara buscar al chico ese otra vez.  

   Botando aire sube al asiento posterior de la cómoda camioneta; ¿para qué engañarse? Acababa de vivir ese tú a tú, y ya sentía unas ganas intensas y enormes de volver a ver a Lucas. ¡Ese carajito lo había chiflado!, no había otra explicación. Y se asustó, porque algo le decía que el joven tomaba las cosas con mucha más calma que él; no parecía tímido ni nuevo en esas ardides. Seguramente a él, ya algo así le había pasado antes, encontrarse con alguien que deseara tocarlo, sobarlo o besarlo. Cosa curiosa, eso le molestó al uniformado, el imaginar que tal vez, ya el chico había tenido otros amiguitos, amantes ansiosos de tenerlo, mimarlo y satisfacerlo, le provocaba una acidez insoportable en el estómago.  

   Dentro de la Comandancia todo era un avispero. Había órdenes y contraórdenes sobre la forma de enfrentar y afrontar el recontrafirmazo. ¡Que gente tan necia estaba en esas filas!, pensaba el uniformado, ceñudo en su oficina, recibiendo llamadas y regaños de todo el mundo, sobretodo del J-3 antillano, los mandamás del país; ¿de verdad pensaban que sus marchas, pitos y firmas lograrían algo? Esa gente parecía dispuesta a la lucha en las calles (allí radicaba el verdadero y único peligro), y eso era arriesgado, podían llegar a situaciones que se volvieran heroicas y dramáticas, en un enfrentamiento final, decidido y desesperado, lo que obligaría a otros gobiernos, que emputecidos por el salario del soborno, se hacían los locos ahora, a intervenir si centenares de cadáveres llenaran las calles. Por suerte, los políticos habían metido las patas en la organización opositora, y esos siempre andaban buscando a quien vender. Sonríe cruel al saber lo que finalmente le esperaba a esos brillantes líderes de opereta, que se creían grandes maquiavélicos de la política, como los reyecitos en Yaracuy o en Valencia, que se creían intocables lideres de la resistencia. Pero, por ahora, le importaba la Comandancia; había muchos rumores, aunque no sobre él. Ya había tenido la charla con el marinerito ese (y que rostro tan rufianezco tenía). Fue diplomático y sutil.  

   -No me interesa lo que piense, González. Pero no me gustó una mirada suya hace rato. Abra la boca, y lo sabré. Y terminara con la garganta abierta y las bolas en la boca en lo más remoto de Cararabo, como le pasó hace unos años a esos marineritos emboscados por la narcoguerrilla. ¿Soy claro? -y lo fue; casi le pareció que el joven lloraba al retirarse a la carrera.  

   Mientras atendía el teléfono (Buñuel en Maracay y al virrey, J. V. Rojas, en Caracas), Justino parecía distante mientras le gritaban marica inútil, por no confiscar los cuadernos. Nada de eso parecía tener valor ahora, aunque sabía que su futuro político y profesional estaba íntimamente ligado a eso. Pero todo lo que podía tener en su cabeza era al bello Lucas, ese joven y loco semental que lo enloquecía. Y el descubrir que se rendía así de fácil a lo que sentía, lo llenaba de una paz baja, como la del que se ahoga e intenta nadar sin saber, esforzándose inútilmente hasta que se agota totalmente y se hunde en las aguas, pensando que ahogarse no estaba tan mal después de todo, si traía paz. Se sentía excitado y caliente al pensar en el joven. ¿Cómo sería cogerlo? Y se estremecía de deseo y asco, imaginando meter su tranca en el culo peludo de otro carajo, sudado y tal vez hediondo a mierda. No, Lucas, no. Él estaría oloroso y aseado. Y casi ríe ante tanta mariconeidad súbita, entendiendo que se rendía. Se estaba asando en el calor de las ganas que sentía. Fue cuando llegó una llamada.  

   -Señor, por la línea dos tiene a un tal Lucas Liscano. Dice que es importante. -oye la neutra voz de uno de sus asistentes. Con el corazón temblándole en el pecho, toma el teléfono.  

   -¿Sí? -suena brusco, sin desearlo.  

   -Disculpe, señor. Me llamaron de Caracas y debo regresar. Sólo quería despedirme de usted.  

