ÁLVARO URIBE VELEZ EN EL HURACÁN
Esto lo escribí en mi otro blog el 28 de agosto de 2007, por un fuerte rumor que corrió en Venezuela sobre una maniobra de la guerrilla que incluía a la señora Ingrid Betancourt.
El presidente electo de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, es un hombre que en un primer momento parece odioso, pero conociéndosele más a fondo, resulta realmente antipático, medido por los cánones que generalmente usamos en América Latina. El hombre no grita como gorila bajando de un árbol, no llama esto o aquello (con menciones a las madres) a sus rivales políticos, y tiene ese repelente aire de eficiencia, inteligencia y suficiencia que gente menos dotada tiene que odiar. Este hombre, ligado a las capas más conservadoras de Colombia, fue electo porque prometió mano dura con los flagelos que no han permitido a ese país el convertirse en una Canadá hispana, las drogas con sus carteles, escuadrones de muerte y horror, y la guerrilla terrorista que lleva más de cuarenta años bañando de sangre inocente el suelo granadino. Esa fue su promesa, lo que dijo: mano dura, y mientras lo hacemos, ganaremos plata y figuración en la región. Eso convenció a su electorado, ¡dos veces!, en un país donde no hay maquinitas que puedan arrojar los resultados deseados del manejador, o un colegio electoral que reciba órdenes del presidente de la republica en ejercicio. Es decir, su triunfo sí no puede discutírsele, como el de tantos otros.
¿Por qué resulta tan insoportable este sujeto para tantos? Primero, porque parece no necesitar limosnas, ni crear un cartel de tiranillos que avalen sus actuaciones autoritarias para mantenerse en el poder. Sabe que cuando deje de ser útil, o de tener el favor del electorado, tendrá que irse sin derecho a pataleo, como tuvieron que retirarse muchos otros antes que él, sin escándalos, sin yeyos, sin desmayos, idea que martiriza a tantos, el verse separados de un poder con el que no hacen nada útil como no sea satisfacer caprichos personales. Pero no puede ser todo, debe haber más. Puede ser su alianza con una potencia como Estados Unidos, una nación próspera donde la prensa vuelve picadillo al presidente Bush por sus errores, y sin embargo el ingreso bruto de un estado como California es mayor al de cualquier nación latinoamericana. ¿Cómo se le ocurre a Uribe Vélez una alianza tan antinatural?, ¿por qué asociarse con gente eficiente, por qué no con Fidel Castro quien se ha mantenido cuarenta años sobre la miseria de su pueblo, disminuyéndolos a la condición de cosas, de no seres humanos, de carne para el burdel mientras él y la banda de delincuentes llamados militares, cancilleres, deportistas y artistas se dan la gran vida? Obviamente Uribe Vélez está loco y confundido al no seguir y adorar cada pelo de la barba de semejante santón. Y sin embargo esto no alcanza para explicar el disgusto por este señor. En el fondo creo que todo el resentimiento contra este sujeto se debe a que es un conservador duro que no teme decirlo, que anda por el mundo sin complejos, sin traumas siendo lo que es, aunque no sea popular.
En el fondo no le perdonamos que sea eso, un conservador, un hombre que lucha por el status quo, por mantener ciertos valores y defender un estilo de vida que para él, es muy claro, simple y evidentemente beneficioso. Para muchas almas atormentadas, y no todas en América Latina, los conservadores son una pesadilla, seres detestables y crueles. Representan al padre de familia odioso que le reclama al hijos por el aro en la nariz y no entiende cuando este le chilla que él es moderno, sino que ve a una pobre muchacho torturado que se martiriza para intentar verse distinto, deseando ser ‘especial’. Es quien le grita a la hija que llora que ella no va para esa fiesta con ese tipo que es un malandro que seda, viola y preña muchachas de las que luego nada quiere saber y éstas terminan cuidando solas al muchacho; y lo dice duramente, cerrando la puerta de la calle con su cuerpo mientras la hija grita que ella ama a ese carajo (Dios). Es quien le grita a esa hija: te vas a tu cuarto, y la arrastra y la lleva, y hasta la encierra, porque le parece que es mejor que crezca, estudie, se prepare y luego, con armas en la mano, haga la vida que le de la gana, le vaya bien o mal, pero que no fracase antes de salir. Prefiere ser temido, poco querido, a permitir un desastre antes de tiempo (amén).
