Archive for Noviembre, 2007

DEBERES Y DEPRESIÓN

Lunes, Noviembre 26th, 2007

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   Dios, ¿no hacen una bella pareja? 

   Saludos, amigos; sí es que hay alguien leyendo, gente perezosa incapaz de enviar un comentario para saber que leen. Como admirador de cierta película, he llegado a querer también a dos actores muy conocidos ahora, al menos para mí. Esta hermosa fotografía la encontré en uno de esos foros donde todavía hoy, casi dos años después, siguen reuniéndose los que quieren a esta pareja que tanto se quiso. Cuando la tomé, leí una leyenda a pie de página donde el que la exponía decía que se la habían enviado aunque no estaba seguro de que fuera real; ¡pueden hacerse tantas cosas hoy en día con las computadoras! 

   Bien, me gusta pensar que es genuina, y no llego a los extremos de creer que ‘se quieren mucho’, como lo insinuaban en el foro, tan sólo que son amigos… aunque los amigos que tengo, si a alguno le diera por caerle a uno encima así para decirle algo, uno lo apartaría de un codazo. Claro, yo no lo haría con Heath Ledger o Jake Gyllenhaal, como no apartaría a Angelina Jolie o Cristina Aguilera si les diera por hablarme de esta forma. 

   Cónchale, ya estoy divagando, deseaba usar esta fotografía con otro tipo de comentario, pero quise utilizarla ahora en lo que será una despedida por poco tiempo, al menos eso espero. Tal vez no lo sepan pero mi país, Venezuela, pasa por momentos de dura prueba nuevamente; el autócrata que nos desgobierna pretende crearse una constitución a la medida, una que le permita controlar definitivamente todos los poderes y reelegirse indefinidamente, como lo hacían las joyitas de Sadam Hussein y Fidel Castro, que en paz descanen esos dos, si es que pueden. Por lo tanto paro para hacer campaña final por el NO, aunque sin muchas esperanzas. La gente encargada de contar los votos fue nombrada por el Gobierno, así que no tengo fe de que nada claro salga de ello. El último directorio electoral, ‘imparcial’ en palabras de Argentina, Brasil, Chile, España y
la OEA, dejó como vicepresidente de la república al tipo que compró las máquinas electorales, pero eso, al parecer, no debe llamar a suspicacias, a menos que uno sea muy mal pensado (perdóname Señor de un mal pensamiento inspirado por Satán, cuando vi a la monja salir con el capellán…).
 

   Haré campaña, seré testigo de mesa y votaré por el NO, pero… Si todo sale como el autócrata espera, y a las tres de la madrugada dan el boletín de su triunfo, caeré en la vieja depresión, o saldremos todos a las calles, a la ucraniana; como sea, algo de tiempo estaré ausente. Ojalá tengamos suerte. Por eso me gusta esta foto y quise despedirme, por ahora, con ella, es divertida, atrevida, insinuante y sugestiva. En pocas palabras: me gusta lo que muestra y la que deja a la imaginación. Si es real, tanto las poses como la fotografía en sí, es obra de gente que sabe lo que hace. Esperemos que en Venezuela también sepamos qué hacer. Dios, de la que se salvaron los mexicanos… en cuanto a Bolivia, Ecuador y Nicaragua, ellos se lo buscaron, sabían lo que pasaba en mi país y aún así gritaron y corrieron para echarse esa vaina. Termino como dicen las viejas en mi tierra cuando algo es muy malo: que brille para todos ellos (nosotros) la luz perpetua… 

Julio César.

BOTELLA TRAS BOTELLA…

Sábado, Noviembre 24th, 2007

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Julio César.

¡QUÉ DESCUIDO!

Sábado, Noviembre 24th, 2007

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   -La usé una vez y me jodí… 

   Felipe olvidó que esa tarde había examen médico en la comandancia y el médico, luego de ordenarle quitarse la ropa y encontrarlo así, tan fetichista, dejó que varios compañeros de trabajo entraran a verlo. Y se rieron mucho, hasta que comenzaron a tomarle fotografías con sus celulares y lo amenazaron con publicarlas en todos lados si no gateaba en cuatro patas meneando ese culote gimiendo que era una perra caliente. ¡Juegos de hombres, ya saben! Pero ahora Felipe tiene algo de nervios porque no sabe en qué puede terminar la cosa mientras observa a los compañeros que lo miran con ojos vidriosos y se soban en las braguetas. La cosa pinta mal, ¿no creen? ¡Ay, papá, pobre Felipe!, el médico cerró la puerta con seguro y se estaba quitando la bata…

Julio César.

¿EN QUÉ PIENSAS?

Sábado, Noviembre 24th, 2007

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   ¿Dónde quedará ese gimnasio…? 