   Por un momento, Justino no entiende de qué hablaba el otro. Así debía sonar el chino o el árabe, pensó estúpidamente. Sentía una sensación de vacío y caída dentro de él que conocía bien. Ya lo había sentido antes, como cuando su mujer siempre paría niñas. Las amaba, pero hubiera querido un hijo varón, aunque sólo fuera uno; o cuando entendió que sus evaluaciones, académicas y personales, no cuadraban con las metas pedidas para los ascensos, entendiendo que otros avanzarían y él no, hasta que llegó el ‘Proceso’ al que juro servir por sobre todas las cosas (aún sobre los muertos que fueran dejando). Ahora volvía a sentir y sufrir eso.  

   -¿Cómo que te vas? ¿Ya terminaron su trabajo aquí? -se oye a sí mismo, ronco y lejano, con la mente dándole vueltas rápidamente; pensando en algo que no vislumbraba totalmente, pero que ya pintaba como una locura que podía joderlo para siempre.  

   -Nos necesitan en Caracas. Quieren a todo el que pueda marchar y resistir. No sé qué pasa, dicen que hay zonas en Petare donde atacan a los que quieren firmar. No lo entiendo, es nuestro derecho. Nada hicimos cuando colectaban firmas contra los diputados opositores -se le oye preocupado.- Me habría gustado verlo y…  

   -¿Por qué no vienes y tomamos ese café por fin? -lo interrumpe, quiere citarlo, comprometerlo. Siente la duda del otro a través de la línea. Tenía que cuadrar todo, pero sólo si Lucas iba.  

   -Bien. Estaré ahí dentro de una hora. Sabe que… es difícil para mí, ¿verdad? Usted no es muy popular aquí, entre las doñitas.  

   -Sólo me interesas tú. -se le escapa y enrojece hasta la raíz de los cabellos, sintiéndose totalmente idiota. Marica. Pero no importaba, eso encajaba dentro de lo que había planeado. Iba a tener al carajito ese antes de que se fuera. Quería cogerlo ya. Corta la comunicación, no quiere oír más, algo como una excusa de él para no ir.  

   Minutos antes de cumplirse la hora, Lucas Liscano, sintiéndose algo incómodo, sin explicarse qué busca con esa visita, atraviesa la entrada de
la Quinta División en Ciudad Bolívar, en búsqueda de un carajo que le había gustado mucho. Su rostro está algo enrojecido y se ve atractivo. Le indican la dirección de la oficina del Comandante y hacia allí se dirige. Le extraña no toparse con vigilantes en las entradas, ni con nadie en la oficina de recepción del uniformado. No puede saber, aunque imagina, que el otro había despachado a todo el mundo, preparando ese encuentro con él. Pero, ¿para qué? Tomar un café, aunque fuera entre dos hombres, no era un delito, ni un hecho vergonzoso y secreto. ¡Que cosas tan tontas tenían esos militares!, piensa divertido. Tomando aire se detiene frente a una maciza puerta de caoba, que ostenta un discreto enchapado, indicando la oficina del Comandante de la Quinta División. Algo cortado, en su jeans y franela amarilla, el joven toma aire y llama con los nudillos.
  

   -¿Señor…? –llama y la puerta se abre casi en seguida.  

   -Al fin llegas, recluta. -sonríe el hombre, varonil, pero nervioso, en el marco de la puerta. ¡Y Lucas se lleva la sorpresa de su vida!  

   El carajo estaba prácticamente desnudo, vistiendo su quepis, su cadena con las chapas identificadoras, unas lustrosas botas negras y un ajustado bóxer blanco, uniforme, cortísimo (sólo cubre un poco más abajo de donde legan las bolas), que enmarca un bojote grande. El tipo no tiene panza, y su tórax, ancho y musculoso, está cubierto por una mata de vellos que sube desde el bajo abdomen al cuello. La piel es de color canela, tostada por el sol. Era tetón y realmente fornido. En su mano izquierda lleva una botella de whisky. El hombre no sonríe, pero traga saliva, mirándolo desafiante, abriendo los brazos, ofreciéndose al chico, al joven amante, quien lo mira atontado, con la boca abierta. Los ojos de Lucas no pueden despegarse de esa anatomía poderosa, masculina y viril, que exhala sensualidad.  

