OSCURO PRINCIPIO
-Vamos para el club…
De todas las materias escolares la historia debe ser una de las más fascinantes que hay. No lo digo porque me guste leer; cuando estudiaba, en años tan atrás como la primaria, hasta los mala conducta vivían pidiéndole a la profesora que hablara de las edades geológicas, por los dinosaurios. Otros deseaban oír de la era de los piratas, o los conquistadores españoles. Había algo para todos. Y no es extraño, la historia es realmente interesante.
Sin embargo, siempre me pareció curioso, al llegar a más edad, las primeras nociones sobre Historia Universal. Los orígenes de la vida continúan oscuros, ocurrió algo fortuito, casi milagroso (palabra que espanta a los religiosos de la ciencia) que logró crear algo parecido a la vida, sin ser vida, algo raro como una piedrita moviéndose, que tomó conciencia de sí, reproduciéndose, desplazándose, alimentándose. Llegando a vivir, pues. Y aunque la Abiogénesis (vida que viene de la nada, como imaginar que meter granos de maíz en una caja ‘crea’ ratones) había sido denunciada como un gran fraude, entre risitas de superioridad para con quienes creían semejantes tonterías, los biólogos ante esos ‘primeros’ organismo que salpicaron de pronto la sopa primigenia tuvieron que desempolvar la vieja teoría dándole carácter más moderno, con términos grandes. Claro, ahora no era ridícula, sino ‘fundamentada’. La cuestión es que aquí estamos, por lo tanto algo ocurrió y llegamos a ser. El que no se pueda reproducir en laboratorios, ni aún hoy con todos nuestros avances en genética y micro biología, ese ‘primer ser’ no desanima a nadie. Estamos y punto. Creo que por ello los libros de texto escolares sobre Historia en general no se detienen demasiado en este punto.
Lo otro que destaca son los primeros rastros de civilización. Todos coinciden que fue en África (qué irónica, la pobre, sufrida y martirizada África), donde los primeros seres que parecían ardillas, luego homínido, terminarían por convertirse en hombres. En sí esta familia de homínido es notable, ya que habla de mamíferos simiescos con colas que consta de un solo miembro, el hombre, pero abarcando además a los ancestros fósiles, como el Homo Erectus, el Australopithecus Africanus (se sostiene que es el primer homínido, el más lejano antepasado del hombre actual), y otros. Siempre he pensado que le debemos más atención a este continente. Luego viene un raro período de clasificaciones y reclasificaciones. En verdad hay representaciones que son más fantasías que otra cosa. Es imposible reconstruir toda una cara, postura e incluso forma de moverse de una criatura contando únicamente con una quijada y tres dientes. Cuando se intenta diseñar el árbol genealógico del hombre, hay muchas ramas, todo el que encuentra un hueso dice que ese fue el primero y que por ahí debe ir la broma. No todos pueden ser reales.
En lo que parece haber concordancia es que las dos ramas, humanos y antropoides, evolucionaron de un primate muy parecido a un chimpancé, en un tiempo tan largo en el pasado como veinticinco millones de años (na’ guará), Dos parientes lejanos que forman parte de todos los árboles son el Neandertal (grueso, poderoso y de baja estatura), considerado más primitivo y simiesco, y el hombre de Cromagnon, más parecido al hombre actual (hay quienes sostienen que su capacidad craneana era mayor que la nuestra, lo que sería contrario a la línea de la evolución), que se supone emergió de las cuevas después de la última glaciación.
Y como en todas las grandes verdades, hay dos escuelas para esto. Hay quienes opinan que ambos, el Neanderthal y el Cromagnon existieron en periodos distintos, como sería lógico siguiendo el cuadro evolutivo, un ser primitivo da paso a otro más elevado; sin embargo hay quienes sostienen que convivieron en el mismo tiempo, pero que el Cromagnon logró derrotarlo en la competencia por la subsistencia. Recuerdo que un chiste de Los Picapiedras (la familia más famosa de todos los tiempo hasta la llegada de Los Simpson) era sobre eso, Pedro había discutido con Pablo, y viendo viejos álbumes de fotografías, aparecía una donde él era cargado por Pablo. Wima le preguntó cuándo fue eso y respondió: cuando fuimos a la guerra con los Neanderthal.