   A Tony le disgusta últimamente su gimnasio, no se podía hacer nada sin que hubiera un gentío mirándolo. Sabía que todos esos tipos esperaban su turno en la máquina, ¿pero tenían que quedarse viendo mientras la usaba? Y a algunos como que les emocionaba la idea de ejercitarse ya, porque se les marcaban los paquetes bajo los shorts, incluso había humedad en algunos que no sabía si era sudor o no; aunque eso también le pasaba a él cuando se exigía al máximo. Carajo, el de la derecha como que encontró una falla entre sus muslos, lo estudiaba como si hubiera algo no del todo bien… ¡Que mortificante!, pensaba el inocente Tony.

Julio César.

FAVORITAS

Sábado, Noviembre 24th, 2007

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   Por alguna razón desconocida para mí, me parece llamativa esta fotografía… 

Julio César.

LA LOCURA DE LA ERA

Sábado, Noviembre 24th, 2007

   La verdad es que las opiniones expresadas aquí no me pertenecen totalmente. Fue algo que dijo el marido de una amiga, Fátima, y que él permitió que yo transcribiera. No quiso que publicara su nombre, seguro no le gusta mi blog. Bueno, mi amiga es ella, a él lo tolero por ella, y él a mí, igual. No se puede ser amigo de todo el mundo. Aunque, aclaro, estoy totalmente de acuerdo con las cosas que dice sobre esto.  

LA LOCURA DE LA ERA

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   La humanidad parece moverse por modas periódicas, como cuando los negros usaban afros y ahora andan calvos. No cosas inocentes como la de modelos anoréxicas que deprimen a todo el mundo por lo flacas y huesudas o por ser tan distintas a las gorditas, porque la moda es ser esquelética. No, hablo de las modas serias, desde las ideológicas a las económicas. Para cada década hay una, por un lado, una panacea, algo que resolverá todo los padecimientos, que traerá empleos, casas, dinero, comida y cinturas esbeltas a los obesos. Pero también están las otras, las graves y terribles de las que nos salvamos de chiripa. Siempre hay un peligro latente, amenazante, real, como un monstruo debajo la cama, que intentamos no ver, no pensar en él, pero siempre ahí a la hora de dormir. Peligro del que salimos sin saber muy bien cómo. Pero jamás podemos respirar tranquilos, primero porque después de vivir en el temor por la crisis pasada (ni cuenta nos damos cuando deja de existir, sí es que desaparece), ya esta es substituida por otra. La mala, la que, ahora sí, en verdad va a terminar con todos. 

   Durante los setenta, lo más lejos que me lleva la memoria y eso forzándola (créanme), la moda eran las declaraciones sensacionalistas, alarmantes y aterradoras de gente preparada, que uno suponía que sí sabían de lo que hablaban. Y tal vez era verdad. No, de cierto sabemos ahora que era verdad, pero ¿por qué no se cumplieron sus aterradores augurios? (gracias a Dios). A esos pájaros de mal agüero se les llamó: LOS PROFETAS DEL DESASTRE (nada que ver con un presidente venezolano que más o menos por esos tiempos también ejercía su magia, transformar los reales en deuda pública, el doctor Luis Herrera Campin). Por esos días se dijo que el alarmante aumento de la población mundial, unido a la escasez de alimentos, traerían horribles hambrunas (en parte se cumplió), que un kilo de granos llegaría a costar más que una tonelada de oro, y sería más escaso. Que habría guerras por comida, que masas enteras caerían muriendo de inanición y una gran cantidad de pestes como consecuencia de la desnutrición azotarían al resto. Pero eso no era todo, aducían que como subproducto de todo ese crecimiento demográfico, vendría el más completo abuso al medio ambiente, que los desechos de basura oliente (nunca mejor dicho) y moliente serían montañas y montañas; que se agotarían los recursos naturales y habría envenenamiento por subproductos químicos. 

   Eran los lejanos setenta, pero ya se hablaba del aumento de la temperatura como resultando del incremento de los gases de invernaderos, los cuales dejaban que los rayos del sol llegaran a la tierra, pero no dejaban escapar el calor resultante al espacio ya que los atajaban; gases que causarían cientos de miles de víctimas por problemas respiratorios. Ese calentamiento incrementaría el deshielo de los polos aumentando el nivel de los mares, obligando a comunidades enteras a escapar y desplazarse de un lugar a otro. Y mientras tanto, los enemigos del ozono, los fluorocarbonados, lanzados alegremente por gobiernos, industrias y gente común a la atmósfera, terminarían hiriéndolo de muerte, acabando con el escudo natural del planeta, ese que nos protege de la terrible radiación infrarroja proveniente del sol, amén de otros rayos locos que andan por ahí viendo a quien le caen. El panorama pintado por los profetas no podía ser más desolador y deprimente. O moríamos de hambre, o nos ahogaban las olas cuando los mares comenzaran a subir. Y aún aquellos que lograran sacar la cabeza del agua se encontrarían con que terminarían achicharrados por los rayos cósmicos; fuera de que había que tener en cuenta que si no había comida, tampoco habría fuerzas para nadar en ese océano de calamidades. ¡Todo un desastre! 

