¿QUÉ SERÁ LO QUE TIENE LA MAR?
El joven vaquero estaba decidido a domar ese potro…
Roberto paseaba por la playa pensando sobre el cómo proponerle matrimonio a Mónica, cuando encontró a un carajo, catirón, echado sobre una toalla azul, dándose puño sobre su enorme juguete. ¡Era increíble! Lo hacia bien, con ritmo, mordiéndose los labios, gemía ronco, sudado, y al verse descubierto se miraron. Roberto apenado pensó irse, pero el tipo, sonriendo, agito su varita mágica, hechizándolo invitador. Mirando en todas direcciones, asustado pero excitado se acercó a ver que podía salir de esa varita, y aquel sujeto lo hizo inspeccionarla primero con su boca, y de verdad era mágica, de un inicial sabor acre a orina, le supo luego a gloria mientras la saboreaba de abajo arriba. Pero los dos querían más, y no pasó mucho tiempo antes de que cabalgara a pelo, una experiencia nueva, grata y quemadora de calorías lo que era bueno para quien se cuidaba como él. En todo momento, al subir y bajar sobre el enorme y brioso animalote, conversaron con altura, como dos tipos sensatos e inteligentes.
-Ahhh, que rico, cabrón…
-Apriétalo, güevón…
-Si, sí, maricón, ya lo aprieto más. Ufff, que grande…
-Menea bien ese huequito caliente…
-Lo tengo todo roto…
-No digas maricadas, te gusta, mal parido… -continuó el otro poeta.
Julio César.
