LAS PIEDRAS
Jueves, Mayo 29th, 2008No, no voy a hablar sobre esa droga a la que le dicen así, el crack, aunque recuerdo un chiste muy bueno sobre el mismo, oído y visto en un programa humorístico: en el llano dos campesinas se reúnen para hablar de lo bien que les va a sus familiares en Caracas, y una carga un saco lleno. La otra le pregunta qué es eso y ella replica que son piedras de río para vender. ¿Vender piedras de río?, se extraña la primera. Claro, dice la otra, a mi sobrino en Caracas le va de lo mejor vendiendo piedra en las esquinas. De las piedras que deseo hablar son de esos cristales energéticos o energizantes; tal vez, por uno que otro comentario, hayan notado que no creo en eso, pero sin embargo entré a una tiendita, ¿por qué? Me sucedió algo insólito desde mi punto de vista por dos veces.
Estando en el trabajo, recibí a una gente que venía de Mérida, en comisión, y había una señora de lo más agradable; ah, las cosas que nos dijimos. Cuando se marchaban, le di la mano como despedida. Y ella gimió retirando la suya, de lo más extrañada, diciendo que había recibido un corrientazo. Yo me reí y lo tomé a chanza, aunque ella insistía en que era cierto. Me toqué. Toqué a otra gente y nada; pero después ocurrió otra vez. Estando con una hermana a la que le tendí mi celular para que llamara, sentí yo una pequeña descarga eléctrica, igual que ella. Aquello fue motivo de risas y extrañeza. Una amiga, Nancy, me contó que a veces la gente se cargaba así, que ella conocía a una señora, maestra, cuyos niños se quejaban de eso. Así fue como una tarde entré en dicha tienda, caminando por la Plaza Bolívar, en el centro mismo del Centro de la ciudad, luego de que sacaran a los buhoneros y a los vende tonterías. Allí encontré un amplio mercado de buhoneros bajo techo, en algo que parecía un estacionamiento. Entré para ver si había ventas de libros. Allí encontré a una joven, cuyo letrerito decía LOCKY, lo que creo un juego de letras para suerte, que vendía piedras, amuletos raros, libros esotéricos, imágenes de buda y demás. Mientras revisaba, hablamos y le conté mi situación. Mirándome me dio una explicación que me pareció seudo científica, pero capaz de afocar a cualquiera. Sostenía que mientras caminamos por las calles vamos llenándonos de cargas ajenas, también de las que exhalan edificios, vehículos, otras personas e incluso del roce que presentamos al aire mientras nos desplazamos. Como en el experimento de frotar plástico en una tela de lana, que lo carga eléctricamente. Según la joven, bonita, de cabellos largos, de rostro negro amable y ojos grandes, me dijo que esa energía debía ser desechada o terminaba ahogando la propia aura, que era la culpable de que muchas veces nuestras plantas se secaran, las mascota parecieran inquietas, que no se pudiera dormir bien o se estuviera ‘nervioso’, e incluso afectaba a pequeños circuitos eléctricos en el hogar (mis bombillos viven quemándose). Me recomendó que caminara descalzo en mi casa, que así el cuerpo se descargaba, y que llevara, como no, una piedra blanca y brillante de cuarzo, que era magnifica para armonizar las energías. Se veía tan convincente, amable, tan ‘sabia’ en lo que decía, que la compré. No creo que funcione, la piedra, pero lo de descargar energía no me sonó tan loco. Estoy probando…
Julio César.



