Archive for the ‘ALGO METIDO EN...’ Category

POCO A POCO SE ABRE…

Jueves, Marzo 6th, 2008

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   “Verga, qué belleza…”, pensó. 

   -Deja… deja ya… -jadeó Francisco, erizado, recorrido de calorones, sintiendo como se medio mueven sus piernas y trasero ante la mano caliente de su primo.

   -Coño, si vas a posar para el concurso Tanguitas Calientes debes ir bien depilado, y si no te aplico esta cremita te vas a irritar por la afeitada. –jadea ronco, recorriendo la tersa piel, que enrojece bajo su mano, ¡qué belleza, carajo…! Y los dedos se hunden más en… sus tareas. Debía prepararlo, ponerlo a punto, tenerlo listo para que ganaran el concurso y luego compitiera en el Hilo Dental de Fuego, y para eso debió llamarlo a botón, el concurso estaba cerca y aún no se depilaba. Ahora tocaba y tocaba el botón, suave, empujando, frotando, dándole a entender que seguiría y seguiría hasta tenerlo cocido en su salsa.

   -Grancarajo… -jadeó Francisco rindiéndose.- Ganaste…    Y se alza un poquito, abriendo más las piernas. Y el riente catire termina de apretar a fondo el botoncito, hundiéndolo, haciendo estallar mil bombas en la cabeza de Francisco, quien gemía que siguiera dándole al botón hasta que estallara el mundo; lo que era una tontería, el primo no pensaba dejar de meterlo bien a fondo. Francisco no imaginó que eso pudiera sentirse así, tan estimulante, tan lujurioso, tan caliente y suave a la vez. Hablo de la depilada, ¿eh? 

Julio César.

YA NO PUEDE VIVIR SIN ESE AMOR

Miércoles, Febrero 20th, 2008

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   Ya no bastaba con uno sólo amor, ni dos… 

   Como todo joven que no pierde tiempo al estar a solas para mimarse, a Jeremías ya no le bastaba con tomar en su mano sus asuntos, siempre calientes y duros como lo son siempre a esa edad. Por curioso había comenzado a explorar otras entradas al asunto amoroso, sólo el roce de sus dedos, y ahora no puede alcanzar la paz si no actúa en dos frentes. Lo más inquietante era que muchas veces termina bien su asunto frontal con tan sólo meterse por la retaguardia. Temeroso de en dónde puede terminar todo (no apartaba la vista de Tony en el vestuario del colegio), aprieta los labios para no gemir cuando los juguetones dedos recorre su tersa piel. Qué vaina tan arrecha, se dice mientras entran y salen… sus pensamientos del mismo peo, que se abre, dilata y traga hambriento… esas ideas. Hummm… es todo lo que se oye; sin embargo, cuando tres… ideas intentan penetrar ahora, se tensa seguro de vencer. 

Julio César.

EL TRABAJO ESTIMULA

Viernes, Febrero 8th, 2008

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   -Hummm… hummm… Me hace falta un amigo que me de una mano… 

   -Rodríguez, ¿no has terminado de lavar ese carro? ¡Llevas una hora! –grita el italiano desde su oficina; vaya pila de inútiles.

   -Ya casi… hummm… -se muerde los labios.- Ya voy a terminar… jefe… Ahhh…

   -Tardas demasiado, maldita sea. Mueve ese culo. –lo reprende a gritos.

   -Ay, Dios… -pega la frente del enjabonado capote.- Lo estoy moviendo… Lo tengo todo mojado…

   -Mueve esos dedos, coño… -sigue regañando.

   -¡Lo hago, carajo! –se le escapa un jadeo, con mirada nublada mueve los dos dedotes que llegan al fondo. Cierra los ojos, obedeciendo al jefe y casi gritando aunque no quería.- ¡Hummm…! Este trabajo… se siente tan bien… -susurra, hasta que una manota caliente le cae en una nalga, haciéndolo gritar asustado.

   -Calma, muchacho, no sabía que estabas tan ocupado. –oye, sorprendido mira al italiano cuarentón, un tipo bien parecido, dueño de muchos talleres y de una buena llave de tuercas que se bambolea en el aire en esos momentos, rojiza y cabezona.- Debiste decirme que necesitabas ayuda… -le retira los dedos del trabajo, le hala la cintura poniéndolo en posición, y lo ayuda en lo que en verdad quería el muchacho.- Ahhh… Rodríguez… Sí que lo mueves bien…

   -Hummm… gracias por la ayuda, jefe… Ahhh… -casi sollozó de gratitud. 

Julio César.

DEMASIADO TIEMPO LIBRE

Viernes, Diciembre 21st, 2007

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   Ah, esos momentos de uno en la mañana… 

   Hombre es sinónimo de vagancia y ocio. Ricardo, quien tenía un horario distinto al de su mujer que salía primero a trabajar, podía seguir en la cama un poco más. Cuando le dio por depilarse las piernas por lo de la natación, su mujer lo miró mortificada; pero a él, que notaba las miradas sobre su cuerpo en la piscina, no le importó. Era muy vistoso en traje de baño. Cuando decidió dormir en suspensorio, la cara se le arrugó toda a la mujer, y claramente le dijo que no aceptaría que durmiera desnudo. Ella ignoraba hasta dónde llegaban ya las cosas. Si le preguntaran, Ricardo no habría sabido qué explicación dar mientras esos tres dedos trabajan, lentos, acariciantes cuando se hundían suave, como cuchillos en mantequilla en nuevos movimientos y descubrimientos que lo hacían gemir bajito y apretar los labios para no chillar en su cama. Muchas veces mordía la sábana cuando los tres estaban clavados hasta el fondo. La cosa, obvio, ya era vieja, de un meñique ya se acercaba al medio puño. La semana que viene su mujer se va de visita con sus padres, y el joven ya piensa en aquella tienda rara donde vendían esos implementos de caucho, gruesos, largos y nervudos. La suerte no lo acompañaría del todo, ya que el negocio era de un pana de la piscina, quien casi lo amenazaría para que aceptara lo que una semana más tarde ya estaría probando, a cuatro patas, agitando ese culo, en la trastienda. Pero, por ahora, “hummm”, gime, algo era algo… 

Julio César.