   Y esa mirada agrada a Justino, porque le indica que al joven le ocurre algo parecido a lo suyo. Allí, encerrado, tomando las medidas para encontrarse a solas con él, planeando seducirlo, el hombre mayor sufrió y pareció de los mayores temblores y fiebres de toda su vida. Todo su cuerpo ardía y temblaba ante la idea de tener al joven otra vez a su lado. Las manos le habían ardido toda esa hora, en anticipación, esperando la hora de recorrerlo, de tocarlo nuevamente. Y mientras los minutos iban pasando y él tomaba sus medidas, el miedo de la incertidumbre se había metido en su alma, torturándolo y haciendo sufrir. Le parecía que el joven no llegaba, que ya se había cumplido el tiempo y no aparecía. Y el temor de que no fuera, de que no lo dejaran (esas gatas viejas que tanto lo odiaban a él), lo llenaba de angustia, y de sufrimiento. Nunca en su vida, contado momentos bochornosos o de dolor ante la perdida de gente amada (su padre, hacia tantos años), había padecido así. El imaginar que el joven no llegara lo había llenado de tal sufrimiento, de tal mal, que sintió que podía morirse. ¡Así lo sintió! Y le asustó. Qué era eso. Por qué se sentía así, necesitado, ansioso, esperanzado, ridículo… ¡Pero había llegado al fin!   

   Con una sonrisa desafiante, la mano derecha de Justino despega, atrapándole la nuca al joven, halándolo, y cubriéndole la boca con la suya. La lengua del uniformado entra en esa boca tibia y suave, hurgando y lamiéndolo. El joven, con un jadeo, que Justino se traga, se une a la caricia. 

CONTINUARÁ… 

Julio César.

DEMASIADO TIEMPO LIBRE

Viernes, Diciembre 21st, 2007

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   Ah, esos momentos de uno en la mañana… 

   Hombre es sinónimo de vagancia y ocio. Ricardo, quien tenía un horario distinto al de su mujer que salía primero a trabajar, podía seguir en la cama un poco más. Cuando le dio por depilarse las piernas por lo de la natación, su mujer lo miró mortificada; pero a él, que notaba las miradas sobre su cuerpo en la piscina, no le importó. Era muy vistoso en traje de baño. Cuando decidió dormir en suspensorio, la cara se le arrugó toda a la mujer, y claramente le dijo que no aceptaría que durmiera desnudo. Ella ignoraba hasta dónde llegaban ya las cosas. Si le preguntaran, Ricardo no habría sabido qué explicación dar mientras esos tres dedos trabajan, lentos, acariciantes cuando se hundían suave, como cuchillos en mantequilla en nuevos movimientos y descubrimientos que lo hacían gemir bajito y apretar los labios para no chillar en su cama. Muchas veces mordía la sábana cuando los tres estaban clavados hasta el fondo. La cosa, obvio, ya era vieja, de un meñique ya se acercaba al medio puño. La semana que viene su mujer se va de visita con sus padres, y el joven ya piensa en aquella tienda rara donde vendían esos implementos de caucho, gruesos, largos y nervudos. La suerte no lo acompañaría del todo, ya que el negocio era de un pana de la piscina, quien casi lo amenazaría para que aceptara lo que una semana más tarde ya estaría probando, a cuatro patas, agitando ese culo, en la trastienda. Pero, por ahora, “hummm”, gime, algo era algo… 

Julio César.

JUSTIN TIMBERLAKE… ¿GAY?

Viernes, Diciembre 21st, 2007

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   Ahora le toca al joven ex pareja de Britney Spears, con quien, por suerte para él, terminó hace tiempo, Justin Timberlake, afrontar un rumor sobre su virilidad. Este muchacho, artista, cantante y bailarín, debe estar acostumbrado, o no debe sorprenderle que de vez en cuando, alguien lance dicha acusación. Lo extraño es que el origen del rumor no es resiente. Aunque fue en el pasado octubre cuando se dejó saber, es de hace tiempo. Que bendita maña de la gente de no callarse lo que piensa sino que salen corriendo a contarlo a la primera oportunidad. Hay quienes parecen no entender lo que es la discreción, o no les importa. Todo se originó de unas declaraciones dadas por Lance Bass, joven artista y ex niño estrella también, quien fue compañero de grupo de Justin en N’Sync, esos muchachitos que bailaban, cantaban, se movían y declaraban exactamente igual que los Backstreet Boys. Para quienes no gustamos mucho de ese tipo juvenil de música, todos nos parecen iguales. 