Actitud tan distinta a la que se presenta generalmente del liberal, el padre que entiende que la muchacha ama, y que ese amor es lo único que importa, que no hay nada más importante, que es su vida y aunque no tenga preparación, un trabajo, una entrada de dinero para un pote de leche o pañales, ni casa, tiene derechos; que salga con el malandrito y que Dios la cuide (pobre Dios), y luego se sorprende cuando ella llora y le dice que está preñada y el tipo le saca el cuerpo. Y él, molesto, torturado por dentro, le dice que está bien, que fue un error, cosa de jóvenes, que la ayudarán. Y la muchacha, que ve que no hay consecuencias para sus actos, mientras hipa y sonríe diciéndole que lo ama, le pregunta si puede irse con unas amigas a la playa porque hay otras fiestas y quiere distraerse. ¡Qué sabroso, ¿verdad?! Son las dos concepciones entre las que se mueven las sociedades, también están los socialistas que sonríen bobos, dicen que todo será de todos, que no habrá amos ni sirvientes, que habrá felicidad comunal, mientras controlan el dinero, las armas del ejercito y planean como culpar a otro del desastre creado. Este es sólo un grupo marginal, como una enfermedad que sale en algunos extremos, ni siquiera son una tendencia, sólo un accidente.
La derecha (Álvaro Uribe Vélez), debe ser dura porque intenta sobrevivir en un mundo en caos, manteniendo estabilidad, reglas claras, un modo de vida medio vivible. Los liberales se pierden en la idea de todas las libertades y ninguna de las obligaciones, o que estas no son tan importantes al final. Del otro lado, está la izquierda, irresponsable e idiota que repite una y otra vez el mismo discurso (y sin embargo les funciona), prometiendo villas y castillas, pero terminando en un sembradío de miseria, caos y con las leyes crueles que rigen en la jungla. Cuando esto ocurre y los países terminan devastados en déficit inflación, carestía e inseguridad, es común ver a la derecha tomar el control, imponiendo trabajo, reglas duras, hasta que el caos es superado, por voluntades enérgicas, claras e instruidas (como lo fueron en Venezuela Rómulo Betancourt, Raúl Leoni y Rafael Caldera, hombres de decencia, para quienes lo correcto, lo legal, lo decente, siempre fue un punto claro, sin matices o áreas grises). Lo extraño es que cuando las naciones comienzan a prosperar, alejándose de los tiempos oscuros, nuevas recuas de histéricos hablan otra vez de soluciones mágicas, de vamos a repartir todo, de abajo los viejos, las reglas y la autoridad. Es como el vaivén de un péndulo gigante, vamos de extremo a extremo, y generalmente no hay paz en el ínterin. Ahora comienzo a temer que si fuera norteamericano, sería republicano (¡qué deprimente!)
Para muchos venezolanos, las carantoñas hechas por presidentes como los de España, Chile, Argentina y Brasil (por Dios, ¡Brasil!), ante la grotesca figura de un atorrante como el títere del macabro proyecto fidelista, la distancia y clase impuestas por Uribe Vélez son de admirar. Y sin embargo, su accionar flojo, poco firme con Venezuela desde el inicio, esa política de dejar hacer, dejar pasar que algo bueno puede quedarnos, fue un error. Uno que los venezolanos, que esperábamos una actitud más firme contra la pérdida de libertades y democracia en una nación cercana, no perdonamos al hombre fuerte del vecino país, quien en teorías era nuestro ‘hermano’; sin embargo no les importó a ninguno de ellos, como a los antes nombrados, lo que aquí ocurría con cientos y cientos de perseguidos. Eso produce en muchos de nosotros una ambivalente sensación ante lo que ahora ocurre. Contra el estado colombiano, y contra Colombia toda como nación, se ha desatado, desde hace tiempo una campaña brutal para destruir ese sistema de vida que es más o menos funcional, donde ley, orden e institucionalidad aún significan algo, garantías para cualquier pata’e en suelo de que puede enfrentar poderes mayores que él, y el Estado lo respaldará si tiene la razón. Y esa campaña, para países sumergidos en el desastre, causa alivio. Cualquier venezolano con sangre en las venas piensa: que bueno, que también ellos se jodan.
