CARAS VEMOS…
Parecía tan inocentito, pero…
Cuando Jairo entraba a las duchas después de una práctica de fútbol, yo no podía dejar de mirarlo… tenía un rostro tan inocentico. Había algo en él que llamaba mi atención, a decir verdad, ¡tenía mucho a la vista! Nunca dije nada, porque era tan tiernito y dulce que me avergonzaba mostrarme como el sátiro que soy… Eso cambió cuando mi compadre, Roberto, me contó algo: hace dos semanas regresó a los vestuarios porque había dejado su cuartera, y encontró a Jairo metido en el contendor de ropas sucias, olisqueando y mordiendo suspensorios usados y sudados. Que al verlo, el muchacho se asustó y lloroso le dijo que era una condición medica llamada fetiche. Roberto, el muy perro, me dijo que se enterneció ante su problema y dejó que oliera, mordiera y chupara el suyo también, si tanto lo necesitaba…
-Claro que antes, yo me lo había puesto otra vez. –rió el condenado.- Creo que fue una sorpresa para él ver que así sabían mejor. Y míralo, creo que me espera, ¿vamos a ayudarlo con su problema?
-¡Coño, claro…! -gemí, con mi suspensorio ya todo lleno…
Julio César.
