UNIFORMES BIEN CALIENTES
Jueves, Mayo 29th, 2008-Soldado, ¿qué hace? –pregunta el Sargento con los ojos redondos.
-Espero a los insurgentes, señor. Voy a darles lo que merecen. En cuanto los tenga al alcance les disparo toda mi carga caliente… de plomo.
-Bueno, muchacho, tienes con qué. Ehhh… ¿por qué no me disparas primero a mí? –y esas manotas fueron a tocarlo todo, antes de meter una y apretar esa enorme pistola.
-Jacinto, ¿qué haces?
-Me pica entrenador. Hummm… se siente rico cuando me las rasco así, aunque sé que es feo y eso me provoca toda clase de preocupaciones, no es bonito tener una erupción. Me tenso mucho… -y se abre más de piernas.
-Vaya… -el hombre, tomado por sorpresa se pasa la mano por los labios.- Déjame ver qué puedo hacer por ti.
Y esas manotas abre más, apartan la tela (sin calzones, qué vaina), y sí, parece estar muy enrojecido y caliente, le quema la mano… pobre, realmente estaba tenso, pero en fin, él era su entrenador para lo bueno y lo malo, así que debía ayudarlo. Tomando aire abre a boca y lo cubre todo, con habilidad, y comienza a darle… todas las recomendaciones pertinentes. Y lo hizo una y otra vez hasta que el joven, ronroneando de felicidad, terminó soltando al fin todas sus preocupaciones. El coach, como hombre responsable, se lo tragó todo.
Robert era un buen ciudadano, un patriota total, cuando los portaaviones de las tropas llegaban, él acudía a darles una mano y muchas otras vainas para hacerlos sentir bien; que estuvieran cómodos, relajados (quitándoles toda tensión) y fueran bien acogidos. Con esa sonrisa, porte y boca, los recibía muy bien. Tomando a esos chicos medio atolondrados en sus manos firmes, los trabajaba a conciencia, subiendo y bajando vicioso… el tono, hasta que lograba que terminaran de disparar lo que les inquietaba del regreso a casa. Sí, él hacia su parte en la guerra, ¿no lo harías tú?
Julio César.