   De esa época hubo una película de ficción que fue alarmante, y un fiel reflejo de los temores de toda aquella era: CUANDO EL DESTINO NOS ALCANCE. Todo queda dicho en ese título. Un mundo gris, agobiante, de privilegios increíbles para algunos, comer una lata de dulce, y lo apretado, deprimente y feo de los otros. Un mundo agotado, acabado, sin esperanzas de escapar a ninguna parte. Y al final, el gran descubrimiento: agotados los suelos cultivables y los mares, aún el plantan, sólo podía hacerse comida con personas: el famoso soylent verde. ¿Qué otra cosa podía hacerse? Nada, una vez en la ratonera no queda sino patalear para sobrevivir, y existir otro triste día en la trampa. Sin embargo, de alguna manera la humanidad sobrevivió a pesar de todo (y hay quiénes con aires muy convencido y doctos dudan de que exista Dios), ya que a ningún país le importó un pito semejantes anuncios. Ya en esa década los políticos no eran más que simples empleados de los grandes negocios, desde Estados Unidos a la extinta Unión Soviética, y éstos ya tenían listas sus bases en la luna para escapar del planeta moribundo, con las maletas llenas de plata. Porque dichas instalaciones fuera del planeta deben tenerlas, ya de que otro modo no se explica tanta imbecilidad en hombres de negocios o los voceros oficiales de superpotencias. Ya deben tener un refugio para que los hijos, nietos, y los nietos de estos, existan fuera del mundo que mataron. ¡Es lo lógico, ¿no?! 

   Y eso que en los setenta no estuvo tan de moda (ah, ¡las modas!) el estudio que hablaba del peligro del deshielo del polo que arrojaría toneladas y toneladas de de litros de agua dulce al mar, variando la salinidad y por lo tanto las corrientes marinas, creando un posible enfriamiento cuando las corrientes no pudieran llevar agua caliente del ecuador a las zonas ubicadas en los trópicos, variando la temperatura, enfriándola. Tal vez en la película El Días Después de Mañana (ah, que bien lo hizo Jake Gyllenhaal), se halla exagerado, pero muchos geo paleontólogos suponen que esa pudo ser la causa de las eras glaciares que acabaron con tantas especies en este mundo. En fin, peligros por todos lados; cuesta entender cómo no hemos desaparecido ya.

Julio César.

FORZA MEN…

Sábado, Noviembre 24th, 2007

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   Me encanta que mis amigos me vean así, no dejan de tocar para ver si todo es verdad, y yo los dejo, son panitas… ¿Quieres ser mi pana y ver? 

Julio César. 

NOTA: Todas las fotografías han sido tomadas de portales gratuitos; que nadie se moleste, por favor…

UN DÍA, MUCHOS AÑOS DESPUÉS… (2)

Sábado, Noviembre 24th, 2007

   Ahora volvemos con una historia sobre Ennis del Mar, a quien habíamos dejado recordando el momento exacto cuando conoció a su nuevo amor, Ed. Para mí, la cosa es hasta anatema. Él no tenía ningún derecho a olvidar a Jack Twist, pero digamos en beneficio de otros, que si; bueno, qué se le hace. Pero esta es sólo una trama marginal. 

   La historia de esos dos, Ennis y Jack, sí era definitivamente una historia de amor. Supongamos que no el primer encuentro cuando Jack decide mandarlo todo al diablo y aproximarse a ese carajo tosco y hermoso que estaba a su lado, enloqueciéndolo, y se entrega a él, necesitándolo, deseándolo tanto, lleno de ganas porque el otro fuera su hombre. Acordemos que hasta ese momento la cosa había sido carne, lujuria, el deseo de dos jóvenes calientes que deseban sexo, dándose latazos y frotes. Pero una vez que Ennis decide que todo eso, toda esa locura de los sentidos, no volverá a ocurrir porque no es ningún marica y todo eso para él había sido un feo trauma que lo enfrentaba a todo lo que era y deseaba ser, pero obligado por algo más fuerte que él mismo a regresar esa noche a la tienda donde un Jack “con el joven torso desnudo y los ojos llenos de estrellas”, lo espera, y cada uno constata en la mirada del otro la intensidad de lo que sienten, allí la cosa cambia. 

   Aún el escéptico más grande al respecto no puede encontrar otra explicación como no sea un ataque de pánico y desesperación, la agresión de la que Ennis hace víctima a Jack cuando están a punto de bajar de la montaña. Era la única forma en que ese hombre cerrado en sí mismo podía dejar salir lo que sentía, la rabia, la impotencia y desesperación al ver que la estación terminaba y Jack se iría de su vida y no había forma de detener nada de eso; o como la escena que sigue al enfrentamiento con Alma cuando ella le grita que sabía de todas sus cochinadas con el tal Jack, y sale tan mal que ataca y golpea al tipo del camión, buscando al mismo tiempo ser agredido, tal vez castigado por sus ‘pecados’. Ennis era complejo, amaba a Jack pero no podía permitirse amarlo, por lo que condenaba a todo el mundo a la infelicidad: a Alma, sus hijas, a Jack y hasta la mujer de Jack. 

