EL PUNTO DE ENCUENTRO

esto-es-vivir.jpg

   No falta nada más para ser feliz… 

   De mis inicios como trabajador en la administración sanitaria muchas veces me tocó verificar algunos turnos de emergencias en hospitales. Esas cosas se hacían antes. ¡Cómo nos odiaban! Y yo lo disfrutaba. De una de esas visitas recuerdo con especial cariño unas realizadas hace casi once años en una populosa  barriada caraqueña, San José, lugar donde se localiza el hospital José María Vargas, en honor al insigne médico venezolano, el primer presidente civil de la turbulenta Venezuela, quien al ser detenido por el gorila de turno, fue increspado con un: “el mundo es del hombre fuerte”, a lo que él replicó “no, del hombre honesto”. 

   ¿Que qué recuerdo de ese lugar? ¿Buena atención, mística en el trabajo? Nada de eso, que lo había en buena medida, sino que al frente, al lado de una funeraria estratégicamente ubicada cerca del hospital (algún visionario), quedaba una pequeña fonda. No, menos que eso, era un hueco con una barra, sin mesas ni sillas, donde vendían unos increíbles, deliciosos y suculentos sánguches de pernil. Dios, ¡esa carne!, el cerdo (o cochino como decimos aquí) debe ser una de las más deliciosa del mundo; chuletas y costillitas fritas, nadando en aceite, caliente, hummm… Bueno, allí preparaban esos sánguches. Uno se acercaba y veía el gentío, curiosamente casi todos hombres. El olor flotaba sobre las cabezas, ese aroma grato a asado, botando grasita, lo que no ocurre cuando uno lo hace en su casa, atraía a todos; aunque no comparto lo que decía una colega vegetariana que me acompañaba en las giras: los atrae como basura a las moscas; la muy grosera. 

   El sánguche promedio era un largo pan canilla de unos 25 centímetros cortado en dos, abiertos en canal, rellenos con tajadas y tajadas de esa carne olorosa (así debe saber la ambrosía). Algunos lo pedían con hojas de lechugas, otros con cebolla y tomates. Generalmente casi todos lo pedían únicamente con tomates. Yo no. Yo sólo quería carne, carne y más carne, con algo de sal. Nada tan bueno para la salud como la grasa animal y la sal. Hincarle el diente era un placer sensual. No sé por qué, pero que bien sabía esa preparación. Yo siempre compraba dos, había personas que llevaban más, la funeraria estaba al lado (¡comer en funeraria!, eso siempre me ha parecido tan raro) o para la Emergencia del Vargas. Ese sí que era un negocio, pensaba yo. Pero el puesto ya no está ahí, al parecer la inseguridad los obligó a cerrar por las noches, luego hubo problemas con sanidad (es esa malvada campaña contra el cigarro, el licor y el cerdo, y donde todavía no han podido meter al café; sus enemigos no descansan). 

   Aún es posible conseguir algún tarantín con tal delicateses, pero poco a poco han ido desapareciendo. Ahora hay que ir a un restorán para conseguir algo tan simple, pero esos que preparan en las grandes cadenas no queda tan bien, algo falta en el aroma o el sabor. Claro, completan con tortas (o tartas, según dicen), helados o papas, pero no es igual. Cada vez que me toca llegarme al Vargas, miro hacia esa calle y la boca me saliva un poco. Es algo tan frustrante,  ¿por qué tienen que desaparecer esas pequeñas cosas que tanto placer brindaban? Ahora conseguir pernil es casi un acto de magia, incluso en las areperas ya no está la famosa reina pepiada, la arepa con pernil; pero aunque se aliñé y ase en casa, no tiene el mismo sabor. Qué malo, ¿verdad? Esos negocios eran parte de la ciudad también. Hay quienes dicen que en esta vida todo cumple un ciclo y luego tiene que “irse”. Cerca del edificio del ministerio tenía un puesto de ventas de periódicos una señora muy mayor, gallega, era difícil entenderle a veces. Yo la conocí ya viejita. Muchas veces se enredaba con el cambio y daba de más, pero siempre noté que la gente le aclaraba el punto y regresaba el excedente. Un día ya no vino más. Era el ciclo, comentó alguien, pero en su caso, como en mis sánguches, la cosa es dura. 

Julio César.

Leave a Reply

*
Es para probar que eres una persona. Escribe la palabra de seguridad que se ve en la imagen.
Anti-Spam Image