UNIFORMADOS A LA CARGA
DESPUÉS DEL JUEGO
Mario se molestó mucho con Jesús, quien nunca asistía a las practicas del equipo de fútbol, pero como su papá daba mucho real lo ponían a jugar, y ese día habían perdido por su individualidad, no pasar el balón y cosas así. “Eres un inútil”, le gritaba dándole toquetones duros por la cabeza. “Déjame en paz, cabrón o te cojo”, le gritaba el catirito vestido de vino tinto. Lucharon, pero Mario, más grande, lo dominó, sentándolo, metiéndosele en piernas. Sus manos y cuerpos chocaban, y se miraban con arrechera, hasta que los brazos rodearon cuellos y sus bocas jóvenes se encontraron. Luego las manos comenzaron a hacer todo lo demás en ese sofá, donde Jesús olfatearía short, suspensorio, medias y hasta culo, antes de ser atendido fieramente por el otro, de espaldas en el sofá, dándole duro y rítmicamente, mientras le gritaba que si volvía a defraudarlos como hoy… no se lo metía más, vaina que aterró al gimiente muchacho que ahora sabía qué quería en esta vida: ser un astro e ir al Real Madrid a ver a quien se encontraba todavía si ya no estaba Beckhamm…
LO SIENTO, ENTRENADOR…
-Eres una decepción… creí que batirías el record, y te hundiste como piedra en una pruebas tan importante… -gritó el malencarado entrenador.
-Lo siento, señor. –sólo pudo gimotear el muchacho.
-Deja el llanto, coño. –se mortifica, pero el otro llora más.
El hombre se para, lo acuna, lo estrecha, le sisea que ya y toma asiento arrastrándolo, y el chico cae en sus piernas, mojado, caliente, pesado, joven, en bañador y sollozante. Acunarlo, acariciarlo y mimarlo le lleva casi una hora, teniéndolo ahí, sentándolo dándole la espalda, con su culito dentro del bañador directamente sobre su entrepiernas, de donde no se caía gracias a una estaca medio clavada, y allí fue dándole indicaciones de cómo mejorar su técnica natatoria… y otras, al mecer sus piernas. El chico lo mira agradecido, todo rojito, y rodeándole el cuello lo besa en la boca con candor de niño. El hombre que siempre se preguntaba por qué los quería tanto, entiende, metiendo lengua…
AH, ESA COMISARIA…
-No lo entiendo, Germán, siempre te atrapamos robando la misma tienda, ¿es qué no aprendes? –grita el joven agente, empujando el cilíndrico juguetito de goma, demasiado grueso, pero que entra.
-Hummm… -gimotea como en un doloroso llanto, Germán.- Lo siento, señor…
-Claro que lo sientes, ya sólo falta a mitad. –se burla, viendo como va entrando poco a poco.- Me estoy cansado de ti. La próxima vez voy a tener que hacer algo drástico y no usaré juguetitos y voy a llamar al sargento y a los dos cabos para que me ayuden a darte tu lección…
-Hummm… hummm… soy muy malo. –acepta con el rostro jadeante y sudado.
-Mucho. Eres un chico malo. –gruñe el otro, teniéndolo clavado y agitando la base ancha, dándole una palmada a esa mejillota que se contrae y enrojece.- Eres muy malo y tengo que darte una lección… -otra y otra nalgada se oyen.
-Si… si, soy muy malo. Déme duro… -el chico aceptaba su culpa.
Julio César.



Enero 20th, 2008 at 11:02 pm
[…] A LA CARGA January 20, 2008 - 9:17 pm | Salva Escribio un articulo buenisimo hoyAqui hay un pedazo del articuloMario se molestó mucho con […]