Archive for the ‘XXX’ Category

SENTIMIENTOS

Martes, Mayo 27th, 2008

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   -Muévelo, so puto… -le ordenaba, ronco y rudo. 

   -Ahhh… sí, métemelo todo, papi, destrózame el culo con tu güevote… -gritaba, como siempre, imprudentemente, Ricardo, mientras Gregorio lo cabalgaba en el baño del bufete. 

   -Cállate, cabrón, que alguien puede entrar. –le gruñe, metiéndoselo todo, dejándole ese tolete bien adentro y empujando más, únicamente logrando con eso que gritara pidiendo más, que le metiera hasta los pelos. 

   Ambos se habían conocido en la universidad, Ricardo venía de una buena familia que le pagaba el carro, el celular, los estudios y los viajes. Gregorio había labrado su futuro con sus manos, trabajando duro. Nunca fueron amigos, el grupito de Ricardo asediaba al de Gregorio, y a este. Pero la vida cambia, ahora Ricardo debía valerse por sus medios y como principiante había llegado a aquella firma donde Gregorio ya litigaba. Gregorio intentó sabotearlo desde el principio, y Ricardo lo encaró altanero como antes. 

   -Hummm… -chillaba Ricardo, gimiendo, sintiendo la sedosa corbata amordazándolo en un vano intento del otro por silenciarlo, restregando sus nalgas de ese pubis, apretando de lo lindo aquel güevo palpitante, caliente, grueso y largo que lo cepillaba una y otra vez, haciéndolo ver estrellas y arder todo el cuerpo. Sus tetillas casi le duelen, pero sabe que pronto Gregorio, fingiéndose arrecho, se las apretaría, torcería y lo medio ladearía para morderlas y chupar de ellas, haciéndolo gritar más de puro gusto animal y sensual. 

   -Maldito mariquito, te encanta un güevo en tu culo, ¿verdad? Te encanta cuando un hombre de verdad te trata como la hembra caliente y lujuriosa pidiendo vergas babeantes que eres, ¿no es cierto, puta? –es ofensivo, rudo, mientras su tolete va y viene con ritmo increíble, mirando esa carita, esos ojos, ese gesto en un espejo de los baños. Y sus dedos van a las tetillas, logrando que el otro se cimbre, y que su culo apriete todavía más. 

   Ricardo intentó imponerse en aquella entrevista, se dijeron vainas, Ricardo lo llamó resentido social y otras lindezas, estaban cara a cara, jóvenes y llenos de adrenalinas y testosteronas. Molesto Gregorio lo abofeteo. Ricardo sorprendido dio un paso atrás, choco de la mesita y cayó de rodillas. Incapaz de detenerse a pensar, Gregorio le atrapó la nuca, encontrando ese cabello suave, y le frotó la cara allí, llamándolo sucia perra inútil. Fue rico frotarlo así, su güevo tenía rato duro y no sabía en que momento, pero esa carita, esos labios rojos le daban placer. Alarmado entendió lo que hacía y lo soltó, asustado, ahora Ricardo podía joderlo. 

   -Llénamelo de leche, quieto toda tu leche dentro de mi culo… -jadeaba el catire, medio volviéndose, hablando entrecortado por la corbata, mirándolo a los ojos, recorriendo ese torso joven y caliente que disfrutaba acariciar. 

   -Te voy a preñar de tanta leche, mamagüevo. –gruñía brutal el otro, con odio, pero atrapándole a barbilla y hundiendo su lengua en esa cálida y húmeda boca ajena, dándole un beso mordelón, lengüeteado, chupado, mientras no dejaba ni un sólo momento de cepillarle bien ese culo sedoso, que palpitaba rico, que halaba que daba gusto su güevo tieso como una barra de acero, duro como nunca antes se le ponía. 

