LUCHAS INTERNAS, MI OTRA NOVELA

   Cuando comencé a escribir mi primer guión en verdad para una novela, una completa, larga, con muchos personajes, no tenía una idea exacta sobre lo que iba a tratar. Se puede decir que todo fue desarrollándose a partir de la primera escena, esa del abogado que espía por la ventana a un tipo que se cambia de ropas. Recordando como comenzó todo, aún me río, como lo hice ese día algunos años atrás. Informo que LUCHAS INTERNAS la escribí entre el dosmil dos y los primeros meses del dosmil tres, mientras Venezuela atravesaba una fea crisis de la que todos pensamos que saldríamos. A finales de febrero del dosmil tres ya se veía que no sería así, para esa época ya sabíamos que lo que venía era la dura noche de oscurantismo que cubre a Cuba desde hace más de cuarenta años ante la indiferente mirada de un mundo a quien le importa un carajo la suerte de los antillanos (como nos importaba poco a nosotros). Pero ese matiz de crítica, de denuncia, de querer gritar por escrito lo que ahora podría ser un delito decirlo en voz alta y que puede llevarte a muchos años en una prisión, no estuvo en el plan original. Es que, como ya dije, no había ni novela proyectada.   

   Regresando una tarde al edificio donde vivía, me encontré con que no llevaba mis llaves. Ah carajo, ¡cómo arrecha eso! Uno no halla qué hacer. Me senté en unos escalones esperando que llegara alguien y todo el que pasaba me preguntaba: ¿se te quedaron las llaves? Algo que molesta casi tanto como dejar las llaves mismas. ¡Que pasión de la gente de preguntar lo obvio! Así que bajé a los estacionamientos y me puse a camina de aquí para allá, con mala cara para que nadie se me acercara. Al pasear por la parte posterior del edificio, me encontré con un vecino que miraba con mucho interés hacia la parte baja. Detrás del edificio hay una calle que desciende mucho por lo que es posible ver techos y ventanas de las casas de la acera contraria. El vecino, un tipo joven y bien parecido que tenía una pinta que ya hubiera querido yo para unos carnavales en la isla de Margarita, casado con una muchacha bien bonita, era de esos un poco exhibicionistas. Más de una vez lo encontré en el ascensor vistiendo camiseta y traje de baño cuando se iba para la playa. Y no era un mal espectáculo, muy al contrario, pero hay que ver… ¿qué persona bien criada hace eso? En fin, el tipo parecía realmente interesado en lo que veía. Tanto, que me dio curiosidad y me acerqué. La cosa empeoró a mis ojos, o se me hizo decididamente sospechosa, porque el tipo en cuanto me vio salió pirado. Casi corrió.   

   Por supuesto tuve que mirar. Me asomé y… ¡sorpresa! En la parte baja había un gimnasio, y por una de la ventana se veía a un carrizo de buena contextura, arreglando vainas como toallas y cosas así, vistiendo únicamente un colzoncillito blanco, tipo bikini, de esos que usaría alguien con una buena pinta y al que no le molestaría ser fisgoneado (¡yo no lo haría, ponerme semejante bikini, quiero decir!). Me dio tanta risa, porque la sorpresa fue grande, que estuve muy divertido con eso durante días. Y como siempre he tenido la idea de que algún día escribiría algo, archive esa historia como algo ligero que no llenó ni dos páginas escritas a máquina, lo hice de una forma jocosa. Ese vecino me evitaba, y lo entiendo. Por cierto, en cuanto vi al tipo con su bikini medio hundido en el rabo me fui de ahí corriendo, no fuera a verme alguien como yo pillé al otro. ¡Tengo una suerte para meterme en cosas embarazosas!, y muchas veces ni tengo qué ver. Cuando me dije más tarde que ya era hora de escribir una trama larga, decidí comenzarla con esa historia. Iba a girar sobre un tipo, un abogado, que se enamora de un compañero de trabajo; pero de alguna forma cada personaje y cada historia agarró por donde mejor le pareció y terminé con LUCHAS INTERNAS, un título que (eso espero) funciona de manera ingeniosa a varios niveles. Y es este un mamotreto que unas cuentas páginas más y alcanza a EL SEÑOR DE LOS ANILLOS. Me desboqué. Hubo momentos en los que mutilé párrafos enteros, sobretodo en la trama ¿sentimental?; fuera de sufrir un accidente con el disco donde tenía grabado los primeros tres capítulos (jamás escriban nada sin un respaldo, así sea un anónimo amenazante o una carta de chantaje).   

   Una vez terminado lo envié a la gente que siempre me había recibido trabajos, pero ya estaban cambiando de ramo. De una forma que a mí me pareció extraña, dejaban de publicar revistas para montar tiendas de videos, ¡tiendas de videos! Me aconsejaron ir con otras personas, pero luego de meses revisándola me la regresaban con una u otra indicación, pero con la acotación final de que era algo que no estaba dentro de la política de la editorial. Diagnostico al que podían haber llegado fácilmente nada más con leer las primeras páginas y no al cabo de semanas enteras, digo yo. Pero en fin, para arrecheras las mías, fue a mí a quien le fue mal, por lo que decidí contar la historia de todas esas personas de esta forma. Si alguien la está leyendo, perdone lo lento de la trama, o lo muy descriptivo de lo otro, pero luego llego a los ‘sentimientos’ de los personajes, y aunque me esté mal el decirlo, según me dicen, esa parte resulta muy atractiva. Fue divertido imaginar todas estas cosas, que ahora hasta me hacen reír al releerlas.  

   Hablando ahora en forma un poco más personal, les cuento que la escena de la piscina en el resort aquel, a la que aún no llegamos, fue algo vivido, aunque no en todos esos detalles y matices. También fue una situación sorpresiva para mí. Ese día estaba yo con amigos y familiares tomando sol en la playa, cuando comenzó cierto acercamiento (y manoseo) de uno de los conocidos en un jacucci. Ahí estaba yo, con mis ojos cerrados, flotando, cuando esa mano se metió dentro de mi calzón, así, como en una película, no de Disney, claro. La cosa no evolucionó a más, y mucho menos terminó como en el relato, aunque debo confesar que fue realmente estimulante, cosa a la que contribuyó el hecho mismo de estar así, a la vista de cualquiera que se tomara la molestia de ver. Si, fue divertido, y estimulante. Siempre es grato, y sorpresivo, saber que uno gusta. Por un tiempo pensé en continuar la comunicación pasado el momento, era un tipo agradable; pero no lo manejé bien, me parecía algo incómodo por la cercanía a tantas amistades; y no sé qué me pasa con los teléfonos, nunca llamo. Y siempre veo un problema.    

   Confieso que quien perdió fui yo. Viendo en retrospectiva esta es otra de esas muchas cosas que lamento haber dejado pasar así como así, sin aprovechar el instante, cuando las recuerdo. A veces evocar, tener memoria, sobretodo si es buena y funciona bien como la mía (tengo memoria de rencoroso) no es tan agradable como muchas personas creen. Tengo amigas que dicen que a veces sería mejor olvidarse de todo una vez que algo pasa; no llego a tanto, pero sí es duro mirar y comprobar todas esas idioteces que se fueron cometiendo durante la marcha de los años, sabiendo que lo pasado ya no puede ser remendado muchas veces. 

Julio César.

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