HOLA AL QUE LEA
Sonríe, maldita sea… recordemos los días buenos.
Tuve que buscar las palabras de otros para explicarme, las de estas mujeres, sólo ellas podían expresar en todo su alcance lo que siento, lo que padecí. Aún para mí es extraño este pesar, este dolor. La vida ha sido buena conmigo, gracias a Dios; nadie a quien haya amado ha partido. Mis padres están aquí, todos mis hermanos también, y ahora mis adorados sobrinos. Ni siquiera una ex pareja se ha ido (que bueno), por lo que el tamiz de mis congojas es poca. Me dolió cuando supe de la muerte del Papa polaco, también me sorprendió esa vez esa sensación de lástima, de dolor, de tristeza por el anciano batallador. La noche más horrible de mi vida, de toda mi vida, la pasé cuando esperábamos en un pasillo de hospital saber si mi padre sobreviviría hasta la mañana siguiente de un severo infarto que no permitía moverlo en la camilla o trasladarlo. Esos han sido mis penas. Pocas. Por la suerte de mi país siento rabia, ganas de patalear y pelear, no esto.
Cuando oí que había muerto el querido vaquero, fue de pasada, una noticia al vuelo que me encogió el corazón, que me angustió, pero no la había escuchado bien. Me decía que no, que no era posible. Que debía ser otro, alguien más (que fuera cualquiera, Dios, mío, y perdóname) pero no él. Fui cambiando de canales y emisoras, hasta que entré en la red. Sí, estaba muerto. Heath Ledger no tenía veintinueve años y se había ido, ya no volvería a levantarse, a hablar, a reír, a querer, a caminar por una de estas calles, donde tal vez, la vida en sus giros, hiciera que pasara yo también. Estaba muerto, y me avergüenza un poco decirlo porque se supone que un carajo no siente estas vainas, pero lloré. Poco, pero fuerte, no podía con las lágrimas. Coño, ¿cómo era posible? Al dolor se sumaba la rabia, no sé porque siempre tengo rabia ahora, pero así fue. Una frase volvía una y otra vez a mi cabeza, a mi boca cuando dejaba salir una bocanada de aliento: maldita, maldita, maldita sea…
Con la familia no hablo de estas cosas, ¿cómo un carajo viejo explica estas aflicciones idiotas de farándula? Estaban mis panas, los amigos, Carmencita que lloraba, Fátima devastada, Nancy dolida. De pronto era como si el tiempo estuviera regresando y volviéramos a descender esa montaña, como lo fue esa primera semana cuando nos obsesionamos. En aquel momento nos dolió el cariño de dos que se amaban y no podían estar juntos. Ahora era la muerte la que se interponía, como al final de la película, y era un adiós definitivo a una persona hermosa en quien veíamos muchas cualidades, dones y virtudes, tal vez algunas de ellas endosadas por nuestro cariño. Tuve que volver a los antiguos blogs, desesperado, necesitaba leerlos, a ellos, a los que tanto amaban a Jack Twist y a Ennis del Mar; algunas páginas habían caducado, otras no reportaban nada desde mediados del 2007, pero casi ante mis ojos aparecieron las palabras, las bellas, tristes y dolorosas palabras de todos ellos. Alas, Dalia,
la Taberna del Mar…
Ellos son poetas, gente hermosa que escribe bellezas; yo no puedo expresar eso. Creo que a ellos los hechizó el amor de Brokeback Mountain, la belleza de Jack y la intensidad de Ennis. A mí, de la película, me asustó su dolor, su carga de crudeza, lo implacable que era. Quiero a Jack, estimo y me molesto todavía con Ennis, pero la emoción predominante es… insatisfacción, amargura… arrechera, pues. Siempre termino ahí. Con rabia. Voy a ser lo más personal que he sido hasta este momento, aunque ya he esbozado mucho de todo esto. Cuando comenzó el boon de Brokeback Mountain, yo tenía casi treinta y cinco años de edad, y los ‘cuarenta’ parecían a la vuelta de la esquina. Ya no era un muchacho, sino un hombre hecho y derecho, un adulto responsable, pero esa cifra me daba miedo, hablaba de muchos años para mí, para mis padres, para mis amigos; y de los que se habían ido ya, irrecuperables. Miraba con pesar las cosas que pensé hacer y tener cuando contaba dieciséis años. Me había jurado que un día correría frente a los toros en Pamplona, que visitaría Israel y me recostaría del Muro de los Lamentos, que iría a Egipto y cavaría en busca de algo en el Valle de los Reyes, que pasearía en góndola por Venecia, acompañado de una fogosa belleza italiana. Me soñaba un autor famoso. Deseaba una casa en la playa, vivir cerca del mar, rodeado de sol, gente bonita en bikinis, tomando cervecitas frías, sin preocupaciones.
