COSAS DE PUEBLOS
Hace poco, en mi otro ‘blog’ (qué pretencioso, ¿eh?), hablé de un gran escritor, poeta (género horrible y complicado), humorista y humanista venezolano, don Aquiles Nazoa. Era uno de esos venezolanos que dejaban muy bien parado en gentilicio de nuestro pueblo, cosa muy maltratada actualmente. Pues bien, de Aquiles Nazoa recordé en estos días una de sus rimas. Me encontraba yo en la vecina población de Guatire, un pueblo grande del estado Miranda, muy cercano a Caracas, y como siempre me agarró la noche y se me hizo tarde para salir al otro día. Pues bien, de ese enorme poblado llamado injustamente ciudad dormitorio de la Gran Caracas, se sale por dos vías mínimas donde difícilmente caben dos vehículos, en sentidos contrarios, en la mayoría del recorrido. La que llaman la salida de Terrinca es fatal… la de Las Barrancas provoca suicidios y demencia. Dios, qué manera de trancarse.
Bien, esa mañana en cuestión andaba apurado, hace poco había recibido una carta regaño en mi trabajo y pretendían que llegara antes de las nueves de la mañana (¡inhumano!, lo sé), y ahí me encontraba yo, atrapado en esa horrible cola. Por alguna razón los carros, autobuses y demás parecían ir deteniéndose y todo el mundo miraba con expectación y sorpresa algo que ocurría afuera, en un recodo del camino. Un muerto, pensé. No, se ríen, tal vez una mujer formándole un lío al marido. Cuando llegamos al sitio, después de largos quince minutos, que parecen poco si se hace algo divertido o rico pero no cuando hay apuro, vi lo que era, y de verdad que debo estar haciéndome viejo como dice mi jefa, porque en lugar de encontrarlo divertido, me molesté. Y aquí quiero reproducir esos versos de Aquiles Nazoa, ojo, no como plagio sino como muestra de respeto, admiración y hasta afecto:
BABILANDIA
Como en cartel no hay nada, francamente,
que convide a meterse en vespertina,
he cambiado de planes, y en la esquina
de La Torre me paro a ver la gente.
Pero algo raro está pasando enfrente,
pues con agitación de ventolina
todo el mundo a la plaza se encamina
en medio de un escándalo imponente.
¿Qué podrá ser? ¿Un mitin? ¿Algún lío?
Como no es la indolencia el fuerte mío,
corro también a ver lo que solaza
o aterroriza a tantos compatriotas.
¡Y es que acaba de ver un limpiabotas
una iguana en un árbol de la plaza!
Aquiles Nazoa.
Ya imaginarán por dónde vienen las aguas. Cuando llegamos al lugar del problema que hacía volver caras expectantes y obligaba a todo el mundo a reír y hablar, hasta al chofer del bus donde iba… resultó que eran dos perros que a una gallina flaca perseguían, con claras y macabras intenciones. Y no sé si es que pierdo sensibilidad, pero eso me parecía tan sin interés que más bien me irritó ver y oír a todos hablando, ojos muy abiertos, como si esperaran presenciar algo increíble (no sé, que la gallina matara a los perros o algo así). En fin, ese día también llegué tarde, y de los perros y la gallina ni se me ocurrió hablar. Me habrían creído más un intento de secuestro Express como excusa para la tardanza. Así son las cosas en los pueblos, como diría ese otro escritor y costumbrista venezolano, Oscar Yánez.
Julio César.
