EL ENIGMA DE PARSIFAL

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   Hace tiempo, cuando hice una leve crítica a El Código da Vinci, ganándome reclamos y hasta malas caras de los conocidos, algunos me preguntaron sobre el otro libro que mencioné, EL ENIGMA DE PARSIFAL, y de sí estaba loco por comparar una novela moderna (El Código, no se confundan) con otra tan… ¿vieja? (hasta la comparación es insultante, para El Enigma). A mi entender, la cuestión no debe ser jamás planteada en semejantes términos, porque si a ver vamos, la Biblia no tendría ningún mérito, ni siquiera literario, por vieja, comparada a cualquier tontería que se escribiera hoy en día. Y sin ir tan lejos, ¿entonces los libros de Ágatha Christie de los cincuenta no sirven? No, ese no debe ser el punto. La cuestión es saber si un libro es interesante, logra despertar suspenso, curiosidad y sí es capaz de hacernos preguntar con su línea argumental: ¿será esto posible, podría suceder en tal o cual condición? 

   Los libros de Robert Ludlum, escritor norteamericano, tienen esta envidiable virtud. Sabemos que se trata de ficción, pero son emocionantes y absorbente, y uno tiene que leerlos hasta el final, siempre haciéndonos sentir la duda: ¿sería esto posible en un mundo demente? O la mayoría de sus historias al menos cumplen con este cometido, hay que aclarar. Siempre pasa que hay un libro mejor que otro, aún siendo del mismo autor. 

   El Enigma de Parsifal, desde sus primeros párrafos donde hablan de la ejecución de una mujer que grita y patalea para no morir, en la Costa Brava (que bonito suena ese nombre) en España, es emocionante. Ya ahí queda establecida la personalidad del héroe, un tipo torturado que se ha visto obligado a vivir en un mundo demente, sin las reglas y protecciones de aquellos que asisten a un trabajo todo los días, comen con amigos y tienen una o dos novias por ahí. No, su mundo es de oscuridad, uno que lo ha llevado a ese lugar, a esa playa, para atestiguar la muerte de su único gran amor, una mujer con la que soñó escapar un día de su vida de locura. El hombre es un espía del Servicio Secreto de su país. Un agente, dicho eufemísticamente. La mujer ha resultado una mentirosa, su enemiga, enemiga de ese país.    A medida que avanza la narración descubrimos el submundo de fingimientos, de engaños, de dobles vidas y hasta moral que lleva un grupo de personas que por desición o necesidad se ven obligados a vivir una vida clandestina, bajo las calles, el del espionaje del Oeste contra el Este. Comenzamos a leer sobre violencia e intrigas en Londres, Paris, Roma, Grecia y un oscuro pero hermoso paso entre Los Alpes Suizos, con unas detalladas descripciones que casi hacen evocar imágenes de esos lugares. Y mientras más ojeamos, más nos adentramos en una conjura dentro de la conjura, todo servido para disimular conspiraciones mayores y más terribles. Los personajes tienen pasado, una historia, no aparecen así como así de la nada, y son antecedentes terribles y llenos de dolor, de violencia, que va desde las matanzas nazis y sus campos de muerte, a los gulags donde desaparecieron tantos y tantos bajo un régimen engañosamente justo y romántico como lo parecía el soviético. 

   La trama se adentra dentro de posibilidades insólitas, como el que halla un topo comunista en el Salón Oval de la Casa Blanca; u operaciones puestas en marcha treinta años atrás cuando niños soviéticos fueron enviados a América para infiltrarla esperando el momento de atacar; o que dirigentes de carácter mundial estén irremediablemente locos y embarquen al mundo en una carrera demencial hacia una guerra nuclear. Nos enteramos de refugiados que llegan escapando de regímenes horribles, para caer en manos de tratantes de blanca y de esclavos en el propio suelo norteamericano. Leemos del nazi que toma el lugar de una de sus víctimas enviadas a los hornos, intentando escapar a la justicia, una que lo alcanza finalmente. La trama es dinámica, no decae, cada momento se hace más y más trepidante; una situación lleva a otra totalmente nueva, más grave, más peligrosa. Uno casi llega cansado al final, y aunque sus libros son gruesos, El Enigma de Parsifal tiene más de seiscientas páginas, se hacen como pocas. 

   Los protagonistas son intensos, vitales (y aparentemente indestructibles), llenos de recursos, y uno se pone de su parte de inmediato. Uno comparte la amargura y futilidad del hombre que ve que todos corren para quedar en el mismo lugar, que aquella a quien amaba era una asesina a la que debía detener, sólo para que otra ocupara ese puesto. O de la mujer a la que se le tendió una trampa para asesinarla, que escapa usando sus instintos, la dureza y violencia que tuvo que aprender en un mundo horrible donde tanques soviéticos pasaban sobre los cadáveres de jóvenes que se les oponían en la invasión de su país. 

   El Enigma en sí es tan ingenioso, tan desconcertante y grande, que uno siente ganas de exclamar mental y verbalmente: guao. Era algo tan peligroso y delirante que de suceder en la vida real, y saberse, el mundo entero tendría que detener o destruir a un país como Estados Unidos, sólo para asegurar algo de cordura. De hecho hay una parte donde explican el nombre, que Parsifal era el nombre de una opera sobre la lanza que atravesó a Cristo, aquella que podría abrir todas las venas y heridas del mundo. Robert Ludlum es amante de este tipo de género, el suspenso que podría caer dentro de lo policial o el thriller duro, pero él lo retrata y describe de una forma distinta. Parece narrar un hecho real que ocurrió pero que luego nos lo cuenta como si de una fantasía se tratara.  

   Obviamente no he leído todo lo que ha escrito, pero El Círculo Matarese (uno de los mejores) es hasta conmovedor, El Manuscrito de Challenger o El Pacto de Hockrof, son lecturas que hacen pasar un rato no sólo ameno, sino bien aprovechado. Es como vivir todas esas aventuras pero sin los riesgos. La acción, la descripción humana de los personajes, con su pasado y sus traumas, la sorpresa que nos vamos llevando página a página cuando todo parece cambiar de un momento a otro, y lo bien hilado de las tramas lo hacen altamente recomendable.  

   En última instancia, todo depende de los gustos personales, pero para mí de sus libros menos logrados están las historias de Bourne, precisamente esas de las que se hicieron recientemente dos películas, que tampoco fueron muy buenas si vamos a ser sinceros, a pesar de actuar Matt Damon en ellas, un actor a tener en cuenta y que estuvo increíblemente bien en El Talentoso Señor Ripley. Lo mismo pasó con un film más viejo, El Desafío de Matlock, el libro era más o menos, pero la película en sí fue mala. Pero bien mala. 

Julio César.

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