EL BIKINI AZUL
Hola, ¿quieres ser mi amigo del alma?
Sentándose en la orilla el muchacho vio a todos esos tipos tomando caña, y a este pimpollote llevando sol, paseándose insolente, entrando al mar y saliendo chorreando agua, tendiéndose en una tolla y dejando que los panas le aplicaran bronceador, tanto en su pancita como en sus pectorales, para luego pasar a su espalda, y esas manos recorrieron esas nalgotas con ganas. El muchacho, todo caliente… por el sol, lo mira jugar a la pelota, saltando, corriendo, con el bikinicito más enterrado, sacándolo metiendo sus dedos y halando. Los mira caer ebrios, todos apretujados, todos tocándolo, con manos que soban con codicia aunque fingen jugar, con bocas que caen y mordisquean como si tremenduras fueran. Y con la boca seca el chico los mira entrar a una ancha carpa, con los tipos casi halándolo, incapaces ya de aguantar… verlo en esa mierdita rica. Uno lo miró.
-Vente, panita, vamos a gozar…
Julio César.
NOTA: Creo que uso demasiado esta foto, pero ¿que creen…? Me gusta, aunque a ciencia cierta, no sé por qué.