   Pero, a pesar del rechazo a los sentimientos y a lo que se es, Ennis del Mar no puede dejar de pensar en Jack Twist, de extrañarlo, de añorarlo, entendiendo que su vida vacía, sin felicidad, sin ternura, era así porque el otro no estaba a su lado. Es por ello la escena del reencuentro, de los besos imprudentes a los pies de unas escaleras, o la ida al motel, o los celos terribles que hacen que Ennis casi amenace de muerte a Jack si sabe que va a México a entregarse a otros hombres. Para mucha gente eso puede parecer ridículo, o idiota. La idea de una necesidad tan grande, de una añoranza por un cuerpo, una boca, unos brazos y unos besos que ni el tiempo ni la distancia pueden apagar, o el que se viva soñando con eso todo el tiempo sin poder sentirse jamás feliz, o tranquilo, puede parecer algo tonto a demasiados. Muchas personas parecen encontrar alivio o una razón de ser en cada encuentro fortuito, en algo rápido e indoloro. 

   Pero tal vez para otros no sea así, hay quienes aman de tal manera que a veces asustan. Tal vez para algunos no baste con cualquiera, no puede ser este o aquel, sino esa persona en especial, a la que ‘miran’ en cada rincón sin que esté, a veces como una sombra vaga captada por el rabillo del ojo que acelera el corazón y luego lo deja dolido al ver que todo era una ilusión. Tal vez por eso hay personas que sin ninguna razón aparente, ni ningún motivo para rechazar, dicen no. U otros, que en la soledad e intimidad de sus casas, sencillamente deciden que ya no pueden continuar, que ya no pueden soportar un día más en esa forma, y toman resoluciones mortales; y luego todos se preguntan por qué hizo eso. Creo que la cantante mexicana Amanda Miguel, tenía una canción que hablaba de eso: ella no salía con cualquiera, cualquiera no la hacía feliz, ella quería esperar la primavera. Tal vez Ennis del Mar, y el mismo Jack, eran de ese tipo. Me gusta creer que realmente hay personas así…

UN DÍA, MUCHOS AÑOS DESPUES DE BROKEBACK MOUNTAIN…

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   Dime Heath, ¿dónde está tu amigo del alma…?

   Mientras arrancaba la furgoneta, alejándose de la cabaña, Ennis se pregunta por qué tantos recuerdos justo esa mañana, después de todo sólo una más de tantas que ha tenido durante muchos años. De tarde en tarde recordaba algo del pasado pero nunca todo de golpe. Su mirada, bajo el sombrero, se eleva y mira el firmamento a través del parabrisas. 

   “Es por el cielo. Es por este cielo con el color de los ojos de Jack Twist”. Y pensar en él le eriza la piel una vez más. “Jack, si yo hubiera sido un hombre de verdad con el valor para enfrentar mi vida, quizás hubiera sido tu imagen, amable y amada, siempre con esa tristeza suave en tus ojos cuando yo partía, y no la de Ed la que habría visto despidiéndome con un gesto por el espejo retrovisor”, reconoce, sintiendo como el corazón se le encogía en el pecho. Pensar en Jack y en Ed, lo lastimaba, cuestión que siempre había estado allí, latente. El dolor que había sentido por la muerte de Jack, algo que pensó que lo enloquecería de tanto sufrimiento y que finalmente lo mataría también, por su ida definitiva (nunca como en ese momento entendió lo terrible que era la muerte), se había mitigado un poco con los años y la llegada de Ed, que lo había cubierto con su entrega y cariño, tanto que en determinados momentos podía olvidar la herida, o que Jack alguna vez había estado ahí. 

   “Pero basta sólo con un cielo azul y claro como el de hoy para que vuelva a ver sus ojos grandes y su sonrisa traviesa, fanfarrona, alegre y hermosa, como lo vi el primer día que le conocí, cuando tuve que bajar la mirada ante su presencia, porque sentí que se me ponía roja la cara, la piel se me erizó y me costaba respirar, y temí que él lo notara. El momento más extraño de mi vida hasta ese instante. Cómo me asusté cuando lo miré”. Ahora una imagen copaba totalmente su mente y sus recuerdos: Jack agotado frente a un fuego casi apagado. Y el tiempo desapareció, Ennis lo sintió en la piel, todos esos años no habían transcurrido, porque ahora, muchos años después, pudo volver a sentir contra sí ese cuerpo fuerte, joven y amado, que él había abrazado y acunado desde atrás; podía percibir otra vez el suave aroma a hombre saludable y aseado que le llenó las fosas nasales al apoyar la nariz en su nuca que se eriza levemente ante su contacto, su piel siempre respondía a sus toques, a su proximidad, y era otra cosa que le encantaba de Jack Twist, por lo que tuvo que soltar un rápido y leve beso en esa piel tibia y amada, antes de susurrarle: “Eh, amigo… te duermes de pie como los caballos…”. Ahora, años después, Ennis notó como su mirada se nublaba… justo antes del accidente. 

