BELLEZAS ACUÁTICAS
Con esas caritas, ¿cómo pasar desapercibidos?
-¿Qué hace, señor? ¿Está loco? ¡Nos verán! –gimió bajito para evitar el escándalo, sintiendo como esos dedos bajaban la suave tela.
-Cálmese, caballero. Disimule. Ya no aguanto más; Dios, qué tersas y lisitas son. –gruñó, apoyando su barbilla en el otro, y los dos se quemaban dentro de la piscina.
-Hummm… sus dedos me enloquecen, señor… Oh Dios…
-Si, entró; déjeme moverlo bien. Voy a separarlas más, okay… Aquí voy con todo. Relájese…
-Hummm… Nos verán. –temblaba para sus adentros, con temor de moverse, aunque sentía ganas de agitarse, revolverse, gritar y saltar sobre ese carajo recién conocido… jugueteando en el agua como un niño, claro.- Oiga, ese tipo nos está mirando.
-Es el hermano de mi mujer, pero mírelo bien, sonríe, seguro que quiere estar aquí. Ahhh… calza tan bien, ¿lo sientes? ¿Le agrada? Es difícil hacerlo sin moverse por lo que tengo que pulsar más, pero le aseguro que va a terminar bien mojado.
-Hummm… -era lo único que ocupaba su mente.
Julio César.
