PASEANDO LA PINTA

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   Era un carajo orgulloso de su estampa… ¡y qué estampa! 

   Sin importar lo que dijeran, a inspector Gerardo Muñoz, comisario de policía, le encantaba usar sus tangas en el resort. Su mujer se molestaba, igual sus muchachos, pero nadie más ponía objeciones. No era raro que las cabezas de chicas y chicos se volvieran al pasar él, altivo, fornido, escasamente vestido y con el saltito alegre de toda su… estampa. Al entrar en las tibias aguas de la piscina, donde pasaba horas, las orillas se llenaban de aparentemente distraídos muchachos, aunque todos tenían clavadas sus miradas… donde deseaban enterrar el rostro, buceando con ansiedad. Muchos, temblando, imaginaban que la telita debía ser suave, muy a propósito para pasar la mano, una y otra vez, antes de meter los dedos, o darle la vuelta y usar la boca… para decirle que lo admiraban por su enorme, altiva, cálida y dura… personalidad. Que por alguna razón extraña, todos imaginaban que debía ser rojita. También, por alguna razón, las bocas se les hacían agua. Sí, mirarlo era un placer… parecía un tipo muy agradable. No te molestaría verlo así, ¿verdad? 

Julio César.

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