   El súbito estallido lo regresó a la realidad, pero de un modo extraño, uno que le hizo entender que tal vez una vieja conocida había venido por él al fin; todo parecía desplazarse en cámara lenta. Entendió que un neumático había estallado y que ya no tenía control sobre la furgoneta que había comenzado a derrapar. Y con un escalofrío, sintiéndose algo culpable, supo que ya no estaba sólo. 

   -Cuidado, vaquero. –parecía vibrar una advertencia en la cálida voz. 

   -¡Jack! 

   -¿A quién esperabas en este momento, Ennis? 

   Ennis miró. Sentado a su derecha estaba él, con su camisa azul preferida, con su sombrero negro de ala ancha, con su mirada hermosa y su sonrisa de siempre; joven y fuerte, como lo vio un día a la entrada del trailer de un carajo al que ya no recordaba, al pie de Brokeback Mountain. El hombre hundió el pie en el freno sin ningún resultado sobre el vehiculo que derrapaba más y más hacia el abismo. 

   -¡Jack! –lo miró suplicante, como asustado, y el otro lo miró largamente. 

   -¿Pasa algo, Ennis? Creí que estabas listo… 

   -Así no, Jack. –casi gimoteó en voz alta, y todo se detuvo en seco: el giro enloquecido que describían, el polvo en el aire, el paisaje rodando a su alrededor, todo paró en el acto. Tragando saliva se volvió hacia Jack, y pronunció palabras que lo sorprendieron mientras iban saliendo de su boca, como si fueran algo ajeno a él.- Ahora no, Jack… -repitió. 

   -¿Pasa algo, vaquero? 

   -No puedo irme así, Jack… Quiero despedirme antes de Ed; quiero poder decirle adiós y que lo extrañaré, decirle que el tiempo juntos fue bueno, y agradecérselo. No quiero que él pase y viva, lo que pasé y viví yo cuando te fuiste, sin que pudiera verte antes. –le dolía decir eso, por lo que le extrañó notar ensancharse la sonrisa de Jack, quien miraba hacia arriba por el parabrisas. 

   -Eso no depende de mí, Ennis. Nunca ha dependido de mí. Es sólo la fuerza de tu amor, de tu dolor, de tus recuerdos y nostalgias lo que me retienen aquí, lo que me hace aparecer de vez en cuando… y no deja que yo parta a otro lugar. –lo dice y parece escrutar el cielo en busca de una señal, tal vez de ese ‘lugar’. 

   -De mi amor y del tuyo, ¿verdad, Jack? Porque tú me… amabas, ¿verdad, Jack? –suena preocupado, como el niño que espera ver en los ojos de su padre, viejo y cansado después de toda una vida de contacto seco y distante, la aprobación y el afecto. Jack lo mira largamente a los ojos. 

   -Mi amor por ti nunca estuvo en discusión, Ennis del Mar. De mi devoción por ti nunca has podido dudar, tan sólo quizás del tuyo. –callan y se miran.- ¿Vas a hacerlo ahora? Yo sigo esperando, estoy aquí esperando por ti… -y el viejo dolor que lo había acompañado toda su vida, le golpeó de nuevo el pecho a Ennis del Mar. ¡Una salida, había una salida!, Jack le hablaba de un lugar, de un paso, de ir a otro sitio, un punto donde estarían juntos, pero aún así, tuvo que responder. 

   -Quiero a Ed, sin él no habría encontrado fuerzas para continuar viviendo. Me gustaría… -y la mirada se le nubla, y le duele detectar tristeza en Jack; porque sabía que era por su culpa, aún después de tantos años seguía lastimándolo. 

   -¿…poder decirle lo que sientes? –terminó por él, Jack, y la sombra oscura de dolor que cruzó su azulada mirada hizo que Ennis se deshiciera en lágrimas.- Entiendo, es importante oírlo decir… -remachó con voz queda. 

   Ennis cerró los ojos incapaz de soportar continuar mirándolo, arrasado por el arrepentimiento y la culpa. Cuántas veces esas palabras no pronunciadas habían abrazado su boca y garganta como el trago más amargo (te amor, Jack Twist) al tenerlo entre sus brazos, a la luz de las estrellas. Habría sido tan fácil decírselo mientras él reposaba contra su pecho, hablando soñadora y alegremente de comprar un rancho, algo para los dos, donde estarían juntos y serían felices. Cuántas veces no se mordió los labios hasta sangrar, al ver partir a Jack en una de mil despedidas, con esa luz que brillaba en sus ojos, luz de espera, de esperanza por oírle decir (te amo, Jack Twist) algo. Soltando una mano del volante, Ennis la lleva a su rostro, intentando sofocar el llanto que subía por su garganta y lo ahogaba, uno que era bilioso, el sabor de la culpa. 

   -Perdóname, Jack, perdóname mi dulce Jack Twist… -gimoteó incontrolable, al tiempo que sintió sobre su hombro la cálida, fuerte y joven mano del otro que lo zarandeaba un poco, con aire animoso.- Perdóname por todas esas despedidas áridas, por todas las cosas que no te dije y que merecías oír. Perdóname por no decirte cuan feliz, vivo y dichoso me hiciste en esos días que… 

   -Joder, Ennis del Mar, toma el volante, ¿o es que quieres matarte? 

