VAQUERO BUSCA AMOR
Jueves, Mayo 29th, 2008Le habían dicho que tenía un pistolón bien grande…
Seis meses a solas cuidando vacas en la pradera, dándose mano o persiguiendo a las vaquillas, tenía a Steve mal, así que en cuanto llegó al pueblo fue a la cantina. ¡Pero no había mujeres! Mal, gimió. Con mala cara fue a la barra, donde lo abordó un joven medio ebrio del rancho Reagan. Tomaron y habaron. El chico, en confianza de borrachos, le preguntó que si era cierto que tenía una de las pistolas más grande el Oeste. Steve, sonriendo le dijo que si, que lo acompañara y se la mostraba. En cuanto entraron en ese almacén, quitándose la camisa, el chico jadeó notando la silueta de la pistola. La tocó, la tocó toda, embobado. Caliente, le dolía en la funda, Steve la sacó. El chico cayó de rodillas para verla mejor, y Steve se la acercó más, así que el otro la tuvo en sus manos y luego la manipuló, su boca hacía ruiditos ahogados mientras la probaba para ver si disparaba. Rápidamente los chicos estuvieron metidos en el asunto de comprobar tamaños y si las cosas caben. Steve, sombrero en mano, con sus botas y charreteras, grita sus “yiiiiiiihaaaaa” mientras cabalga nuevamente, con fuerza, dándole duro a su montura que se agita y estrese con sus embates. ¡Señor, qué rico era cabalgar…!
-Bonita montura, muchacho. Nos gustaría probarla también. –lo sorprendió una voz desde la entrada, donde dos altos y rudos vaqueros esperaban también. Sintió temblar su montura, vital, caliente.
-Acérquense, amigos. Está yegua briosa está lista para más acción…
Julio César.