Es curioso todo lo que se recuerda de esas clases. Mi profesora sostenía que la vida del hombre registrada desde las primeras pinturas rupestre, abarcaba unos cien mil años, pocos más (una minucia si vemos la edad de
la Tierra), de los que noventa y tantos mil constituyen La Prehistoria con sus edades de piedra y la de los metales; y poco menos de seis mil años desde el comienzo de La Historia. La historia se inicia formalmente cuando aparecen los primeros caracteres impresos, la escritura, el invento más increíble hasta el momento, eso que permitió llevar un registro de quienes éramos, lo que somos y permite predecir qué seremos. Con los registros escritos se llevó un testimonio de lo ocurrido antes para las nuevas generaciones, pero lo más importante es que esos nuevos asentamientos sabrían cosas como que en tal periodo tal río creció tanto que arrasó con todos, y con ese recuerdo que cantaban piedras y tablillas, podían estar preparados por si ocurría otra vez. Lo que nunca he entendido bien es por qué siempre comienzan el estudio de la Historia Antigua con Egipto, siendo que fue en Sumeria donde aparecería por primera vez la escritura y un primer chispazo de lo que sería la civilización. Siempre me han gustado las películas sobre La Tierra que el Tiempo Olvidó, suena bien, ¿verdad? Pero la ciencia, la gran aguafiestas, sostiene que hombres y dinosaurios no convivieron, que estos se extinguieron, misteriosa y súbitamente, casi al mismo tiempo, muchísimo antes. Obviamente este holocausto reptil no ocurrió en una mañana, algo sucedió que alteró toda su forma de vida y en menos de una generación desaparecieron. Así lo sostienen las teorías sobre glaciaciones, o las del recalentamiento que acabó con la flora. Los catastrofistas sostienen que un enorme meteorito chocó contra la tierra produciendo un estallido de no sé cuantos megatones de potencia, provocando cambios climáticos súbitos, terremotos, temblores, maremotos, cubriendo finalmente la atmósfera de polvo provocando algo parecido al inverno nuclear, agotando los alimentos y congelando las aguas. De todo ello sobrevivieron las criaturas más pequeñas. Y aquí quiero detenerme, por ahora, ¿no es chocante que existan tantos misterios que no puedan ser señalando con un tajante miren, así fue esto?
No se puede reproducir experimentalmente, en reducida escala, la aparición de la vida, no de aminoácidos que no sirven para nada, sino de una secuencia que conlleve vida. Dicen: ah, no, no se puede, se necesita todo un planeta como la Tierra primitiva para lograrlo. Que conveniente, ¿verdad? No se puede llevar un registro de cambios morfológicos y fisiológicos de los seres vivos. El registro fósil no habla de animales que eran mitad una cosa y mitad otra, como un reptil cambiando a mamífero; pero suponemos que el hombre evolucionó de formas simples. Claro, se arguye que cada nueva forma sustituyó a la otra, pero ¿a tal punto que no queda ningún registro? Hay fósiles de simios prehistóricos, y de ‘humanos’, pero no de criaturas intermedias; y si a eso vamos, ¿cómo sobrevivieron los chimpancés y no los que estaban uno o dos escalones por encima? No existe una teoría unificada que explique, en todos sus detalles, aceptable para todos, la causa de la desaparición de los dinosaurios. Teorías, hay muchas, según cada grupo que lo estudia; pero una que englobe y sea válida porque da respuesta a todos esos puntos de controversia, no existe. Las mismas eras glaciares son un enigma, ¿por qué ocurrieron? ¿Tanta ciencia y no se puede dar un tajante “esto fue”?
Sin embargo, aquí estamos, como dije. De alguna manera, sin ser los más grandes, rápidos, incluso hay seres con cerebros más voluminosos que el nuestro, hemos logrado subsistir. Seguramente esto ya lo han explicado en mil textos, no los he leído, lamentablemente una vida no alcanza para verlo, oírlo, experimentarlo y leerlo todo, pero me parece que lo que nos dio ventajas fue: nuestros dedos móviles capaces de asir, torcer, construir; el cerebro nos dio para ver la utilidad de la rueda, el fuego… y la punta de lanza; pero por encima de todo, aprendimos a comunicarnos, a hablar, y nos hicimos entender. Fuimos capaces de expresar ideas complejas, y aquel que veía la forma de resolver un problema pudo darlo a entender a otros. Y la escritura. Todas estas herramientas dadas al hombre, vacilante todavía sobre unas patas que acababa de asentar en tierra firme después de bajar del árbol en África, inquieto desde que miró el cielo por primera vez, sospechando o presintiendo que podía haber ‘algo más’, le dieron una oportunidad a nuestra raza, el hombre se miró, tomo aire, vio la estrellas y dijo: aquí estamos. Era poco y se hizo mucho. Tal vez la raza sí mereció, y merece, prevalecer.
Julio César.