HUMEDADES

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   ¿Y quién no se mojaría? 

   Mientras se quita la ropa para continuar el trabajo de aplicar la cera, Henry recuerda lo que dijo ese cliente que insistía en mirarlo tanto, sobre todo ahora con los ojos clavados en su culo, que la noche anterior soñó con él y amaneció mojado. ¡Ahora lo entendía…! Molesto fue hacia él, con la larga y gruesa garrocha tiesa y bamboleante, metiéndosela en la boca, que el tipo cerró goloso. Maldito idiota, ¿por qué no lo dijo antes? Tanto tiempo perdido, piensa mientras va y viene con sus caderas… 

Julio César.

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