Desde hace mucho tiempo voces autorizadas de militares, hacendados de la zona y valiente reporteras venezolanas, mujeres como la Poleo, Salazar, Pacheco y la Colomina (cuatro periodistas a quienes el régimen tiene sobrados motivos para odiar y perseguir) denunciaron la conchupancia entre sectores del ejercito venezolano y las narcoguerrillas ¡con videos y todo! Todos alertaban de la peligrosa convivencia del gobierno venezolano con células irregulares de la narcoguerrilla. Que nuestro territorio era usado de aliviadero, que armas venezolanas estaban en manos de los irregulares, o de que estos escapaban a Venezuela donde las fuerzas colombianas eran contenidas, o que ya controlaban bastos sectores de la frontera. Todo esto se ha repetido hasta la saciedad, pero nadie ha querido darse por enterado. Se gritaba que era peligroso permitir el unir el dinero de las drogas con los del petróleo y el brazo armado de la guerrilla criminal, bajo la figura de un líder delirante, peligro e ignorante pero carismático. Toda Latinoamérica se hizo la loca, no fuera a ser que el presidente orate les gritara o insultara (les daba tanto meyo, poechitos), o por perder los reales que andaba regalando, o por dáselas de chévere con un líder que es aceptado por muchos en sus propios países. Jugaron a usar sus reales, a vivirlo y dejarlo hacer. Colombia, no en una medida tan grande o de tanta responsabilidad como Brasil, también permitió todo eso. Ahora estamos en esta encrucijada cuando se comienza a hablar de ‘conflictos’ y hasta de ‘alertas fronterizas’; les pasó como en el viejo cuento del mono, quien mete la mano en un hueco para sacar algo, y lo atrapan porque aunque ve venir a sus captores, no suelta su presa por codicia. Aunque esta conducta es propia de politiquillos baratos, los estadistas rara vez caen en estas ingenuidades peligrosas.
Convencidos de que por las armas jamás alcanzaran el, poder, la guerrilla ha tenido que prestar oídos al anciano degenerado que aún gobierna Cuba, y a través de él, al presidente venezolano. Estos grupos jamás alcanzarán el poder porque el colombiano común, con tres dedos de frente, los sabe peligrosos homicidas que matan por poder personal y por dinero, y entiende que de ese grupo de criminales no saldrá nada bueno, que no pueden construir esa sociedad más justa. ¿Justicia?, ¿decencia? ¿De ellos? Agotado el modelo de la violencia, sostenido únicamente para matar y secuestrar aquí y allá, sabiendo que no sirve para nada, pero como causar dolor nada les cuesta, las maniobras se dirigieron, como bien pudo decírselos el presidente Chávez, a destruir el sistema desde adentro, contando con grupos venales e irresponsables dentro del propio status quo. Uribe Vélez llega al poder porque es duro y promete mano dura contra narcos y guerrilleros, entonces hay que contraatacar, y allí entran en juego las cifras millonarias y fabulosas de las drogas, unidas ahora a los petrodólares. Estos grupos gastan millones y millones de dólares en costosos lobbys en Estados Unidos y Europa, en campañas contra Uribe Vélez, mostrándolo como un delincuente extremista, como un monstruo incapaz de condolerse del dolor ajeno. Esos lobbys mueven medios de comunicaciones y grupos de jóvenes que jamás han pensado por sí mismos, y los lanzan a servir a estos delincuentes que sienten deben limitar y destruir a quien juró enfrentarlos.
La campaña es de una elementalidad, de una simpleza tal, que realmente no deja mucho a la imaginación, pero es llevada acabo con la osadía de quienes nada tienen que perder y desarrollada por vividores y parásitos que no ven nada malo en la explotación, abuso, secuestro, tortura y muerte de otros, mientras sus cheques sigan llegando, claro está. La narcoguerrilla utiliza sus propios secuestros, a sus victimas, para atacar a Uribe Vélez, moviendo en campaña a los intelectuales venales que ya antes tapareaban los delitos del Bloque Soviéticos mientras millones eran ejecutados, y los nuevos acólitos, los que a fuerza de intentar mostrarse distintos o singulares, caen en la defensa de barbaridades. Ahora Uribe Vélez es un déspota, un monstruo que tiene la osadía de proteger a grupos enemigos de esos pobres angelitos de Dios, que sólo rezan y piden la ayuda divina para mantenerse vivos mientras huelen flores y toman rocío mañanero, así lo publican en la prensa francesa e italiana, y se grita en tantos simposios en universidades norteamericanas. Ahora Uribe Vélez es el responsable de que los secuestrados no sean liberados por una pobre y sufrida narcoguerrilla que los mantiene cautivos en contra de su voluntad, ya que ellos sólo desean soltarlos y que todos sean felices y se amen como hermanos; pero no pueden liberarlos (poechitos esos angelitos, Dios, mío), porque Uribe Vélez, el monstruo, no quiere.
