ADIESTRAMIENTO

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   -Se cree muy muy… pero yo tengo con qué amansarlo… 

   Marcial era un rudo camionero que llevaba, de contrabando cerveza a los jóvenes universitarios a su ‘casita club’. Un día los robó con varias decenas de botellas vacías, convencido de que no podrían hacerle nada. Obviamente no conocía a los ‘cerebritos’. Sonriente y burlón cuando fue por sus vacíos, sintió un olorcito extraño al que no le paró hasta rodar por el suelo. Ahora, mareado, despierta atado con varias correas y cadenas, con un calzoncito de cuero, sus pezones perforados, igual que una de sus orejas y con un aro justo bajo sus testículos. Estaba aterrado. Pero aún gritó y amenazó cuando el ‘cerebrito’ en calzoncillo llegó, mostrando una dura y gruesa porra que lo alarmó más. Coño, iban a caerle a palo del bueno y no podía defenderse. Pero lucharía, se jura… hasta que un frasquito con olor a almendras, lo mareó. No sabía cómo, pero ahora él también cargaba una porra visible y violenta, pero andaba mansito aunque el muchachito lo llamaba perrito malo, dándole bofetones, que tragara lo que había, y con la sed que tenia hasta orina tomo. Lo llamó perra y en cuatro patas aullaba mientras el chico porra en mano le daba y le daba duro. Comió carne dura y caliente como una fiera, y le dieron más palo del duro. No sabe cuánto tiempo lleva ya en eso, pero debían ser días o semanas; descansa amarrado hasta que su amo viene con los otros estudiantillos y entonces es la perra reina. Sonriendo adormilado ya no recuerda casi su otra vida, una dónde no era tan sobado, mimado, y aleccionado a palo duro cuando era malo. 

Julio César.

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