¿TE IMAGINAS SEMEJANTE LUGAR?
Esos carajos no sabían si mirarlo en directo o en el espejo…
Los lunes, cuando había colangiografías, el vestuario del quirófano del Pérez Carreño se llenaba con todos los galenos del hospital. Era el día cuando el doctor Jiménez asistía a encargarse de dichos procedimientos. Llegaba sereno, maduro, afable, hablando de carros, juegos de pelotas y mujeres, mientras se despojaba de sus ropas de calle para vestir su mono verde de pabellón. Mientras lo hacía, todos fingían hablar o hacer algo más mientras le tenían las miradas fijamente clavada, calientes, recorriendo esos pectorales, ese abdomen fuerte o esas tiritas que el hombre usaba como ropa interior. Había quienes babeaban… de todos lados, mirando el triágunlo delantero, abultado, otros preferían el espejo y ver como esas dos masas sólidas tragaban tela. Habían aprendido trucos como hablarle de tipas tetonas para verlo ‘emocionarse’ dentro de la prendita. O tumbarle algo del mesón y verlo cuando se agachaba a recogerlo, momentos en los que todos deseaban ser el Jason de las películas Viernes Trece y caerle a machetazos… por putón, apartando tiritas sólo un poco.
Julio César.