Con los colosales ingresos de Venezuela, puestos a las órdenes de Fidel Castro y su círculo de vividores y malandrines, Cuba está a punto de lograr en Colombia lo que no pudo a la muerte de Gaitán. En desvergonzada procesión (hay demasiados reales de por medio), senadores, medios de comunicaciones y los llamados grupos humanitarios, mantenidos siempre por el dinero del narcotráfico y el terrorismo (desde los tiempos de Libia), como las tristemente celebres Madres de la Plaza de Mayo, grupo vociferante que adora la plata y los regimenes de tinte militaristas autoritarios, se lanzan como perros con rabia contra Uribe Vélez, lo que no es muy difícil con lo repelente que es. Le gritan monstruo maldito, maligno ser lleno de crueldad, lo acusan de no querer ayudar a los rehenes de la narcoguerrilla, chillan: pobres rehenes, pobre guerrilla que no los puede soltar. Al unísono todos gritan: Álvaro Uribe Vélez debe salir, porque Uribe Vélez es malo. Su gente debe ser investigada, sus crímenes sí no deben ser pasados por alto como en ocasiones anteriores de narcoayudas para campañas electorales.
Uribe Vélez no puede pisar Norteamérica, o Europa, porque lo siguen, le gritan y lo pitan; la ofensiva propagandística ha sido realmente efectiva. Y mientras tiene que mantener a flote la imagen, debe estar mirando con precaución (cosa que no hace Lula da Silva, por ejemplo, en Brasil) como sectores de la vida colombiana, desde senadores a dueños de medio de comunicación, se unen a los grupos irregulares, aceptando la plata y la ingerencia externa, ofreciendo rematar Colombia, sujetando a su gente a caprichos de ancianos vetustos, deteniendo el progreso y su más o menos prolongada situación de estabilidad, con tal de alcanzar, al fin, el poder, uno que no han obtenido en más de cuarenta años de matar campesinos y policiítas de pueblo, robar niños para embrutecerlos, montarle collares bombas a doñitas secas y serias que han trabajado toda su vida como Dios manda, y proteger a los narcos.
Impías senadoras se mueven con habilidad y total desparpajo, para mostrarse como los grandes liberadores, los que llaman a Chávez como último recurso para que los ayude, para que liberen a esas pobres personas cautivas. A esta gente no le importa lo que venga después en su Colombia natal, quieren su pedazo ya, así sea de un cadáver. Gritan que Chávez mediará, ayudará porque es tan bueno, tan noble, un estadista maravilloso e iluminado que lleva paz, amor y progreso por donde pasa… tan distinto a Uribe Vélez, matriz que comenzará muy pronto a dejarse caer por toda la región y mucho más allá. Claro, a nadie se le ocurre preguntarle al presidente Chávez por qué no media y ayuda a los rehenes venezolanos en manos de estas lacras; tal interrogante no cabe en sus cabecitas… o la respuesta podría ser embarazosa.