   Al parecer, Lance, ese catirito de rostro sonriente, de mirada aguada y como muy femenina, expresó que mientras conformaban el grupo, se habló entre ellos (imagino que con calor y furia sabrosa, como se hace siempre que se discute la sexualidad de otro, sobretodo de un amigo o conocido sin que él lo sepa), sobre un supuesto romance homosexual entre Justin y Chris Kirpatrick, otro de los integrantes de N’Sync. Y en este punto uno puede decir, ¡vaya grupito! Andaban muy ocupando dando señales equivocas, tal vez sólo miraditas amigables o medios abrazos (estoy jugando) y los otros, calenturientos, haciendo rodar la imaginación. Al parecer, según relata el joven, había mucha cercanía entre los dos, y el trato, en líneas generales era como eléctrico, muy íntimo. Además, el catire de ojos grandes, añade como ‘evidencia’ de las sospechas generales de que algo más pasaba entre esos dos cuando no los miraban, que Justin había expresado su deseo de interpretar a un gay en alguna película, como un reto. Que bueno que cuando se planteó el hacer Brokeback Mountain, no se sabía de eso,  esa obra de arte no habría sido lo que fue con otra gente. 

   En honor a la verdad, Lance no acusa a Justin o a Chris de ser homosexuales, más bien lo cuenta como una travesara de lo que pensaron tiempo atrás. Creo que en todo esto hay cierto afán de figurar todavía de este joven, aunque no sea el mejor camino para retomar un lugar dentro del mundo del espectáculo. Aunque no creo que sea todo. Hay que recordar que Lance es un muchacho que durante años afrontó ciertos rumores sobre su propia sexualidad, hasta que con valor decidió decirle al mundo quién era, qué sentía y qué esperaba de la vida. No se crea, requiere valor dar semejante paso. Instante en el cual presentó a su novio del momento, Reinchen Lehmkuhl, un tipo realmente vistoso y de buen tamaño (¡y qué pinta tiene!), también acostumbrado a la figuración, aunque parecía algo demasiado experimentado para él. Que terminaran no sorprendió a nadie. Imagino que alguien como él, Lance, con sus propios demonios en esa época, encontraba ‘divertido’ imaginar la tendencia de otros dentro del grupo, tal vez sin mala fe, pero como algo lógico a la naturaleza humana. 

   Hay que estar claro, estos grupos, N’Sync y los Backstreet Boys, están hechos para eso, para mostrar tipos muy jóvenes, bien parecidos, distintos entre sí para que halla algo para todos, que bailan, se contonean y cantan para despertar pasiones. Juegan con la sensualidad de jóvenes y adolescentes, pero eso ha sido así siempre, como bien lo atestiguan casos como el de MENUDO. No es raro que alguien vea en sus movimientos, miradas y gestos algún indicio de algo extraño, y que por lo tanto fantasee con lo que ocurre cuando al término de una función, en sus pisos de hotel, uno va al cuarto del otro y se sienta en la cama, diciendo que le duele el cuello o la espalda, y necesita un masajito. Siempre habrá quienes se imaginen toda una película sobre lo que allí pueda ocurrir. Sin embargo eso no lo convierte en realidad, una relación se establece cuando alguien dice finalmente, sí, eso es así, él y yo estamos juntos. O cuando hay fotografías, videos o pilladas en vivo. ¡Que cosa tan horrible! Personalmente, aunque me encanta leer sobre chismes, metidas de patas y pilladas, no siento un fervor especial en juzgar, condenar o destruir. 

   Aunque hay que tener en cuenta también, que así como esos muchachos se empeñan en mostrarse como un producto perfecto, sensuales y deseables para las masas, pueden terminar desarrollando un insano narcisismo, que puede complicarse con el afán de impactar a otros e incluso de detenerse a admirar la ‘perfección’ de otros. Nada raro tendría, es como cuando en el bachillerato odiábamos al que se veía bien, con buena pinta sin camisa y las muchachas le gritaban, mientras uno parecía el flaco al que le echaban arena en los suplementos viejos, pero al mismo tiempo lo admirábamos también. Hay que recordar que la poca edad a veces conspira contra el sentido común. Pero en el caso de Justin Timberlake, fuera del comentario de un pana, o ex socio de baile (que feo suena, ¿no?), nada hace pensar que la insinuación sea cierta, ni que tenga esos intereses. Una mujer como la espectacular MARY, Cámeron Díaz, lo habría notado, ¿o no? 

Julio César.