   Y sin más, se vio haciendo girar noventa grados el vehiculo, hasta detenerlo a un par de metros del precipicio. Aún lloraba cuando apagó el motor y apoyó la frente sobre el volante, y no necesitó mirar a su lado para saber que estaba solo otra vez, y eso también dolía. Jack había hecho su parte, y se iba, como el dulce ángel de la guarda en que se había convertido, quisiera o no, desde que él se aferraba a su recuerdo de forma desesperada y desolada, temeroso de olvidar algo de su cara, de su risa, de su ternura y que el recuerdo desapareciera finalmente en la nada, eso, lo único real que un día lo hizo sentir y vivir. Jack había cumplido y se marchaba, y al hombre le asustaba eso, ¿por cuánto tiempo se había ido? ¿Por un rato? ¿Volvería mañana cuando lo invocara al despertar, como cada mañana? ¿O estaba dirigiéndose a otro lugar, uno donde siempre había luz, paz, tranquilidad, y se recostaría en el verde pasto, sonriendo dulcemente, mordiendo una brizna de paja, somnoliento, acogido por suaves rayos de sol que no calentarían sino lo justo, disponiéndose a descansar un rato, a esperar, a esperarlo a él hasta el momento en que cayera nuevamente en sus brazos? 

   Ed acababa de atender a los caballos y salía entrecerrando los ojos por el deslumbrante sol de la mañana cuando vio acercarse la furgoneta de Ennis, renqueando con uno de los neumáticos pinchados. Fue a sonreír y a bromear sobre algo, pero al ver bajar al otro con expresión turbada, sombría, dejó caer lo que tenía en las manos y corrió junto a él. Rozó con sus dedos el rostro ceniciento, y lo encaró preocupado. 

   -Ennis, ¿qué tienes? ¿Te encuentras bien? –pero por toda respuesta, el otro lo miró en forma desvalida, abrazándolo luego muy fuerte y durante mucho tiempo, hasta que al fin le oyó en un murmullo corto, entrecortado. 

   -Quería decirte que… -y no puede. 

   -¿Decirme qué? ¿Estás bien? ¿Qué te pasó? –y lo miró a los ojos, extrañamente brillantes y húmedos, cuando Ennis se separó un poco de él. 

   -No es nada malo, sólo que… creo que nunca te he dicho… -y la cara se le contrae en un puchero de vergüenza, de temor a expresar lo que siente.- …cuánto significas para mí. Te quiero mucho, pero no te lo he dicho, ¿verdad? –y calla, notando la sorpresa del otro y como su mirada se ilumina (así habría resplandecido Jack, piensa y le duele, le duele mucho). El otro había enmudecido de emoción, y sólo pudo abrazarlo con más fuerzas, reteniéndolo contra sí, acunándolo. 

   -No hace falta que digas nada, Ennis. –respondió Ed, al fin.- Hay cosas que se sienten, que se saben, que no hace falta decirlas. Yo lo sé. Sé que me quieres, que me tienes mucho cariño. –termina con voz soñadora, algo hueca.  

   Luego sintió las lágrimas ardientes de Ennis en su cuello, y no pudo decir nada más. Volvió a abrazarlo con fuerza y los dos estuvieron mucho tiempo así, enlazados, unidos, corazón contra corazón, con la gran extensión de terreno agreste, con la cabaña, la caballeriza y una lejana montaña azulada al fondo, como únicos testigos del cariño de esos dos hombres que habían decidido compartir una vida porque se necesitaban y eran felices estando juntos como no lo habían sido en mucho tiempo, cada uno por su propia historia; aunque sabiendo que sus familias no lo entendían, y que otros los mirarían con repulsa, burla, agresividad o desprecio. 

   Ed lo abraza y siente un leve deseo de llorar también. De felicidad, de sentir a Ennis así, ese hombre rudo y tosco que una noche lo sedujo con su mirada ardiente, de tortura, sabiendo que escondía un alma hermosa, apasionada. Sin embargo, Ed sabía que Ennis lo ‘quería’, le tenía mucho ‘afecto’ y ‘cariño’, pero amor no se había pronunciado. A él no le importaba, porque nadie podía tener a Ennis del Mar para sí más de lo que él lo sentía ahora. Comprendía que esas lágrimas del otro eran en parte por sus sentimientos hacia él, pero también una tardía confesión de culpa por cosas que no dijo antes. Eran palabras y lágrimas dirigidas a un silente y amable fantasma que a Ed le constaba que existía. El recuerdo de un tal Jack Twist. De tarde en tarde, cuando cenaba con Ennis a la mesa, y hablaban, Ed podía percibir con el rabillo del ojo, algo retirado en la mecedora de la esquina, la presencia del amable espectro que convivía con ellos. “Yo lo amo, Jack”, se había visto obligado a recitar con urgencia más de una noche, cuando al entrar en el dormitorio principal encontraba a Ennis sentado en la cama, con una almohada aferrada contra sí (¿soñando con otro cuerpo?) mirando por la ventana, hacia la lejana montaña, alejado en el tiempo, con los ojos llenos de ayer, brillantes de nostalgia y amor. “Yo también lo amo, Jack. Deja que se quede conmigo un tiempo más, por favor; luego será tuyo, como siempre lo ha sido”. 