El plan para liberar, mediante la intervención de Chávez, a la señora Ingrid Betancourt, rogatorio echo por la señora Cecilia Zarkozy, esposa del premier francés, Nicolás Zarkozy, estaba en marcha, y ojalá se diera y esa pobre mujer pudiera recuperar su libertad, ¡libertad!, algo tan valioso y maravilloso, aunque para tantos no signifique nada. Ojalá la liberen, como a todos los otros, y sus captores, esos perros rabiosos del hampa, sean encarcelados. Se dijo que todo había sido palabreado ya, que el presidente Chávez iría a Colombia, hablando de ayudar, cosa que le será agradecido por mucha gente, y la guerrilla la liberaría, de ser posible en territorio venezolano, donde la mujer sería embarcada, o entregada a la señora Zarkozy, en presencia de cierta senadora colombiana, impía ella, dejando a Uribe Vélez fuera del juego. La jugada mostraría a Chávez como el gran líder, el gran hombre. Uribe Vélez sería el hombre malo que no quiere el bien para esta gente. Él, y su grupo político serían los villanos. La impía senadora y su grupo quedarían como héroes junto al presidente venezolano, a quien le urge lavar la fachada ante el mundo después de bestialidades como el cierre, por odio personal y saltándose toda legalidad, del canal de televisión RCTV, o el descuido al dejar que se atrapara a un colaborador con una maleta llena de dólares para los sobornos y coimas que apuntalan a los Kirchner en Argentina, o su pretensión de gobernar mientras el cuerpo aguante o mientras el mal exista. Por su parte, la guerrilla quedaría como un grupo de idealistas que quieren paz y un entendimiento, pero que no se puede con alguien como Uribe Vélez en el poder (ni de otros que vengan y sean como él).
No era una mala idea, sería un buen libreto para un cuento, pero algo se atravesó. Hace algunos días, la periodista Patricia Poleo los echó al pajón con el plan, como decimos en Venezuela. Esta valiente mujer, que tuvo que huir de Venezuela cuando fue alertada de su captura a manos de los cubanos en Venezuela, involucrándosele en un feo crimen donde su único acusador era un tipo considerado un mitómano en Colombia, que dijo estar con ella el día que se planeó el asesinato, y luego se le supo en esa fecha preso en Colombia, ahora parece saber más de lo que pasa aquí que antes. Qué arrepentidos deben estar de haber montado aquella mamarrachada contra ella, ya que teniéndola en el país sería más fácil controlarla. A la mujer, por gente que sabía del guiso (por ello el Gobierno no pega una, todos se les filtra), le llegó la historia y la soltó de sopetón. Con tan mala suerte para el régimen que a quien le tocó desmentirla fue el mismo hombre al que se enfrentó en el recordado caso de Vladimiro Montesinos, cuando ella aseguraba que el hombre sí estaba oculto en Venezuela y ese señor, Pedro Carreño, decía que no. Y la razón la tuvo ella y él quedó como un mentiroso. El alerta paró todo, y el Presidente, desaforado, en uno de sus viajes soltó la perla de que el gran mal de toda la era eran los medios de comunicación.
En fin, el futuro de Colombia no es tan estable y seguro como parecía apenas unos años atrás, a pesar de la mano firme del señor Álvaro Uribe Vélez. Todo dependerá finalmente de la sangre fría y cabeza clara que mantengan sus habitantes en el futuro, sin dejarse engatusar por los cantos de sirenas. Como todo país latinoamericano, el granadino también cuenta con su buena carga de problemas, como lo son la inseguridad, la pobreza y los desequilibrios económicos y sociales; aunque estos sólo son problemitas comparados con el horror de los carteles de las drogas y la violencia sistemática de la guerrilla terrorista. Su oligarquía, sensata y responsable, tenida así por muchos, debe entender que la prosperidad debe pernear también hacia abajo, fuera de lo macro y lo mega bueno. Al país granadino lo acechan muchos problemas internos y externos. El cerco montado desde Cuba, maniatando con sutileza, como se observa en Brasil dado el torpe manejo de la gente de Lula da Silva, contra toda la región se cobrará en sufrimiento y lamentablemente en sangre hasta que halla un nuevo despertar y esta pesadilla seudo izquierdista quede atrás definitivamente, o al menos hasta que la región prospere, sólida y segura, y aparezcan nuevamente los que griten porque quieren desorden. No, no es muy prometedor el futuro inmediato para América Latina, no hay muchos políticos serios y estables en ejercicio, parecen abundar los inestables y maniacos, por lo que es de suponer que Estados Unidos y la misma Europa, ya deben estar preparándose para recibir a los que escapan del caos, la violencia y la esclavitud. Por lo menos cargarán con parte de sus culpas en todo esto.
Julio César.

Marzo 1st, 2008 at 5:07 pm
actor brendan fraser…
Man i just love your blog, keep the cool posts comin…..