Una relación que llevaba desde hacía dos años, con Alicia, con quien pensé casarme, sentar cabeza, tener un hogar, un lugar a donde llegar, hijos, se había deteriorado. Un día me dijo que no íbamos a ninguna parte y se fue. Y a mí me alivió, me sentí bien, casi feliz, pero eso duró poco. Al tiempo la extrañaba, pero ella ya no quería nada conmigo en el plano amoroso; me dijo, textual, que había perdido mucho tiempo conmigo y que ya no era una carajita, quería hijos y un marido y yo no quería comprometerme a ese punto. Fue dura, pero justa. Y ahí estaba yo, con los cuarenta rondándome, botado, sin haber viajado, sin mi libro, sin mi casa en Tacarigua de La Laguna, atrapado en un trabajo que he ido llegando a detestar, inútil y fútil. Fue cuando entré esa primera vez al cine y vi a Jack Twist bajar sonriente de una camioneta, joven, lleno de vida y de sueños.
Creo que ese día la odié, fue dura para mí. Con el paso de los días comprendí que me había enamorado del personaje de Jack, de la idea del amor bonito que intenta saltar sobre los obstáculos para realizarse sin importar el tiempo o la distancia, y hasta Jake Gyllenhaal me agradaba, el tipo de ojos grandes, mirada intensa y sonrisa bonita. Pero con quien me identificaba, quien me asustaba, a quien odiaba, era a Ennis del Mar, al Ennis solitario y viejo en su trailer, encerrado, alejado del mundo, de los afectos porque no supo cultivarlos; ese personaje había salido de la pantalla, era real para mí, como Jack, porque Heath Ledger estuvo inmenso, maravilloso y supo materializarlo para nosotros. Verlo tan sin nada, con esa mirada distante, sufrida, con esas lágrimas espesas, que debían ser saladas y muy calientes, me lastimó. Terminó así porque no se atrevió a vivir, porque dejó escapar la felicidad. Estaba solo porque no supo rodearse de nada, de nadie, ni siquiera de sus hijas (al menos tenía hijas, hasta eso me dije). Fue irracional pero también revelador. Brokeback Mountain se convirtió en el centro de un culto para mí, de una tarea, una obsesión, no terminar así, y alertar a otros. Y lo intento, quiero ser una mejor persona. Pero no es fácil…
Comencé estas páginas porque quería compartir esa magia que encontré allí, oculta, la parte del Secreto que me tocó a mí, como la ternura y el amor tocaron a otros; y a través de esto probarme que podía escribir de verdad. También quise divertirme, ser irreverente, escandalizar, se grosero y mediante eso ridiculizar a la gente que martiriza el gentilicio venezolano. Para ello necesitaba llegar a mucha gente. Pero ahora… todo parece carecer de sentido. Estoy como congelado, curiosamente estoy menos mal que cuando vi la película, en esos días estaba como doblado en mí, paralizado, ahora camino, hablo y aún reír, hasta que al estar a solas, o callado, o mirando fijamente a la nada, recuerdo que ese muchacho tonto se murió. Y nuevamente me duele, porque no puedo ser tan generoso como Dalia o Alas, yo si me pregunto vainas, ¿por qué tuvo que pasar? ¿Cómo alguien como él pudo pasar por esto? ¿No era feliz, algo le faltaba, a él, un tipo tan increíble? ¿Quién se encierra a solas a consumir pastillas, acaso no se droga la gente para estar con alguien y ser feliz aunque no sea más que una sucia y ridícula mentira?, ¿quién lo hace a solas si no es para encontrar olvido por lo que no se tiene, silencio a las voces que atormentan, calma de tantos pesares? ¿Acaso Heath era como Ennis, un chico solitario y triste al fin y al cabo? La gente habla de un accidente, pero… Pero no, debió ser eso, coño, tan sólo un maldito, desgraciado y terrible accidente. Lo otro es imposible.