   Ennis gimotea todavía, quieto, recostado del otro, sintiendo su aroma, su calidez. Lo quiere, lo quiere mucho, pero su mente era un caos. “Jack… Jack… ¿estás aquí? No te vayas todavía…”. Y le avergonzaba pensarlo. Nunca estaría seguro de si fue el extraño y cálido viento que se levantó meciendo los viejos árboles, que susurraron a tranquilidad, o una voz en su corazón torturado, pero le pareció oír un timbre amado, lejano: “Deja de llorar, Ennis del Mar. Nunca me dijiste que me amabas, y aunque deseaba oírlo de tarde en tarde, cuando me reflejaba en tus ojos después de beber en tu pasión, siempre lo supe. En el fondo lo sabía. Desde el primer momento, cuando te vi y tú levantaste tu mirada huidiza y la bajaste, en ese momento lo supe, que eras mi dueño y yo el tuyo. Como lo supe ante tu llanto cuando temías que me fuera a México a olvidarte. Lo supe desde el principio y hasta el final, ese día, en esa carretera, mientras me… marchaba, pensaba en ti y sabía de tu amor. Nunca dudé de eso, aunque tú lo hiciste. Todo está bien, ¿ahora quieres hacerme el puto favor de seguir con tu vida un tiempo más? Déjame ir a descansar un rato. Te estaré esperando, de alguna manera sé que sí hay un lugar de miel y frutas, de césped verde y mullido, y cielos altos y hermosos en montañas eternas, donde el tiempo no pasa. Vive un poco más Ennis, yo te espero…”.

………. 

   Bien, fuera de una que otra libertad poética, o literaria, la historia es más o menos como la leí en aquel blog, del que espero alguien sepa cuál es y nos lo haga saber a todos. Realmente disfrutarán leer todas esos relatos como lo hice yo el año pasado. 

   En cuanto a la historia, creo que debo decir que la gente da demasiadas cosas por sentadas, y eso es arriesgado. Nunca se le dice a la mamá gracias por todo lo que hiciste, por todo lo que te preocupaste, por todo lo que amaste, por tus miedos por mi felicidad. No nos preocupamos a veces de si está triste, o anda molesta, o si se ve infeliz, ni le buscamos una explicación; como si de tonterías de viejas se tratara. Lo mismo pasa con el padre, o los hermanos. Hay gente que se pelea con sus hermanos por tonterías, malos entendidos o discusiones pequeñas y mezquinas y pierden meses y años de vida que no se habló con ellos, no se tomó algo de caña, se hizo una parrilla o se jugó dominó. A veces los sobrinos van perdiendo el interés o el cariño en esas separaciones que son idiotas y las familias terminan alejándose como extraños. Nada cuesta de ve en cuando mirar a todas esas personas a nuestro alrededor y decirles eso, que los queremos; o un: discúlpame por eso que te dije un día. Realmente hay palabras que tienen magia. 

   Por alguna razón la gente siempre cree que hay tiempo para remediar esto o aquello, para hacerle la vida más fácil a esta o aquella persona que tanto nos dio, para reconciliarse, para ayudar, para reunirse y amar otra vez; pero el Ennis del Mar viejo en su trailer, viendo la camisa de Jack sobre la suya con sus ojos llenos de amargura, remordimiento, dolor y amor frustrado debería servir de advertencia: nunca demos nada por hecho, ni siquiera el que tendremos el tiempo para cambiar y ser felices después. ¡Cuidado!

Julio César.

¡¡¡ NIÑOS !!!

Miércoles, Noviembre 14th, 2007

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   Debieron ser cuidadosos, pero cuando la carne llama… 

   Ramoncito es un delgado y flexible mozo que parece bueno en el fútbol, su papá puestas tiene todas sus esperanzas para salir de abajo en sus piernas. Sin embargo el joven la pasaba mal en la escuela porque… era virgen, y de alguna manera se supo. Alicaído, en las duchas, se lo comentó a su amigo Servando, practicante de béisbol, quien era un vistoso catirito de rostro algo de ratón, quien desnudo, tocándolo en el hombro, le dijo que lo ayudaría. Aunque lo miraba a los ojos, donde parecía haber sinceridad, la mirada de Ramoncito estaba prendada del brillante y liso bate que se balanceaba en el aire. Dejando las duchas, salieron al patio, bajo unas matas que los ocultara, donde Servando le impartió ciertas indicaciones verbales sobre qué decirle a las féminas, y cómo meterles la lengua (aprieta con los labios, usa la lengua), que Ramoncito siguió al pie de la letra, sorprendido y alegre ante lo  bien que se sentía… oír consejos. Saboreó cada trozo de la indicación. Oír qué hacer, lo estimuló tanto que bebió… cada frase con sed… de conocimiento. Luego vinieron indicaciones sobre técnicas, pero Servando es de los que enseña con ejemplos. Y a Ramoncito le encanta, grita contento (¡Sí, sí, sí…!), suda y se agita todo mientras cae una y otra vez sobre un duro punto a entender, pero que penetraba… su mente joven, calenturienta y deseosa de más. Ya no sería llamado el virgen, piensa cayendo agotado y apretándolo todo, Ramoncito. Servando sonríe, complacido de compartir con los menos experimentados, pero deseaba… enseñarle mucho más. 

