SIEMPRE PASA
Cuando hay bate a la vista no hay cerebro…
-Eso es catire, así, sube y baja. Aprieta. Hummm… que rico lo haces. –gruñe la gruesa voz echada de espaldas sobre el sofá.- Me lo estás quemando…
-¡Dios, es tan grande…! -gime el catire, ladeado, sonriendo ante lo que goza.
-Pero te mueves bien. Calza completito. Ohhh… cuando bajas se siente tan…
-Renato, ¿qué haces? –grita la alarmada voz de Amanda, viendo a su marido montando el potro, quien enrojece y abre mucho sus ojos con candor.
-Querida, no es lo que crees…
-Claro que no, ¿verdad? –es dura.- Sebastián… saque esa yuca que tiene tan enterrada. –ordena.
-Está bien, hermanita. Pero te digo una vaina, al cuñado le hacen falta más atenciones…
Julio César.
