PASANDO EL RATO
Había entrado una, ahora estaba preparado para la otra.
-Ahhh… coño, es muy grande… no va a entrar. –gimió Raúl.
-¡Sí ya entró! Hummm… cómo aprieta… -le respondió Manuel.- ¡Verga, cómo hala…! Se ve que tiene hambre de carne dura…
-No digas eso, ¡yo soy un macho! –gruñe como molesto.
-¿Dejo de bombear y la saco? –pregunta burlón, dándole un empellón que casi lo arroja del sofá, haciéndolo gruñir de gusto.
-¡Claro que no! –gimió avergonzado, halando más al otro.
-Está listo, Rubén. Dale a probar lo otro. –ordena a un tercero, Manuel.
-Ustedes son unos abusadores, está bien que tenía algo de curiosidad pero… –se quejó Raúl, pero abrió la boca a todo lo que podía poco antes de tragar, lamiendo su barquilla, chupando un poco de ella que parecía derretirse y mojarle la lengua, vaina que le era enviada hasta la garganta por un amigo que se excede en su deseo de satisfacer su curiosidad sobre el cómo sería eso.
Julio César.