Julio César.

WILL SMITH SONRÍE INCÓMODO…

Miércoles, Noviembre 14th, 2007

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   ¿Puede alguien, fuera del que suspire y sueñe con él, creer uno de los últimos rumores que ruedan por la red, sobre la supuesta homosexualidad del señor Will Smith? Siendo sinceros, suena atractiva la idea, pero no lo creo, reconozco con pesar. Sin embargo, este hombre alto, atlético, guapo, simpático, carismático, talentoso y… (Dios, calma), enfrenta dicha acusación, seguramente con una leve sonrisa de diversión y fastidio. A pesar de estar casado con la bellísima, y algo peligrosa (según dicen tiene un genio endemoniado) Jada Pinkett Smith, y de sus hermosos bebés, estos rumores corren con esa alegre ligereza de lo escandaloso. A todo el mundo, excepto a sus padres, imagino, le encanta leer cosas como esta. Bueno, ¿quién se resiste a oír una historia así? 

   Al parecer todo lo originó una mujer llamada Tisha Campbell, quien aseguraba que su marido, ¡su marido!, el también artista Duane Martin, sostenía y disfrutaba de una tórrida relación amorosa con el Príncipe del Rap (nombre con el que se le conoce en Venezuela por su serie de inicio). Vaya, si una mujer dice eso de su marido se levantan muchas ronchas: o lo odia mucho o está loca de celos. En una primera suposición deberíamos aceptar que lo odia (a su marido) porque le resultó faltón como hombre para ella (ahí entraría su odio por el súper policía de YO ROBOT, con esa escena de la ducha que…), y luego averiguó algo más. 

   Por donde se le mire la suposición es extraña. ¿Qué mujer racional le cuenta a alguien, alguien que lo publicará o divulgará, que sospecha que su marido la engaña con otro hombre, sin tener una razón aparente para echar el cuento? Debe suponerse que algo sabe, y lo cuenta por rabia. La mención del rumor no dice si Tisha se está separando de Duane, pero es de suponer, o es de mente amplia y acepta que al hombre le agrada, como se dice crudamente, a pelo y pluma; pero si fuera este el caso, que aceptara dicha condición sexual como algo de la vida, cosas que pasan, o cada quién es como le gusta, el que lo divulgue resulta contradictorio. A menos que solamente busque dañar, o levantar escándalo para brillar por un tiempo. 

   Al parecer no se puede buscar páginas en
la Web sobre artistas, hombres o mujeres, sin que se mencione algún detalle sobre una sexualidad ‘desviada’ en uno de ellos; y tal vez sea así, hay de todo en la viña del Señor, y tipos tan apuestos que llevan años probando abundantemente, y con facilidad, algo que siempre estuvo a disposición, puede buscar nuevas experiencias (tan sólo para probar); pero en cuanto a Will Smith, no lo creo, aunque soñar no cueste nada (¿pueden imaginarlo en una fiesta, cruzando miradas con… caramba, Jake Gyllenhaal, acercándosele, alto y guapo, susurrándole algo como que siempre le gustaron sus ojos? Sí, calma corazón). Repito, sin embargo, él se ve tan serio, responsable, agradable y buena gente, que cuesta desear verlo metido en un problema; razones mismas que pueden llevar a otros a creárselos, hay tanta gente malintencionada y envidiosa…
 

   Hace tiempo, viendo el canal E!, transmitían un programa sobre las ciento una personas más atractivas dentro del mundo del espectáculo. No recuerdo en qué puesto estaba Will Smith, que lo estaba, pero había una pareja, un hombre y una mujer, hablando de él. Decían al unísono que lo querían. El tipo dijo que Will Smith era increíble, que sabía cantar, bailar, actuar, tenía un gran cuerpo, un rostro sexy, carisma, inteligencia, sentido del humor… Y por ahí se fue. Lo decía convencido y sin rastros, aparentemente, de interés sexual (aunque cuando se habla de la gente ‘bonita’ eso siempre está ahí, recuerdo a un joven homosexual hablando sobre el beso de Madonna con Britney, y que dijo que aunque era gay, ese beso lo excitó). En todo ese tiempo su compañera lo miraba y remató la intervención con un: a mí me gusta Will Smith… él, lo adora. Y creo que eso resume en buena medida lo que la mayoría siente por el Príncipe de todo Bel Air. 

Julio César.