   De rodillas, sintiéndose extrañamente excitado, Ricardo lo miró, con la boca abierta por lo que había hecho. Nadie le había hablado así nunca. Y su boca cayó sobre esa silueta bajo el pantalón, apretándolo, mordiéndolo. Gregorio chilló, dando medio paso atrás, pero Ricardo lo retuvo por las caderas, mordiéndolo. Que eso saliera y se clavara en la boca fue la misma cosa. O que luego terminara aquella primera vez en su culo chico, apretadito y virgen que fue duramente cabalgado. No entendía por qué, pero le excitaba oírlo denigrarlo, llamándolo basura y otras vainas. Y Gregorio gozaba sometiéndolo y pegándoselo, clavárselo hasta las pelotas. Teniéndolo bajo su control. Era el macho alfa, rudo y ruin que controlaba al otro. 

   Mientras sigue cogiéndolo con fuerza, estremeciéndolo todo con las embestidas, con ese güevote que se mete, cilíndrico, grueso y bronceado dentro del rojo, lampiño y redondo agujerito, en donde sólo sobresale un centímetro de tranca; besándolo profundamente, lamiéndole la lengua y tomándose su saliva; pellizcándole las duras tetillas que le encanta morder para oírlo chillar, Gregorio siente que la mente se le pone en blanco, que se tensa, se estremece, se muere y vive, goza y un instante de blanco, puro y poderoso placer lo recorre, mientras llena ese culito de esperma caliente. Es cuando gime aquella vaina, apartando su boca, que lo lleva al desastre y lo hace perder el control de la situación para siempre. 

   -Te quiero… -se le sale, susurrado, casi al rostro del otro que abre mucho los ojos, dichoso, riente como un niño. 

Julio César.

ESA PISCINA…

Martes, Abril 22nd, 2008

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   -Ufff… -si soplo le tiembla el ojito… 

  -Toma, toma, puta cabrona… -graznó Sebastián mientras azotaba esas nalgotas firmes, haciendo gemir de gusto al catire, ahogadamente porque su boca estaba muy ocupada con el grueso y tieso güevo de Ricardito. 

   -Mira como mama… -jadeaba uno de los asistentes, congelado en el agua a pesar del increíble calor, mirando la boca roja subiendo, dejándolo ver brillante de saliva, y bajando sobre el rojizo tolete que era amasado por esas mejillas. 

   -Dale, Sebastián. Dale nalgadas, enséñale a esa perra que eres un hombre… -invitaba uno, riendo, excitadísimo 

   -Métele un dedo… ábrele ese culito con tus dedos. Cógelo con tres… 

  Sebastián estaba como hipnotizados, esas nalgas calientes lo tenían mareado, y abriéndolas, miraba el rojizo botón, chico, cerrado… invitador. Su pulgar va hacia él, apoyando la yema, quemándose. Y el catire gimió cerrando los ojos saboreando el güevo que le llegaba a la garganta, tenía tanto tiempo deseado eso, saborear la  porra de un buen macho caliente, y aquella era inmensa. Le costaba tragarla, pero lo hacía, sus labios delgados bajaban y subían mientras lamía, mamaba y halaba. Si, lo que las mujeres temieron desde que los maridos comenzaron a festejar los sábados en la tarde después de sus juegos de fútbol y béisbol, tomando caña, había pasado: relajo. Ninguna deseba mirar para allá, lo que era mejor. 

   El dedo de Sebastián frota ese culito, empuja sin meterse, lo mueve circularmente, masajeando la entrada, y el catire parecía enloquecer, subiendo y bajando sus nalgas. Incapaz de soportar más, Sebastián bajó el rostro y sopló un poco, viéndolo titilar, deseoso. Y su lengua caliente cayó sobre él, electrizando a todos que se quedaron con la boca abierta. Eso era más sorprendente que ver a Ricardito, sentado en la orilla de la piscina con su calzoncillo tanguita jugar con la cara del catire, halándolo hacia su barra gruesa hasta que esta emergió y con un jadeo de gusto increíble, de quien mucho lo quería, la bonita cara del catire se enterró allí, mamando. Pero esto… ver esa lengua azotar el ojete, lamerlo, chuparlo, ver como Sebastián iba excitándose más y más, atrapándole las nalgas, enterrando el rostro entre ellas, soltando su aliento en la raja, mamando sin reparos, deseando meterle esa lengua bien hondo, los enloqueció a todos. 

