LA DEUDA
-Cuenta saldada, cuñado…
-Ahhh… -gimió entre el ardor y el sabor, Néstor, apretando.- Eres un maldito abusador…
-Abusador eres tú que me debes esa plata hace dos años desde que te casaste con mi hermana. –gruñe el otro, ronco, ricamente halado, palmoteando y metiéndose en materia, duro y al fondo.- No iba a perderlo todo, ¿no? Así quedamos a mano… Aunque si te molesta todavía… -se retira unos cinco centímetros. El otro gime.
-¡No! Cobra de una vez. No quiero deber nada. –jadeó con rostro torturado, echándose hacia atrás y decidido a saldar la deuda.- Hummm… hummm…
-Para mí es un placer… ahhh… Y cuando quieras más… plata o…
-¡Hummm…! Creo que… ahhh… en especias es mejor…
-¡Puto! –rió el otro, aumentando sus cobros en velocidad y ritmo. Era un buen carajo el cuñado, iba a brindarle una muy buena atención ahora que lo tenía bien montado en el potro.
Julio César.