Como sea, se ha ido. Estaba ahí, solitario, seguramente se durmió y no sintió nada; eso espero. Y es cuando la imaginación no te deja en paz. Doy vuelta y vueltas sobre la rabiosa idea de que fue muy egoísta, ¿no sabía acaso que la gente iba a extrañarlo demasiado porque lo amaba? ¿No sabía que era objeto de culto para tantas y tantas personas que habían encontrado en una tonta película un detalle, un chispazo, una revelación que dio sentido a algo? ¿No pensó en su niña, en su familia, en sus amigos? ¿No pensó en todo el dolor que sentiría Jake? ¿No sabía que lo tenía todo, que cualquiera le habría brindado un hombro, una sonrisa, el toque de una mano si necesitaba de alguien? Alas y Dalia hablan de que ha vuelto a la montaña, curiosamente yo también utilicé esa figura, no sé bien por qué, cuando quise sacarme esta vaina del pecho el día miércoles 23 de enero. Tal vez fue por la forma en que murió, porque uno cree intuir que… una congoja secreta anidaba en su alma (¿Soledad? ¿Vacío? Cuesta creerlo), y que ahora, muerto, volverá al bello paraje, a ese pedacito de Cielo, donde será feliz y se sentará, sonriendo levemente, levantando el rostro al sol, ese rostro que ya no envejecerá (pero que tal vez la gente comience a olvidar ¡maldita sea!), y esperará por todos los amigos de la hoguera que irán llegando por turnos. Seguro que no espera que sean tantos, pero lo serán. Me gusta imaginarlo así, aunque mis creencias personales al respecto no me dejan soñar mucho (y hasta de eso me gustaría renegar ahora, mis ideas sobre la muerte). Quiero ser ligero, simple, y decirle: ve con Dios, vaquero, acampa en Brokeback Mountain, reposa un tiempo y espéranos allí.
Señor, ¿cómo imaginar que una noche me acostaría a dormir y al día siguiente este dolor me atraparía? En fin, Heath, el chico rubio y bonito, como dice Alas, se ha ido, Ennis es más mío (suena raro, ¿verdad?, pero es así), y está aquí, al alcance de mis recuerdos, y no pienso dejar que se me olvide. Aunque ahora, y por mucho tiempo, lo sé, lo imaginaré aún más solitario, más triste, más infeliz que a su bajada de la montaña, o después de la discusión con Jack por sus viajes a México, o al oír de su muerte… Imagino que con el tiempo podré aligerarlo de toda esa carga.
Julio César.

Febrero 3rd, 2008 at 9:02 pm
TT_TT
eso fue muy triste ….
Marzo 4th, 2008 at 2:44 am
Nina Moric Video…
I Googled for something completely different, but found your page…and have to say thanks. nice read….
Marzo 11th, 2008 at 10:13 pm
camilla belle bio…
Man i love reading your blog, interesting posts !…
Marzo 13th, 2008 at 8:10 pm
Jessie…
Nice entry. You made some great points….