   Mientras el catire saboreaba el cálido y tembloroso güevo que se deslizaba sobre su lengua ávida y golosa que recogía con gemidos ahogados de gusto las gotas acres que deja caer, la lengua de Sebastián bucea dentro de él, excitado como nunca, sintiendo al otro temblar, agitarse, contraer el esfínter y… aguarse todo. Ese culo se abría y cerraba, y su güevo le ardía también. Con un jadeo abandona el rico orificio y se endereza, y la gente queda shock. Su glande, liso y amoratado, se enfila hacia el ojete, se frota, y todos gritan. El catire quiere decir algo verlo, tal vez negarse, pero la manota de Ricardito le atrapa la nuca y lo obliga a seguir tomando de su bebieron que pronto lo dejaría ahíto de leche caliente y espesa. El glande se frota, empuja, hay resistencia, pero un empellón leve lo hunde. Y los tres gritan, como conectados (y lo estaban), y sus mentes quedan en blanco, no piensan. Solo sienten. Y lo que siente es bien rico… 

Julio César.

TODO POR ENTRAR AL EQUIPO

Sábado, Abril 5th, 2008

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   El entrenador aún debía probarlo… 

   -Ahhh… muchacho, mi verga entró suavecito. Hummm… cómo aprietas. –jadeó llevando su güevo bien adentro de aquel joven culito que se cerraba fieramente sobre él. Le encantaba pegar sus pelos de esas nalguitas tiernas.- Creo que saldrá muy bien en la prueba… -lo retiró cinco centímetros, oyéndolo gemir de gusto, y volvió a clavarlo, pareciéndole que estaba más mojado y caliente. ¡Esos atletas siempre andaban buscando güevos!

   -Sí, señor, pruébeme. Quiero que compruebe que seré de mucha ayuda dentro de equipo. –jadeó mordiéndose el labio. Cómo le gustaban esas pruebas donde había toletes gruesos, largos y calientes como aquel; como las tenían casi todos los del equipo de rugby, de quienes esperaba nuevas pruebas…

   -Me convenciste muchacho. –bramó atrapándole una cadera y comenzando a cogerlo con fuerza, metiéndoselo todo, hondo, estremeciéndolo con las embestidas, sacándolo luego. Ese güevote iba y venía contra el rojo, redondo y lampiño culito que no era nada virgen.

   -¡Ahhh…! Señor…  sí, ¡démelo todo! –jadeaba cerrando los ojos y sonriendo.

   -Deseas mucho entrar al equipo, ¿verdad?

   -Ya lo creo, pero también seré una buena adquisición, entrenador, como notó soy capaz de aflojar cualquier vaina menos el balón.

   -Si, eso me gusta, tu determinación y tu… entrega. –y martillaba una y otra vez ese culito con su tranca enorme que babeaba los cálidos jugos que quemaban al chico haciéndolo gemir y apretar más su anillo prieto alrededor del tolete.- Creo que el equipo estará muy contento con tu entrada… y créeme, todos van a querer entrarte también… -termina sonriendo, dándole un fuerte golpe de güevo y bolas que hicieron gemir largamente de gusto al muchacho. 

Julio César. 

NOTA: Este corto si es para adultos mayores de 21, el lenguaje puede ser algo grosero. Quedan advertidos. 

NOTA2: He estado algo irregular con las entradas, y lo estaré más. Tal vez no pueda publicar con tanta regularidad. Debo trabajar o no me pagan, y todas estas groserías no se escriben solas, eso quita tiempo. Intentaré no perderme mucho. Chao.