PODRÍA PASARLE A CUALQUIERA
-Ahhh… ¡Nooo! No… No te detengas…
Marcos tuvo un percance esa mañana con su carro, y totalmente vestido de saco y corbata, como debe ser para un joven gerente, llamó una moto taxi. El tipo era de buena pinta, reconoció él como hombre que va a gimnasios, y se fue con él. El sujeto le dijo de cortar camino por una calleja y se metieron, para estacionar en ese lugar. Marcos se inquietó, no sabía qué ocurría. Duró poco la confusión. Otro tipo, un moreno enorme, salió de las sombras. A fuerza de empujones, gritos, insultos, golpes con macanas tipo policiales, y navajas acariciando sus pómulos, fue reducido. Le amarraron las manos mientras le destrozaban las ropas entre risitas sádicas. Su boca se vio obligada a abrirse para… suplicar, pero esos tipos eran malosos y lo pusieron a tragar esas macanotas que cargaban, hondo, por turnos, y de las dos a un tiempo. Dedos crueles lo jorungaron metiéndosele con fuerza… en las carnes. Ahora lo sometían con un juguetito extraño, que lo hacía gritar mucho, al principio de miedo, humillación y dolor, ahora de gusto. Tal vez porque el sujeto le dijo que era eso, un juguetito. Y los juguetitos no dan miedo, ¿verdad? Sin embargo, jadeando, sudado y enrojecido, viendo como se bamboleaban en la nada esas enormes y babeantes… macanas, el joven sabía que todavía le faltaba probar algo nuevo. Pero como ya le picaba, palpitaba y lo tenía mojadito, no se inquietó tanto. Al salir de ahí, si salía, mandaría a revisar muy bien el carro. O sí no, se compraba uno nuevo.
Julio César.
