LA SIMPLE LLAMADA NATURAL

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   Sol, mar, arena y chicos calientes… 

   Sonríe viéndolo llegar. Siempre llegaba la ocasión cuando se tendía allí a leer o tomar algo de café, con su bolso de viaje y su pequeña silla plegable que encima daba pequeños masajes. La playa estaba solitaria a esas horas de la mañana y sabía que su bañador rojo ajustado de salvavidas que apenas contenía las cosas buenas, levantado escandalosamente en ese momento, diría lo que quería. El otro, jadeando dentro del agua, lo mira y le sonríe, saliendo, enorme y viril. Sentado lo mira y se pasa la lengua por los labios; que más tarde tiene que abrir para cubrir… de explicaciones, la dura situación a la que se expone. Es grande pero la atrapa toda, casi quedando sin aliento. Es un chico de hábitos, de ejercicios, de vida saludable, y de tomar mucha leche tibia todos los días, como sucede ahora. Pero sonriendo, cayendo de espaldas, riente, le agrada también jugar con sus amigos a la lucha libre, donde los bañadores bajaban, en juego, y uno que otro dedo travieso tocaba demasiado y se metía en… vainas. El chico, sentándose finalmente sobre ese particular asiento vibratorio que masajeaba, gime bajito, mirando la playa azul, le encantaba esa vaina, era tan grande y cálido… ese bonito paisaje. Cae exhausto, como siempre que iba a trabajar y se miran.

   -Hola, me llamo Gabriel. –dice.

   -Y yo Javier; vaya, nunca creí que con otro tipo… se pudiera ser tan amigo. –se pone de pie.- Hummm… debo irme, lo siento; voy a buscar a mis hijos y a mi mujer para llegarme al islote. ¿Nos vemos después? – suena interesado. ¡Cosas que pasan! 

Julio César.

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